merceroura

la rebelión de las palabras


15 comentarios

No escuches a los cobardes


desafío

Los últimos días algunas personas a las que quiero me han pedido que no escuchara a los cobardes. Que no permitiera que los que no se atreven me dijeran lo que debo o no hacer, que no me dejara arrastrar por los que nunca se dejan arrastrar por la vida cuando la vida les pone delante un reto, un desafío. Que escuchara mi voz, esa voz interior que se deja oír a veces y te sirve de guía para decidir sin brújula en la noche más oscura.

Es tan fácil juzgar a los locos cuando sus locuras fracasan… Hacer ese ejercicio irreal de ponerse en su lugar y decidir, cuando nuestra situación no es la misma ni estamos con ese pálpito que nos apresura a elegir una u otra opción. Qué fácil es reírse de los sueños de otros cuando no tenemos sueños ni nos arriesgamos nunca… Qué fácil apuntarse a una falsa sensatez que en realidad lo que esconde es una falta de valentía que nos deja muertos por dentro.

Y qué fácil es también quitar méritos a esos locos cuando después de lanzarse tocan sus sueños. Cuando después de una carrera de fondo, alcanzan la meta y tocan la campana y están llenos de vida. En ese momento, nuestra mente cansada y acomodada a la rutina inventa excusas y bálsamos para poder conformarnos y decirnos a nosotros mismos que en realidad esos locos saltaron con red, que lo tenían fácil, que se lo han regalado, que no merecen, que no valen, que son amigos de alguien… Excusas rancias y rupestres todas ellas para ocultar nuestro apego a la rutina, a lo fácil, a lo controlado, a lo gris… Para vivir de mirar como otros viven y alimentarse de chismes y rencores para creernos fuertes cuando en realidad somos flojos y tristes.

¿Dónde están los sensatos cuando se les busca? Los que son equilibrio, los que esperas que te ayuden a encontrar respuestas que están en ese ansiado punto medio donde no hace mucho frío, pero tampoco te quemas las puntas de los dedos… ¿Y los valientes? Esas personas que son capaces de ver los riesgos pero que buscan como franquearlos. Que a veces se lanzan. Que a menudo saltan obstáculos pero que otras veces los rodean o encuentran la forma de eliminarnos. Los que ponen valor a las cosas por lo que son capaces de ver en ellas por sí mismos sin obedecer a lo que otros ven… ¿Dónde están lo sabios cuando confundes el norte con el sur y el cielo con el suelo?

Es tan fácil mofarse del resultado cuando lo ves claro, cuando te enfrentas al marcador y sabes cómo acaba el partido… Cuando vas sobre seguro y no tienes que hacer la apuesta a ciegas. Lo duro es escoger cuando todo está oscuras. Cuando apenas palpas las formas e incluso te parece divisar a los lejos las orejas de un lobo que te escruta, medio oculto. Lo difícil es apostar por uno mismo y creerse válido, útil… Dar un  paso al frente y ofrecerse voluntario para intentar llegar a una cima sin conocer del todo el camino. Poner en la balanza el miedo y la ilusión y conseguir que lo segundo gane, que valga la pena, que compense… Confiar en tus habilidades, en tu capacidad de sobrevivir y en tu talento. Decirte que sí, cuando miras al mundo y algunos giran la cara y otros te advierten de que hace frío al otro lado. Y a pesar de todo, saber que puedes, que sabes, tocar casi lo que deseas porque es tuyo, porque te lo ganas, porque te has partido en mil pedazos por acariciarlo… Porque pertenece a los que saltan, a los que dan ese paso al frente.

Confiar en tu capacidad de caminar y calcular peligros, escoger las botas que llevarás puestas y la música que va a acompañarte en esta andadura complicada… Y decidir que pase lo que pase, compensa porque tú destino eres más tú mismo que tu reto.

Escuchar tu propia voz y las voces de aquellos que te entienden. Esos que saben cómo es tu esencia y conocen tu inquietud. Que te han visto muscular emociones y contar lágrimas para que no sean pocas y se te queden dentro, para que no sean demasiadas y te inunden la cara…

La verdad es que no se puede culpar a los “cobardes” porque no estamos en sus conciencias ni habitamos sus vidas. No conocemos a lo que piensan ni podemos juzgar sus sueños, sean o no asequibles. No podemos hacer como hacen quiénes nos llaman locos porque perseguimos aventuras que a ellos, sólo con imaginarlas, les dejan exhaustos.

Nos queda saltar, aunque nos partamos el alma y descubramos que no era agua sino cieno… Que las pendientes eran muy pronunciadas y las rocas del camino eran afiladas.

