merceroura

la rebelión de las palabras


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Y tú ¿Estás presente en tu vida?


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Hay cosas que no entiendo, cosas que pasan y que no logro descubrir por qué… Y cuando pasa el tiempo y tomo distancia, cuando soy capaz de mirar dentro de mí sin angustia ni prejuicio, me doy cuenta de que nada es azar, nada es casual… Todo tiene sentido… Veo claro que no veía claro, que a veces no somos capaces de contemplar el mar porque estamos inmersos en él… Que no sabemos nada y no podemos controlar qué pasará, tan sólo asumir que debemos confiar y que en nosotros habrá herramientas para saber capear el temporal.

Somos tan impacientes que queremos las soluciones ahora para no tener que vivir la angustia de no saber, de pasar esa noche pensando que todo pende de un hilo, de bailar con la incertidumbre y acostarse con ella un día más… Y cuánto más luchamos contra algo, más enorme conseguimos que sea, más rotundo, más consistente, más presente en nuestras vidas. Cuánto más necesitamos que todo sea seguro, más nos zarandea la vida para que sepamos que nada es eterno, nada es fijo ni imperturbable, nada es inamovible, nada es nada porque a golpe de timón todo se funde, todo se desvanece… Todo cambia de la noche a la mañana.

La vida se ocupa de dejarte claro que si lo quieres todo, vas a tener que renunciar a ello primero y descubrir que puedes vivir sin apegarte, sin necesitar, sin creerte que eres tu trabajo, tu vida social, tus trajes de lujo, tu coche, tu relación dependiente, tu paquete de tabaco… Tú eres el que decide que puede sobrevivir a sus sueños y seguir, encontrar la forma de amar este momento para eternizarlo, para clonarlo y decidir que pase lo que pase estarás cómodo contigo y honrarás tu nombre, tu casa, tu vida… Si honras tu vida estando presente en ella, tu vida te honra a ti. Si amas este momento, la vida te regala otro igual para que puedas amarlo de nuevo y consigas una sucesión de momentos llenos de amor.

Cuando descubres que estás en ti, todo regresa, todo cobra vida, todo se abre paso… La vida cambia en un segundo y lo que ayer era certero hoy es pasado, es recuerdo, es nada…

Vamos a reírnos de nuestras penas de ayer esta tarde, esta noche, mañana por la mañana… Vamos a darnos cuenta de que sufrimos en balde y regalamos lágrimas a un destino que no existe y horas de vida a un pensamiento que nos araña por dentro con garras inventadas…. Vamos a contarlo, para que otros sepan que no vale la pena intentar controlar lo incontrolable, que no podemos cambiar a otros, ni cambiar el mundo, que sólo nos queda la opción de tomar decisiones y asumir la responsabilidad en nuestras vidas, asumir que no sabemos nada y que podemos reprogramarnos para ser lo que realmente somos… Sin más muros que los muros que sean necesarios para comprender que en realidad los construimos nosotros… Y que están ahí para aprender de ellos porque son una copia exacta de los muros que imaginamos con nuestros pensamientos, con nuestros miedos, con nuestros recuerdos que todavía queman.

Cada detalle cuenta. Cada mirada construye una nueva mirada. Cada gesto es el gesto que faltaba para que todo tenga un para qué.

A veces, no entiendo qué sucede, pero sé que tiene sentido.

Todo pasa, también este dolor, este miedo, esta angustia… Esta sensación de haberse perdido en un mar que no es tu mar y buscar un puerto que, de encontrarlo, no será tu puerto.

Todo termina aunque sea reventando, aunque estalle en mil pedazos y uno de ellos te arañe la intención y te rompa esa máquina de fabricar respuestas que llevas dentro que a veces se entretiene creando excusas y quejas, pero que otras es capaz de inventar historias que son capaces de conmover. Todo es un mensaje, una moraleja, una historia que habla de nuestra historia, una fábula que cuenta las fábulas que nosotros nos contamos, un espejo que nos permite mirar en nuestro interior.

A veces, no sé qué sentido tiene nada, pero cuando miro me veo a mí intentando buscarle un sentido… Y entre tanto desconcierto, me agacho y veo que algo pequeño, diminuto, casi imperceptible, algo que brota entre la adversidad y echa raíces en la tierra más yerma imaginable… Y entonces me doy cuenta de que lo que debe ser es siempre imparable y que todo lo confiado y sentido mientras lo intentaba vale la pena, porque todo sigue un plan que todavía no comprendo. Y tengo claro que la mayoría de las cosas que han llegado a mí no son el resultado de lo que hice intentando conseguirlas sino de lo que amé mientras lo intentaba… El resultado de todo aquello que imaginé por horrible que sea, aquello en lo que puse mi intención y angustia, aquello que quise evitar durante años y que sé que siempre volverá a mí hasta que cierre la herida. 

