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la rebelión de las palabras


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Dejarse enredar por la vida


Mucho pensar, mucho saber, mucho acumular ideas y pensamientos, pero al final muchas veces en la vida eso no nos sirve para nada…

Porque no nos cuentan que esto va de sentir y atreverse a atravesar lo que más nos asusta. Que no es recordar la fecha sino darle sentido a lo que pasó en ella… Que no es hacerse la foto en lo alto de la montaña sino saber qué hacías allí y para qué y sobre todo madurar durante el ascenso.

Que no va ir de la mano con alguien por la calle a modo trofeo o invitarle a tu cama para que no esté fría, sino que va de compartir, de comprender, de amar de verdad.

No hay nada en los libros que nos vaya a decir cómo vivir la vida si no los leemos con el alma, sino los hacemos carne y nos dejamos enredar por la vida.

No hay nada en todos esos pensamientos que rumías cada día una y otra vez que vaya a mostrarte nada nuevo que no vieras ayer si no te permites salir el círculo y pensar más allá, pensar viviendo, pensar sintiendo, pensar notando y dejándonte de creer algunos de tus pensamientos y creencias más arraigadas…

Deja que tu estómago te diga si vas a o no vas por ese camino.

Deja que tus manos escojan la manzana que te vas a llevar a la boca.

Deja que cada vez que respiras sean tus pulmones los que dicten tus pasos.

Tal vez a veces solo haga falta respirar para saber.

Solo haga falta notar la brisa para decidir.

Cerrar los ojos y verse de verdad, desde dentro, descubrir que no eres esa maraña de ideas que te persiguen.

Quizás el viento sabe más de historias de amor que todas tus listas de ventajas e inconvenientes sobre esa persona concreta por la que no te decides.

Quizás tu intinuición sabe más de negocios que todos tus máster.

Y no te equivoques, no hablo de vivir en la ignorancia.

Adoro los libros. Adoro los pupitres y a los maestros.

Sin embargo, no todos los maestros están en las aulas, no todas las recetas de vida están escritas en los libros.

La vida se cuenta a sí misma una y otra vez a cada paso que das en este camino. Se repite para que te des cuenta de lo que se te escapa y te explica la historia una y otra vez hasta que eres capaz de escuchar y verla de otro modo.

No basta con saber dónde ni quién ganó la batalla, es necesario saber por qué luchaba y tener clara la inutilidad de la guerra. Y eso nunca lo cuentan. Te hablan de héroes y de vencidos, pero nadie te dice nada del vacío que dejaron en las almas de los que les rodeaban.

No basta con saber todas las teorías, aunque sea necesario, hay que sentirlas, comprenderlas, experimentar y abrir los ojos al mundo. Hay que ponerse en la piel de otros para habitar la propia con justicia.

No basta pensar, hay que abrir la mente a pensar distinto. A colocarse en otro peldaño de esta escalera, en la cima del monte más alto, en el valle más profundo, mirando esa verdad de noche y de día. Hay que darse cuenta de todas las verdades que habitan en una sola…

Hay que dejarse llevar por la vida y soltar las respuestas que creemos saber de antemano para abrirse a otras nuevas.

Hay que dejarse seducir sin perder de vista quiénes somos y qué nos mueve en la vida.

No me malinterpretes, no me refiero a no consultar a los sabios, ni a no leer sus libros, ni a no ir a sus clases, hablo de activar esa sabiduría que llevamos dentro luego, tras conocer otras realidades y dejar espacio para que la vida nos sorprenda.

Hablo de vivir y dejar de pasar de puntillas por la vida, de dejar de aparentar que vivimos y que somos mundos separados del todo.

Hablo de experimentar la vida además de hacerse el selfie y decir a todos que estabas allí y que eras falsamente feliz.

Hablo de sentir y ensuciarse, de caer y meterse en el agua a ver a dónde te lleva… De bailar sin saber los pasos de baile y casi sin poder escuchar la música. De caminar sin conocer la meta ni el destino. De soltar aunque deseas retener para saber si aquello que tanto deseas realmente es para ti. De seguir viviendo sin más certeza que este momento presente. Hablo de dejarse enredar por la vida.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

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Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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Pura vida


Decide que no importa…
Que es corta la vida como para acumular reproches y contar céntimos. Como para comprarse un metro cuadrado de asfalto y pensar que eres el dueño de tu vida.
Para perderse el camino mirando a un norte que a veces es frío y helado… Para dejarse las horas en lágrimas por alguien que no te mira ni te ve.
Para dejarse llevar por historias tristes y morir por adelantado en un futuro que no existe.

Para culparse por todas esas cosas que crees que no son como deben y que por más que hagas nunca lo serán.

Decide que no importa qué dicen ni qué piensan esos que siempre tienen palabras para otros pero no para ellos mismos… Si se ríen, benditos sean, todo un honor ser el origen de sus risas y no de sus lágrimas…
Porque la vida es demasiado dura y hermosa como para quedarse prendido a un pasado que revisamos una y otra vez pero siempre con la misma mirada. Si tienes que regresar a él, que sea con otros ojos para sentir lo pendiente y usar ese dolor para dibujar tu nueva vida ahora… Y cerrar la puerta sin dejar una sola sombra por comprender…


Decide que no importa y nota ese miedo que llevas encapsulado en el pecho y esa rabia en tu garganta.
Deja pasar esos pensamientos atroces y besa tu caos y tus vaivenes…
Mírate al espejo y descubre que no te amas suficiente… No todavía… Que no te ves como realmente eres. Que no pasa nada… Acepta que no te aceptas y vive en paz con ese desamor hasta que esa paz inmensa sea el punto de partida de una hermosa historia de amor contigo.