Porque pase lo que pase, lo más importante es seguir tu conciencia, buscar tu camino e intentar alcanzar tu techo para superarlo… Y tras ese, otro… Una sucesión de límites superados y sueños vencidos y abrazados. Porque somos una materia que muta y se expande, que se mueve, que gravita y se define por lo que la hace vibrar… Y si no vibramos, morimos. De mil formas, en mil estados. Hay quien muere para siempre y quién muere poco a poco, en vida, amarrado a una realidad ingrata y tóxica, a una necesidad absurda, a un suelo de baldosas que parecen imantadas para controlar sus movimientos y evitar que salga del perímetro acordado… Hay quien muere soñando que sueña y quien lleva siglos muerto sin saberlo.

Hay quien muere atado a una ilusión sin mover un milímetro de su cuerpo ni de su espíritu para conseguirla… Hay quien no para nunca de moverse, pero no va a ninguna parte pero no soporta la sensación de estar quieto y no hacer nada. No escuches a los cobardes porque nunca permitirán que hagas nada que ellos no harían, por temor a que les demuestres que se puede, por envidia al pensar que ellos pueden pero no quieren…

Lo importante no es sólo perseguir tus sueños, es sobrevivir a ellos.

Anuncios


7 comentarios

Que no llegue la noche…


sunset

Volvámonos locos. Soltemos las riendas que nos sujetan y nos amarran a una realidad caduca. Crucemos todas las esquinas y dejemos que nuestras miradas siempre salvajes se filtren por las fachadas y husmeen en todos los corazones que aún laten pidiendo permiso. Caminemos contra el viento, si hace falta, para dar la vuelta al mundo y regresar a nuestras vidas y recuperar la risa, el misterio, el hambre que nos hacía llegar al amanecer sin sueño y a la noche sin tregua. Amemos lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Apreciemos lo que tenemos sin dejar de ansiar…

Seamos inoportunos e imprudentes. Que nos digan que no y nos miren de reojo con cara de pena. Que se crean que van a amedrentarnos con sus caras de marmota cansada y envuelta en una rutina insoportable. Ya vendrán. Ya se darán cuenta de que nuestra locura es vida y un día querrán compartirla. Mientras, que nos maldigan… Luego, tendamos la mano, si hace falta.

Seamos todo lo que nos han dicho que estaba prohibido ser si es lo que queremos y necesitamos. Si por una vez, nos damos cuenta de que la vida real está al otro lado de la valla, donde siempre nos dijeron que no se podía pisar. Al otro lado de ese muro al que nunca nos permitieron trepar … Y gritemos esas palabras que siempre nos dijeron que no se podían pronunciar. Pisemos la línea, pongamos el dedo en la llaga, saltemos encima de nuestras conciencias amodorradas y rompamos algunas normas que no sean para nosotros sagradas… A ver qué pasa. A ver si el mundo se desmorona y el cielo cae. A ver si la luna se esconde y la tierra deja de dar vueltas… A ver si sólo cambiamos nosotros y nuestro mundo y para el resto no sucede nada más que tener que ver cómo vivimos según nuestros anhelos. No vendamos nuestros principios, vivámoslos como merecen y merecemos.

Demos la vuelta. Equivoquémonos cada día. Dejemos nuestras vidas expuestas al sol para que cicatricen. Aireemos nuestras penas y miserias para que la brisa que pasa se las lleve y nos deje ávidos de nuevas historias y sin un solo pensamiento que nos haga temer el futuro y dar un paso atrás. Tengamos todo el miedo necesario, pero no dejemos que el miedo nos tenga…

Lloremos todo lo llorable. Riamos todo lo risible. Sintamos todo lo que somos capaces de sentir sin escondernos de sus miradas. Que nos vean soñar y amar, que sepan que nos ilusionamos y no nos avergüenza. Que sepan lo que sentimos y que esa sea nuestra bandera. Que envidien nuestras esperanzas y copien nuestros deseos, que sueñen con tener el valor que tenemos nosotros de plantar cara para vivir sin más ataduras que el respeto y la cordura de nuestras locuras controladas.

Seamos lo que soñamos. Luchemos por ser lo que soñamos. Desatemos esas pasiones que tenemos enlatadas y sujetas… Que nada nos haga retroceder ni pensar que no podemos, que no merecemos, que no necesitamos.

Que no nos entiendan, aunque entendamos. Que no nos acepten, aunque aceptemos. Poco importa lo que piensen, aunque lo respetemos, porque lo que realmente importa es lo que pensamos… Que no creamos que lo sabemos todo… Que sepamos escuchar a todos, incluso a nosotros mismos… Que siempre nos quede una cuesta por subir y un reto por alcanzar.

Salgamos de nuestros cascarones seguros y demos una vuelta por otros mundos. Aunque haga frío y tengamos miedo, aunque a veces no tengamos claro el destino o no recordemos el camino de vuelta.

A veces, para llegar a uno mismo hay que salir de uno mismo y dar mil vueltas.