Tal vez sea el amor lo que le da sentido a todo. El pegamento que hace que todo se sujete y cobre vida…

Vamos a reírnos de nuestros problemas de hoy en poco tiempo y  cuando lo recordemos nos daremos cuenta de que nada era azar, todo era parte de algo grandioso que al final siempre tiene sentido. Todo era ese amor buscando una salida para estallar en nosotros y hacer su camino. Una historia que sólo se puede entender cuando juntas todas la piezas y abres los ojos del alma.

Vamos a amar nuestro miedo porque así se dará por vencido… Vamos a abrazar nuestras inquietudes porque así no tendrán que hacerse más grandes para que les hagamos caso… Vamos a hacer caso a nuestras heridas pendientes por cerrar porque así pasaremos página… Vamos a abrazarlas a revisarlas, cerrarlas y luego dejar de pensar en ellas más que para tener claro que supimos cambiar. Vamos a ver el amor en un gesto y la flor que crece entre las maderas astilladas de una escalera vieja… Vamos a ver como la vida se abre paso pese a lo mucho que nos peleamos con ella cuando no aceptamos y no sabemos llevar las dudas… 

Vamos a reírnos de nuestras penas para que cuando llegue la noche nos preocupen tan poco que desaparezcan. Y podamos concentrar nuestros pensamientos en algo hermoso para que brote en nuestro camino. Vamos a estar presentes en nuestras vidas para que no se nos escapen mientras luchamos sin tregua por mejorarlas sin darnos cuenta de que, a pesar del dolor, ya son maravillosas… 

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Para qué


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No me sirve cualquier sueño, pero sobre todo no me sirve cualquier camino. La forma de llegar a lo que amamos y deseamos marca la gran diferencia en nuestras vidas y poco a poco, cuando creces por dentro, te das cuenta de que es el verdadero premio… El sueño está en el detalle, en el pequeño paso, en el día a día, en lo que conviertes en rutina en tu vida, en lo que te atreves a cuestionar y decidir. El sueño se empieza a conseguir el día que te das cuenta de que lo que importa es cómo llegas a él y decides apostar por tu coherencia. 

Puedo no llegar a la meta pero, no puedo permitirme no saber encontrar la paz cuando me dé cuenta de que no la alcanzo, ni fallar en esto de sobrellevar la pena de no cumplir planes, ni acabar listas de objetivos.

Aunque puedo tardar un día o dos, tres años o un siglo en hacerme a la idea de que a pesar de que nada es imposible no todo pasa, no todo llega y a veces en eso hay cierto sentido. A veces, el premio principal de tu vida es lograr encajar las derrotas y convertirlas en éxito. Conseguir la actitud de un ganador mientras asumes que no llegas a la meta o que no llegas primero… Una vez consigues eso, esa magia, nada se resiste. Porque te has transformado…

A veces, las cosas que deseas no suceden. O al menos eso nos parece… Tal vez porque no se ve qué es lo que estás dibujando con los tumbos que das a cada paso, hasta que has dado los suficientes como para poder tomar perspectiva. Hasta que te levantas de ti mismo y te miras desde el aire y ves que no caminabas en círculo sino que dibujabas en la tierra tu firma, que dejabas tu huella sin saber para quién… A veces, no estás en el camino que deseas pero descubres que eres útil en él para muchas personas y sabes que es en realidad tu camino… Porque estás haciendo en él lo que soñabas hacer en otro y no te has dado cuenta de que no importa cómo sino para qué

La vida nos moldea y a veces nos pone en nuestro sitio. Nos recuerda que fallar es necesario y que cada error es un maestro para dar el siguiente paso… Un paso que a menudo puede cambiar de sentido, de rumbo, desaparecer o hacerse tan pequeño que parece que no avanzas nada, que no pasa nada en tu vida porque no te mueves…

Echar tus raíces lleva tiempo. Uno tiene que escoger a qué tierra pertenece, en qué mundo vive, a qué cielo aspira, qué le sacude y le conmueve. Tiene que conocer todos sus recovecos oscuros y haber encontrado todas sus aristas más cortantes antes de que los primeros brotes se abran paso a través de la tierra y vean la luz.

Echar raíces requiere tanta paciencia que los impacientes a veces se cansan.

Requiere tanto entusiasmo, que los entusiastas a veces se agotan y se quedan dormidos.

