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la rebelión de las palabras


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El mejor regalo


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Parece que cuando llegan estas fechas lo que nos viene a la cabeza es pedir deseos, buscar la compañía de las personas que te importan, hacer nuevos planes, parar un momento y darse cuenta de dónde estamos y quiénes somos…

Serán las luces de Navidad (lo reconozco, me encantan) porque el entorno cambia el estado de ánimo, la verdad, aunque no es suficiente si no por dentro no aprendemos a ser conscientes de lo que nos pasa y de por qué reaccionamos ante lo que nos pasa de cierta forma. La vida nos va dando señales constantes de todo lo que llevamos almacenado ahí dentro y que tenemos pendiente de curar. Si vemos que alguien lleva un coche nuevo y nos disgusta, no es el coche ni la persona que lo lleva, somos nosotros… Si en lugar de juzgar que no se lo merece, no le queda bien o que tiene mucha más suerte que nosotros porque se lo puede permitir porque tiene dinero y pensamos qué hay detrás de ello estaremos aprendiendo algo… Sacaremos un fruto de esa punzada, esa envidia, esa frustración, ese mal humor que hemos sentido al ver que él sí y nosotros no. Tendremos la oportunidad de darnos cuenta de que tal vea nos nos creemos dignos, no aceptamos la realidad, no estamos viendo lo mucho que tenemos de bueno en la vida, que nos enfocamos en lo negativo, que tal vez pensamos que nosotros no podemos tener un coche así… Puede que incluso ni siquiera queramos un coche como ese, pero sencillamente, nos molesta que alguien lo tenga porque no nos sentimos capaces de conseguir uno igual…

Si somos capaces de comprender algo así, hemos dado un paso de gigante. Y voy a decirte algo, no pasa nada… No te preocupes. Eres humano, es normal que a veces sientas eso. No eres un monstruo. Sencillamente siéntelo y sé sincero  contigo y suelta, deja ir, decide que nadie es mejor que nadie y mira cuánto brillas tú en lugar de dejarte deslumbrar por el brillo de otros.

No, lo siento, ahora no te voy a vender que si haces eso tendrás un coche igual o mejor. No va de esto. Aunque es posible que si haces el ejercicio, puesto que estarás tomando consciencia de tus patrones y creencias limitantes, surjan en ti nuevas ideas para hacer cambios en tu vida… Pequeños pasos que llevan a grandes cambios, nuevos hábitos que pueden llevarte a reorganizar, tomar fuerza, sentirte con mejor ánimo, verte capaz… Y cuando alguien se cree capaz es capaz, se transforma. Y entonces descubres que en realidad había formas de conseguir ese coche pero puede que te des cuenta de que no lo necesitas o sí… Eso da igual, porque ves claro que no necesitas un coche para darte cuenta de que eres una persona valiosa… Y ves como alguien pasea por ahí con su coche nuevo y sonríes. Porque no te molesta, porque sabes que tú podrías o si no, hay mil cosas que más que están a tu alcance (grandes o pequeñas)  y que lo que realmente te interesa es sentir lo que eres, un ser completo con o sin. Entiéndeme, si te gusta el coche, bienvenido, pero no somos lo que tenemos, somos lo que amamos, lo que compartimos, lo que nos permitimos soñar y comprender. 

Creo que uno de los grandes regalos que podemos hacernos a nosotros mismos es atrevernos a mirar dentro de nosotros y curar heridas. Aprender a aceptar lo que es y sacar partido de la vida, de lo que pone a nuestro alcance para remendar nuestras consciencias rotas y nuestras almas perdidas. Ver qué nos asusta y acercarnos para poder constatar que no pasa nada. Reconocer qué nos pone tristes y abrazar esa tristeza para ahondar en ella sin temor y aceptar que forma parte de nuestra vida y que no somos nuestras lagrimas sino nuestra capacidad de comprenderlas, de sobrellevarlas, de vivirlas y saber que pasarán y que volveremos a sonreír.

El mejor regalo es ver en nosotros mismos a una persona capaz de vivir sin que lo que nos pasa nos zarandee tanto que perdamos el timón… Y a veces es muy difícil porque hay pruebas muy duras, mucho. Por eso es tan importante amarse y reconocerse el valor. Aceptar lo que somos y aprender a mirarnos con ojos bondadosos y compasivos, ver que brillamos y amar lo que nos hace vulnerables porque es lo que nos ayudará a crecer. No llevamos el timón de nuestra vida sólo por nuestro talento, lo llevamos también por nuestros puntos débiles... No brillamos sólo por nuestros dones, brillamos también por haber aceptado que cometemos errores.

El mejor regalo que podemos hacernos ahora es jurarnos amor eterno, incondicional, aceptación máxima siempre… Pase lo que pase, digan lo que digan… Prometernos estar de nuestra parte en la calma y en la tempestad, a pesar de los errores y los miedos, a pesar de no saber y no comprender a veces por qué ni para qué. Abrazar nuestra oscuridad para no sentirnos culpables de nada y hacer que nuestra luz sea tan intensa que otros navegantes puedan usarla cuando su barco vaya a la deriva.  Dar gracias siempre por todo lo bueno y por todo lo que parece malo pero que es a veces sólo por nuestra forma de mirar… Dar gracias por lo que duele y aprender a llevar lo que no nos gusta. Porque en realidad se trata de vivir y cambiar por dentro… Lo que está fuera no queda a nuestro alcance.

