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la rebelión de las palabras


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No sé qué buscas, pero ya lo tienes…


MARGARITAS

No pasa nada si por un rato dejas de soñar en lo que amas. Los sueños también necesitan barbecho y descanso para luego poder crecer… 

No pasa nada si algunas de tus acciones de hoy no te llevan a lo que deseas o crees que se escapan del camino trazado a tu futuro, a veces los rodeos son necesarios para descansar un rato y respirar… Otras, te hacen darte cuenta de cosas que nunca percibirías si no dieras esas vueltas. Y de todas formas, sin notar el presente no es posible dibujar el futuro. El mañana se construye a partir de las emociones de hoy, a partir de los pensamientos que tienes ahora mismo y que te llevan a escoger caminos a cada momento e ir cambiando tu mapa… A veces es necesario liar la madeja para tener que tomarte un respiro hasta encontrar el hilo y saber dónde estás y qué sientes.

No pasa nada si hoy no tienes la actitud adecuada al cien por cien, no somos perfectos y eso es maravilloso. Necesitamos salirnos del margen para comprobar que hay margen… Necesitamos bajar para impulsarnos a subir. Necesitamos comprobar que nos nos hemos perdido obsesionados con algo que brilla, porque el brillo real es el que desprendemos nosotros. 

No pasa nada si maldices o vuelves a ser una víctima un rato. Quejarse vacía angustias y nos ayuda a sacar la rabia acumulada… Lo que importa es darse cuenta y no convertirte en tus lamentos, ser capaz de verlos desde fuera…

No pasa nada si no sonríes tanto hoy ni muestras tu mejor rostro… Podemos caer e incluso rompernos, renegar de todo y sacudirnos el dolor, culpar a otros y decidir que no somos responsables de nada… Podemos hacerlo un rato mientras sepamos que somos infinitos y volvemos a nuestro estado natural. Mientras nuestro yo más sabio nos recuerde luego que somos responsables de nuestras vidas y que todo lo que pasa forma parte de nuestra forma de ver el mundo.

Puedes fallar y no ser mejor que ayer, mientras lo intentes y te sientas digno. Mientras seas consciente de quién eres y lo mucho que vales.

Puedes desistir porque estás en un camino y vas cambiando tú y tus prioridades. Porque a media tarde puedes descubrir que ya no necesitas que te vean, porque ya te ves… Que ya no buscas que te lo digan, porque te lo dices… Que no se trata de recibir sino de dar… Que no buscas gloria, sino que buscas paz.

No pasa nada si te retiras y dedices que en lugar de llegar a la cumbre quieres vivir un tiempo en el campo base. Si decides que te ha gustado tanto este camino que te quedas en él a oler las flores y contemplar como se pone el sol y no sigues andando hasta el que creías que era tu destino.

No tienes que pelear, tienes que estar contigo.

No tienes que llegar, tienes que sentirte pleno.

No tienes que conseguir, ya eres.

Se trata de incorporar a ti lo que aprendes a cada paso, eso te hace grande. Y las personas que saben que son grandes no necesitan metas, ellos ya son su meta.

Tal vez te has convertido en tu propio sueño mientras ibas a por él y ahora poco importa si has pasado de largo o te faltan cinco minutos. Ya eres. Ya está.

Cuando uno reconoce su grandeza, poco importa si tiene un mal día o dos o si cae o de retira para sentir por dónde continuar…

No pasa nada si te derrumbas y crees que no puedes, porque si sigues adelante, podrás. Porque tú ya eres lo que buscas, sólo tienes que sacarte de encima la pesadumbre de no estar a la altura o imaginar que no llegarás.

No te sujetes a tus metas, supéralas siendo tú.

Ama el caos necesario que a veces circunda tu vida y que está ahí para que te des cuenta de que tú eres calma, eres paz.

No te preocupes por perder de vista lo que sueñas porque ya es tuyo y sólo tienes que permitirte abrazarlo y comprender que mereces eso y más.

No pasa nada si te sientes pequeño cinco minutos si te acuerdas de que eres enorme y luego vuelves a tu tamaño real.

Ya somos però no nos acordamos, no somos conscientes de la magnitud de nuestra capacidad y de lo que somos capaces ya no sólo de hacer sino de crear mientras soñamos, mientras imaginamos que podemos conseguirlo y nos atrevemos a vernos ocupando nuestro lugar en el mundo.

No necesitamos demostrar nada, llevamos la capacidad incorporada pero hemos olvidado poner en marcha ese mecanismo interior que nos conduce a nosotros mismos.

No pasa nada si sales un rato de ti mismo, mientras tengas claro que merece la pena volver y asumir tu poder.

¿Y si hoy nos sentamos un rato y dejamos de desear?

¿Y si dejamos de mirar a la luna con ojos hambrientos y vemos como brota en nuestro suelo algo nuevo y maravilloso?

¿Y si dejamos de estresarnos por ser mejores y somos simplemente nosotros?

¿Y si descubrimos que ya somos nuestra mejor versión y sólo tenemos que dejar de creer que algo nos falta?

No pasa nada si te cansas y sucumbes al desánimo porque mañana te levantas y vuelves a caminar.

Decía  el otro día mi querida Celia Domínguez en Facebook que «sabes que eres abundante porque te despiertas agradecido y no pidiendo» porque «la abundancia es algo que se siente, no sólo que se tiene». Y es cierto, hay que apostar por sentir, por notar, por agradecer lo que ya eres aunque sea en potencia, aunque está ahí en ti a la espera de estallar y hacerse enorme.