Requiere tanto trabajo, que los más trabajadores a veces abandonan porque se sienten desnudos y vacíos, porque acaban creyendo que cae en saco roto.

Echar raíces a veces te deja tan roto que no recuerdas qué estabas haciendo ni para qué. Y al final, sólo llegan los que resisten, los que aguantan no saben cómo, los que se empeñan de verdad .

A veces, los que llegan lo han soportado todo porque a medio camino decidieron que lo que importaba no eran precisamente las hojas sino las raíces. Porque se dieron cuenta de que el trabajo de mirar hacia dentro para conocerse y aceptar todo lo que allí encontraban era tan valioso que la verdadera cosecha era crecer hacia abajo, hacia la tierra… Crecer por dentro y sentirse sólido y a la vez ligero. Soltar la carga de tener que llegar a nada en concreto… Agradecer el poder respirar, el sentir, el tocar, el acariciar este día sin que este día tenga que ser tasado, valorado, recordado, sin que se tenga que asignar a nada una nota, un número de cuenta, un valor añadido…

No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos.  

A veces, el que llega es el que está en sí mismo y no el que produce sin saber para qué. El sentido que le damos a nuestros logros lo cambia todo. No somos máquinas de producir, somos seres humanos que necesitan darle sentido a lo que hacen. Nuestro “para qué” es tan importante que a veces no conseguimos lo que soñamos porque no lo tenemos claro o porque lo hemos confundido. Si queremos llegar para demostrar, no llegamos jamás porque el que necesita ir dando lecciones al mundo nunca habrá dado las suficientes… El que va llenando huecos ahí afuera para ser admirado y compensar con ello el amor que no siente por él mismo, nunca recibirá suficientes halagos… El que está en el camino porque ama el camino y desea la meta para seguir amando y compartir, ya tiene su recompensa en cada milímetro que avanza. 

Las metas importan pero, al final, a medio recorrido podemos descubrir que las que estamos anhelando no son las verdaderas sino las que pensábamos que era nuestras pero eran de otros… Que nos hemos puesto retos asequibles y en realidad aspiramos a más, pero nos conformábamos porque no creemos merecer de verdad… O por el contrario que nos elevamos tanto el listón que en el fondo nos estábamos castigando, nos hacíamos subir una montaña muy alta para demostrar que nada nos frenaba y asegurarnos sufrir durante el ascenso… Lo que importa de verdad es cómo llegamos y nuestra forma de aceptar la derrota, el cambio de rumbo, el desatino y el error.

Lo que importa es la sonrisa, el abrazo, el aliento que nos queda para que al día siguiente sigamos dando la lata con algo hermoso que conquistar…

Sin perdernos cada momento, cada detalle, cada pequeño gesto de la vida….

No podemos decir sí a todos los caminos para llegar porque algunos nos piden dejar el alma antes del último ascenso y eso nos convertiría en huérfanos de nosotros mismos.

Lo que importa está en nosotros y pasa por sacudirse la angustia y caminar. Si el camino a tu sueño no pasa a través de ti ni te pide que saques tus penas al sol, no es el camino que buscas… 

No me sirve cualquier camino, porque el sentido de andarlo es llegar a mí mientras recorro todos mis miedos y mis rarezas y suelto todas las necesidades que me inventé para soportarlos. No importa cómo, ni dónde, ni a quién… Sólo para qué.

No importan las hojas, lo que importa son las raíces… 


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Buenos días, vida


No eres nada que se rompa, nada que se desvanezca, nada que pueda olvidarse… Si no te rompes, ni te vas, ni te olvidas tú de ti mismo.

No eres nada que pueda perderse si no decides perderte, ni que pueda pisarse si no eres tú quien se pisa.

No eres nada que pueda ser callado o suprimido si tú no quieres callar ni esconderte, si no te levantas un día y te dices a ti mismo que te largas de tu vida y habitas el vacío. Que ya no cuentas en tu mundo y te desmarcas de todo lo que realmente te hace sentir. Absolutamente todo lo que pasa en tu vida te ha pedido permiso antes… Y a veces, aunque duela admitirlo, sabes que has dicho sí… 

No eres lo que no decides ser.

Aunque sí eres lo que imaginas y temes, al mismo tiempo… Porque todo llega a ti para ser comprendido, aceptado, expresado a través de ti, admitido, besado, sentido, perdonado, trascendido y soltado a un mar de nada que ya no vuelve a ti.

