merceroura

la rebelión de las palabras


3 comentarios

La vida es el regalo


Algunos de los momentos más felices de mi vida eran la mañana de Navidad y de Reyes…

No, no cuando era niña yo, sino cuando mi hija era pequeña. No es que ahora sea mayor, pero los años pasan y las ganas son las mismas pero la magia se hace evidente por su ausencia.

Recuerdo esa noche antes, contando cuentos sobre elfos, pajes reales, cascabeles y trineos… Recuerdo esa emoción contenida en su voz dulce y esas preguntas siempre complicadas de responder pero para las que un «pues no sé cómo lo hacen, pero hacen magia» siempre era suficiente.

Y el gran momento, esa mañana (siempre demasiado pronto y con mucho sueño) en que todo estaba repleto de paquetes de colores y su mirada se iluminaba tanto que las luces del árbol parecían un broma a su lado. Su ilusión me llenaba de vida. Su felicidad era mi felicidad… Aunque nos tomen el pelo con el consumismo y lo que realmente importe es lo que llevamos dentro, ya lo sé, pero ver esa cara preciosa tan entusiasmada me hacía sentir viva.

La verdad es que siempre me ha gustado más hacer regalos que me los hagan. Lo reconozco. Me siento incómoda cuando me regalan algo. He entrado en la raíz del tema y he hurgado en las creencias y supongo que en el fondo sigue habiendo esa sensación de no merecer, de que nos cuesta recibir sin haber hecho nada porque nos han vendido que todo necesita sacrificio… Qué sé yo. El caso es que cuando pienso en mucho dinero, lo primero que me viene a la cabeza es en usarlo para comprar cosas para personas a las que amo. Ver sus caras sería mi recompensa.

Aunque supongo que si soy sincera, no me queda más remedio en ese improvisado ejercicio de desnudez emocional navideña, mi momentánea felicidad (toda felicidad que viene de un estímulo externo es efímera aunque sea bienvenida y maravillosa) tiene mucho que ver con eso de no merecer de nuevo. Regalar, dar, hacer para otras personas para ganarme su respeto. Diré más, darles yo que puedo porque ellos no creo que puedan… Hay algo de ego ahí ¿Verdad?

Aunque también es muy posible que demos por amor. Porque queremos que esas personas tengan lo que merecen, lo que pensamos que pueda hacerlas momentáneamente felices…

Y eso, eso es Navidad para mí. Una niña con ojos brillantes abriendo regalos al pie del árbol y diciendo «mira, mamá, me lo han traído al final». Lo sé, todo lo material no importa en realidad y efímero y se pasa, de rompe, se desvanece, se pierde… Tenemos unos hijos sobreestimulados que acumulan demasiado y a veces no valoran la inmensa suerte que tienen.

Lo fascinante sin embargo es esa mirada llena de magia, de alegría, de ilusión… La mirada de alguien que siente digno, merecedor y que por un rato cree que realmente todo es posible.

Ojalá pudiéramos sentirlo por qué sí. Cada día en algún momento, encontrar en nosotros esa magia. No a los pies de un árbol sino en nuestra forma de pensar, de sentir, de vivir, de amar… Sentirnos merecedores sin tener que ser regalados porque la vida es un regalo. Sentirnos útiles y dignos sin tener que dar o hacer por otros porque ya nos sentimos valiosos… Sentir esa ingravidez por un instante, pensar que todo es posible, aunque tengamos claro que hay cosas que nunca van a suceder… Y estar presentes en nuestras vidas sin esperar nada más que lo que es. Amar este instante. Dejar de buscar fuera. Dejar de esperar a que todo cambie para ser felices aunque lo que vivamos sea duro y nos duela. Dejar de ver solo el dolor y ver el amor y la belleza de cada detalle. Mirar dentro y encontrarse. Y ver el valor de lo que realmente somos… El regalo que somos. Pensarnos de otro modo y sentirnos de otros modo y en consecuencia pensar a los demás de otro modo e interpretar lo que hacen de otro modo. Dejar de ver agresión y saber que hay mucho miedo a no llegar, a no parecer, a no tener, a no encontrar… Y que la compasión nos invada empezando por nosotros mismos…

Nosotros somos el regalo. La vida es el regalo… Tenemos que decidir si la vivimos como lo que es o la pasamos esperando a que llegue algo mejor sin desenvolverla.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 


2 comentarios

El mejor regalo


girl-2931287_1280

Parece que cuando llegan estas fechas lo que nos viene a la cabeza es pedir deseos, buscar la compañía de las personas que te importan, hacer nuevos planes, parar un momento y darse cuenta de dónde estamos y quiénes somos…

Serán las luces de Navidad (lo reconozco, me encantan) porque el entorno cambia el estado de ánimo, la verdad, aunque no es suficiente si no por dentro no aprendemos a ser conscientes de lo que nos pasa y de por qué reaccionamos ante lo que nos pasa de cierta forma. La vida nos va dando señales constantes de todo lo que llevamos almacenado ahí dentro y que tenemos pendiente de curar. Si vemos que alguien lleva un coche nuevo y nos disgusta, no es el coche ni la persona que lo lleva, somos nosotros… Si en lugar de juzgar que no se lo merece, no le queda bien o que tiene mucha más suerte que nosotros porque se lo puede permitir porque tiene dinero y pensamos qué hay detrás de ello estaremos aprendiendo algo… Sacaremos un fruto de esa punzada, esa envidia, esa frustración, ese mal humor que hemos sentido al ver que él sí y nosotros no. Tendremos la oportunidad de darnos cuenta de que tal vea nos nos creemos dignos, no aceptamos la realidad, no estamos viendo lo mucho que tenemos de bueno en la vida, que nos enfocamos en lo negativo, que tal vez pensamos que nosotros no podemos tener un coche así… Puede que incluso ni siquiera queramos un coche como ese, pero sencillamente, nos molesta que alguien lo tenga porque no nos sentimos capaces de conseguir uno igual…

Si somos capaces de comprender algo así, hemos dado un paso de gigante. Y voy a decirte algo, no pasa nada… No te preocupes. Eres humano, es normal que a veces sientas eso. No eres un monstruo. Sencillamente siéntelo y sé sincero  contigo y suelta, deja ir, decide que nadie es mejor que nadie y mira cuánto brillas tú en lugar de dejarte deslumbrar por el brillo de otros.