Que no llegue otra noche sin haber apurado el día…


17 comentarios

Voy a escribir sobre belleza


 

Voy a escribir sobre belleza. Me lo pidió un compañero de historias imposibles, un loco que se deleita como yo con las palabras y le da la vuelta a las cosas complicadas para convertirlas en sencillas. Al final, lo sencillo es lo más hermoso. Y la belleza es omnívora, omnipotente, omnipresente… Ineludible, inabarcable, atrevida, indiscreta, insensata…

Adoro la belleza, le dije. Siempre la busco y siempre la encuentro. Tengo esa suerte, la verdad. A veces es una pátina que está en todo, que lo cubre todo, que lo transforma todo. No siempre se ve, pero está. En ocasiones puedes contemplar algo durante siglos y no verla. Entonces, de repente, te distraes con otra cosa un segundo, y al volver a posar la vista la descubres. Estaba allí, era tan evidente que su obvia presencia casi ofende tu inteligencia. Aunque la belleza no es sólo para inteligentes o al menos no para los que todo lo saben. Es para los que todo lo buscan y lo notan. Es más para insatisfechos que se derriten por las migajas que para colmados de satisfacciones. No es para los que aman sin quitarse la ropa, ni para los que se ponen guantes para tocar. A veces hay que escarbar y arañar una superficie gruesa para encontrarla o dejar que llueva mucho para que el vaho la dibuje en los cristales. La belleza se oculta a la vista de los que intentan cogerla y poseerla, los que quieren quedársela para mirarla sin vivirla y se convierte en el maná de los que la comparten. Se esconde ante las pupilas avariciosas y se desnuda ante las miradas hambrientas de alegrías, de aventuras, de cariño… Los ojos de los que quieren encontrar y mostrar al mundo un destino distinto. Aquellos que osan cambiar las normas y están tocados por la imprudencia. La belleza ama a los irreverentes y los que no tienen miedo de mostrar sus rarezas a un mundo que no siempre las comprende.

La belleza no es para sabios ni para ignorantes, es para desesperados por conocer y saber. Para deseosos de encontrar la forma de contar que hay más que el pan, el dolor y la rabia acumulados en nuestras entrañas. Es para los que miran un puente y ven un acuerdo. Para los que miran una casa y ven una familia… Los que prefieren pasarse a quedarse a medias. Los que no se calman cuando llegan al final y enseguida buscan otro reto. Los que no esperan casi nada.

Amo la belleza. La busco y la encuentro a menudo en una palabra imprudente pero necesaria. En un silencio que cuenta una historia desesperada. En el eco de una soledad tan áspera que al encogerte en un rincón notas como el alma se te astilla pero busca remedio… El sonido insistente de una gota que cae sobre el agua cóncava a punto de rebosar… Una puerta que se cierra y te obliga a imaginar.

A veces la belleza es tan intensa que nos golpea la cara con su esplendor y nos deja tan atónitos que no la reconocemos. La confundimos con cualquiera de los malabarismos que nos hace la vista cuando nos dejamos llevar por reglas absurdas que nos dicen lo que es hermoso y lo que no. Otras veces, está disfrazada de angustia, de miedo, de pájaro mojado por la lluvia o de maleta vacía esperando llenarse.

La belleza real, la que a menudo no vemos porque no nos contemplamos con los ojos de la conciencia, está incrustada en los parques infantiles y mira a los niños a la cara cada día. Está en las estaciones de tren y dice adiós con la mano. Se lleva prendida al cordón umbilical y se te ata a los zapatos cuando pisas la hierba. Se te cosió a la falda una tarde cuando fuiste capaz de pedir perdón y se te pegó al pecho el primer día que amaste y supiste que no lo podías remediar. Está en los labios del amigo que te da aliento, en el abrazo delicioso de tu hija maravillosa, en la mesita de noche donde tienes ese libro a medias que cuenta tu historia sin que lo sepa nadie, a veces ni siquiera tú. Hay personas que la llevan impregnada por todas partes y no lo saben. La desprenden cada vez que se te acercan y encuentran la palabra que necesitas escuchar o te preguntan qué te pasa. La tienen los que bailan, los que ríen, los que sueñan con decirte que te quieren y nunca se atreven porque piensan que tú no sientes nada. Está en un grano de arena y en la torre más alta que rasga el cielo si en ella hay alguien que sueña y mira hacia abajo imaginando que vuela.

Aunque la belleza más ignorada siempre es la propia. La que está metida en cada una de tus espinas y escamas. La que te come el alma a bocados si no la sueltas. La que escondes tras unas gafas o un gesto adusto. La que no puedes ver porque estás ocupado buscándola en otros rostros que parecen perfectos pero que están deshabitados. La belleza propia es tímida, remolona. A veces llama a la puerta de tu conciencia y te pide que la saques a caminar, que la muestres al mundo, que la reconozcas. Tiene un tacto rugoso pero agradable. Huele a tierra, a mañana imperfecta, a café con espuma, a salitre de marea baja y flor común de tallo grueso. Una de esas de color amarillo que los niños le dan a mamá para que se la prenda entre la oreja y el pelo. Esa belleza que sabe a beso largamente esperado, a galleta, a uva de fin de año y al vino de la cena de una noche perfecta… Y tiene la cara que sueñas tener, si te amaras como debes, si te disculpas las faltas y te contemplas con los ojos del tiempo.