Eres lo que te das permiso para ser y creer que eres y todo aquello de lo que llevas tiempo huyendo y sabes que vas a tener que afrontar. Siempre llama a la puerta, siempre vuelve en otro lugar, con otra cara, en otras circunstancias, pero lo ves y reconoces, sabes que es lo mismo, otra vez… Que reaparece esperando que ahora, que has descubierto que eres capaz, sepas comprender qué significa y tomes la decisión de fundirte con la vida, que aceptes, que bailes con la incertidumbre y te des cuenta de que has estado huyendo de tu premio, de tu paz, de ti… 

Eres lo que te gusta pensar que eres mientras te culpas por no haberlo conseguido todavía y lo que llevas tiempo buscando por todas partes y aún no te has dado cuenta de que está prendido a tu espalda y te ha acompañado toda tu vida.

Eres lo que sueñas aunque te dé miedo soñarlo porque en el fondo no lo crees merecer… 

Eres esa persona indecisa que ves en todas la personas indecisas con las que te cruzas, la persona triste que ves en todas la personas tristes, la persona cansada que ves en todas la personas cansadas… Eres la persona maravillosa que ves en todas la personas maravillosas, incluso cuando no eres capaz de verlas así, tal y como son porque la rabia y el resentimiento te nublan los sentidos.

Eres esa roca que se queda quieta dejando que el mar le susurre palabras de espuma y la arena que se desliza diminuta en él y se deja llevar hasta encontrar una orilla donde descansar.

Eres todo lo que te asusta ser, justamente porque te asusta y la vida te lo pone delante para que dejes de huir. Para que puedas superar ese dolor y pases a la fase siguiente en la que hay otros fantasmas hasta que un día te des cuenta de que te estás buscando siempre a ti y que durante todo el camino lo que te daba miedo era enfrentarte a ti mismo.

Eres todo lo que amas, porque cuando amas el tiempo se para y eres uno con todo lo hermoso que te rodea y no hay nada que pueda arañar tu perfección.

Eres como eres y dejar de huir de ello va a cambiarte la vida… Eres tus esquinas más suaves y tus aristas más punzantes… Tus pensamientos más tristes y tus ideas más brillantes… Tus súplicas más ancestrales y tus ganas más locas por vivir… Todas tus espinas y todas tus risas. Tus lágrimas y tus certezas.

Eres el producto final de tus pensamientos.

Eres lo que callas y lo que gritas. Lo que quieres olvidar y vuelve a ti sin poderlo evitar precisamente porque quieres olvidarlo sin haberlo aceptado ni comprendido, sin haber sacado la lección de ese dolor y haberle dado la vuelta a la historia… Eres lo que intentas retener en tu memoria para que no se pierda y sin querer se desvanece, obviamente para demostrarte que no poseemos nada y que apegarse a algo es la forma más rápida de hacer que se esfume entre tus manos.

Eres la medicina que necesitas mientras vas por la vida buscando amor en brazos que no abrazan y regalando besos a cambio de respeto, de algo que se parece a la paz pero que en realidad es una calma tensa que precede a un llanto sordo… Algo que se parece a la felicidad pero en realidad es una descarga hormonal que te recuerda que estás vivo y que la biología se pone de tu parte cuando decides animarte un rato y nada más…

Eres esa persona que necesita el mérito y la medalla para amarse y conseguir que ese amor le dure sólo cinco minutos… El que confunde la adulación con la admiración  y el interés con la amistad. El que cree que ir intentando cambiar a los demás es ayudarles y aportar valor cuando en realidad es incapaz de tolerar la frustración de que el mundo no sea como él cree que debe… Porque mientras te decides a dar el paso hacia ti mismo el mundo no para de girar. Porque nunca te apeas de esa noria que hay en tu cabeza que siempre da vueltas sobre lo mismo y siempre te cuenta las mismas historias que nunca acaban esperando a que las escribas. 

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Eres el que por fin un día se da cuenta de todo esto y sabe renunciar a lo que no necesita de verdad y ponerse en marcha para lo verdaderamente importante. El que descubre que su paz y su felicidad son una decisión propia y que no tiene que cambiar el mundo sino amarlo tal y como es… El que se sorprende encontrando fácilmente aquello que parecía imposible, porque advierte que con humildad se hace visible lo invisible y con paciencia se llega a cualquier meta porque se ama el camino.

Eres el que al final conquista sus sueños porque se percata de que siempre habían sido suyos, pero nunca había creído lo suficiente en sí mismo como para acercar la mano y poderlos tocar. El que se levanta cada día a pensar del cansancio y confía en saber encontrar la forma de ser sin límites ni excusas, sin coartadas para negarse lo bueno que merece, sin postergar más lo que sabe que debe asumir. El que se mira a sí mismo  y, a pesar de la niebla, al despertar y dice siempre “buenos días, vida”.