No sé qué buscas, pero ya lo tienes… No sé qué quieres, pero ya lo eres… Tal vez si descansas un momento, descubrirás que ya lo llevas incorporado. Es cuestión de sentirlo y aceptarlo. No pasa nada si te detienes a mirar las flores y te olvidas de tu destino, tú eres tu destino. No sé que sueñas, pero ya es tuyo…

 


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Es imposible que sea imposible


CIMA

A veces, creo que nos asusta más triunfar que seguir en la casilla de salida de nuestro gran plan para tener éxito. En una especie de semiconsciencia. A medio camino entre lo que somos y lo que queremos llegar a ser. Porque nos engancha esa sensación de estar apunto de algo grande pero no hacerlo, por si no sale bien. Como si nos fabricáramos la coartada y la excusa para no decir que no estamos haciendo nada para conseguirlo pero saber que el momento de intentarlo aún tardará…

Nunca sentimos que estamos preparados para afrontarlo. De hecho, no lo estaremos del todo nunca. Tanto si es cambiar de trabajo como dejar algo que nos está arañando por dentro… Incluso si es atrevernos a probar algo hermoso, dulce, amable…

No importa si lo que queremos es conseguir algo que nos parece mejor o si lo que necesitamos es dejar algo que nos hace daño. No lo hacemos porque no nos sentimos dignos de ello y esa sensación de “indignidad” nos deja paralizados.

Y cuando intentas superarlo y alguien te pregunta ¿qué te pasa, crees que no eres suficientemente bueno? La respuesta es no, lo soy, pero… Algo no encaja en todo esto. Y para descubrir qué, tendrías que hurgar tanto ahí dentro, en esa habitación cerrada donde guardas tanto dolor y oscuridad que no crees que te compense.

Y piensas… Tengo las ganas, tengo el talento, he diseñado mi plan pero… No sé qué pasa que no funciona…. Y escarbando un poco en ti, un día, harto y agotado, sale la frase… No es que no me lo merezca, porque he hecho muchas cosas para conseguirlo… Es sólo que esas cosas no le pasan a las personas como yo.

Es una sensación extraña de estar marcado de alguna forma. De llevar en algún lugar una señal que no ves pero que hace imposible que llegues a tu meta. Como si fueras de un subgénero de personas que no forman parte del club de los que lo consiguen… ¿Has sentido eso?

Parece descabellado, pero eso explicaría tantas cosas… Ya te pasaba en la escuela cuando te sentías distinto y nada encajaba… Te pasa en el trabajo porque todos te pasan por encima sin entender por qué, cuando vas a un lugar y ves a una persona a la que te gustaría conocer… Sabes enseguida que no saldrá bien, que no puede ser…

Es una sensación rara, rarísima…. Cuesta explicarla y más entenderla. Es como si el éxito no estuviera en tu ADN. Como si por más que lucharas, algo en ti fuera defectuoso, como si tu código de barras no casara con el código de barras del éxito… ¿Has tenido esa sensación de que la suerte llama siempre a la puerta de al lado? Todo va bien y cuando te toca a ti, pasa de largo, como si tuvieras un repelente para esas cosas.

Tienes esa sensación de que lo bueno se acerca pero siempre está a un paso de ti. Todo está listo pero las piezas no encajan…

Y seguramente es cierto, en tu mente, el gran director de orquesta que hace que al final la melodía no suene… La marca invisible que te separa de tu meta la has dibujado tú, la sientes tú y la transmites a cada gesto y cada mirada… Porque hace años, te instalaron un software en esa cabeza que tanto piensa y se preocupa en el que dice que siempre te quedas a las puertas de algo. Te programaron y, te programaste para quedar a medias, para soñar pequeño, para repeler la meta… Y el programa viene de lejos. Es el mismo que llevaban tus padres, por eso, te lo instalaron, pensando que hacían lo mejor para ti, para tu vida… No hay mejor manera de evitar sufrimiento que invitar a alguien a no soñar o a soñar corto, pequeño, asequible… Dejar claro que hay cosas que tiene vetadas por el hecho de ser él… Porque hay cosas que nunca te pasan a ti ni a los tuyos… Porque tus genes escupen la felicidad, eluden el éxito… Como si formaras parte de una saga maldita.

Lo que pasa es que, de vez en cuando, en estas sagas de personas maravillosas programadas para creerse indignas de lo bueno, hay alguien que osa llevar la contraria. El que dice que no y toma un camino distinto. El que decide intentar si es posible, después de atreverse a soñar que tal vez…

El problema es que sueña como los suyos nunca han soñado, pero usa las mismas herramientas que ellos para conseguirlo, una mente programada para no llegar a la meta. Sigue sintiéndose indigno pero sabe que no lo es y esa contradicción le hierve dentro hasta que llega a la coherencia de ser como realmente es, una persona ilimitada.

No se trata sólo de pensar que puedes sino también de sentirlo y actuar en consecuencia.

Hasta que no nos sentimos dignos de algo, no abrimos en nuestra mente la posibilidad de que suceda. Hasta que no actuamos desde esa posición de dignidad, nuestros pasos nos separan de lo que realmente somos y deseamos… Y la meta se aleja cuando te acercas porque lo haces desde el miedo absoluto a no ser como son las personas que la alcanzan.

Como si la suerte esquivara a los que no se sienten dignos de ella…Y sentirse o no digno, no depende de dónde se viene ni  tan siquiera a dónde se quiere ir, depende de lo que uno se cree que es.

De si siente que forma parte de eso que sueña.

De si confía en llegar o realmente se nota fuera de lugar.

De si hemos desinstalado el programa que llevamos dentro desde hace años y que nos obliga a pensar que hay cosas que nunca nos podrán suceder, porque no, porque no somos de esa clase de personas a las que les pasan esas cosas.

Y el trabajo no es nada fácil. Si ya tiene mucha miga decidir qué quieres y trazar un plan para conseguirlo, imagina qué supone además formatearte a ti mismo, hacer un reset y borrar todo lo que te limita y separa de quién realmente eres… Esa persona pura que en el fondo sabe que puede optar como cualquier otro a lo que sueña.

Salir del círculo vicioso del sentirse culpable por no ser como deseamos y luego sentirse culpable porque esa culpabilidad nos aleja de lo que realmente somos.

Darse cuenta de que tenemos llave de todo y a veces nos resistimos a abrir la puerta porque nos han educado para quedarnos en el quicio, mirando como otros consiguen el  premio que nosotros deseamos.

Y al final, entender que lo único que nos separa de nuestro cielo particular somos nosotros y la forma que tenemos de mirarnos.

