merceroura

la rebelión de las palabras


6 comentarios

Crucemos la línea roja


No nos damos cuenta, pero todo está cambiando. El mundo en que vivimos da un giro y debemos saber aprovecharlo para mejorar nuestras vidas. Ha llegado ese momento en el que debemos apostar por lo que queremos y dejar que nos muevan nuestros sueños. La personas reclaman tomar las riendas de sus vidas, aunque no se han dado cuenta aún… La insatisfacción por vivir en un mundo donde eres lo que tienes les está desbordando y en su interior hay una lucha por levantar la cabeza y decir que no; que no son lo que tienen, que son lo que buscan, lo que anhelan, lo que sueñan.

Parece que todo se tambalea porque por primera vez en mucho tiempo estamos empezando a cuestionarnos algunas cosas que parecían sagradas. Estamos perdidos, porque aún no hemos visto todo el potencial que tenemos… En realidad es porque empezamos algo grande y distinto. Somos como el niño que inicia sus primeros pasos, cae y se golpea, tiene miedo, pero algo en su interior le impulsa a continuar porque sabe que andará, que puede, que debe hacerlo para conseguir ser autónomo.

Nosotros somos como él. Estamos en una sociedad que se plantea ser mayor, asumir retos como adultos y cambiar las normas para que todos tengan oportunidades.

A veces, parece que aún tenemos ese miedo inculcado durante siglos por algunos poderes fácticos que intenta aplastarnos las ideas y evitar revoluciones. Hemos incorporado en nuestro ADN el temor del siervo que llevo el tributo al señor feudal y suplica que le deje alguna gallina para tener con qué alimentar a los suyos. Ahora llega el momento en el que las personas van a ser dueñas de su destino. Todo ha explotado y va de dar el giro. Vamos a decidir qué queremos ser cuando seamos mayores.. Tenemos la capacidad de escoger qué queremos y elegir camino… Y si no hay ninguno que nos plazca, fabricarlo.

Llega el momento de cuestionarlo todo. Empezando por aquello que más nos asusta y más prohibido hemos tenido siempre. Cada premisa, cada refrán que nos aleja de lo que deseamos y soñamos, cada espacio vedado a nuestro paso, cada rincón oscuro donde siempre se nos ha dicho que el acceso está restringido. Estamos a punto de salir de nuestra macrozona de confort de forma colectiva, pero no lo sabemos. Casi no nos atrevemos a pensarlo porque no nos han educado para creerlo, para imaginarlo. Lo haremos de forma individual. Algunos porque ya no soportan más la jaula que ellos mismos han construido a su alrededor. Otros porque han encontrado la llave de la habitación prohibida. Muchos porque con la crisis han salido de su letargo y se han dado cuenta de que no escriben su futuro o se lo escribirán otros y, conociendo como lo hacen, ya saben que no será una versión que les sea útil ni favorable.

Llega el momento de cambiar el mundo. Con palabras. Con gestos. Con complicidad. Con talento. Con osadía y cierta imprudencia. Sin golpes, ni malas miradas, sin reproches…

Sólo nos hace falta el valor de creernos que valemos la pena. Pensar que aquello que hemos creído imposible hasta ahora, porque nos han insistido en que así era, tal vez esté equivocado. Tendremos que preguntar mucho, hasta la impertinencia. Nos hará falta el valor de decirnos a la cara verdades rotundas, como puños, algunas de ellas nos harán remover las vísceras y nos salpicarán la conciencia como nunca… Deberemos mirar dentro de nosotros con honestidad y dándonos cuenta de todos nuestros prejuicios, sobre nosotros y sobre los demás. Poniendo en tela de juicio por qué a veces no somos como soñamos, releyendo el pasado y teniendo la osadía de mirar al futuro con otros ojos… Con los ojos de ese niño que se da golpes al empezar a caminar pero que aún no sabe que hay cosas que tiene prohibidas. Y tener el valor de plantear alternativas y escribir un guión nuevo para cada escena que no nos haga sentir plenos. Y sobre todo, imaginar, crear, sin parar. Que donde no llegue el esfuerzo, llegue la temeridad de pensar que nada está fuera de nuestro alcance. Porque sólo con imaginarlo y sentirlo, seremos más capaces.