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Magia


AL REVÉS

“Solo hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” Albert Einstein. 

¿Cuál te quedas? ¿Cuál de las dos visiones de la vida te cala dentro? Lo digo porque siempre he pensado que de existir la magia, no será algo que se pueda entender con los sentidos, sino una sensación que te invada y zarandee por dentro…

Esos momentos en los que sabes algo, pero eres incapaz de entender por qué. Sin embargo, dentro de ti hay una certeza absoluta difícil de explicar.

Hay magia, mucha. Lo que ocurre es que para notarla primero hay que creer en ella. Justo todo lo contrario de lo que nos han enseñado hasta ahora. Ya sé, alguien dirá que eso es porque participamos de una especie de sugestión colectiva para poder soportar la rutina asfixiante que se nos come el entusiasmo y nos llena de desesperanza… Y nos recordará, con razón, que medio mundo sufre una situación de injusticia crónica. Sin embargo, no puedo más que certificarlo porque me encuentro con ella en todas partes… Y al final, he llegado a la conclusión de Einstein, las señales que veo y las “demasiadas coincidencias para ser casualidad” que invaden mi vida pueden ser nada o serlo todo.

Hace un siglo que no creo en las casualidades. Todo tiene una causa, todo lleva un mensaje. Todo llega por algo, incluso lo que te deja extenuado en un rincón suplicando que pase. No es castigo ni plaga bíblica, es consecuencia de lo que sientes, lo que piensas y lo que eres.

Cuando cambias tus pensamientos, cambias todo lo que te rodea. Lo que pensamos y sentimos se acaba manifestando en nuestra vida aunque no nos apetezca. Donde pones la intención, acabas fabricando algo. Lo hacemos nosotros. Somos fabricantes de alegrías o de tragedias. Y en esto, no hay culpa, saquémonos de encima de una vez por todas esa sensación de haber llegado a la vida manchados y tener que arrastrar una carga… Nuestros errores son nuestra forma de vivir, de nada sirve cargarlos como una cruz en la espalda, es mejor afrontarlos y entender, pedir perdón si hemos hecho daño y responsabilizarnos de una vez de nuestra vida.

La magia no es a veces lo que ocurre, sino tu capacidad para atraerlo y darle significado. La sincronía de hechos fantásticos en un mundo que lucha por negarlo y demostrar que nada tiene sentido y al mismo tiempo te vende fórmulas mágicas sin magia para soportarlo.

Para entender la magia tienes que estar conectado contigo mismo y con lo que te rodea, si no, no funciona… La magia es compromiso… Y no es porque cuando no confías la magia te abandone, es sencillamente porque no puedes verla ni sentirla.  Porque cuando entras en la sala con la cabeza gacha no ves una mirada inesperada de alguien que estaba allí para decirte “sigue adelante” o cuando no te atreves a hacer algo, no puedes descubrir que de haberlo hecho estabas a cinco minutos de conseguir uno de tus sueños… A veces, la magia se caza al vuelo y te pilla sin las botas puestas.

Nos pasan cada día mil cosas difíciles de explicar, pero en ocasiones no las vemos porque nos encuentran ocupados llorando porque no nos pasa nada… Como si al frotar la lámpara y ver al genio, nos pasáramos un buen rato contándole que estamos desolados porque nunca nos sucede nada extraordinario… Aunque en esas ocasiones, la verdad, tampoco estoy segura de que su objetivo fuera ese… A veces, perdemos oportunidades diminutas porque nos aguardan cosas más grandes. Quiero decir que, tal vez, al perderte ese sueño por no ser capaz de darte cuenta, acabas haciendo algo que necesitabas aprender antes de abrazarlo totalmente… ¿Quién sabe si eso era necesario para que pudieras apreciar ese sueño como el regalo que es? ¿y si formaba parte del plan un primer intento fallido? ¿Y si la magia no era la oportunidad perdida sino la motivación que nace en ti al saberla perdida para intentar algo nuevo? ¿Y si perdernos las señales forma parte del plan? ¿Cómo sabemos si un rechazo es en realidad lo que necesitamos para desistir de algo que no encaja con nosotros y encontrar un sueño distinto que nos lleva a ser felices? ¿Y si una mala noticia es el mejor de los regalos al final para que tomes un camino que nunca hubieras explorado?

Es como tomar un camino y equivocarse en uno de sus cruces… ¿Y si el error es la magia? ¿Y si gracias al error consigues el mapa que lleva a tu tesoro? ¿Y si topar con un muro es el mensaje para que entiendas que no es tu camino y vuelvas atrás?