No, lo siento, ahora no te voy a vender que si haces eso tendrás un coche igual o mejor. No va de esto. Aunque es posible que si haces el ejercicio, puesto que estarás tomando consciencia de tus patrones y creencias limitantes, surjan en ti nuevas ideas para hacer cambios en tu vida… Pequeños pasos que llevan a grandes cambios, nuevos hábitos que pueden llevarte a reorganizar, tomar fuerza, sentirte con mejor ánimo, verte capaz… Y cuando alguien se cree capaz es capaz, se transforma. Y entonces descubres que en realidad había formas de conseguir ese coche pero puede que te des cuenta de que no lo necesitas o sí… Eso da igual, porque ves claro que no necesitas un coche para darte cuenta de que eres una persona valiosa… Y ves como alguien pasea por ahí con su coche nuevo y sonríes. Porque no te molesta, porque sabes que tú podrías o si no, hay mil cosas que más que están a tu alcance (grandes o pequeñas)  y que lo que realmente te interesa es sentir lo que eres, un ser completo con o sin. Entiéndeme, si te gusta el coche, bienvenido, pero no somos lo que tenemos, somos lo que amamos, lo que compartimos, lo que nos permitimos soñar y comprender. 

Creo que uno de los grandes regalos que podemos hacernos a nosotros mismos es atrevernos a mirar dentro de nosotros y curar heridas. Aprender a aceptar lo que es y sacar partido de la vida, de lo que pone a nuestro alcance para remendar nuestras consciencias rotas y nuestras almas perdidas. Ver qué nos asusta y acercarnos para poder constatar que no pasa nada. Reconocer qué nos pone tristes y abrazar esa tristeza para ahondar en ella sin temor y aceptar que forma parte de nuestra vida y que no somos nuestras lagrimas sino nuestra capacidad de comprenderlas, de sobrellevarlas, de vivirlas y saber que pasarán y que volveremos a sonreír.

El mejor regalo es ver en nosotros mismos a una persona capaz de vivir sin que lo que nos pasa nos zarandee tanto que perdamos el timón… Y a veces es muy difícil porque hay pruebas muy duras, mucho. Por eso es tan importante amarse y reconocerse el valor. Aceptar lo que somos y aprender a mirarnos con ojos bondadosos y compasivos, ver que brillamos y amar lo que nos hace vulnerables porque es lo que nos ayudará a crecer. No llevamos el timón de nuestra vida sólo por nuestro talento, lo llevamos también por nuestros puntos débiles... No brillamos sólo por nuestros dones, brillamos también por haber aceptado que cometemos errores.

El mejor regalo que podemos hacernos ahora es jurarnos amor eterno, incondicional, aceptación máxima siempre… Pase lo que pase, digan lo que digan… Prometernos estar de nuestra parte en la calma y en la tempestad, a pesar de los errores y los miedos, a pesar de no saber y no comprender a veces por qué ni para qué. Abrazar nuestra oscuridad para no sentirnos culpables de nada y hacer que nuestra luz sea tan intensa que otros navegantes puedan usarla cuando su barco vaya a la deriva.  Dar gracias siempre por todo lo bueno y por todo lo que parece malo pero que es a veces sólo por nuestra forma de mirar… Dar gracias por lo que duele y aprender a llevar lo que no nos gusta. Porque en realidad se trata de vivir y cambiar por dentro… Lo que está fuera no queda a nuestro alcance.

Porque no somos nuestros coches, ni nuestros vestidos, ni nuestros expedientes académicos, ni nuestras cuentas corrientes… Somos esa persona que cada noche se acuesta y hace balance de su día y a veces se siente vacía a pesar de lo mucho que le rodea porque sencillamente no es libre, porque no se ama suficiente.

No hay que esperar a Navidad para pedir deseos o hacer planes pero ya que estamos es un buen momento para hacerse el mejor regalo. El amor lo cambia todo, absolutamente. Borra la mirada limitante y la incapacidad de ver la belleza… Te da la fuerza que no recordabas tener para seguir y te convierte en tu mejor aliado.

¿Y si esta Navidad decides que te amas de una vez por todas? Hablo de amor verdadero, del bueno, del que todo lo cura y lo convierte en magia. ¿Y si descubres que la única persona que te está privando de ser tú eres tú mismo?

¿Y si nos permitimos lo que deseamos siempre sin tener que esperar a llegar estas fechas y darnos cuenta de que nos estamos siempre cortando las alas? ¿Y si lo que deseamos en realidad es este amor verdadero y todo lo demás eran parches?

¿Quieres conocer mi libro «Manual de Autoestima para mujeres guerreras»? Haz click aquí

Si quieres contactar conmigo y conocer los servicios que ofrezco entra en www.merceroura.es