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la rebelión de las palabras


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Has ganado…


Has ganado. Lo sientes, lo notas, algo te dice que  acabas de dejar atrás una etapa complicada y te abres paso en tu camino.

Lo sabes porque por primera vez en siglos te notas con más energía  y eres consciente del espacio que ocupas en el mundo… Te ves desde fuera, sin depender de nada ni de nadie para seguir más que de ti mismo.
Porque tienes ganas de reírte sin saber por qué y no te importa si no llega el motivo… El motivo de todo eres tú y esa sensación que te acompaña ahora y va contigo a todas partes… Entereza, sosiego, paz… Porque ya no necesitas motivos añadidos para nada, ni excusas, ni recuerdos en los que refugiarte para saber quién eres.

Lo notas porque no ves caras, ves personas. Y ya no las juzgas como antes. Te puedes poner en su piel y comprender que a veces están tan perdidas como tú y también se equivocan cuando se desesperan y se sienten solas. A todos nos pasa, cuando nos alejamos de lo que somos en esencia y nos sentimos sin nuestro propio abrazo, acabamos siendo siervos de un yo pequeño y asustado que te lleva a situaciones terribles… Como si le dejaras las llaves de tu casa a un niño que se cree el emperador y planea una venganza contra el mundo…
Sabes que has ganado porque te has dado cuenta de que en realidad tu meta es vivir y estar presente en tu vida sin tener que aferrarte a ningún resultado.
Porque ya no compites.
Porque no necesitas que nadie entienda lo que quieres, ni valide tu esencia.

Porque sabes que lo único que necesitas es creerlo. Tocar sin tocar y sentir antes de ser incluso capaz de entenderlo.
Vaciar la mente de todas esas ideas prestadas que dicen que sobras, que no llegarás, que nunca serás, que no mereces, que no sirves… Volver al niño que creía que todo era posible e imaginaba historias fantásticas sin salir de las cuatro paredes de su habitación. El que era capaz de crear un mundo con una caja de cartón y sentirlo tan real que notaba la magia.
Sólo necesitas aceptar que a veces el camino que lleva a la luz es tremendamente oscuro y solitario. Que a veces no hay tregua para el que ha tomado la decisión de encontrarse y ser él mismo hasta que deja las batallas absurdas y empieza a usar su poder real… Que el mecanismo para oír tu voz es primero callar… Que para poder olvidar el dolor primero hay que dejar que te habite y comprender qué significa… Que el que vence no es el que pelea y el que llega antes no es siempre el que va más rápido sino el que sabe dónde pisa…

Has ganado porque sabes cuál es tu lugar en el mundo y todo tiene sentido para ti. Porque has juntado por fin las pistas del puzzle y ves que lleva tu cara. Y no sales a la calle a buscar que te quieran sino a compartir lo que llevas dentro.
Porque has soltado tanto el lastre que flotas, que vuelas y mientras surcas tu cielo particular eres capaz de verlo todo desde ese punto en el que tienes claro que no hay batallas ni guerras… Que todo es hermoso aunque tenga espinas, que todo es magia aunque parezca gris. Que la vida cambia dependiendo de si abres mucho la ventana o decides seguir encerrado a oscuras en ti.

Porque ahora te oyes.
Ya no lloras sin lágrimas pidiendo que te vean, que te sientan, que se den cuenta de lo mucho que sueñas y todavía lo poco que abarcas. Porque no necesitas llamar la atención de nadie porque tienes la tuya…
Ya no suplicas al mundo que deje de ser mundo y se meta en tu piel gastada de romper burbujas asfixiantes y andar caminos a tientas.
Ya no pides que la sombra que te habita se desvanezca y puedas encontrarte de nuevo y saber a dónde vas. Aunque ya lo sabes, pero no te atreves a imaginarlo… Ya no te asusta salir de ti y descubrir todo lo que puedes llegar a ser ni evitas mirar en el fondo de tus ojos para no verlo y luego soñarlo y necesitarlo… Porque cuando sabes que podrías si quisieras, la conciencia ya no te da vacaciones y te impulsa a seguir. Porque si te ves siendo lo que tanto deseas, sabes que ya no serás capaz de volver a tu caparazón triste y encontrar sueños encogidos que se adapten a ti, a ese tú diminuto y resignado que ya no eres.