Ha llegado el momento de sacarnos la nube que llevamos en la cabeza y que no nos deja pensar más allá de nuestros miedos. Algunos de ellos son propios y otros importados de una sociedad que ha hecho todo lo posible para que no exploremos nuestro potencial y nos creamos prescindibles para que no se nos ocurra encontrar alternativas. Para que no salgamos el decorado y encontremos el mundo real. Para que no a hurguemos hasta topar con otras realidades que nos lleguen al alma… Para que no descubramos que cuando no estamos atados y sumisos, somos inmensos. Para que no descubramos que cuando queremos no tenemos límites.

Para no tener nunca más la sensación de que no lo merecemos… Para poder tocar la excelencia en todos los aspectos de nuestra vida y saber que lo que buscamos ya nos pertenece.

Tenemos que atrevernos a cruzar la puerta. Traspasar la línea roja, a ver qué pasa. Dejar de pedir permiso por no ser como otros desean. Dejar de lamentarnos por no tener el valor de ejercer de nosotros mismos. Salir del armario de nuestras propias negaciones. Caminar por la cuerda floja. Mojarnos al pasar por el lodo. Caernos y ensuciarnos.  Mirarnos en ese espejo interior donde todo son verdades cruentas y maravillosas… Y descubrirnos para querernos tal como somos, con nuestros talentos y nuestras deliciosas debilidades… Sin edulcorantes ni siliconas, sin tener que ajustarnos a unas medidas concretas ni aceptar sueños prestados, para creer en nosotros, para no estar nunca más pegados a una versión mediocre de nosotros mismos…


31 comentarios

Cambia tu vida si tu vida no te cambia


mujer-vuela

Revisa lo que crees. Revisa hasta dónde crees que llegas. Imagina que cuando piensas que se acaban tus reservas, puedes aún un poco más. Imagina que no te cansas, que el miedo a lo que aún no conoces no te pone la mano en la espalda para hacerte frenar. Cambia de zapatos si no te llevan a donde quieres… Cambia de bar de copas si no te gustan las compañías… Cambia de parque, cambia de banco, cambia de abrigo si te queda pequeño… Cambia de lugar donde aparcas el coche si te deja aislado. Cambia de música si la música que escuchas no te transporta… Cambia de baile si no te dejas llevar…

Revisa lo que crees que eres. Revisa lo que sueñas si cuando lo repasas con el pensamiento no te llena de emoción ni te ilusiona. Revisa si lo que sueñas es tuyo o lo has tomado prestado para quedar bien. Si has copiado sueños de otros porque crees que son mejores que los tuyos o porque te insisten en llevar una vida que te viene grande o te queda pequeña y te aprieta. Cambia de consejeros y busca personas nuevas a las que conocer. Cambia de sueños si no son tuyos, si no te dan vértigo o no te zarandean la vida sólo con ponerte a imaginarlos…

Revisa el tiempo que dedicas a lo que amas. Revisa qué te importa y qué te mueve. Revisa si la rutina te engulle y el trabajo te traga. Revisa lo que amas, busca lo que amas… Ama más allá de tus posibilidades. Ama sin pedir, ama sin preguntar… Cambia de reloj si te falta tiempo. Cambia de trabajo si el trabajo no te cambia. Cambia si cambiar te mejora y te hace sentir nuevo cada día.

Revisa lo que miras. Revisa en lo que te fijas y dónde se posan tus pupilas. Revisa por si pones el foco en un lado y te dejas el otro. Por si olvidas prestar atención a lo mucho que tienes y has conseguido, por si la belleza que te rodea te pasa desapercibida. Revisa si vives pendiente del retrovisor con media alma en el pasado y la otra media angustiada por el futuro… Revisa si lates cuando miras, si estás cuando estás, si vives ahora o estás de oídas esperando el momento perfecto. Revisa si cuando inspiras hueles y si cuando comes notas el sabor… Revisa si pones el pie antes de pasar la linea roja y si nunca te atreves a pisarla y arriesgar. Revisa si lloras con preaviso, si adelantas lágrimas y tragedias… Cambia de escenario. Borra las líneas imaginarias que nunca pensaste cruzar. Detén tus ojos en las hojas ocres y cansadas, en las miradas brillantes, en las gotas de lluvia de los cristales y en las farolas encendidas. Nota que tienes frío, que tienes sueño, que tienes hambre… Cambia el libro que lees si no encuentras verdad en sus páginas. Primero acepta siempre lo que es, lo que sientes, y luego cambia lo que está en tu mano porque del resto no controlas nada. 