Volvemos a recordar cada momento duro y nos detenemos en él sin un átomo de esperanza… Recordamos las humillaciones como si las heridas fueran recientes… Nos obsesionamos con seguir siendo un muñeco en manos del azar en lugar de asumir nuestro poder y nuestra responsabilidad en cada acto y cada consecuencia…

Cuando lo que cuenta es percibir que no hay nada que la vida nos aparte porque somos nosotros quiénes lo esquivamos… No hay más destino que nuestras creencias ni camino que el que nos empeñamos en dibujar cada día.

Ser capaces de darle la vuelta a todo y notar que no hay nada estropeado en nosotros.

Que no tenemos que llevar la carga de nadie, ni siquiera la nuestra, porque hicimos lo que pudimos.

Y no hace falta llegar a la meta, lo que importa es entender que no hay nada en nosotros que nos haga indignos de ella… Aunque a veces no lo conseguimos porque nos falta aprender algo en ese lapso de tiempo en el que casi la tocas y te das cuenta de que no está…

A veces, el premio no llega porque nos espera otro más grande.

Otras veces porque lo que perseguimos no es lo que realmente deseamos y nos estamos engañando.

Tal vez nos falta otro intento sin tanto agobio y desesperación porque quién guarda la puerta no nos quiere ver tan estresados.

A menudo quién más nos aleja de nuestros sueños somos nosotros mismos y nuestros pensamientos y emociones.

Cada vez que sentimos que no. Cuando las emociones nos estallan por dentro y nos queman las entrañas.

Cuando decidimos ponernos el traje de “siempre me pasa a mí” o “todo es muy injusto”. A cada queja y lamento que lanzamos, nos separamos de la meta y volvemos hacia la casilla de salida.

A veces, somos lo que detestamos porque lo vivimos con mucha intensidad y nos ponemos una careta amarga para que todos lo vean y lo noten.

A veces, lo perdemos todo porque no sabemos esperar y cambiamos de apuesta cuando estamos a punto de ganar.

Tú eres tú. No se admiten devoluciones ni rebajas. No puedes recortarte con tu forma de pensar ni imaginarte a medias…

Eres capaz de ser lo que sueñas, porque si no, no serías capaz de soñarlo.

O como dice Louise L. Hay que “los milagros son sólo la consecuencia de lo que nos atrevemos a creer”.  Por eso es tan importante revisar qué creemos, pero de verdad, no en superficie. Y para ello, no hay más remedio, hay que entrar en esa habitación cerrada donde guardas dolor y oscuridad y abrir las ventanas. No es fácil pero es el camino… Y siempre, siempre, vale la pena andarlo y hacer el ejercicio de entender que en realidad estamos hecho del mismo material de lo que soñamos y que, por lo tanto, es imposible que sea imposible alcanzarlo.


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Magia


AL REVÉS

“Solo hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” Albert Einstein. 

¿Cuál te quedas? ¿Cuál de las dos visiones de la vida te cala dentro? Lo digo porque siempre he pensado que de existir la magia, no será algo que se pueda entender con los sentidos, sino una sensación que te invada y zarandee por dentro…

Esos momentos en los que sabes algo, pero eres incapaz de entender por qué. Sin embargo, dentro de ti hay una certeza absoluta difícil de explicar.

Hay magia, mucha. Lo que ocurre es que para notarla primero hay que creer en ella. Justo todo lo contrario de lo que nos han enseñado hasta ahora. Ya sé, alguien dirá que eso es porque participamos de una especie de sugestión colectiva para poder soportar la rutina asfixiante que se nos come el entusiasmo y nos llena de desesperanza… Y nos recordará, con razón, que medio mundo sufre una situación de injusticia crónica. Sin embargo, no puedo más que certificarlo porque me encuentro con ella en todas partes… Y al final, he llegado a la conclusión de Einstein, las señales que veo y las “demasiadas coincidencias para ser casualidad” que invaden mi vida pueden ser nada o serlo todo.

Hace un siglo que no creo en las casualidades. Todo tiene una causa, todo lleva un mensaje. Todo llega por algo, incluso lo que te deja extenuado en un rincón suplicando que pase. No es castigo ni plaga bíblica, es consecuencia de lo que sientes, lo que piensas y lo que eres.

Cuando cambias tus pensamientos, cambias todo lo que te rodea. Lo que pensamos y sentimos se acaba manifestando en nuestra vida aunque no nos apetezca. Donde pones la intención, acabas fabricando algo. Lo hacemos nosotros. Somos fabricantes de alegrías o de tragedias. Y en esto, no hay culpa, saquémonos de encima de una vez por todas esa sensación de haber llegado a la vida manchados y tener que arrastrar una carga… Nuestros errores son nuestra forma de vivir, de nada sirve cargarlos como una cruz en la espalda, es mejor afrontarlos y entender, pedir perdón si hemos hecho daño y responsabilizarnos de una vez de nuestra vida.

La magia no es a veces lo que ocurre, sino tu capacidad para atraerlo y darle significado. La sincronía de hechos fantásticos en un mundo que lucha por negarlo y demostrar que nada tiene sentido y al mismo tiempo te vende fórmulas mágicas sin magia para soportarlo.

Para entender la magia tienes que estar conectado contigo mismo y con lo que te rodea, si no, no funciona… La magia es compromiso… Y no es porque cuando no confías la magia te abandone, es sencillamente porque no puedes verla ni sentirla.  Porque cuando entras en la sala con la cabeza gacha no ves una mirada inesperada de alguien que estaba allí para decirte “sigue adelante” o cuando no te atreves a hacer algo, no puedes descubrir que de haberlo hecho estabas a cinco minutos de conseguir uno de tus sueños… A veces, la magia se caza al vuelo y te pilla sin las botas puestas.