Voy más allá… ¿Y si da igual el camino porque hagas lo que hagas habrá una magia que te lleve a lo que necesitas? Y cuando haga falta un error para aprender, te ayudará a cometerlo. Y cuando necesites un impulso, habrá un atajo, un acantilado que lleva a un mar inmenso para que aprendas a nadar… Y cuando haga falta que entiendas que no necesitas a nadie, de repente descubrirás que haces ese camino solo… Y cuando tengas que superar tu miedo, tal vez, encuentres un candil o incluso te quedes sin él porque debes amar la oscuridad antes de llegar a la luz…

Y no, no me refiero a que todo esté escrito. Y si lo está, es porque a cada paso, escribimos una línea de nuestra vida… Somos libres de entender y aceptar, porque la magia de la que hablo, en el fondo, sale de dentro.

Es una conexión difícil de explicar. Es la que te lleva a ti. A ese yo limpio y sin más pretensión que la felicidad. A esa persona que te habita y busca amar y ser amada como merece. Ese yo que conecta con todo, con cada fibra de este universo que vibra y nos sacude para que entendamos que no sólo estamos en él sino que formamos parte de su esencia.

Ese yo enorme y a la vez extraordinariamente humilde. Ese yo que se da cuenta de que todo pasa por y para algo…

La magia pasa a través de nosotros para que podamos ejercer de nosotros mismos, para que cumplamos nuestra misión… Para que cambiemos el mundo gracias a cambiar nuestros ojos al mirarlo… Para que seamos un peldaño más en esta escalera eterna que lleva a conocerse y comprender.

La magia está siempre que no se la espera. Subyace en todo. No se la puede ver pero se la puede sentir… Y sentimos tan poco, porque no dejamos de pensar en bucle, sin sentido, sin esperanza… La magia te calma cuando te encuentra en calma… Te aquieta el alma cuando consigues primero que tu alma esté quieta para poder apreciarla.

Se manifiesta muy rápido cuando no tienes prisa.

Le da la vuelta a tu mundo cuando ya no necesitas que lo haga porque has descubierto que te tienes a ti mismo.

Obra el milagro un segundo después de que descubras que ya no te importa si habrá milagro porque confías en ti.

La magia esquiva la impaciencia y la desconfianza. Para la partida cuando ganabas porque en algún instante dejas de creer que te lo mereces. Te obliga a mostrarte cuando te escondes…

La magia aleja los sueños de quiénes no se consideran dignos de ellos… Dibuja en el mundo una réplica exacta del mundo que llevamos dentro… Lo reproduce con tanta fidelidad que puedes saber exactamente cuánto te amas, al observar la distancia que hay entre ti y tus metas… Te cambia las preguntas cuando encuentras respuestas para que sigas creciendo…

Dibuja puertas en las paredes que sólo se abren cuando realmente estás convencido de que son tus puertas.

Teje redes justo después de que des el gran salto sin importante si hay red. Te hace crecer las alas medio minutos después de que decidas que pase lo que pase vas a volar.

La magia va inventando el camino a medida que tú lo vas imaginando y visualizando, y se vuelve sólido a cada paso que das hacia lo desconocido.

Ama a los osados y les deja pistas por todas partes para que sepan que pueden seguir. Escribe mensajes en el reverso de las hojas de los árboles cuando estás cansado y te sientas bajo ellos a la sombra…

Hay magia, mucha, mucha, pero pide confianza y compromiso.

La fe ciega en ti y la deliciosa locura de negar a veces tus sentidos y creer lo que nadie ve y sentir lo que nadie más siente.

Hay magia, pero pide paciencia eterna.

Alguien muy sabio me recordó el otro día “No esperes nada… No esperes nada de nada ni de nadie”y es verdad, la magia ama apasionadamente a aquellos que dan sin esperar nada cambio y no se apegan al resultado…

Tal vez, la magia no sea esa sincronicidad en la que a veces nos encontramos inmersos o esos hechos sucesivos que algunos llaman casualidades y otros causalidades… Tal vez la magia sea lograr primero esa confianza en ti mismo y esa paciencia que te permitan llegar a dónde quieres y tocar al milagro.

Quizás la magia no es el milagro sino el proceso interior que se obra en ti para conseguirlo.

Hay mucha magia en todas partes, respira hondo y deja que te invada y habite.

Tal vez, la magia eres tú cuando aceptas de una vez  por todas tu grandeza y decides que ya nunca volverás a resignarte con una vida mediocre.

Sincronicidad : la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal,  Carl Gustav Jung.

