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la rebelión de las palabras


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Renunciar a ti


nina-bailarina

He oído mil veces eso de que si quieres puedes. Que cuando te propones llegar y te comprometes contigo mismo, lo consigues. La verdad es que nos hace falta confianza, creer en nuestra capacidad para poder alcanzar nuestras metas. Sabemos que cuando creemos, creamos, pero abandonamos el barco a la primera… O nos lamentamos porque no nos lleva a dónde queremos cuando no sabemos en qué dirección navegamos o estamos tomando el timón con las manos flojas…  Nos han dicho que todo aquello que se materializa, antes estuvo en la mente de alguien. Porque cuando imaginas que algo es posible, ya haces que exista. Sin embargo, nos llenamos la cabeza de todo lo que no queremos y nos inventamos todas las tragedias posibles en lugar de pasarnos la mitad del día en ese otro mundo que estamos creando en el que ya tocamos lo que deseamos… Queremos ser otras personas pero nos llenamos la agenda de actividades que ya no nos sirven y la vida de quejas que nos arrastran al pasado…

Muchas personas lo consiguen. Y cuándo te preguntas por qué, te das cuenta de que es porque esas personas han hecho un trabajo muy intenso con ellas mismas. Porque se han sumergido en su nueva realidad sin perder el suelo que pisan como referente, pero sin olvidar a dónde van y qué equipaje les sirve para llegar allí… Y lo que no les sirve, lo sueltan, se lo arrancan, lo dejan a un lado y siguen caminando… Lo hacen posible …No sólo porque cada día al levantarse han puesto en marcha mil acciones encaminadas a sus sueños y objetivos, sino porque han cambiado primero su mundo interior. Actuar es indispensable, pero para que sea útil esa acción, es necesario hacerla desde la actitud que te lleva a ser tú mismo. Si la actitud es adecuada, en el fondo, da igual qué hagas, porque tendrás tu recompensa e incluso los errores serán aciertos y te permitirán aprender para rectificar…

Cuánto más vueltas le doy, más lo veo, el secreto está en sentir lo que haces y vibrar con ello. Convertirte en uno con tu sueño y llevarlo contigo. Si primero no te conviertes en la persona que realmente eres. Sería como llegar disfrazado a la meta. Y para hacerlo, ahí llega la complicación de verdad, a veces es necesario renegar un poco de tu mundo y de lo que has sido tú hasta entonces. Desertar del mapa de tu vida que has conocido hasta el momento presente… Cuestionarlo todo, por si algo sobre lo que basas tus pasos, resulta que ya no te sirve. Y ese “renegar” no es con dolor sino con cariño, sabiendo tomar lo hermoso y lo bueno pero cuestionando cada paso y cada creencia. Sin miedo o sin dejar que el miedo se te trague las alas o ponga freno a tus acciones. Cuestionarlo todo no es perderlo todo, es descubrir que no todo lo que creías que era sagrado es real para ti, que no todo lo que pensabas era cierto era incuestionable… Porque lo que realmente forma parte de lo que somos, seguro que permanece después de este zarandeo…

Cuando somos niños nuestro mapa es inmenso, ilimitado, un lienzo desnudo que no se acaba nunca y que no se recorta por nada. Sin embargo, cada vez que escribimos sobre él ideas prestadas o ideas propias basadas en los prejuicios de alguien se va haciendo pequeño. Cada vez que nos dicen que algo no es posible y nos lo creemos, hay un camino que se borra en nuestro mapa. Cada vez que pensamos que no podemos, seguramente influidos por esta presión social que nos lleva a ponernos etiquetas y catalogarnos, nuestro mapa se transforma. Cada vez que nos conformamos con un atajo, el camino principal se corta… Cuando dejamos de imaginar, cuando dejamos de creer que podemos llegar a ser nuestra mejor versión, el héroe que llevamos dentro, se vuelve un poco mediocre y pierde poder.

Y pasados los años, seguimos sujetos a ese mapa recortado. No lo vemos, no vemos sus dimensiones porque nos hemos acostumbrado a vivir en él, como el que se acostumbra a vivir en la penumbra y cree que el sol es un resquicio de luz que se cuela bajo la puerta… Vivimos en una caja e interpretamos la realidad que creemos conocer a partir de lo que pensamos que sabemos. De lo que nos han dicho, de lo que a muchos les interesa que creamos para que no digamos nada o no estorbemos… Es casi como si creyéramos que el mundo se acaba detrás de las montañas que nos rodean porque nunca hemos puesto un pie más allá… Hace mil años, la visión que había del mundo era más remota, más pequeña… Más allá de los mares, la gente imaginaba monstruos terribles y temía ir a explorar… El miedo nos achica el mapa y nos achica  la vida.

Nuestro mapa de la vida afecta a todo. A veces, nos creemos que sólo nos podemos permitir viajar hasta la esquina. Nos creemos que el amor es una relación tóxica en la que otra persona nos dice qué vestir y qué sentir y nos castiga si no lo hacemos. Nos pensamos que es mejor un trabajo seguro (de eso no queda ya) aguantando vejaciones que la incertidumbre de luchar por convertirnos en lo que realmente somos…

Tu mapa delimita tu vida. Tus sentidos delimitan tu mapa… No crees si no ves, si no tocas, si no hueles…  Aunque tus sentidos te engañan a veces. Hay tantas cosas maravillosas que no se pueden acariciar, pero están ahí, esperando a ser descubiertas… Como las costas de un país hermoso donde se supone que viven esos monstruos terribles que según nuestros ancestros colmaban los mares… ¿Te conformas con esta versión de la vida?