Suelta. Suelta ese amasijo de pensamientos que van y vienen y siempre llegan al mismo sitio. Los pensamientos que engendraron tu pena no van a sacarte de ella.
Decide que no importa porque en el fondo, muy dentro, amigo, sabes que estás destinado a ti.
A encontrarte como mereces. A amarte como nunca antes…
A vivir.
Empieza ahora. No postergues más el principio del todo.


Deja atrás tu vida vieja y agotada y emprende este viaje contigo. Esta luna de miel sin prisa pero ya sin pausa. Esta mirada amable e inocente hacia dentro.
Este camino de rosas y guijarros que te arañan los pies, pero te deja el corazón repleto de pura vida.

Decide que lo primero es lo primero, en realidad no hay nada más.

Todos los mundos pendientes de ser vividos en tu mundo penden de esta verdad. Si no te reconoces a ti mismo, no tienes vida todavía. Pura vida.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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Una persona como tú



Foto : Mercè Roura

Cada día un pequeño gesto. Un pequeño paso… Algo que te lleve a salir de ti. De el aire viciado. Del pensamiento automático y compulsivo. De ese miedo al miedo que te lleva a encerrarte y fingir que no sientes y no ves, que no te das cuenta de que por dentro estás suplicando un cambio. Salir de la cárcel que construiste tú y de la que eres el preso, el guardián y la misma celda.

Un pequeño cambio. No importa qué sea. Cuestionarse algo hasta hoy incuestionable. Abrirse a pensar distinto. Escuchar sin estar pensando qué contestar. Pasar por ese camino por el que nunca pasas… Hacer eso que te hace sentir incómodo, minúsculo, insuficiente,. Eso de lo que siempre huyes porque te recuerda lo pendiente de revisar dentro de ti. Sentirte rdículo y darte cuenta de que no importa. Dejar de ser invisible un rato y descubrir que no pasa nada si te miran.

Cada día un paso más. Algunas veces hacia delante. Otras hacia atrás. Tal vez desviarse del camino para comprobar que vas por buen camino. O porque te has dado cuenta de que no era tu camino y allí no hacías nada más que dar vueltas para que pareciera que te movías y eras productivo. Porque a veces parece que el mundo pasa revista y si no estás haciendo algo te condena, te señala con el dedo, te destierra a la isla de los inútiles.

Cuando vas exponiéndote a vivir, a sentir, a reconocer en ti algunas cosas que estaban dormidas, cambias y tu camino cambia.

A veces, el entorno te acompaña en ese cambio.

Otras veces, no.

Es una de esas renuncias que hacemos por evolucionar y transformarnos.

Para poder abrazar una nueva vida hay que soltar la anterior.

Para dar un paso adelante hay que dejar atrás un camino.

A veces duele, duele mucho porque implica mirar a los ojos a tus miedos y reconocer tu frustración, tu inseguridad, tu desconfianza hacia lo que te espera.

Implica besar lo que eres y amar lo que vives como si lo hubieras elegido.

Dejar de ir por la vida con un manual y un recorrido predeterminado y dejar se llevar un poco por lo que ves y sientes.

Soltar a personas que tal vez no se queden en tu vida o no de la misma forma y arriesgarse a que se enfaden y ya no vuelvan.

Y cuando pisas firme y respiras hondo otra vez, dar un paso más.

Atreverse a hacer eso que deseas con todas tus fuerzas y nunca hiciste. Algo que haría tu verdadera esencia si no tuvieras miedo. Si no te sintieras tan insignificante y poco merecedor de todo lo que sueñas.

Algo que haría una persona que se valora y respeta.

Esa persona eres tú. Y la que hasta ahora no se ha atrevido también.

Tu gran aliado y tu gran enemigo.

El veneno y el antídoto.

Tu juez más severo y tu amigo más compasivo.

Tu infierno y tu paz.

Cada día un paso. Algo minúsculo. Hasta que en un tiempo miras atrás y te quedas alucinado contigo mismo. Te miras a ti y te ves más que nunca. Te reconoces. Te encuentras en todo lo que haces y dices y piensas…

Tocas eso tan preciado y a veces difícil de conseguir llamado coherencia.

Eso tan dulce y necesario que se llama calma.

Eso tan apreciado y mágico que se llama ganas de vivir.

Vivir siendo tú. Sin estar atado a un correa que tira de ti cuando te pasas de largo y sales del camino marcado.

Sin sentir esa culpa por tus errores en lugar de amarlos y usarlos para seguir adelante.

Sin buscar fuera lo que llevas dentro.

Cada día un paso más. Sobre todo en tu mente. Un nuevo pensamiento, una creencia absurda y limitante superada, un angustia que se transforma en paz…

Sin forzar, sin reproches, sin culpas, sin más planes que el plan de seguir adelante vayas a donde vayas. Soltando lastre y fardo pesado.

Y ante cualquier situación complicada, haciéndote esta pregunta :

¿Qué haría ahora alguien que se respeta, que se ama, que se reconoce, que sabe quién realmente es?

Una persona como tú que ahora ha descubierto su valor… Pues eso, ya sabes que toca… Adelante.

No has venido a la vida a convertirte en alguien maravilloso, has venido a recordar que ya lo eres.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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