merceroura

la rebelión de las palabras


Deja un comentario

Al final del túnel


dark-2568338_640

Tocar fondo… Uf qué mal suena, por favor. No sabes las veces que en mi vida he eludido meterme por caminos complicados y arriesgar para no llegar a eso. Para que no hubiera un día en que fallara todo, cinturón de seguridad incluido, y me tuviera que encontrar conmigo misma. Sola, sin nada a lo que agarrarme, ni ninguna puerta a la que llamar. A solas con la persona en la que menos había confiado en la vida, yo. Rota y sin nada con que pegar los pedazos, rodeada de gente que ríe porque no se da cuenta del inmenso dolor que noto en mi alma.

Aquello de lo que huyes te persigue.

Aquello que buscas ha salido a tu encuentro. 

Sólo necesitamos ser conscientes de quiénes somos y de si somos coherentes con nosotros mismos o no.

He he hecho lo indecible para no tener que mirarme a la cara y decir “Mercè, ahora estamos solas las dos, vamos a una”. Y no era solo eso, era admitir ante el mundo, aquel mundo que yo creía que siempre me miraba mal y no esperaba nada bueno de mí, que estaba en lo cierto. Que había acertado en su quiniela y era verdad, yo no era nadie ni servía para triunfar. Necesitaba “desnudarme” ante ese mundo que esperaba que fuera despiadado conmigo para darme cuenta de que incluso en la más absoluta desnudez no pasa nada, nadie puede hacerte daño si no te dejas, si no te crees, si te amas y respetas tanto que ninguna palabra puede arañarte…

He hecho todo lo que ha estado en mi mano para no tener que mostrar mi imperfección, mi vulnerabilidad, mi supuesta incapacidad para confiar en mí y me he convertido durante años en una persona “corriente” sin hacer aspavientos ni esperar nada excepcional de la vida… Era como si “portándome bien” y no esperando nada de magia en mi vida, un dios atroz y vengativo fuera a apiadarse de mí y me evitara pasar por delante del escaparate de mis miedos y enfrentarme a ellos…

Ilusa de mí… Porque ya lo sabía. Siempre lo supe. Todo llega y todo pasa. Cuánto más eludes algo, más te acercas a ello. Porque hay momentos que vivir y miedos que superar, hagas lo que hagas.

Si temes mostrarte, la vida te pondrá en el punto de mira.

Si temes decidir, la vida te obligará a tomar decisiones.

Si temes perder, la vida te hará perder tanto que al final no recordarás por qué te dolía tanto.

Si no lo haces, la vida te lo hace… 

Si temes que nadie te ame, pasarás largo tiempo olvidado por otros hasta que descubras el verdadero amor, ese que está en ti.

Cualquier necesidad de la que dependa tu estabilidad, seguridad y felicidad, se verá no satisfecha para que sepas que no es real, que no eres tu miedo, sino tu capacidad para sobrevivirlo.

Vas evitando pasar por esa esquina donde hay siempre algo que te recuerda que no estás haciéndote caso, que te dice que vayas ante lo que te asusta, que te enfrentes a tu vergüenza, a tu culpa inventada, a tu fantasma más terrible… Pero no lo haces, hasta que no te queda más remedio.

No se me ocurre en la vida nada que se pague más caro que la incoherencia.

La vida sabe que hay cosas que sólo estamos dispuestos a hacer en caso de desesperación. Sólo cuando el agua nos llega al cuello somos capaces de ceder y decidir que ya basta, que vamos a soltar y confiar. Solo cuando la alternativa es más terrible, nos sentimos con fuerzas para ponernos de rodillas y dejar el orgullo de lado, ceder y permitrnos ser libres, soltar el lastre y dejar de seguir intentando demostrar, figurar, parecer, recibir aceptación y reconocimiento… Sólo cuando no hay más remedio porque todo se tambalea, decidimos amarnos y ponernos de nuestra parte.