Revisa si pacificas o generas conflicto. Si cuando estás, mejoras las cosas o conviertes en turbia el agua clara. Revisa si traes la sonrisa, si das sin esperar recibir y si a veces recibes sin dar. Revisa si las personas que te rodean son de las que dan sin recibir, si te hacen sonreír o te hacen llorar… Revisa los refranes que no te identifican y las personas que no te hacen sentir que vales la pena. Cambia de amigos si tus amigos no son amigos y no ayudan a crecer.

Revisa el camino que recorres cada día. Revisa si es más corto, revisa si tiene mejor vista, si es más fácil. Cambia tu camino si mientras lo haces te vienen a la cabeza siempre las mismas ideas y quieres ideas nuevas.

Cambia el camino y explora caras nuevas, nuevos estímulos, nuevos árboles… Baldosas nuevas, tiendas nuevas, pensamientos nuevos.

Revisa tu vocabulario. Revisa tus palabras. Revisa tus gestos. Revisa lo que dicen tus ojos y tus manos… Cambia de palabras si las palabras que usas arañan. Cambia tus palabras si no te definen, si te duelen o te castigan. Cambia tu tono si humilla, cambia tus muecas si hacen daño. Cambia tu forma de comunicarte si no comunica, si no da una versión de ti que valga la pena… Cambiarás tú si cambias tus palabras…  Cambia tus creencias si te anclan a una versión de ti pequeña y reducida. Cambia de pensamientos si te atacan. Primer acepta y luego, cambia.

Revisa tus aptitudes. Revisa tus talentos. Observa si todo lo bueno que tienes se nota. Si brillas como mereces… Revisa tu actitud si con ella tu talento pasa desapercibido. Si te deja fuera del lugar donde quieres estar o te aleja de las personas que te importan. Cambia de actitud si te hunde, si te hace sentir pequeño y te victimiza. Cambia de actitud si no se corresponde con la actitud que te permite acercarte a lo que quieres o deseas. Cambia de actitud si no querrías estar con nadie que tuviera una actitud como la tuya…

Revisa qué te hace feliz. Revisa la salud de tus anhelos y de tus emociones… Revisa lo que esperas y aparta lo que te duela o haga daño a otras personas. Cambia lo que te hace feliz si aplasta la felicidad de otros. Cambia de felicidad si, en el fondo, es amargura.

Revisa tu vida. Cambia tu vida si, al revisarla, no la reconoces. Si al meterte en los pliegues de tu día a día no te llena. Si no puedes mirarla sin girar la cara… Cambia tu vida si no te pertenece. Cambia tu vida si tu vida no te cambia.

Gracias por leerme. Espero que te sea útil para seguir en este camino apasionante y complicado. La verdad es que no es fácil conocerse, respetarse y amarse a uno mismo como merecemos… A mí me ha costado mucho, mucho. 

Si quieres saber más de este maravilloso trabajo de autoestima, te invito a leer mi libro

“Manual de autoestima para mujeres guerreras” un libro para que dejes de pelear por todo y empieces a sentir que las cosas puede fluir.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

AMARSE ES UN REGALO PARA TI MISMO, UN FIN Y NO UN MEDIO, UN LUGAR EN EL QUE TE SIENTES COMPLETO Y A SALVO.

Espero que te sea útil.

Acompaño a personas y organizaciones a a desarrollar su #InteligenciaEmocional con formación, conferencias y #coaching

Escritora y apasionada de las #palabras

Más información sobre mí y sobre mis servicios en www.merceroura.es

Gracias siempre por estar…


16 comentarios

Un mapa sin límites


tierra-chico

Cuando somos pequeños trazamos un mapa. Un mapa de deseos, de pequeños y grandes retos… El mapa de nuestra vida. Un baúl que recoge ilusiones y hazañas, un cajón enorme de porqués y cómos, de sonidos y de imágenes deformadas con una mirada infantil. Un camino trazado de todo aquello que queremos que nos suceda. Puesto que somos muy pequeños, nuestro mapa no sólo recoge nuestros anhelos, sino que es también un compendio de lo que hemos oído a nuestros mayores que sería bueno soñar. Es una mezcla entre lo que vemos que buscan nuestros amigos, también en fase de descubrimiento de la vida,  y lo que nuestros padres hacen. Los refranes, las frases hechas repetidas una y otra vez, los reproches y las sentencias aniquilantes que intentan definirnos sin apenas habernos permitido crecer y dar a conocer nuestras múltiples aptitudes. Las quejas y las ansias de perfección propias y ajenas, contenidas y ahogadas. Las frustraciones enconjidas y disimuladas de los adultos… 