Nuestros sentidos mienten. Nuestras palabras se quedan cortas… Nos quedamos en la superficie… Hemos recibido un regalo maravilloso y sólo vemos el papel que lo envuelve… Nos creemos limitados porque nos lo han dicho, cuando en realidad podemos ser tan grandes como alcancen nuestros pensamientos.

Y sólo aquellas personas que son capaces de borrar su mapa y empezarlo de nuevo consiguen llegar a tocar sus sueños. Los que son capaces de romper con todo lo que nos les deja ser ellos mismos, aunque duela. Los que se miran y ya ven a esa persona que llevan dentro, como los niños que se ponen un disfraz y durante un rato cambian su mundo y viven dentro del personaje, sin que nada les perturbe, sin derrotas ni fisuras…

El camino no es fácil. Requiere un trabajo interior duro  y maravilloso. Consiste en creer y confiar, en quererse tanto que ello implique no desfallecer hasta encontrar las respuestas… Es un trabajo de compromiso y tenacidad que te lleva a lugares imprevistos…

Para rehacer el mapa hay que cuestionárselo todo. No basta con pequeños retoques estéticos que nos hagan sentir casi bien y nos hagan creer que hemos cambiado. Hablo de dejar la compañía si esa compañía te hace sentir triste. Hablo de cambiar de casa si en esa casa te empequeñeces al entrar. Hablo de plantarse y dejar la rutina que se te come la conciencia. Y todo eso, sin dejar de hurgar en ti para que, además de dejarlo externamente, seamos capaces de madurarlo por dentro y conseguir que no nos afecte.

Hablo de voluntad para ser tú mismo en un mundo que te pide que seas como todos los demás. Porque los que consiguen ser ellos mismos, siempre hay un día en el que primero renuncian a encajar, a meterse en un molde y dejarse llevar.

Si quieres ser tú mismo, no sólo debes estar dispuesto a renunciar a la comodidad de vivir con el piloto automático, sino a arrancar todas las barandillas en las que te sujetabas hasta ahora para tener una falsa sensación de seguridad.  Si quieres ser tú, tienes aceptar que sólo vas a poder agarrarte a ti mismo y darte cuenta de que esa siempre es la mejor opción… De reaprenderlo todo y darte cuenta de que tal vez lo que crees hasta ahora que es tu realidad es sólo un placebo para seguir y no arriesgar.

Requiere dejar la fuerza, esa fuerza física que levanta pesas (que no está mal)  por conseguir el poder, no ese que te lleva a dominar el mundo sino el que mueve montañas. Porque si empiezas este camino vas a tener que decir que no a muchas cosas a las que te han acostumbrado a decir que sí. Y cuando lo hagas, una parte de ti, educada para resignarse, se rebelará y te hará sentir culpable…

Aunque la culpa es algo estéril que no crea nada, tan sólo nos daña y nos hace retroceder. Por tanto, cuando no te sientas culpable de llevarle la contraria al mundo, piensa que en realidad eres responsable de de darte una oportunidad a ti.

Y cuando todo el mundo opine distinto a ti y la vocecita que te inculcaron de niño para protegerte te diga “estás loco, vas a hacer el ridículo, te señalarán con el dedo” debes preguntarte si deseas pasar la vida obedeciendo a los que te piden que tengas miedo de todo… O si deseas vivir amando lo que haces y lo que eres.

Y al final, llega una gran prueba. Es dura, la verdad, pero el resultado de superarla tiene  el gran premio, el regalo más grande jamás soñado.

Vas a tener que renunciar a ti para llegar a ser tú.

Suena raro, lo sé, pero no creo que haya muchas más cosas con más sentido.

Para que tu mapa está limpio de nuevo, sin recortes, sin prejuicios ni límites, vas a tener que vaciarte de tú primero. Vas a tener que arrancar de ti aquello que te limita. Darte cuenta de que tal vez no conoces quién eres porque tampoco te has visto aún con todo tu potencial… Mirarte sin acogerte a esa idea que tienes ya establecida de ti mismo y dejarte sorprender por ese ser enorme que tienes dentro aguardando salir…

Vas a tener que mirarte sin juzgarte. Con los ojos del amor y no del miedo.

Sólo de esa forma podrás saber que eres realmente tú.

Porque has dejado atrás esa versión tuya recortada y mutilada. Porque notas que mereces lo mejor y estás dispuesto a aceptarlo y recibirlo.

Y ahora, tal vez, te sea difícil definirte porque, las palabras con la que lo hacías se quedan cortas y escasas… Ni tú imaginas hasta dónde puedes llegar porque no hay nada que te frene, ni siquiera tú mismo. Vuelves a empezar, esta vez, sin limitarte…

Y además, no sólo te verás de ese modo a ti, sino al mundo y a las personas que se acerquen a ti. Cuando consigues renunciar a la máscara que llevas puesta y muestras tu verdadero rostro, el mundo cambia… 

No eres un héroe por lo consigues, eres un héroe por lo que sientes, por lo que haces, por lo que eres capaz de dejar atrás…

Ese es el gran regalo. Tú. El de verdad…

 

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