merceroura

la rebelión de las palabras


11 comentarios

Ella cuenta historias tristes…


mujer-petalos

Ella cuenta historias. Algunas son tristes, otras desesperadas. Siempre llevan prendido un poco de esperanza, aunque sea líquida, aunque sea incómoda, aunque para encontrarla tengas primero que darte cuenta de que llevas siglos en el tramo equivocado de un camino por el que no avanzas… A veces, sólo la ven los que la buscan, otras, sólo los que la encuentran y no sabían que la buscaban.

Ha pasado muchos años ignorando que la querían. Ha pasado muchos años suplicando que la quisieran los que la ignoraban.

Ha pasado demasiados años sin quererse lo suficiente como para construir sus alas… Y ahora va con prisas y acelerada.

Escribe porque las palabras le apaciguan las punzadas que siente en el pecho cuando el mundo da la vuelta y ella se cae, a pesar de agarrarse con fuerza. Escribe porque las palabras calman la angustia… Porque cuando su alma está cansada, las palabras la arrastran y empujan al punto de partida para volver a empezar de nuevo…

Sus historias son el resultado de cada paso que tuvo que dar para poder soportar mil noches sin tregua, de pensamientos cargados de nostalgia, de viento huracanado y de sapos que parecían esconder príncipes pero no escondían nada…

Ella ha aprendido a transformar su dolor en sueño, en una casi belleza desatada y bárbara… En algo asequible para que el mundo se de cuenta de que hay camino por recorrer y de que apenas está al principio. Para que sepa que hay mucho por hacer y que el camino que nos espera es el que nosotros decidamos dibujar.

No sabe nada. No lo sabe hasta que no deja fluir las palabras y les da forma.

Amasa vientos y encierra tempestades en palabras, en frases que se repite cuando tiene frío o está demasiado cansada para esbozar nuevos caminos. Hay noches en que se siente como una araña minúscula intentando recorrer la gran muralla china…

Hay días en que se mete el mundo en el bolsillo y juega con él mientras toma café mirando el manto verde de su montaña.

Cuando está contenta, dibuja lugares que casi no existen y cuentos donde las marionetas bailan sin que nadie mueva sus hilos. Sus personajes son siempre libres, aunque a veces, no lo saben.

Cuando está sola, vive de sueños y si se esfuerza mucho casi los toca. Cuando se aburre, enciende el faro y ve acercarse los barcos a su vera…

A veces es tan arisca que ella misma se araña. A veces, se siente tan diminuta que se cuela por las rendijas de las puertas y las ventanas.

Cuando está emocionada sus lágrimas pesadas y densas arrastran el pedazo de mundo en el que habita. Cuando ríe, un amarillo intenso pinta el cielo y estalla en sus ojos de fiera encerrada.

Ella cuenta cuentos de princesas guerreras y caperucitas malvadas… De lobos que se arrodillan, de brujas hermosas y de bestias cansadas de ser bestias…

A veces, no puede moverse, porque su cuerpo no le pertenece y está demasiado cansada para no recordar dónde empiezan sus dolores y dónde acaban sus ganas eternas de negarlos… No quiere que sus estigmas la persigan, no tolera que su equipaje le recorte la esperanza…

Hay tanta vida en sus pupilas como fuego en sus palabras. Hay tanto sueño en su vida como nieve en su recuerdo y astillas en su alma guerrera.

Ella camina. Quiere llegar pero, sobre todo, quiere sentir. Quiere compartir y notar… Quiere dejar de pensar, un rato. Quiere dejar de esperar y de estar alerta… Quiere soltarse y bailar… Que su cuerpo rígido, sea flexible y mágico.

Ella cuenta historias. Se evade del mundo para contar cómo es el mundo. Se aleja para sentirse cerca. Se escapa para regresar con ganas… Se va para volver sin miedo.

Tantas veces ha quedado hecha trizas que ha cambiado de forma, aunque no de esencia. Tantas veces ha estado rota que atesora con orgullo sus grietas para recordar que supo remendarse.

Lo que no existe, lo inventa…

Lo que no soporta que no exista, lo imagina y lo atrapa.

Cuando ama, un atardecer malva rasga un cielo azul y todas las palomas salen volando buscando un tejado seguro.

Cuando se siente libre, vuela sin apenas levantar la vista.

Cuando se ilusiona, no se nota nada especial porque ella siempre está ilusionada.

Ella cuenta historias tristes, a veces, pero siempre tienen prendido un pedazo de esperanza…


25 comentarios

Por qué escribo


estrella-magia

Escribo por necesidad. Por inquietud. Casi por delirio. Escribo para apaciguar a mi alma guerrera que siempre me pide librar batallas contra dragones imaginarios. Escribo porque a cada palabra que suelto, la ansiedad se mitiga.