Y entonces, dibujamos un futuro para nuestras vidas. Un mapa que queda sellado en nuestras cabezas y oculto en la memoria a modo de brújula. Escogemos un camino que se va modificando mientras nuestras vidas y circunstancias van evolucionando. Aunque aquellas directrices trazadas nos marcan, nos guían, de algún modo nos muestran lo que creemos que está bien o está mal. Lo que pensamos que podemos o no podemos hacer, lo que nos está permitido soñar, lo que se supone que debemos creer. Ese mapa nos define en un momento y una circunstancia, nos da una visión partida, una foto calculada de un instante de nuestra vida… Una mirada rota de lo que podemos llegar a ser y necesitar o sentir. Nos da los parámetros para querer, para enamorarnos, para saber cuando ceder, cuando asentir, cuando negarnos. Nos recuerda quienes somos o quienes creemos ser. Nos dice qué podemos esperar del mundo, un mundo acotado por unos ojos de niño, un niño que puede tener o no nada que ver con el adulto que resulta de su experiencia… Esos caminos trazados están tan enraizados en nosotros que nos llegan a parcelar la realidad y generar ideas y conceptos que subyacen en nuestra conciencia y se convierten en parte importante de nuestro día a día. Son caminos que definen una trayectoria y que por tanto acotan nuestro universo. No tienen por qué estar mal, ni bien, pero son visiones parciales de un mundo inmenso, enorme, inconmensurable a nuestro infantil deseo… La foto de un día que acaba determinándonos durante toda la vida si no decidimos cuestionarla. Y podemos hacerlo y parecernos maravillosa, acertada, adecuada. O pensar que queremos más o queremos otra cosa, que no tenemos que ser como nos dijeron que debíamos ser… O quizá sí, porque eso nos complace y encaja con nuestras experiencias presentes. Y en todo caso, no dejar que nos limiten y nos digan quiénes somos más que para recordar lo que aprendimos en aquellos momentos y cómo eso nos ha permitido evolucionar.

La mirada de un niño tiene mucho de mágico. Es inocente, está limpia, no recorta si no le piden que recorte, no se asusta si no le inculcan que se asuste. Aunque al mismo tiempo, asume como dogmas algunos valores que, llegado este momento del trayecto, no tienen porque ser incuestionables, inquebrantables. No tienen por qué limitarnos el pensamiento y la obra, ni borrarnos las ilusiones ni las ganas de cambio. No podemos cargar toda la vida con una idea de nosotros mismos que recoje las frustraciones de otros. Tenemos derecho al beneficio de intentarlo de nuevo, de redefinirnos y saber si estamos de acuerdo o no.

Tenemos todo el derecho a cuestionar al niño que fuimos sin dejar de quererlo, aprendiendo de él lo mágico, lo maravilloso… Esa inquietud fantástica que lo impregna todo de emoción y entusiasmo. Esa energía que todo lo inunda.

Podemos cuestionar lo que aprendimos porque lo que nos han transmitido, seguro con gran cariño y ganas de llevarnos a la felicidad, admite más lecturas, permite correcciones, ampliaciones y es una parte de un todo complejo y apasionante que vale la pena conocer y redibujar.

Negarnos eso sería como pensar que aún tenemos cinco años y no nos podemos permitir nada que entonces nos estuviera prohibido. Somos ese niño y la suma de sus sueños. Sus desengaños, sus aciertos, sus risas, sus caídas, sus golpes, sus metas conseguidas, sus secretos, sus caricias, sus locuras, sus errores. Esa suma nos ha cambiado. Merecemos releer nuestras vidas con ojos nuevos. Merecemos darnos otra oportunidad para calibrar de nuevo nuestras fuerzas y atinos. Y dejar que el niño nos recuerde esa sensación de novedad, de juego, de empezar en todo sin saber adonde vas y hasta donde llegarás …

Y hacer un mapa nuevo, uno que dibuje lo que ya no tenemos miedo de desear, sin límites absurdos y dogmas que nos digan lo que somos y lo que no. Un mapa trazado por nosotros sin fotos rotas ni ideas prestadas que no nos convencen.

Es el mejor homenaje que le podemos hacer al niño que fuimos. Un mapa de sueños propios. Un mapa sin límites.