 


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Canción de cuna para adultos que sueñan


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Voy a contar hasta cien. Seré paciente, aunque duela y arranque mis costuras flojas. Me comeré las ganas y fabricaré momentos dulces para poder seguir caminando. Parecerá que duermo, pero en realidad estaré atenta a todo, escuchando mis vísceras y desmontando mis dudas. Siempre pendiente para no perderme una brizna de vida, una chispa de nada que caliente mis días más fríos como una mueca golosa, un beso tibio, un abrazo tierno y escandaloso. Estaré tan preparada que con la intención moveré el mundo, mi mundo, hasta fabricarme otras circunstancias y cambiar el suelo que piso para que sea más fácil, más llevadero, menos abrupto. Pararé el tiempo y también aprenderé a acelerarlo. Moveré las montañas como si fueran cromos. Cada vez que baile, seré capaz de darle un mordisco al cielo y tocar la luna con mi falda.

Dejaré las respuestas pendientes a un lado y me concentraré en las preguntas. Notaré que amo sin preguntar por qué. Amaré sin pedir, sin esperar más que amar. Aunque mi amor a veces sea mudo y sólo se grite bajo el agua, aunque ruede acantilado abajo, perdiendo el sentido, perdiendo el sueño…

Me encerraré en mis esquinas, sorteada por mis pensamientos locos, acariciada por mi caparazón transparente… Me notaré demasiado grande ya para esta coraza, demasiado pequeña para un mundo triste.

Contaré hasta cien de nuevo. Sabiendo que cuando acabe volveré a empezar, aunque mi espíritu impaciente se revuelva dentro de esta cáscara frágil y mi mirada se escape perdida y encuentre lo que busca. Aunque no lo toque, aunque se conforme con observar e imaginar. He creado imperios en mi cabeza, he vivido mil historias de oído… He acariciado con las ganas y el pensamiento. 

Seguiré erguida y dispuesta. Profundamente alterada, sin domar, sin riendas por las que poder someterme a nada ni nadie por quién no desee ser sometida… Sin bozal ni cadenas que puedan esclavizar mis inquietudes e ideas… Sin más remedio que seguir. Sin querer remedio para mi alma inquieta y burlona pero buscando un bálsamo para sobrellevar las lágrimas, las ganas dormidas y las heridas que sólo cicatrizan en sábado.

Contaré siempre. Seré una eterna contadora que espera, que sueña sin perder esa punzada en el pecho que la impulsa a continuar enredándose en la vida, jugando a pescar risas y alegrías ocultas tras caras grises. Seré el bufón más callado, el cardo más hermoso de los cardos que crece en un campo de flores rojas, el único canto rodado en un lecho de pequeñas rocas afiladas. La primera gota de lluvia después del infierno más seco, la única caricia de un letargo sin mimo ni cariño… 

Llegará el final de los tiempos y yo estaré esperando, sonriente, vivaracha e irónica… paciente pero despierta, activa como la luz que rompe la oscuridad y divide los días y las noches… Sin dejar de sentir, sin dejar de arañar pequeños instantes felices… Devorando cada segundo de este preludio inmenso y delicioso. Con un saco enorme de dudas e incertidumbres acumuladas, repleto de miedos, pero con una necesidad enorme de no parar nunca… Con un deseo gigante cosido a mi pequeño cuerpo de bestia dulce y salvaje. Con un pedazo de bosque metido en la memoria… 

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Sin prisas


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Tienes prisa para todo. Necesitas que el mundo gire, que acelere su marcha porque hay mucho por hacer y cuando lo terminas, enseguida se te ocurre algo nuevo por lo que batallar. Vives de esa emoción que surge en ti cuando buscas y encuentras.

Cuando te sientas en la silla, tus piernas se balancean como las piernas de los niños que no tocan el suelo cuando están sentados… Quieres levantarte… Necesitas pasar a la acción y caminar. Necesitas estar en eterno movimiento. Lo haces con los pies y con la cabeza. Que nunca para. Siempre inventa. Genera posibilidades. Busca oportunidades y, cuando el día está complicado y no las encuentra, las inventa.

Eres de esas que miran un vertedero y ve el paraíso que podría montarse allí si todos tuviéramos tus ganas y tu energía.

Te ilusionas. Eres adrenalina pura, viento, fuego. Estás hecha de un material irrompible, incorruptible, poroso… Lo quieres todo ahora.

Tanto vivir al borde del sueño y con los pies colgando de una silla enorme te ha acelerado. Necesitas parar y suplicarle a la peonza que deje de girar un minuto. Para saborear el instante que vives darte cuenta de lo que tienes alrededor.

Detenerte cinco minutos no hará que pierdas el tren, sobre todo porque la mayoría de trenes a los que subes te los has inventado tú, los has generado en esa máquina potente y preciosa que es tu mente.