Aunque no la veamos no importa, ahí sigue. La belleza de verdad te busca a ti, siempre se hace más grande con el tiempo, aumenta de tamaño y se desparrama. Invade tu espacio y lo toca todo hasta que se te hace imposible no encontrarla…

Y un día cualquiera, vuelves la vista y topas con ella y ves que es enorme y es tan grande que te abraza.

Está en lo más diminuto y en lo más rotundo. En lo más absurdo y lo más importante. Es un pedazo de pan, un trozo de mar que recorta el horizonte, una tela de araña, una voz que te canta para que duermas o una guitarra que suena en la memoria. Es un recuerdo al que aferrarse, una tarde ante un café y un mensaje de alguien que te recuerda que puedes cambiar el mundo si hoy estás con ganas.

Dedicado a Alberto Busquets y Paz Robledo, belleza en estado puro y sin filtros… ¡Gracias! 

 


19 comentarios

Lo tengo todo


girl-2619689_640

Sé que no soy fácil. Nadie que haya topado consigo mismo mil veces y se haya atrevido a mirar en el fondo de su alma lo es. No es fácil pasarse la vida intentado no existir a medias y aguantar las miradas de muchos que se conforman con pasar el rato y poner buena cara en la foto de su historia. Yo no soy de poner caras, mejor me hubiera ido… Soy de miradas intensas y palabras a veces crudas, a veces dulces. De saber dónde y por qué y tener claro con quién. Y eso no se cambia si no es por un cataclismo. El cariño no se vende ni se compra. Sencillamente se da y se gana. Como el respecto y la confianza.

A veces insisto mucho en todo, lo sé. Soy cansina con lo que me importa. Tengo el don de la impertinencia y me obsesiono fácilmente. Soy de salir por las puertas y entrar por las ventanas. De que me propongan una locura y de inmediato no pueda evitar imaginarla como algo posible y pensar en la cara pondrán aquellos que no esperan nada de mí. Me gusta escandalizar y remover conciencias. Soy sencilla, pero nunca básica. Me complico la vida y pienso en exceso para llegar al final a la misma conclusión que si hubiera hecho caso de mi intuición al primer impulso. Puedo acostarme sin pan, pero no sin esperanza. Puedo equivocarme pero necesito creer que soy capaz de pegar lo roto y coser lo arrancado. Mi pegamento son las palabras… Aunque no las tengo todas ni sé mucho de nada. Olisqueo de todo y cuando algo me gusta apuro las migajas. A veces poco es mucho y mucho es nada si no sabes apreciarlo.

Todo me parece curioso. Hay mil historias que contar y mil lugares que no he pisado nunca mas que con mis ganas. Lo imagino todo. Lo apuro todo. Eso me calma… Antes era de quedarme corta. Ahora soy de pasarme de largo. No soportaría que me quedara nada por conocer o probar. Saber que si no llego, no será por mí. Eso apacigua mi conciencia. Saber que lo intenté hasta el final. Mejor quedarse en la puerta de la gloria que no atreverse a iniciar el camino nunca. No soporto la palabra “nunca”. Me ha sentir pequeña y frágil, me hace pensar que todo está escrito y yo soy de cambiar el guión cada día. Andando se aprende, soñando también. Se aprende incluso cuando no se quiere aprender…

Soy a veces como una selva, lo admito. Bastante oscura y enmarañada. Aunque no tengo mucho secreto ni misterio. Se me conduce con mimo y se me tiene con sólo dedicarme unos minutos. Si me dan uno, devuelvo cien. No cuento los favores ni mido ni peso sentimientos… Quién me quiere, me gana. Y quién me tiene, sabe que si me cuida lo nuestro apuede ser eterno. 

En el fondo, no busco nada que se toque, pero quiero tocarlo. No busco nada que se vea con los ojos, pero quiero mirarlo, degustarlo, vivirlo… Quiero que exista y que su existencia le de la vuelta a todo. Que me deje del revés y me zarandee las entrañas dormidas. Por si se me ocurre ceder al cansancio y contagiarme de esas caras agrias que a veces me rondan buscando anidar en mis neuronas hiperactivas per agotadas. 

Sé que asusto, a veces. Que me meto en mundos que no son gratos. Que me hago preguntas que molestan y que estar a mi lado es contagiarse con ello y puede resultar doloroso. Algunas verdades nos abren más en canal que las dagas más afiladas. Algunas mentiras ocultan falsas piedades. A menudo subsistimos porque retrasamos el momento de decirnos a la cara lo que ya sabemos pero no queremos admitir. Aunque es sólo subsistencia, no vida…

Sé que mucho de lo que me pregunto no tiene respuesta, pero no me importa… Eso asusta más todavía ¿verdad? que no esté en esto tanto por el resultado como por el propio juego. No me conformo con poco, lo busco todo pero quiero aprender a sentir abundancia con lo mínimo. Y así siempre seré rica e inmensamente afortunada.