Nos pasan cada día mil cosas difíciles de explicar, pero en ocasiones no las vemos porque nos encuentran ocupados llorando porque no nos pasa nada… Como si al frotar la lámpara y ver al genio, nos pasáramos un buen rato contándole que estamos desolados porque nunca nos sucede nada extraordinario… Aunque en esas ocasiones, la verdad, tampoco estoy segura de que su objetivo fuera ese… A veces, perdemos oportunidades diminutas porque nos aguardan cosas más grandes. Quiero decir que, tal vez, al perderte ese sueño por no ser capaz de darte cuenta, acabas haciendo algo que necesitabas aprender antes de abrazarlo totalmente… ¿Quién sabe si eso era necesario para que pudieras apreciar ese sueño como el regalo que es? ¿y si formaba parte del plan un primer intento fallido? ¿Y si la magia no era la oportunidad perdida sino la motivación que nace en ti al saberla perdida para intentar algo nuevo? ¿Y si perdernos las señales forma parte del plan? ¿Cómo sabemos si un rechazo es en realidad lo que necesitamos para desistir de algo que no encaja con nosotros y encontrar un sueño distinto que nos lleva a ser felices? ¿Y si una mala noticia es el mejor de los regalos al final para que tomes un camino que nunca hubieras explorado?

Es como tomar un camino y equivocarse en uno de sus cruces… ¿Y si el error es la magia? ¿Y si gracias al error consigues el mapa que lleva a tu tesoro? ¿Y si topar con un muro es el mensaje para que entiendas que no es tu camino y vuelvas atrás?

Voy más allá… ¿Y si da igual el camino porque hagas lo que hagas habrá una magia que te lleve a lo que necesitas? Y cuando haga falta un error para aprender, te ayudará a cometerlo. Y cuando necesites un impulso, habrá un atajo, un acantilado que lleva a un mar inmenso para que aprendas a nadar… Y cuando haga falta que entiendas que no necesitas a nadie, de repente descubrirás que haces ese camino solo… Y cuando tengas que superar tu miedo, tal vez, encuentres un candil o incluso te quedes sin él porque debes amar la oscuridad antes de llegar a la luz…

Y no, no me refiero a que todo esté escrito. Y si lo está, es porque a cada paso, escribimos una línea de nuestra vida… Somos libres de entender y aceptar, porque la magia de la que hablo, en el fondo, sale de dentro.

Es una conexión difícil de explicar. Es la que te lleva a ti. A ese yo limpio y sin más pretensión que la felicidad. A esa persona que te habita y busca amar y ser amada como merece. Ese yo que conecta con todo, con cada fibra de este universo que vibra y nos sacude para que entendamos que no sólo estamos en él sino que formamos parte de su esencia.

Ese yo enorme y a la vez extraordinariamente humilde. Ese yo que se da cuenta de que todo pasa por y para algo…

La magia pasa a través de nosotros para que podamos ejercer de nosotros mismos, para que cumplamos nuestra misión… Para que cambiemos el mundo gracias a cambiar nuestros ojos al mirarlo… Para que seamos un peldaño más en esta escalera eterna que lleva a conocerse y comprender.

La magia está siempre que no se la espera. Subyace en todo. No se la puede ver pero se la puede sentir… Y sentimos tan poco, porque no dejamos de pensar en bucle, sin sentido, sin esperanza… La magia te calma cuando te encuentra en calma… Te aquieta el alma cuando consigues primero que tu alma esté quieta para poder apreciarla.

Se manifiesta muy rápido cuando no tienes prisa.

Le da la vuelta a tu mundo cuando ya no necesitas que lo haga porque has descubierto que te tienes a ti mismo.

Obra el milagro un segundo después de que descubras que ya no te importa si habrá milagro porque confías en ti.

La magia esquiva la impaciencia y la desconfianza. Para la partida cuando ganabas porque en algún instante dejas de creer que te lo mereces. Te obliga a mostrarte cuando te escondes…

La magia aleja los sueños de quiénes no se consideran dignos de ellos… Dibuja en el mundo una réplica exacta del mundo que llevamos dentro… Lo reproduce con tanta fidelidad que puedes saber exactamente cuánto te amas, al observar la distancia que hay entre ti y tus metas… Te cambia las preguntas cuando encuentras respuestas para que sigas creciendo…

Dibuja puertas en las paredes que sólo se abren cuando realmente estás convencido de que son tus puertas.

Teje redes justo después de que des el gran salto sin importante si hay red. Te hace crecer las alas medio minutos después de que decidas que pase lo que pase vas a volar.

La magia va inventando el camino a medida que tú lo vas imaginando y visualizando, y se vuelve sólido a cada paso que das hacia lo desconocido.

Ama a los osados y les deja pistas por todas partes para que sepan que pueden seguir. Escribe mensajes en el reverso de las hojas de los árboles cuando estás cansado y te sientas bajo ellos a la sombra…

Hay magia, mucha, mucha, pero pide confianza y compromiso.

La fe ciega en ti y la deliciosa locura de negar a veces tus sentidos y creer lo que nadie ve y sentir lo que nadie más siente.

Hay magia, pero pide paciencia eterna.

Alguien muy sabio me recordó el otro día “No esperes nada… No esperes nada de nada ni de nadie”y es verdad, la magia ama apasionadamente a aquellos que dan sin esperar nada cambio y no se apegan al resultado…

Tal vez, la magia no sea esa sincronicidad en la que a veces nos encontramos inmersos o esos hechos sucesivos que algunos llaman casualidades y otros causalidades… Tal vez la magia sea lograr primero esa confianza en ti mismo y esa paciencia que te permitan llegar a dónde quieres y tocar al milagro.

Quizás la magia no es el milagro sino el proceso interior que se obra en ti para conseguirlo.

Hay mucha magia en todas partes, respira hondo y deja que te invada y habite.

Tal vez, la magia eres tú cuando aceptas de una vez  por todas tu grandeza y decides que ya nunca volverás a resignarte con una vida mediocre.

Sincronicidad : la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal,  Carl Gustav Jung.

 


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Es inevitable


chica-blog-notas

Lánzate ya, ahora es el momento, pero no lo hagas sólo para triunfar, hazlo para ser feliz… Sea lo que sea, hazlo porque te transforma.