Porque te entretienes tanto amando cada milímetro del camino que a veces no recuerdas a dónde vas, pero no te importa, porque sabes que tu destino está siempre dentro de ti.
Porque funcionas sin estimulantes ni placebos y ya no causan ningún efecto en ti los anuncios donde te prometen una nueva vida a precio de perfume o de coche rápido.
Porque no esperas llamadas ni seguros ni aceptas ningún tipo de chantaje.
Has ganado porque cuando decides bailar no necesitas música y no buscas público que te aplauda para calmar tu sed de amor.

Porque te ves.
Porque ya no miras sin ver y  ni abrazas sin notar… Y el abrazo más dulce te devuelve el recuerdo más amargo de un amor que salió por la ventana y se rompió contra el suelo y se fundió en un lecho de hojas secas. Y eso ya no importa…

Has ganado porque no necesitas gritar para oír tu voz porque te escuchas.
Porque has descubierto que eres responsable de tu vida y de todo lo que hay en ella.
Porque sabes que no hay nada fuera de ti que pueda trastornarte si no dejas que lo haga…
Lo percibes porque cada vez eliges más tu estado de ánimo, porque te permites ser y confías en ti.
Ha sido largo y complicado llegar a ese estado pero ahora cada paso te compensa…
Has ganado porque no te importa que cambien las circunstancias ni las reglas, porque siempre permaneces tú…
Has ganado porque no esperas ni buscas… Eres, estás, sientes.

Porque te encuentras.
Estás ahí, entre las tripas de los monstruos más rotundos y terribles que te has inventado. Cubierto de escamas y con la cara sucia y llorosa, pero te levantas y sigues. Porque ya no importan los baches ni los golpes… Porque sabes que puedes aunque te encuentres más de una vez dudando de ti y nadando en la hojarasca de un otoño plácido, cómodo y casi eterno que nunca se agota ni va a parar a nada nuevo si tú no decides que así sea… Y lo decides porque ahora escoges tu vida.

Ya no miras los relojes porque hace tiempo que paraste el tiempo y empezaste a vivir.
Has ganado porque asumiste que podías perder y que el riesgo valía la pena.


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Cuando ya no te importa perder


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Al final, en la vida, las personas son lo único. Lo que importa. Lo que nos hace mover cada día. Las personas a las que amamos y a las que vamos esquivando porque nos hacen tropezar, pero que también forman parte de nuestros días.

A medida que evolucionamos y maduramos, las personas que nos rodean, cambian. Algunas persisten siempre porque las llevamos enraizadas en nuestra esencia. Otras van y vienen. Muchas no pasan de la primera curva… Y me he dado cuenta de que cuanto más arriesgas y más te metes por caminos nuevos, más personas afines encuentras. A medida que te expones a perder y decides salir de tu círculo para encontrar nuevas experiencias, eres capaz de encontrar a personas que están en tu órbita, personas que como tú asumen que para ganar hay que arriesgar, que para aprender hay que salir de la burbuja.

No sé por qué. Seguramente por la misma razón por la que cuando llevas mucho tiempo buscando una respuesta y estás atento, la encuentras. Está en un libro, en un anuncio de una valla publicitaria, en una mirada, en el camino que nunca transitas porque es más largo o en una papel tirado en el suelo que no verías si no hubieras perdido el tren. A veces, da la sensación de que el universo conspira para que sepas lo que buscas, lo que necesitas, para que encuentres la forma de  conseguirlo… Y otras veces, para que lo pierdas, porque en realidad, necesitas perderlo. Esa sensación de que todo pasa por algo y de que lo que sucede a tu alrededor es justo lo que hace falta que suceda para pasar de pantalla en este juego complicado, para aprender lo que te falta por saber y subir un peldaño más de escalera, para ser más sabio y poder escoger mejor la próxima vez… Cada prueba superada te lleva a un tramo nuevo donde necesitas de esas nuevas habilidades adquiridas gracias al trance anterior.

Y lo mismo sucede con las personas que te encuentras. Cuanto más creces, más maduras son algunas de las personas con las que te encuentras, como si compartierais un espacio común… y más cuenta te das de que hay otras que no te hacen bien, que te intoxican y de las que debes alejarte porque no te ayudan a ser mejor.  Aunque incluso estas últimas, parece que están allí, esperando a que las encuentres para poder escoger no quererlas cerca, para certificar lo que quieres y lo que no, para poner a prueba el nuevo aprendizaje, para que te des cuenta de que tal vez en el pasado habrías caído y ahora no…

Y lo ves claro. Cuánto más dispuesto a perder estés, más ganarás.