Deseo mucho. Sueño sin medida. A veces duele, a veces consuela. En alguna ocasión si me hubiera quedado sin sueños hubiera dejado de existir. Hubiera cambiado de forma. Hay veces en las que se tiene que echar mano de la imaginación para burlar realidades muy sórdidas. Lo importante es ser consciente y distinguir cuando deliras. Saber si te agarras a una cuerda imaginaria para no caer y si los que te acompañan son de fiar. En eso, soy partidaria siempre de pensar que sí, que no van a darme la espalda i que puedo fiarme de las personas aunque luego tenga que curarme heridas. A veces cuando alguien a quien adoras te falla, hay que pasar un tiempo viviendo casi sin recordar. Caminar sin sentir demasiado y subsistir hasta poder poco a poco dejar un rincón a la fantasía. Ser superfluos y acariciar lo básico. Ser básicos y creer que todo es superfluo.

Sé que soy directa, demasiado. Lo sé. Los rodeos sin sentido me aturden. Soy impaciente, aunque no me importa esperar cien años o dar mil vueltas, pero necesito saber qué van a algún lugar y que tienen un por qué. Soy tanto de forma como de contenido. Creo que sin envoltorio no hay caramelo, que sin cómo no hay qué y que a veces hay que empezar por la risa y luego contar la anécdota porque las risas ahuyentan las penas… Que hay que bailar sola y salir a la pista antes de encontrar pareja de baile porque la inercia hace que las cosas pasen y la intención es un arma poderosa. Sé que hay que romper la cáscara sin saber qué te espera en la vida y hay que saltar si realmente crees que hay fondo aunque mil voces digan que no. Y con el tiempo, me he dado cuenta de que llevar la contraria es bueno, saludable, necesario, pero hay que hacerlo con sentido y conciencia porque si no puedes pasar de rebelde a estúpido y de auténtico a superficial.

Tengo la sensación de que a menudo perdemos grandes pedazos de vida buscando unas respuestas que ya sabemos pero que no nos atrevemos a decir en voz alta. Y vemos en los demás todas esas odiosas manías que nosotros también tenemos. Les criticamos para vaciar nuestras frustraciones. Nos engañamos. Siempre esperamos a mañana para cambiar y ser felices. La felicidad asusta y mucho. Hay que cazarla al vuelo y eso requiere maña más que fuerza. Porque no sabemos qué nos hace felices realmente. Porque la respuesta a esa pregunta podría conllevar cambiar de vida. Porque tenemos miedo a encontrar esa felicidad y perderla y no poder soportarlo. Porque ser infeliz es una buena excusa para dejar de hacer muchas cosas.

A veces soy demasiado contundente y me pierde la necesidad de encontrar aquello que me impulse a seguir a pesar de las decepciones. Aquello que me dé el aliento para levantarme a pesar de recibir como todos algunos golpes y creer por momentos que no podré superarlo. La fuerza, la intención, el deseo, la cara de las personas a las que amas que te piden que no abandones, la locura pendiente, la locura que no deseaste cometer. Lo hecho y lo que aún necesitas hacer y todo lo que has aprendido equivocándote y acertando. Cada sacudida, cada esquina, cada carcajada, cada lágrima que cargas a tu espalda. Lo que te ha construído y lo que casi te destruye. Lo que te conmueve y lo que te repugna. Lo justo y lo injusto. Lo que te deja frío y lo que te calienta la sangre. Tú… Todo eso que hace que tomes empuje y no te despeñes por un barranco imaginario. Y cuando cierro los ojos y sé que ya lo tengo. Todos lo tenemos. Todo lo que necesito lo llevo dentro. Es mi equipaje, mis fracasos, mis recuerdos, mis ganas gigantes de todo…  Lástima que no siempre lo veo. Lástima que no siempre lo recuerdo. Suerte que en momentos como éste me doy cuenta de que está ahí y de que lo tengo todo.


21 comentarios

Sin pedir permiso


Vuelta a empezar. Otro año. Otra oportunidad de sacudirse las penas de encima y construir algo nuevo. Algo nuestro, algo hermoso. Poner el contador de angustias a cero y dejar atrás el lastre de todo lo que no salió bien. Que todo lo que no acertamos quede asumido y guardado en la memoria para saber cómo no se hacen las cosas. Pensar que nuestros fracasos han sido necesarios y valiosos. Concentrarnos en el camino que se abre ante nosotros, con sus incógnitas, sus recovecos, sus sorpresas. Pensar que nos espera algo maravilloso. Algo que puede estar escondido tras un episodio de aparente rutina o en la medianoche del que crees es el peor día de tu vida. Los momentos son a menudo como las hojas, tienen reverso… Cuando la cosa se pone fea, tienes que intentar darle la vuelta al lado rugoso y buscar el lado brillante, el lado suave y sin espinas.