Y el momento llega. Podríamos dar el paso antes, pero somos tan testarudos que necesitamos caer hasta el fondo, hundirnos en el lodo más pegajoso para darnos cuenta de que nos hemos privado de sentir y notar la vida a través nuestro, que hemos evitado ese miedo, ese dolor, esa situación… Que hemos acumulado emociones en cada esquina de nuestro cuerpo hasta que han estallado. Que hemos inventado un personaje para que cuando otros nos miraran no pudieran vernos.

Toda la vida intentando evitar este momento en el que te enfrentas a tu miedo más intenso y lo notas, tiritas, te retuerces, caes, lloras y entras en un silencio rotundo y absoluto en el que puedes empezar a escucharte de verdad y ser tú. Puedes ser tú porque ya no importa nada, porque ya no te avergüenzas, porque en este trance has perdido ese miedo y te has vaciado de todo lo que acumulabas, porque has soltando tanto que el vacío que hay en ti se ha llenado de vida… Se ha llenado de ti.

Puedes ser tú porque lo has intentado todo y no te sirve nadie más y cualquier otra opción se ha demostrado fuera de lugar… Puedes ser tú porque no hay nadie más…

En ese momento, te das cuenta de que llevas tiempo en ese túnel, buscando una salida a tanta oscuridad, una luz que te guíe… Y descubres que la luz que buscas está en ti, muy dentro, pero necesitabas encontrarte muy apurado para encenderla porque mientras todo iba bien te dedicabas a ignorarla. Te ignorabas a ti.

El otro día alguien con quién comparto ideas y reflexiones en redes, Merche Pérez Miguel, me dijo algo hermoso… Cuando tocas fondo “sientes que ya no te queda nada y de repente de conviertes en absolutamente todo”. Un todo que no sabrías que está si no te quedaras a solas contigo, sin nada, en absoluto silencio…

No hace falta llegar a eso, la vida nos tiende la mano mil veces ante, aunque no lo vemos porque estamos ocupados intentando eludir lo que somos y sentir ese miedo que de forma inevitable llegará. Porque estamos pendientes de pelearnos para no aceptar lo que no nos gusta, sin saber que a veces lo que parece terrible es en realidad un regalo precioso.

A veces, la vida llama a tu puerta y no respondes porque tienes demasiado miedo de mirarla a la cara y ver con qué va a sorprenderte.

A veces, hay que tocar fondo para darte cuenta de que no eres tu dolor, tu miedo ni tus pensamientos más tristes, para descubrir que siempre habías estado arropado por la mejor compañía y nunca la habías tenido en cuenta… Para encontrarte a ti y existir sin más expectativa que vivir en paz…  Cuando eres lo único que te queda, no tienes más remedio que confiar en ti.

No te quepa duda, al final del túnel estás tú, sólo tú.

¿Eres una guerrera harta de pelearte con la vida? “Manual de Autoestima para mujeres guerreras”, echa un vistazo aquí. 

Anuncios


9 comentarios

La vida te invita a parar


woman-1209862_640

En algún momento en la vida llega ese día en que estás un rato a solas, contigo. A solas de verdad. Sin más interrupción que tus propios pensamientos ni más demora que la de acabarte ese café para poder cerrar los ojos y notarte la piel… Llega porque lo has estado postergando mil años y ya te toca. Llega porque te lo mereces y ya no te basta con buscarte a pedazos, te necesitas por entero.

Si no propicias tú este momento, si no te das cuenta de que la vida te llama a parar y sentir, no te preocupes, lo hará ella sola. Encontrará la forma de que te pares, te calles, te rompas, te desgajes y tengas que quedarte a solas contigo mismo y decirte lo que tienes pendiente. La vida buscará el camino para que pares en tu camino y te notes las puntas de los dedos de los pies y te preguntes para qué andas. Buscará la forma de que te sientes y te preguntes a dónde vas… Buscará la forma de que te acurruques a ti mismo y llores si almacenas llanto y te rías si te quedan risas pendientes. La vida es tan eficaz haciendo que lo que tienes pendiente pase… Haciendo que lo que evitas suceda…