Porque te llena y llena a otros. Porque si no lo haces, tus estanterías interiores siempre están vacías y tus ojos no brillan.

No lo hagas sólo por ambición por ser y demostrar sino por amor a lo que realmente eres, por ganas, por querer compartir lo que sueñas y quieres para ti. Porque quieres aportar al mundo algo que crees que lo mejora.

Hazlo porque no imaginas vivir de otro modo, porque ya no puedes vivir desde otra actitud.

Hazlo porque buscas sentirte bien con la vida que vives, porque quieres amar lo que haces y sabes que puede ayudar en este camino.

Hazlo para compartir lo que eres.

Porque vibras cuando lo imaginas, cuando te pones la película de tus sueños pendientes y los notas tanto que se te agolpan las lágrimas en las mejillas de felicidad… Porque los tocas, porque los sientes. Porque la locura es no intentarlo y desistir.

Hazlo porque notas que pasará, que es inevitable que tu vida sea maravillosa si actúas siendo tú, ese tú de verdad…

Hazlo por la persona en quién te convertirás si lo consigues, no por el logro en sí y el mérito, sino por la transformación que tendrá lugar en tu interior.

Y a lo mejor te encuentras haciendo lo mismo que antes, con las mismas ganas, pero con otra actitud, con otra forma de mirar lo que te rodea y sin esa obsesión por el resultado… Prescinde del resultado y goza de la experiencia…

No lo hagas por el éxito y tendrás éxito.

Hazlo por ser coherente contigo y con tu forma de ver el mundo… Porque tus sueños te ponen las pilas y tus metas te hacen volar…

No lo hagas por tener, hazlo por ser. Conviértete en esa persona que no necesita demostrar nada porque sabe que es.

No lo hagas por lo que tendrás sino por el sentido que le dará a tu vida.

Ama la incertidumbre de no saber cómo ni cuándo, pero teniendo clarísimo el qué y el para qué.

Abraza la paciencia y deja de preocuparte por qué dirán. Nadie vivirá por ti la vida insulsa que te espera si no lo haces.

El mundo está lleno de ilusiones rotas que toparon con miradas inquisitivas y no supieron pasar de largo… La única mirada que cuenta es la tuya.

No te desesperes, no busques atajos, no bombardees al mundo con incoherencia… No actúes sin notar, sin sentir… No te dejes llevar por esa parte de ti que no confía y no sabe esperar mientras planifica, no te maltrates pensando que no saldrá bien… Sigue trabajando en ti y en tu sueño, sigue sembrando, sigue cuidando de lo que siembras, sigue aprendiendo, sigue sumando, sigue aportando…

Lo que importa es cómo te sientes contigo y cómo te llamas cuando te buscas, qué nombres encuentras para susurrarte, qué momentos llenan tu vida… Que encuentres tu equilibrio, que sepas que estás en ese lugar desde el cual se construye, se crea, se sigue caminando motivado y apasionado por lo que amas.

Vive la belleza del momento en que notas que lo que haces es lo que eres. Que estás en tu camino y ocupas tu lugar en el mundo.

Hazlo perfecto sin buscar la perfección, sino soñando la excelencia… Si sufrir por no llegar sino con la ilusión del que sabe que llega y del que no tiene que preocuparse por la nota final.

Hazlo con ganas sin tener que esforzarte porque te gusta tanto que te sale solo…

Porque lo amas tanto que lo harías gratis, pero es tan maravilloso que mereces recibir lo mejor a cambio.

Hazlo porque asumes que es tu misión, pero sabes que puedes elegir.

Por responsabilidad con tu vida, con las personas que te rodean, por los sueños que te zarandean y consiguen que hagas imposibles…

Hazlo porque no eres capaz de resignarte a no ser tu mejor versión y ceder al miedo.

Porque te sale el talento por los poros y no puedes más que ponerlo a circular y trabajar para que crezca y pueda ser compartido.

Descúbrete , asúmete, nótate… Hazlo porque ya no hay vuelta atrás. Porque llegado a este punto, te das cuenta de que ya puedes fingir que no ves o que no sabes, que no sientes. Porque ya estás comprometido contigo y con esa forma nueva de ver lo que te rodea.

Y si te dejas llevar por la pasión y te dedicas a hacer lo que realmente amas es inevitable que vayas a triunfar.

Planifica desde el corazón, sintiendo cada paso. No te fuerces pero no te pares…

Es inevitable que funcione porque todas tus fibras están en sintonía.

Es inevitable que salga bien porque confías en ti…

Es inevitable que tengas éxito porque ahora sabes quién eres de verdad y has sellado tu compromiso.


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Antes de llegar a la meta


Conocerse a uno mismo es un trabajo. Tal vez el trabajo más duro que hagamos en nuestra vida. Ya que conocerse no es algo que empiece y acabe, es algo que supone un camino que nunca termina.

Tienes que aceptarte, descubrir todo lo maravilloso que almacenas y lo más oscuro que ocultas. Decidir qué quieres cambiar, qué debes asumir y encontrar tus porqués.

Conocer tus heridas y reconocer todos los errores  que has cometido intentando curarlas y que no sirvieron más que para hacerlas más profundas y dolorosas. Y amar esos errores porque son un material precioso para empezar a cambiar.

Nuestras cicatrices, nuestros momentos dolorosos guardados a fuego, esos que a veces ni tan solo te admites a ti mismo, son los que han forjado lo que somos, lo que hemos conseguido, lo que echamos de menos y deseamos conseguir.