Haremos buenos propósitos. Caemos en ello todos. A veces, más por la necesidad de soñar que de conseguir. Por tener metas que nos ayuden a poner el pie en la calle y aguantar sonrisas falsas y zapatos prietos. Para tener un refugio, un plan b ante la nube gris que se cierne sobre nuestras cabezas… Por pensar que un día tendremos el valor de salir de nosotros mismos y existir sin pedir permiso ni perdón. Sin excusarnos por nuestras rarezas.

Seguramente, pasaremos unos días con la mirada brillante, cambiada, intensa. Habremos hecho balance y apuntado en nuestra cabeza algunos retos para este año. Cuánto correr, qué comer, qué dejar, qué asumir, qué empezar, qué terminar, qué pensar, qué o a quién olvidar… Nos pondremos un montón de normas que creemos que nos van a mejorar la vida y empezaremos a andar, con ganas, con ilusión, con la emoción del niño que abre la libreta nueva y la encuentra inmaculada. Ya lo sabemos, en pocos días, estará llena de enmiendas y frases tachadas. El brillo se que nos esculpía la mirada se esfumará por las esquinas…

Descubriremos que tal vez tanto correr… Sin apenas pensar, con tanto que asumir, tanto que borrar… Ese amasijo de propuestas del “ nuevo yo” podría asfixiarnos. Y la nube gris no marcha. Continua sobre nuestras sienes marcando territorio. A veces nosotros mismos nos metemos en sendas insufribles porque no soportamos como somos ni el rumbo que toma nuestra vida.

Queremos ser otros porque no nos aceptamos. Queremos mirarnos al espejo y no ser quienes éramos para poder tener una vida distinta a la que teníamos. Y en lugar de cambiar nuestra forma de ver la vida, nuestra actitud, pretendemos cambiar el sólo paisaje… Cambiar el entorno ayuda, pero la vuelta y media que necesita nuestra existencia se da sólo desde el interior. Porque en realidad el cambio no está en lo que miras sino en cómo lo ves, cómo lo observas, cómo lo almacenas en tu conciencia y lo sientes. Sin embargo, queremos seguir siendo los mismos sin mutar en nada y maquillamos nuestra vida para que parezca otra. Ser otros, con otras caras que no nos recuerden a nosotros pero caer en las mismas rutinas. Queremos otra vida sin dejar la comodidad de ésta, sin arriesgar nada, sin ceder. Queremos ser felices sin levantarnos del sofá para abrir la puerta. Pretendemos tener un pie en cada uno de los mundos por si la nueva aventura no sale bien. Y la aventura nunca sale bien con un pie en el pasado y sin soltar amarras. Queremos dibujar una nueva historia con los pensamientos de la pasada y el dibujo nos sale limitado, torpe, gastado. Seguimos con nuestras emociones antiguas y queremos vivir experiencias nuevas que no nos llenan, porque no salen de nosotros mismos. Porque no las hacemos con nuestra esencia y necesidad, sino con la conciencia de otros. Tomanos emociones prestadas de otras personas porque nos gusta la cara que ponen cuando ellos las viven. Y no nos preguntamos qué nos apetece hacer a nosotros. Vivimos en una galería, en un escaparate donde vendemos una imagen de nosotros que es ficticia y que al final nos resulta asqueante.

Nos forzamos a hacer cosas que no nos hacen sentir bien, en lugar de hurgar en nuestras cabezas, corazones y entrañas para saber qué desean y qué buscan… Y escuchar. Y que digan lo que quieren, aunque sea loco, aunque suponga dar un giro a tu propio globo terráqueo, un vuelco a tu vida planificada… Ese es el cambio. Eres tú. Cambiar de verdad es en realidad ser más tú que nunca. Escucharte. Encontrarte y ser tú con todas sus consecuencias.

Si quieres que te sucedan cosas que no te suceden habitualmente, tienes que hacer cosas que no haces habitualmente. Cosas que de verdad te recuerdan que estás vivo. Nunca nada que te ate o te ponga un corsé que estrangule tus deseos y tus ganas. No para ser lo que quedaría bien que fueras, sino para ser lo que nunca te has atrevido ser, pero te mueres de ganas de intentar.

Y tal vez, en lugar de correr prefieras caminar o bailar o dejarlo todo y acabar en el otro lado de mundo. Puede que en lugar de restringir, lo que te toque sea abrir. En lugar de dejar de pensar, ocupar la mente en algo nuevo. Quizás debas permitir que tus ojos den una vuelta más y se detengan donde nunca lo hacen y encuentren más belleza de la que puedas imaginar.

Y una vez sepas lo que te llena, lo que te define, estará bien esforzarse porque tendrás tu recompensa. No será una recompensa que llegue al final del camino, sino la de cada uno de los pasos que lo conforman porque harás lo que te gusta, porque gozarás cada momento.