Ganarás por tu actitud, por tu forma de ver la vida que te hace mover y no quedarte quieto. Ganarás porque en ese camino que recorrerás hasta llegar a la gloria o estrellarte, aprenderás mucho y conocerás a personas que están en el mismo punto que tú… Ganarás porque en una de sus esquinas hay algo precioso que tal vez te guste más que lo que crees que te espera en la meta. Ganarás porque al terminar el proceso serás mejor y estarás preparado para volverlo a intentar con más habilidad y certeza.

Por eso, me gustan los perdedores. No los que se encogen en el sofá y piensan que el mundo conspira contra ellos, ni los que se quejan y lamen heridas esperando que caiga una solución del cielo… Ni los que esperan, ni los que ya saben que el mundo no les dará nada… Me gustan los perdedores de verdad… Los que han apostado al máximo para conseguir algo y se han dado de bruces… Los que atesoran sus errores como oro puro y recuerdan sus fallos con una sonrisa en la boca porque son su patrimonio, su legado de aprendizaje, su pozo de sabiduría.

Me gustan los que se ríen cuando caen y no les importa si les miran. Los que se quedan a un milímetro del éxito y se levantan. Los que prefieren perder a quedarse quietos…

Personas que cuentan historias con los ojos. Que llevan un pedazo de vida prendido en la mirada y se puede leer cuando te clavan las pupilas o te dedican unas palabras.

Personas que están dispuestas a ayudarte porque sí , porque hace siglos que superaron el peldaño de la generosidad y porque saben que compartir les hace grandes.

Todas esas personas que han decidido que aunque las noticias digan que todo va mal, están dispuestas a demostrar que hay esperanza y llevar la contraria.

Hay tantas personas que últimamente me han ayudado a encontrar respuestas… Personas que han decidido que tal vez para conseguir más libertad debían apostarlo todo, aún sabiendo que podrían perder… Porque saben que lo que importa es saber que haces lo que necesitas hacer, lo que te ayuda a crecer… Que haces no tanto lo que debes sino lo que te debes a ti mismo, que no te engañas ni renuncias a ti mismo, que vives lo que hace falta que vivas para llegar a encontrar la paz interior.

Y que saben que en realidad la pérdida es una ganancia enorme, porque el aprendizaje es incalculable y les convierte en personas más válidas y preparadas para la siguiente prueba.

Y en este camino ando,eso intento, con mucho que aprender, y me doy cuenta de que si me cruzo con ellas es porque las necesito, porque son mis lecciones pendientes, mi material valioso de estudio en la vida, mi compañía en este tramo complicado y maravilloso…

Porque cuánto más arriesgas, más cambia tu decorado y quién habita en él. Más vueltas da todo y más te expones a encontrar… Y encuentras. Encuentras a lo que sujetarte para no caer y lo que te hace tambalear y casi salir del camino… Y notas que a pesar del miedo, eres capaz de reírte de ti mismo y disfrutar de tu caída sin red porque la has escogido tú… Porque has apostado por ver el mundo a tu manera y creer en él, aunque muchos te miren como si estuvieras loco. Porque hay tardes en las que tú mismo lo pensarías si no fuera porque lo que hacías antes de esta locura, te vaciaba el alma…

Y cuando caes… Cuánto más pierdes, más te das cuenta de que esa pérdida era necesaria.

Porque tu forma de ver la vida ha cambiado y lo que antes te parecía importante, ahora te parece superfluo. Lo que te daba miedo, ahora es altamente necesario… Lo que creías imposible es ahora cotidiano.

Cuantas más imprudencias cometes, más convives con la magia… Y mientras decides que te da igual que el mundo te llame intrépido o temerario…  Justo en ese momento, cuando ya no te importa perder, cuando te das cuenta de que perder y ganar son dos palabras que ya no tienen para ti el mismo significado que antes, entonces… Sólo te queda vivir.

A veces, la diferencia entre que te consideren un héroe o un insensato, es tan sólo el resultado… Aunque eso, a ti, ya no te importa.

 

A  ti, amiga, por tenderme la mano mientras el decorado cambia y me flaquean a veces las piernas. 

Gracias por leerme y compartir. Si quieres saber más de este maravilloso trabajo de autoestima, te invito a leer mi libro

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Escritora y apasionada de las #palabras

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