A veces, tenemos sueños porque creemos que conseguirlos nos ayudará  a cambiar. Sin embargo, son  sólo máscaras que cubren nuestro rostro triste, baúles donde ocultar nuestros miedos y carencias emocionales… Los sueños de verdad no  nos convierten en nadie distinto sino que son la consecuencia de habernos convertido antes en alguien distinto… No sirven para ocultar debilidades sino para mostrarlas una vez las hemos transformado en fortalezas… No cierran heridas, son el resultado de haberlas cerrado… No nos harán felices, son el efecto de haberlo sido mientras intentábamos llegar a ellos…

El trabajo en uno mismo, la búsqueda interior para superarse y llegar a ser esa persona que llevamos dentro que vence la adversidad y brilla sin dejarse llevar por el miedo, es complicado. Tiene momentos muy amargos en los que nos tambaleamos y sentimos rotos, vacíos, perdidos… A veces, te enamoras de pequeños avances y luego te desesperas porque pasan los días y no mejoras en nada… A veces, te impregna una alegría dulce por haber conseguido dar un gran paso y más tarde ves todo lo que queda por hacer y tu dicha se desmorona en un instante y te arrastra a ti y al paso que has dado antes… Y descubres que era un paso falso… Y crees que no te queda nada… Aunque no es cierto, cada intento, cada paso minúsculo, cada mirada interior que haces, esté bien o mal, es un avance maravilloso hacia ti.

La impaciencia es devastadora. Te llena de desesperanza, te deja sin ganas. Esperamos tanto de todo y de todos… ¡Menos de nosotros mismos!!Nos pasamos la vida poniendo en manos de otros y de las circunstancias que nos rodean nuestra felicidad. Delegamos en otros la consecución de nuestros sueños y cuando no cumplen nuestras expectativas nos enfadamos. Esperamos que nos hagan más fácil el trance mientras nos ocupamos de descubrir quiénes somos, que nos ayuden a seguir… Les damos el poder sobre nuestras vidas y esperamos que nos lleven parte de la carga. Está bien pedir ayuda,  pero nadie puede pasar por nosotros las pruebas que debemos superar… No podemos usarles para saltarnos pasos ni buscar veredas . No hay atajos en el camino a nosotros mismos.

Algo que descubres cuando trabajas en ti mismo es que no hay nada que esté bien o mal, que lo bueno a veces es una calle sin salida y lo que parece malo es una puerta abierta a un mundo de posibilidades… Que lo que pensabas que era terrible en ti, es tu fuerza y tu bandera. Que lo que siempre has mostrado como propio no es tan tuyo, ni tan necesario y que no pasa nada… No pasa nada porque cuanto menos perfecto eres, más extraordinario puedes llegar a ser.

No llegas a conocerte y aceptarte hasta que no te acercas a ti sin prejuicios y estás dispuesto a asumir todo lo que salga de esa caja de pandora que llevas dentro, almacenando lágrimas, heridas y momentos maravillosos… Hasta que no decides que encuentres lo que encuentres ahí dentro no vas a avergonzarte y vas aprender que tiene un lado hermoso y que lo más oscuro que hay en ti puede convertirse en algo que te salve la vida…

Si amas tus rarezas, tus caras amargas, tus aristas más cortantes… Si eres capaz de mirar tu lado más oscuro, eres capaz de dar el gran salto… hasta ti.

Alguien me dijo ayer sabiamente que trabajar en uno mismo es a menudo doloroso, pero que eso es el precio a pagar por no ser alguien superficial. Como el peaje por no pasar por la vida de puntillas…Que las personas sensibles viven a flor de piel y que eso hace que lo amargo sea muy amargo y lo dulce sea más dulce… Y también me dijo que sin embargo, cuando llegas a tu meta, a encontrarte contigo y aceptarte y ser como realmente eres, la recompensa es maravillosa y la calidad de tu vida es mejor.

El día que dejas de desesperar, el día que te sientes realmente cómo eres y confías, el día que notas cada paso del camino… Ese día la vida te acerca a lo que sueñas de golpe… Sólo avanzas cuando sintonizas contigo mismo, cuando crees en ti, cuando confías en tu capacidad y sabes que podrás… Curioso esto de crecer y evolucionar, va de no necesitar, de no rendirse, de no desesperarse por mal que pinte todo…De oír tu voz y no perderla como guía mientras todo se balancea y la tormenta te zarandea mientras pasas por la cuerda floja…

Se trata de ser primero lo que sueñas que eres, antes de conseguirlo.

Se trata de convertirte en ganador, antes de llegar a la meta.

camino-bosque

Mil gracias a Elena Arnaiz por sus palabras maravillosas, por su sencillez, generosidad y su gran talento guiando a las personas…


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Eres más grande de lo que imaginas…


diente-de-leon-globo

Vivimos en un universo que nos parece tangible, puramente físico y material. Nos pasamos la vida necesitando tener, poseer, acumular. Y la vida, remolona y silvestre, encuentra la forma de demostrarnos que todo lo que soñamos que es nuestro, en realidad, se puede esfumar en un segundo. No tenemos nada más que lo sentimos…

Cuando nos preguntan quiénes somos, a veces respondemos con nuestra profesión, con nuestro cargo, con nuestras posesiones… Pocas veces con nuestra pasión, nuestro sueño, nuestro empeño. Confundimos el medio con el fin, la posesión con la felicidad, la necesidad con el reto.

No sabemos quiénes somos porque no tenemos clara cuál es nuestra misión o preferimos no saberlo porque eso nos apremiaría a darle un zarandeo a nuestra vida. Aunque lo obviemos, aquello para lo que estamos aquí de paso siempre está ahí, latiendo y buscando la forma de que nos acerquemos a ello. Porque es lo que nos revuelve por dentro, lo que nos llena tanto que haríamos sin pedir nada a cambio.

Cada día que pasa sin hacer lo que nos conmueve por dentro es un día que nos alejamos de nosotros mismos. Cada minuto  que pasa sin que actuemos conforme a nuestra esencia es un tiempo perdido, una distancia entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser para sentirnos bien con nosotros mismos.

Si no amamos cada segundo que vivimos, desperdiciamos cada segundo.

Muchas veces porque lo que hacemos para acercarnos a nuestros sueños, a nuestros objetivos, no se toca, no se escribe en un expediente, no se evalúa ni forma parte de un ranking, ni se puede reflejar en el curriculum.