Ahora que cambia el calendario, es el tiempo para ser tú mismo, no una mala copia de alguien que un día pensaste que estaría bien imitar. Sondea tus sueños, acalla tus miedos y alivia tus ansias siendo quién sueñas. No tomes prestado el manual de funcionamiento de otros para ser tú. No te confundas con el atrezzo porque tú eres el protagonista. Con nube o sin nube. Sea gris o blanca.

Y cuando te contemples en el espejo, no pretendas ver otros ojos que no sean los tuyos, busca sencillamente otra mirada… Una mirada intensa que te cale y te sorprenda. Una mirada auténtica, sin complejos ni vergüenzas absurdos. Sin aderezos ajenos ni límites. La mirada de alguien que ha encontrado lo que busca y se siente bien en su piel. La mirada de alguien que se hartó de ser sólo la sombra de lo que podía llegar a ser y de tocar sólo el reverso rugoso de las hojas. Sin pedir permiso a nadie.


20 comentarios

La primera de mil locuras pendientes


adventure-2548133_640

¡Venga, hazlo!

No lo pienses. Suéltate. Lánzate. Si es necesario, golpéate contra el muro si no aciertas. Trágate el miedo. Que te quede la cara casi rota, el alma hecha jirones, el cuerpo revuelto. Queda en suspenso por el susto. Cae, haz el ridículo más espantoso que imaginas. Que se rían en tu cara, si quieren. Que cuenten la historia de tu desdicha y mala suerte hasta que revienten. Que se convierta en leyenda urbana tu osadía, tu cara de pez al chocar con la realidad más cruda, tu batacazo supremo… Que repitan una y otra vez que lo intentaste. Que no pudo ser. Que al otro lado no había red, que el paracaídas mental que creías llevar no existía, no había nadie tras la puerta y lo imaginabas. Que no servías para lo que pensabas que estaba destinado para ti. Que fuiste demasiado inocente, demasiado crédulo, que te venció la ilusión y te dejaste llevar por tu entusiasmo de niño.

Que te duela. Que durante semanas creas que deberás esconderte en las catacumbas de tu alma para no salir al mundo que aún se cachondea. Que desees huir y no lo consigas. Que las comisuras de tus labios se cierren, que tus ojos se queden secos de tanta lágrima. Que te lleguen mensajes de “ya te lo dije” “¿En qué pensabas?” o “¿cómo haces esas locuras?…Debes ser más previsor”.

Que te miren de soslayo y murmuren. Que te arrastren las pupilas por la cara como quién escoge armas para un duelo. Que te claven las palabras en la nuca y esquiven tu saludo al cruzar tu camino.

Sabes que te pondrán mote y corregirán y aumentarán tu desatino. Que buscarás amarre para tu pena y todo será mar abierto. Y navegarás contra viento hasta encontrar un faro y una vez allí descubrirás que el único faro eres tú.

Y que tengas claro que pensarán que eres idiota, pero que sólo lo hacen porque está programados por su propia cobardía para pensarlo. No ven más allá de su ignorancia. No se lo tengas en cuenta.

Ten presente también, sin embargo, que se comerán las uñas pensando cómo pudiste y de dónde sacaste la fuerza y las ganas. Se escudriñarán esos sesos vagos y perezosos que pueblan su cabeza jibarizada imaginando cómo conseguiste aguantar el momento y el ridículo. No sabrán cómo, ni por qué. No entenderán tu necesidad de equivocarte y fracasar. No pueden o eso creen. Ellos no. Viven de seguros. Viven de perfecciones. Sólo prueban cuando el nivel marca el cien por cien de posibilidades y arriesgan cuando la ganancia está asegurada. Y su riesgo, no es riesgo, es rutina.

Si además supieran que tú ya sabías todo lo que podías perder cuando lo intentaste, morirían sólo con imaginarlo. Sus mentes tediosas no pueden concebir que saltes al vacío sin saber qué hay en el fondo y arriesgues tu seguridad para tocar el cielo.

No lo admiten ni admitirán, pero te admiran. No lo saben pero te envidian. Ellos no saben que pueden, aún. Sueñan con el precinto de garantía puesto. Tienen sueños asequibles, accesibles, profilácticos. No les duelen las vísceras después de soñar porque lo soñado se compra en grandes almacenes.

Por eso ríen de otros porque no sabrían cómo llorar por ellos. Por eso se mofan de sueños ajenos, porque no tienen sueños propios… Sueños de esos que hacen que un día te levantes y sepas que vas a fracasar, pero decidas lanzarte. Y que el fracaso sea dulce porque también lo era el deseo y el sueño. Porque sabes que no te puedes permitir no ir a por todas. Porque no eres de los que siempre imaginan, eres de los que hacen. Porque eres verbo y tu vida es tuya. Porque necesitas saber que has hecho todo cuanto estaba a tu alcance para tener lo que quieres. Porque nunca te quedas corto y crees que es mejor el exceso que el defecto. Porque pasarse la vida pensando qué podría pasar no es cordura sino estupidez. Cordura es cierta dosis de locura controlada, sabiendo con qué curarás las heridas y pensando que la alternativa a la acción es casi la muerte. Loco es el que no se lanza y no vive. Loco es el que no sueña y vive en un metro cuadrado de monotonía.