La vida es una mezcla entre hacer que las cosas que quieres sucedan y dejar espacio y tiempo para que otras, que ni imaginas y también son buenas, puedan pasar.

Tu impaciencia ha puesto al máximo de revoluciones a la máquina que genera realidades nuevas y has forzado las cosas. Todo tiene su ritmo… Todo tiene su tiempo. Hay cosas que necesitan un empujón y otras que tienen que funcionar por inercia. Para poder escuchar, observar, sentir, notar.

Un día, no hace mucho, una mujer muy sabia que me dijo “si dominas tu impaciencia, dominarás el tiempo”.

¿Dominar el tiempo? pensé yo… Nadie domina el tiempo…

El tiempo del que ella me hablaba era el del devenir de las cosas, el que necesita todo lo que se mueve para ponerse en marcha y funcionar. El engranaje hace que la vida siga su curso. El tiempo que se genera entre dos miradas que se cruzan. El de asustarse, el de enamorarse, el de derramar una lágrima y el de sonreír. El recorrido interior que te lleva a superar una decepción o ese trayecto dulce entre que cierras los ojos y alcanzas el sueño.

Lo he entendido, al final. Puedo pedalear más rápido mi bicicleta para llegar a la meta antes, pero jamás podré acelerar el ciclo lunar. Porque nadie le dice a la luna que se apresure.

Hay cosas por cambiar y cosas por aceptar… Situaciones a las que podemos darles la vuelta y situaciones que nos hacen dar la vuelta a nosotros y modificar nuestro rumbo. A veces, no se puede ir en linea recta, aunque sea el camino más corto. Hay ocasiones en las que tendrás que correr y otras en las que tendrás que quedarte quieta.

No será fácil, pero si eres paciente, tal vez recogerás los frutos de tu espera. Aprenderás a dominar el tiempo. Conseguirás ese complicado equilibrio entre coger y soltar, entre caminar y saber cuando parar… Entre existir y soñar.


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Hablemos de respeto


Hablemos de paciencia. Tenemos muy poca. La distancia entre lo que nos llega por el rabillo del ojo y nos parece ofensa y el espumarajo que nos sale por la boca es corta, cortísima. Y eso nos escurre como a un trapo sucio, nos resta brillo… nos hace bestias. Y somos personas y eso debería bastar para darnos el beneficio de la duda… para hacer un parón en seco y recordar que somos algo más que víscera y carne.

A veces para aparentar nos convertimos en alfombras y en otras ocasiones somos incapaces de dar un poco de aliento al compañero y comprender sus razones. Vivimos en situación de beligerancia permanente. Algunos esperan las equivocaciones ajenas para asaltar cuellos y traspasar lindes, para romper las barreras de la cordura… para abanderarse como criaturas perfectas. Nadie es pefecto. Y nuestras ideas no son dogmas. Nadie está obligado a abrazarlas y tragárselas. Nadie tiene que callarse las propias por temor a nuestras palabras, nuestras miradas… nuestras miserias. No somos dioses. Somos vulnerables y cuestionables y nuestra ideología también lo es.  

Hablemos de miedo. Hemos subido mucho el tono. Hay ganas de mordisco, de clavar canino… se nota. Y da pena, mucha. Los gritos no nos dan más verdad que la que está dispuesto a aceptar quien nos escucha. Los gestos violentos y ofensivos no nos hacen más fuertes ni mejores; nos restan sustancia, credibilidad… nos quitan un poco eso que hace que las palabras fluyan… ¿Nos asusta ponernos a prueba a nosotros y a nuestras ideas?… ¿no nos fiamos de nuestros credos?

Hay mucha pugna en cada “buenos días” y mucho vinagre en algunas pupilas. La presión nos va a hacer saltar las memorias y los botones que nos abrochan la cordura, el ánimo, el atino… nos va dejar desnudos y desvalidos. Nos va a recordar de golpe que tenemos ídolos de arena a los que rendimos culto más allá de lo necesario. Y no hay mayor duelo que no escucharse, que no purgar miedos y no ser capaz de pensar que hay otras verdades posibles… sencillamente porque hay otras personas y sus emociones cuentan.

Hablemos de valor. Seamos capaces de callar y que no nos salga la bilis por las orejas. Capaces de no transpirar sulfuro, no almacenar viento a la espera de que nos toque turno de abrir la boca. Escuchemos más allá de los oidos. Trasladémonos a otras realidades… recordemos que nuestro tiempo es finito pero nuestra capacidad de comprender inmensa.

Hablemos de respeto. Es un ejercicio complicado, pero el reto merece la pena.