Porque no somos nuestros coches, ni nuestros vestidos, ni nuestros expedientes académicos, ni nuestras cuentas corrientes… Somos esa persona que cada noche se acuesta y hace balance de su día y a veces se siente vacía a pesar de lo mucho que le rodea porque sencillamente no es libre, porque no se ama suficiente.

No hay que esperar a Navidad para pedir deseos o hacer planes pero ya que estamos es un buen momento para hacerse el mejor regalo. El amor lo cambia todo, absolutamente. Borra la mirada limitante y la incapacidad de ver la belleza… Te da la fuerza que no recordabas tener para seguir y te convierte en tu mejor aliado.

¿Y si esta Navidad decides que te amas de una vez por todas? Hablo de amor verdadero, del bueno, del que todo lo cura y lo convierte en magia. ¿Y si descubres que la única persona que te está privando de ser tú eres tú mismo?

¿Y si nos permitimos lo que deseamos siempre sin tener que esperar a llegar estas fechas y darnos cuenta de que nos estamos siempre cortando las alas? ¿Y si lo que deseamos en realidad es este amor verdadero y todo lo demás eran parches?

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Adoro


AMARILLO CHICA

Vengo repleta de ilusiones rotas, pero con ganas de emociones nuevas. Llena de deseos inflamables y con mil carpetas por abrir bajo la leyenda “urgencia”.

Adoro mis impertinencias, porque algunas de ellas me han llevado a cumbres altas desde donde he podido ver mi pequeñez y mi grandeza…

Vengo hambrienta… Vengo viva y esférica, rotunda y deshilachada.

Vengo con los cabellos revueltos y los ojos repletos de lágrimas. No llevo puesta la armadura ni el sombrero, nada me cubre de nada.

Adoro mis complejos, porque para superarlos conseguí algunos retos que creía imposibles…

Tengo terciopelo en las garras y me he arrancado las espinas. Quiero sin normas, ni fisuras. Quiero para querer no para vencer, gano para compartir y no para llegar a la cima si en la cima no me esperan ni caricias ni palabras…

Vengo con las pupilas ansiosas de contemplar belleza, aunque esté oculta bajo una capa de indiferencia y tenga, a veces, un sabor amargo.

Adoro mis cicatrices porque hablan de todas mis batallas…

Por las veces que he perdido y me he levantado zurcida y remendada, vengo con las manos abiertas y temblorosas. Con las risas cosidas por si se me escapan…

Traigo tantas heridas y jirones que cuando estoy a contraluz, el sol traspasa mi cuerpo pequeño y poco denso y se ven mis penas a través de los cristales de mis ventanas … Se dibuja en una sombra mi cuerpo de cometa que busca un sol cercano en el que acurrucarse a ver pasar los días y sobrellevar las mareas…

Adoro mis sueños porque mueven mis días y apaciguan mis entrañas inquietas…

Traigo los recuerdos tan revueltos que ya no sé si son míos o los tomé prestados para imaginar haber tenido una vida más intensa o los desdibujé para que dejaran de arañarme la garganta…

Almaceno besos en cada pliegue, en cada rincón donde mi alma cobija desvelos y escarcha.

Adoro mis miedos, porque me obligan a salir de la concha y desnudan mi magia… Porque me sacan del quicio de mi vida plácida y me obligan a caminar por el lado áspero de mis pensamientos.

Ahora huelo a flor común y hierba mojada, al aderezo de una noche triste y al pan recién hecho de esta mañana.

Vengo con unos zapatos rojos que toman impulso solos y un abrigo que no calienta demasiado cuando la noche es cerrada y el dolor aprieta, pero que esboza mi alma.

Adoro esos zapatos porque me llevan a un destino que se escribe a cada paso y nunca sé si todo empieza o acaba…

Camino lento, con paso firme, por si a mi lado pasa un genio con tres deseos y se me escapa. Camino lento por si el viento trae algo más que arena fina o paso por el lugar más hermoso del mundo y me pilla con los ojos cerrados…

No vengo siguiendo los pasos de nadie, porque prefiero los míos sin atino a los de otros con una gracia que no sea mi gracia.

Adoro mis errores porque de ellos cuelgan algunas de mis medallas…

Vengo con un millón de pensamientos acumulados en una cabeza atormentada por todas la preguntas aún sin respuesta…

Adoro mis palabras porque dibujan otros mundos y, a veces, traen esperanza…

Traigo tormenta y marea baja, para que queden al descubierto todos los secretos, para que el mundo vea que nada oculto cuando muestro mis entrañas en cada palabra…

Traigo palabras y las encadeno a mis labios y a mis manos para que lleguen a tus oídos flojos y sepas que voy a quedarme.

Adoro mis torpezas porque me recuerdan que soy humana.

Vengo dispuesta a echar raíces. Vengo sembrada de sueños y ávida de alegrías…

Adoro mi temperamento de fuego y mi carácter apasionado, porque el trecho es largo y hace falta apetito para comerse la vida y asumir el riesgo de atragantarse en cada paso…

Porque yo sólo junto palabras, no sé más…