A veces, lo hace a golpe seco y otras como el río que remolonea buscando un mar que no se deja, que parece que no llega, que no se deja amar ni besar. Todo llega, siempre. A veces no es como lo imaginabas. Otras es exactamente igual pero al abrazarlo notas que ya no tiene tanto sentido. En ocasiones, aparece desgastado y opaco… Aunque siempre, siempre es mejor de alguna forma…

La vida te para o te paras tú antes de que lo haga la vida. Si escoges la segunda opción, cuando notas las señales y lees en tus ojos que te necesitas de verdad, que te buscas para sincerarte y tener esa conversación pendiente contigo, todo es más fácil. Tú eliges cómo parar y bailas. Tú escoges el rincón donde a quedarte quieto y la posada donde vas a contarte historias. La vida te invita a parar y tienes que aceptar la invitación para encontrarte y volver a ella con más ganas, con más serenidad, con más paz…

A veces, para cambiar de vida no hace falta dejar la antigua del todo. Sólo es necesario soltarla, estar dispuesto a pensarla de otro modo, a vivirla con otro ritmo, a buscar la coherencia en cada palmo que la habita y desechar lo que ya no te pertenece. No hace falta lanzarlo todo por la ventana, pero hay que estar dispuesto a ello si es necesario… 

Al final, lo nuevo siempre te cuesta lo viejo, lo caduco, lo que ya no tiene sentido… Hay que dejar hueco para que lo que deseamos llegue a nosotros y ese hueco es sobre todo mental y emocional… El espacio físico siempre es una consecuencia de permitirnos vaciar por dentro, soltar los pensamientos que ya no nos definen y las creencias que ya no queremos que nos limiten.

Y una vez a solas, háblate en serio. Sé pura compasión pero pura verdad. Sé amor pero también firmeza…

Quedarte con tus miedos y decirles basta. No para que se vayan (que sería maravilloso) sólo para que no muerdan. Quedarte con tus pensamientos y mirarlos desde fuera y ver que no son tú y que están ahí para recordarte que a veces no te valoras suficiente, que todavía estás aprendiendo a amarte y se te escapan pequeñas cosas. Quedarte con tus emociones y sentirlas, ver qué te cuentan y soltar cuánto puedas…

Y decir las cosas por su nombre. Y hablarte claro. Y encontrar ese miedo tan intenso que se oculta detrás de esos pequeños miedos sin sentido que son todos el mismo disfrazado de torpeza, de desgana, de angustia, de enfado, de rabia, de resentimiento, de pereza…

Y no culparte por nada. Sin reproches, sin medias tintas… Para que vayas a tope contigo. Cuando aciertas y cuando fallas. Porque todo, absolutamente todo es material valioso para seguir y crecer. Para levantarse y caminar .

En algún momento tienes que quedarte a solas contigo para darte cuenta de que le pongas el nombre que le pongas a tus metas tu destino es amarte y confiarte la vida.

En algún momento vas a tener que recordar qué te trajo aquí y descubrir si te sigues a ti mismo o tu sombra.

Para enderezar el camino si te has perdido o sencillamente seguir por el camino que parece equivocado a ver a dónde te lleva… Porque tal vez ese error pendiente es sea muy necesario para recordar quién eres y darte cuenta de hacia dónde deseas ir de verdad.

Tal vez ha llegado ese momento. La vida te invita a parar ¿aceptas?

 

 

Quieres leer un poco de mi último libro… Te invito, haz click en el enlace.

 Manual de #autoestima para #mujeres #guerreras 


8 comentarios

Por si no existe un mañana


drop-of-water-2504406_640

La primera vez que me interesé por el concepto Mindfulness fue leyendo a mi admirado Mario Alonso Puig. Lo admito, a pesar de que es un gran comunicador, no lo entendí del todo, porque seguramente, el concepto Mindfulness que ahora es objeto de conversación en los lugares más insospechados, era más grande que mi capacidad de imaginar. Cuando, por suerte, pregunté a algunos expertos, me dijeron que se trataba de conseguir la atención plena.  Esta técnica está totalmente asociada a la meditación, a conectar con uno mismo, pero puede practicarse en todo momento.