Nos obsesiona tanto el resultado que abandonamos a medio camino para buscar otra meta asequible y acariciable. Y nos conformamos con un sucedáneo de nuestro sueño, porque estamos muy impacientes por saborearlo, por tenerlo, por mostrarlo al mundo y conseguir que nos crea dignos de él que bajamos el listón y recortamos expectativas…

A veces, no perseguimos sueños porque nos hagan sentir felices o enteros como seres humanos, sino porque esperamos la gloria de ser merecedores de ellos. Esperamos que nos reconozcan y nos admiren por nuestros logros para recoger esa admiración ajena y transformarla en autoestima. La autoestima que nos falta, la confianza que no tenemos en nosotros mismos y que pensamos que llegará con el éxito exterior, con el premio del público, con la medalla, con el reconocimiento.

Y si llega, se marcha, siempre.

No llena el vacío porque no nos encuentra preparados para abrazar ese amor que en el fondo creemos no merecer, porque si no ya sería nuestro… Porque el único mérito canjeable por autoestima es interior. Es el trabajo diario de crecer y superar obstáculos. La única carrera que nos reportará felicidad es la que caminaremos hacia nosotros mismos. Porque no necesitamos demostrar nada a nadie más que a nosotros. Porque en realidad no necesitamos tocar para creer. Sin ese paso previo hasta abrazar nuestra esencia y amarla, no habrá camino que nos lleve a nada, no habrá galardón que nos convenza de nuestro valor…

Lo sé, no es fácil. Creo que no lo es casi nunca, porque si fuera fácil no implicaría un aprendizaje. Sólo lo es cuando ya está superado, cuando ya se ha integrado en nosotros. Entonces lo que antes tardaba una eternidad de noches haciéndonos preguntas sin respuesta, entra por la puerta sin aspaviento… Cuando no lo necesitamos para demostrarnos nada, llega sin avisar, en abundancia, con ganas…

A menudo, actuamos con nosotros como actúa el mundo. Si no probamos el oro de la medalla, no nos sentimos dignos. Si no podemos comprar la casa que nos gusta, no nos creemos merecerla. Aunque el camino real es la inversa…

Nos valoramos por lo que nos dicen que somos y parecemos. Aceptamos esa mirada corta y desdibujada. Aunque somos tan intangibles como el universo. Elásticos y etéreos, inconmensurables, inabarcables, incalculables, grandiosos, ilimitados, gigantes…

Hay algo maravilloso en lo que no se toca… Y es que nunca para de crecer y expandirse. Nunca para de cambiar y evolucionar. Lo material, que a su vez es pura energía aunque no lo parezca, se queda corto, pequeño, limitado… No porque lo sea, puesto que puede ser inmenso, sino porque al mirarlo, nuestros ojos cansados  y cerrados a la oportunidad de verlo cambiante y desmaterializarlo, no lo dejan crecer.

Las cosas son como las vemos. La intención con que miramos determina qué vemos y cómo lo vemos.

Nuestras pupilas abren mundos y los cierran continuamente según cómo se posan a nuestro alrededor. La actitud con que miramos decide en qué se convierte lo que vemos.

Vamos transformando el mundo con nuestros ojos a cada instante. Nuestra intención determina nuestra realidad.

Creamos vida a cada instante y matamos posibilidades cada vez que parpadeamos si el desánimo nos arrastra y nos cierra los ojos.

Sembramos con emociones, y si tenemos paciencia, acabamos viendo cómo crecen nuestros sueños, cómo dan sus frutos.

Buscamos que el mundo que nos rodea sea hermoso y nos haga sentir hermosos cuando en realidad somos nosotros quién tiene el poder de hermosear el mundo.

Le damos a las circunstancias el poder de cambiarnos cuando somos nosotros quién puede cambiar las circunstancias o la forma de vivirlas.

Subsidiamos nuestra responsabilidad como creadores de nuestra propia realidad, de nuestra vida…

El miedo nos encoge la capacidad de crear, de ver lo que aún no está pero que ya existe en algún lugar de nuestra conciencia, de nuestro universo interior… Ese rincón maravilloso donde de un momento a otro se gestan tormentas y se construyen realidades paralelas de extrema belleza…

Nos pasamos la vida delegando nuestro poder, sin tomar las riendas… Y la vida se delega en un azar caprichoso que no es azar sino enseñanza pura. Y nos golpeamos una y otra vez con ese aprendizaje pendiente, con ese lado oculto que no queremos ver porque nos supera.

Porque la vida siempre te trae lo que necesitas para construir, para aprender, para expandir ese mundo que llevas dentro.

No te faltan medallas, te falta sólo creer que las mereces.

No te falta mérito, sólo necesitas otorgártelo tú.

Eres el camino porque tú lo dibujas.

No hay nada ahí fuera que te dé o te quite valor, sólo lo hacen tus pensamientos, tus palabras, tus emociones.

Lo más grande está dentro de ti. Es tan enorme, tan inmaterial, tan inmenso, que cuesta entenderlo y abarcarlo con palabras. Cuesta dejar que se expanda, cuesta aceptar su grandeza y rotundidad… Y a veces, nos asusta tanto esa inmensidad que no se ve si no miras con la atención adecuada, que la negamos, la reducimos, la etiquetamos… La convertimos en algo diminuto y la encerramos en una vieja caja de zapatos. Porque amarla nos obliga a ser más libres, ver su poder nos obliga a ser más responsables de su existencia, más sabios, más conscientes de qué implica y a dónde nos lleva…

Nos da tanto miedo ser grandes que decidimos encogernos. Y al final, acabamos pareciéndonos mucho a la copia diminuta de nosotros que tenemos en la mente, una versión ahogada y triste de lo que podemos llegar a ser. Nos vemos pequeños y empequeñecemos para asemejarnos a la idea que tenemos de nosotros, al retrato degradado que construimos en nuestra cabeza.

Nos da miedo darnos cuenta de que lo que somos depende de lo que decidimos que somos. Esa responsabilidad nos aturde, nos desborda… Y decidimos limitarnos para creer que así estamos seguros y somos asequibles y manejables.

Nos da tanto miedo lo que no podemos tocar y comprender que preferimos pensar que no existe. Nos han acostumbrado a medirlo y cuantificarlo todo y esperamos hacer lo mismo con nuestra capacidad, nuestra intensidad, nuestra actitud ante la vida… Y eso es tan grande que se escapa de los parámetros y de los instrumentos para medir… Sólo se siente, se intuye, se percibe cuando se confía, se vive cuando se acepta.

