merceroura

la rebelión de las palabras


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¿Crees que te lo mereces?


A veces, nos suceden cosas que no podemos controlar, pero si que podemos incidir en nuestros pensamientos y nuestra actitud ante ellas… Podemos decidir que no las merecemos y luchar para cambiarlas cuando sea posible, actuar como lo que somos, alguien que merece lo mejor, que sueña con superarse…
Si aceptamos lo que no merecemos, sin ni siquiera rechistar, acabamos mereciéndolo, nos volvemos pequeños y tristes, cuando en realidad, nuestro potencial es infinito.
Soñemos a lo grande, sin límites, vivamos nuestros sueños hasta que nuestros sueños nos transformen. Semos nuestra mejor versión…

 

 


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6 millones de náuseas


Vamos a rozar los seis millones de parados este año. Seis millones de seres humanos con náuseas colectivas que empezarán el nuevo día suplicando oportunidades y rebajando sus expectativas hasta tocar el cieno.

Me gustaría pensar que con mucho, mucho esfuerzo llegarán a su meta. Me gustaría por ellos y por mí, por si me toca esta ruleta rusa a la que jugamos todos obligados y presas del espanto.

Me lo imagino cada día. Repaso mentalmente todo lo que haría para burlar al destino cruel del parado. Veo todas las páginas web que visitaría, todas la puertas a las que llamar para contar mis virtudes… todos las frases de autoayuda que me repetiría para no caer en el desaliento.

Y luego miro el periódico y leo sobre otro ERE y ojeo la noticias y recibo un nuevo zarpazo en el estómago. Me invade un desasosiego intermitente, un balanceo que va del “de ésta no saldremos” al “si queremos, podemos”.

Tanto desayunar crisis, no puede ser bueno-pienso. Nos vacía la mente de ganas y nos aísla del mundo, de las palabras… de preguntar a los que conocemos cómo les va la vida e interesarnos por nada más que no sea pagar facturas. Nos la tragamos cada día como quien moja la porra en el café con leche y se ha convertido en pegamento. Voy a despegarme de ella, voy a matarla de inanición. No voy a citarla, no voy a temerla …

Casi estoy convencida… y pienso en los seis millones de nuevo. ¡Seis millones! Algunos de ellos condenados a jamás reengancharse a una vida laboral, por edad, condición o formación.

Me duelen en el alma. Tienen sueños, tienen ilusiones, tienen vidas y familias y merecen cerrar los ojos cada noche con un poco de paz, sin pensar que no saben qué penalidad les depara mañana.

¿Los estamos ayudando a reciclarse? ¿les damos ánimos? ¿les contamos qué opciones tienen? ¿les instamos a no desfallecer? O solo les subsidiamos con miseria y les convertimos en número.

Seis millones. ¿lo damos por hecho y no nos revolvemos siquiera en la silla? ¿no nos araña el alma? ¿vamos a dejar que la bolsa de miseria se engorde hasta reventar?

Esprimámonos el seso, por favor. Los que cobran mucha pasta por hacerlo y los que cobran pena y ganas. Los que tienen la responsabilidad y los que quieren ejercerla. Hagámoslo, no solo por ellos. La miseria de otros es nuestra miseria. Su polvo será nuestro lodo. Su angustia nos estallará en la cara…

Y cuando estemos en la cola, un sabor agrio nos vendrá al paladar y entonces sabremos que también somos un número…

Seis millones de ideas para evitar seis millones de tragedias.