Pasado el tiempo, después de leer mucho sobre el tema y hacer algún curso (no domino nada aún, lo dejo claro) me he dado cuenta de que la técnica del Mindfulness es una forma de vivir. Una manera de existir que te permite centrarte en el ahora y no ocupar tu mente en un mañana que ni tan siquiera sabemos que vaya a existir.

Dándole muchas vueltas, me he dado cuenta de que nuestros grandes momentos en la vida son Mindfulness porque si no, no tendrían sentido. Y si no lo son, es que la estamos perdiendo a pedazos. Y que la mayoría de problemas y pequeños conflictos que tenemos se deben a no tener esa actitud.

Si focalizas tu atención en dos cosas al mismo tiempo lo más probable es que ninguna de las dos salga bien. Hay tantos momentos en la vida que requieren tener todos los sentidos para vivirlos, que nos arriesgamos a perderlos…

No se puede amar sin notar que amas… Ni bailar. Ni escribir. Ni nada que queramos que se fije en nosotros y perdure. En el fondo, no se puede vivir nada intensamente sin una actitud Mindfulness.

Aunque no es raro que no prestemos la atención necesaria a cada momento que vivimos, porque estamos en una sociedad que da más importancia a hacerse un selfie en una fiesta que a disfrutar de la fiesta y la compañía.

Recuerdo hace años, en un viaje. Me gusta ir por libre cuando estoy de turista, pero contratamos una excursión  para visitar una parte del país que salía del itinerario. Nos hicieron bajar del autocar y nos dieron cinco minutos para hacer una foto a un monumento… Me quedé atónita al reflexionar sobre lo que implicaba aquel gesto y todavía más atónita cuando vi que todos los que nos acompañaban en el autocar, hicieron caso sin planteárselo ni rechistar.

Yo pensé… ¿Por qué? ¿para qué? ¿para recordar un lugar en el que casi no estuve? Donde no viví nada ni noté nada porque permanecí en él sólo cinco minutos… Un lugar en el que sólo pude hacer una foto… Eso es como apuntaren el curriculum una habilidad o formación que no tienes o que no aprendiste porque en lugar de  ir a clase te quedaste en el bar. Estamos obsesionados por atesorar momentos artificiales, nos importa más mostrarnos en la meta que correr la carrera… Si nos dieran el título sin estudiar ni pisar la universidad ¿aceptaríamos vivir en esa farsa sólo por figurar? Si encontráramos un manuscrito hermoso y dijéramos que es nuestro ¿nos creeríamos grandes escritores cuando todos nos dijeran lo bien que escribimos? ¿por parecer que somos lo que no somos? ¿dónde queda el aprendizaje? ¿y el momento vivido? ¿y la honestidad para con nosotros mismos?

Yo creo que Mindfulness es vivir este momento. Notar que vives y acariciar cada momento con las pupilas, con las manos, con el sabor, el olor y la temperatura del aire que te llega al rostro y todo lo que rodea ese momento. Los niños son grandes practicantes de Mindfulness. Les dices que salimos de casa antes de cinco minutos y son capaces de ponerse a jugar o mirar por la ventana sin perder detalle de nada, ignorando que deberían tal vez estar poniéndose la chaqueta, como si no hubiera un mañana… ¡Qué envidia! Intento a veces recordar esa sensación de no preocuparse de antemano por nada, de no vivir una angustia demoledora haciendo cuentas e imaginando posibles escenarios, de no sufrir por algo que apenas sé si pasará… Una angustia que lejos de ayudar a solucionar el problema latente, no hace más que hacerlo grande, enorme e inmenso al hincharlo con angustia y pensamientos negativos y cíclicos.