Los que critican tu afán y tu locura, envidian tu deseo, tu valor para salir del metro cuadrado asfixiante que te encoje las emociones y las aventuras. Ellos no tienen tus heridas ni notan el dolor de tu golpe, pero les falta la repuesta que tú tienes. Viven con la incógnita eterna de si ellos podrían conseguirlo. Sueñan, a veces, en la lejanía de su escaso apego a la ilusión, con ser tú y vencer el murmullo, saltar, arriesgarse, vencer el pánico y vivir. Su miedo se mastica.

Si supieran que ya sabías que saldría mal de antemano, llorarían por no tener tu valor.

Si supieran que a pesar de todo consideras que tu fracaso es un triunfo, que volverías a hacerlo de nuevo aún sabiendo que tendrías en mismo resultado… Se les acabaría el aire.

Si supieran que ya preparas la próxima y que un día lo conseguirás, se quedarían mudos.

En el fondo, tu caída les duele más a ellos que a ti, porque es la muestra más evidente de su incompetencia para vivir.

Hazlo… No tienes nada que perder. Soñar es gratis. Vivir es urgente.

Que sea la primera de mil locuras pendientes.

 


28 comentarios

Esas pequeñas cosas que se saben sin preguntar


pareja-bici

Saber que estás, aunque apenas se note, aunque sepa que no te tengo porque no eres de nadie. Sin saber por qué lo sé, por qué lo intuyo… Notarte intensamente, aunque nuestros ojos no se crucen, porque lo hacen nuestros pensamientos. Porque se sincronizan nuestros ritmos vitales y compartimos el aire… Saber que nos queda aire. Que nos queda tiempo. Que podemos barajar eternidades de cinco minutos y buscarnos las cosquillas para secarnos las lágrimas. Que tendremos lágrimas y muecas pendientes. Que habrá baile y nos alcanzará la noche sin apenas darnos cuenta.

Saber que existes aunque no te vea y buscar tu voz entre el murmullo de mil voces. Que me quede grabada en la memoria y pueda recordarla cuando oiga reproches y me esconda como una niña en un rincón, bajo una escalera que ya no existe, en una casa que está guardada en mi cabeza.

Saber que si me pierdo, tiro del hilo y veo tu cara. Que surco tus pequeñas expresiones y arrugas deliciosas. Que frunces el ceño por fuera pero no por dentro. Que me permites equivocarme mil veces hasta encontrar la salida correcta. Que vas a perdonarme si no consigo ganar la partida. Que somos juego y somos risa. Que lo que nos pasa, no lo entiende nadie…

Una tarde, con bruma de café y vaho en los cristales de nuestras ventanas imaginarias. Una frase sin contexto, una palabra perdida, una insinuación velada y un ejército de hormigas que nos recorren el cuerpo cansado y perpetuamente insatisfecho. Notar que lo notas y no saber por qué lo sé.

Un amanecer de párpados pesados y luz difusa. Un sol que no llega y no calienta. Un mar que no moja pero que nos toca los pies con las ganas y una risa esperando en la antesala de la felicidad, aguardando en la fila, para no perder tanda.

Una calle repleta, un cielo de nubes blancas… Una habitación diminuta en la que nuestros perímetros se borran y nos adherimos el uno al otro, nos superponemos, nos fundimos… Nos decimos casi que sí y nos damos la vuelta.

Saber que lo repetiremos, nos lleguen a donde nos lleguen las ganas, tanto si alcanzamos el botón de la camisa o sólo el cerrojo de la puerta. Si nos rozamos con las manos o con el pensamiento, con el sueño, con la intención, con la súplica, como un acto reflejo de pequeña locura. Como un momento de certeza en el que todo nos parece absurdo si no se imagina, si no se inventa, si no se desea.

Saber que cuando parece que se acaba, el juego empieza de nuevo. Más atrevido, más arriesgado, más insistente.

Darle la vuelta y que el peligro parezca comedia. Que si nos falta el pan, nos quede la sal del sueño y el aroma de lo más apasionado que hayamos hecho juntos. Lo que sentimos dentro, en un lugar oscuro y sin ventanas. Lo más loco, lo más oculto. Aquello que nunca saldrá de nuestros labios para golpear nuestros oídos. Aunque lo sabremos, porque hay cosas que se conocen sin verlas, sin oírlas, sin que sean dichas nunca. Cosas que se perciben desde las entrañas. Cosas que se saben sin preguntar…  Esas pequeñas cosas.