Y cuando dejamos de soñarlo, de imaginarlo, de verlo con  los ojos de la conciencia… Deja de existir. Se pliega sobre sí mismo, da la vuelta y busca otros ojos que sepan verlo, apreciarlo y aceptarlo.

Sólo cuando eres consciente de tu inmensidad empiezas a usarla, a vivirla, a notarla.

Sólo cuando crees que ya eres lo que sueñas, consigues serlo.

Sólo cuando aceptamos lo que somos, aprendemos a explorar las posibilidades que hay en nosotros. No necesitas nada, ya eres lo que buscas.


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Hormigas en los pies


A veces, tienes que coserte el alma a los zapatos para que te siga y otras el alma te lleva. Te desafía a seguir su ritmo y enfrentarte a un mundo que no te entiende. Te saca de tu burbuja y te lleva por los caminos más salvajes para que llegues a dónde notas que pertenece tu esencia… A ese lugar donde te sientes entero y firme.

A veces hay que tambalearse mucho para encontrar el equilibrio.

Hay que ser muy fiero antes de ser manso.

Hay que llevar mucho la contraria antes de darte cuenta de que ceder te da poderes.

Porque no todo tiene que ser perfecto. No tiene porque ser cada día una página redonda de tu historia, aunque sea hermosa, aunque esté repleta de momentos preciosos. Lo que importa es que al acostarte, al pasar revista a tu día, te des cuenta de que has hecho algo que te acerca a tus sueños, por pequeño que sea… Hay detalles diminutos que son el detonante de algo grande, por las ganas que le pones, por el empeño… A menudo, algunas de las zancadas más largas no te acercan a la meta y es un pequeño paso, ese día que estás cansado pero decides no rendirte, que te deja alcanzar un nuevo tramo y conseguir un reto enorme… Hay instantes de tu existencia que son una transición, pero incluso entonces, si pones el alma en ellos, estás dando pasos y subiendo los peldaños de esa escalera que te lleva a crecer. Todo cuenta… Una punzada que te lleva a hacerte preguntas hasta la impertinencia para poder descubrir qué te escondes a ti mismo… Un dolor extraño que te dice que no estás dónde quieres, que no caminas por dónde necesitas caminar. Una ilusión óptica que te hace creer que nunca llegas, que nunca te llenas, que nunca encuentras lo que buscas y te interpela para que busques nuevos caminos.

A veces, lo roto te sirve para zurcirte a ti mismo. Los pedazos están ahí para que pegues las cosas de otro modo y leas el mensaje oculto que llevaban escrito y que nunca podrías descubrir si no las rompes. Los imprevistos, a veces, son la magia que lo precipita todo… Que lo propicia todo… Que te da la pieza del rompecabezas que te falta para llegar al final, que es otro comienzo. El contratiempo es el estímulo, el reverso maravilloso de ese mapa donde puedes encontrar la ruta que buscas. El rodeo que necesitas dar para encontrar un nuevo compañero de viaje o darte cuenta de algo que no ves porque no llevas puesta la mirada de las oportunidades.

El camino erróneo es el maestro necesario. La lluvia inesperada que parece arruinar la tarde limpia los cristales que te dejarán ver el camino… El viento que todo lo arrastra deja al descubierto la montaña que debes subir.

A veces, en los días más oscuros damos los pasos más grandes. Para que así los días luminosos, podamos balancearnos mirando al cielo y al suelo… Para existir sin pedir y sentir el calor y el frío. Para contemplar lo que a menudo se nos escapa y notar las hormigas que deambulan por los dedos de tus pies cuando pisas la hierba mojada.

Lo imperfecto es un maravilloso bálsamo para que busques nuevas respuestas. Para que llames a más puertas. Para que inventes más formas de llegar a ti, a ese tú de verdad que te espera y que sueña con salir a la luz y dejar de esconderse.

Lo lejano es un estímulo para que empieces ya tu carrera.

Lo complicado es una ventaja que va a obligarte a rendir el doble.

Tus supuestos defectos son el punto de apoyo para encontrar las pistas que necesitas al dibujar tu mapa. Las catapultas que te impulsarán hasta tu meta.

Aunque ahora duela. Aunque ahora mires a horizonte y no veas nada. Aunque no sepas por dónde empezar a construir tu futuro. Aunque el presente sea escandalosamente turbio, deliberadamente agotador… Aunque no tengas nada en los bolsillos y empieces a dudar de si te queda algo dentro, muy dentro… Allí donde se desdibuja tu cara.

No importa que hoy te salpique el desánimo. No importa que no veas salida. Respira hondo y mira alrededor. Busca belleza, por salvaje que sea, por sucia que esté, por cansada que parezca, y almacénala en tu interior. Guárdala para cuando no sepas verla porque lloras, porque tienes miedo, porque crees que ya no puedes… Y agárrate a ella para seguir. Agárrate a ti para continuar este camino.

Y siente. Siéntelo todo tanto que valga la pena quedarse siempre en el presente, en el ahora… Que este momento sea tan maravilloso que quieras eternizarlo, dilatarlo, convertirlo en algo elástico que dure siempre y que se te quede prendido en el pecho, refugiado en ti… Ama tanto este momento que no te importe el destino. Siéntete tan bien contigo que no necesites huir de ti nunca más.

Confía tanto en ti que cuando parezca que el mundo te da la espalda en uno de esos días… Sepas que tienes al mejor aliado de tu parte.

Y cuando eso pase, mirarás al horizonte y verás el camino.

Cuando te tengas a ti mismo, no importará que no todo sea perfecto.

Y al llegar al final, te darás cuenta. Lo que buscabas ya era tuyo. Lo que necesitabas ya estaba ahí. Lo bueno te ronda siempre…

Tu sueño ya te pertenecía.
Y no es tuyo porque lo poseas, sino porque lo llevas dentro.

pie-prado