Mindfulness no significa no pensar en mañana ni dejar de lado los problemas. Significa desintoxicarse de pequeños dramas y tragedias inexistentes aún y tomar distancia. Significa dejar descansar la mente de lo que no está pasando en realidad y resetearla para que esté fresca y creativa, para que esté en forma y, de manera útil, te ayude a buscar soluciones que jamás verías o imaginarías desde la angustia. Mindfulness es poder escuchar los mensajes que te envía tu cuerpo, conectar con él y oír lo que te sugiere y recomienda. Conectar con tu intuición y saber qué necesitas y qué te conviene. Reconciliarte contigo hoy… Confiar. Hemos perdido tanto la confianza en nosotros y en el mundo…

Minsfulness es no perder este momento agobiados por un mañana que tal vez no llegue y que cuando llegue tal vez no sea como hemos preconcebido.

Una vez aprendido el concepto, la práctica es otra cosa, descubrí que hace tiempo, sin saberlo, alguien me ayudó para encontrar una solución aplicando la atención plena. Fue un terapeuta que me trataba algunos problemosde salud. Yo tenía un conflicto y debía decidir. Tenía dos trabajos y necesitaba escoger uno de ellos. Uno me apasionaba más que otro,  pero el segundo me ofrecía estabilidad. Cuando esa persona me dijo que usara la intuición, que hurgara en mí, pensé que si usaba la razón escogería el trabajo seguro y que si me dejaba llevar por el corazón me quedaría con el trabajo que más me apasionaba.

Por eso, cuando me dijo que cerrara los ojos y visualizara las dos opciones y escogiera la que mejor me hacía sentir y más calma me generaba, tuve claro que escogería la pasión antes que la seguridad.

Hice el ejercicio y tomé la decisión. Regresé a ver al terapeuta y antes de decirle nada me dijo que sabía que había escogido la seguridad. Me quedé perpleja. Lo más curioso e impactante, en realidad, es que al conectar conmigo y cerrar los ojos para visualizar, por las sensaciones que vinieron a mí, no había escogido el trabajo seguro porque fuera seguro, lo había escogido porque llegaba el verano y con esta opción podría tomarme vacaciones y con la otra no.

Por un momento, pensé que el terapeuta iba a decirme que había escogido muy mal al no dejarme llevar por la pasión, pero me felicitó. Me dijo que había hecho muy bien el ejercicio porque el objetivo no era la felicidad futura de un trabajo apasionante sino un presente en paz y con salud.

Me dijo que la decisión era el resultado de haber conectado tanto con mi cuerpo que éste me dijo que le daba igual la seguridad o la pasión, que necesitaba parar y vivir para garantizar la salud que ahora peligraba por trabajar siete días a la semana durante meses y meses.

Me dijo que mi cuerpo no vivía para mañana, sino para hoy, y que sabía que por más que le apasionara un trabajo o un proyecto no lo podría llevar a cabo si perecía por el camino. Mi conciencia se conectó con el ahora y respondió y yo conecté con él y le hice caso.

Sufrir hoy para tener un mañana mejor no nos sirve. Esforzarse es necesario, superarse, evolucionar y ponerse a prueba, pero siempre sin exceder nuestra esencia ni sobrepasar nuestra conciencia… Jamás si eso nos hace sentir esclavos de algo o alguien, nunca poniendo en riesgo nuestro equilibrio físico, mental y emocional.

No lo supe entonces, pero aquello fue mi primera gran experiencia Mindfulness. En el fondo, si lo pienso detenidamente, actué como una niña, escogí lo que necesitaba en ese momento sin pensar en nada más…

Tal vez, practicar Mindfulness sea recuperar la niñez. Aquí y ahora, plenamente. Por si no existe un mañana… Y porque si existe, una vez aprendamos a vivir el presente, será mejor.

Comentario final : yo no sé mucho de este tema, soy una aficionada en fase de aprendizaje, como en casi todo, y lo que aquí cuento son reflexiones sobre el concepto, que pueden ser incluso desvaríos… Si realmente queréis aprender os recomiendo leer algunos libros que hay sobre el tema, hacer algún curso y no perderos los blogs de Anaje Ferreiro  o Victoria Ambrós sin dejar nunca de leer a Mario Alonso Puig, por supuesto.