Escribo para calmar el dolor de mi cuerpo menudo y atenazado por las ganas de llegar a todo y siempre sentir que se queda corto.

Escribo porque las palabras construyen realidades paralelas y sosiegan llantos. Porque necesito sacar de dentro todas las que tengo almacenadas esperando engendrar pensamientos. Escribo sin cadenas ni frenos.

Escribo para ser mejor y sentirme completa. Para no perder el don de encontrar la belleza en todo y darle la vuelta a los momentos amargos. Escribo porque las palabras acortan las noches de insomnio y eternizan las caricias.

Escribo porque creo fervorosamente en la intensidad de las formas … En la necesidad de encontrar la forma más adecuada para cada momento. Escribo porque adoro lo pequeño y quiero prolongar lo escaso.

Escribo porque escribir agita mis alas y me recuerda que la oruga es una mariposa y la bellota una encina.

Escribo más para los que buscan que para los que ya tienen, para los que quieren saber más que para los que ya todo lo saben. Escribo porque mis palabras cambian el camino. Escribo porque las palabras me cambian…

Escribo porque las palabras que uso hacen que mis temores sean absurdos y mis fantasmas queden ridículos ante el espejo del tiempo. Escribo para acortar distancias y dilantar presencias…

Escribo con palabras imprudentes, a veces, con palabras que me salen de las vísceras y los pliegues de una conciencia cansada pero agitada. Escribo para pasarme y no para quedarme corta…

Escribo para zarandear conciencias y revolver entrañas.

Escribo para los que no escriben y lo necesitan.

Escribo para dar palabras a los que las buscan y no las encuentran. Escribo para emocionar con lo que me emociona… Escribo sin buscar redención ni querer esquivar condena.

Escribo sin más norma que la de no traicionar mis principios y mis ganas. Escribo sin atar mi vergüenza y corro todos los riesgos que se deriven de mis sentencias más absurdas. Escribo sin corsé ni margen, con todas las rosas y todas las espinas… 

Escribo sin esperar que nada calme mi sed de palabras ni mi insaciable hambruna de magia…

Escribo sin estar sujeta a la severidad de otros ojos, ni a las ataduras de morales impuestas.

Escribo sin riendas…

Escribo por si el viento sopla fuerte y hace frío…

Mido versos, nunca mido respuestas. Busco saciar esperanzas, no bolsillos… 

Escribo para seducir a los cautos y que se dejen llevar. Escribo para encandilar a los sumisos y que levanten sus miradas.

Escribo irreverente y desbocada, sin buscar más dicha que la de mis historias ni más gloria que la gloria de honrar las palabras… No escribo para encontrar respuestas sino para atreverme con las preguntas.

No escribo para los pájaros que ya cantan solos sino para las ramas de los árboles y las pasiones mudas o calladas.

Escribo de oído. Escribo de recuerdo. Escribo con fuego desde mis entrañas revueltas y ansiosas…

Escribo porque invento mundos y levanto imperios imaginarios. Porque dibujo caminos y puentes y genero estados de ánimo. Escribo para que las fieras amaestren a sus domadores y los cuerdos pierdan un poco la razón…

Escribo porque cuando escribo, sueño, y soñar es lo que nos diferencia de las bestias…

Escribo para enamorar a las bestias.

 

Gracias por leerme. Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

Tengo un programa para ti si lo necesitas para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento para que tomes decisiones y cambies tu vida en 40 días!!

Haz click aquí 


10 comentarios

Cien mil palabras


Cien mil palabras. Las que me quepan en un vida, larga o corta, espero que lo primero… No tengo ganas de partir sin haberlas dicho todas. Y que me de tiempo a contar historias y cerrar heridas. Cuando me aferro a las palabras siento que floto, que todo encaja y toma forma.

Parecen muchas, pero son pocas. Se me quedarán cortas. Lo veo venir. A todas ellas las llevo dentro y claman esperando salir. Y cuando salgan, habrá más. Llegarán otras pidiendo paso y acurrucándose en mis esquinas. Formarán una marea enorme que pasará por encima de todo.

Las necesito. Necesito muchas palabras para describir el amasijo de emociones que arde entre mis paredes. Quiero usarlas para seguir mi camino y explicar lo que me retuerce y salpica, compartir mi esencia, derramar mis temores hasta que se hagan chicos y desaparezcan. Necesito palabras como el aire que respiro. Busco palabras que nadie jamás haya dicho para conseguir que pasen cosas que jamás han sucedido. El murmullo que forman todas ellas encerradas en una antesala de mis labios, de mis dedos antes de teclear, es a veces un grito, un canto, una sirena atronadora que no para.

Quiero rebuscar entre mi baúl de palabras para acariciar conciencias, empezando por la mía, y cambiar inercias. Darle la vuelta a pequeños mundos contenidos en éste que pisamos y que a veces parece inabarcable y otras diminuto. Y siempre falto de cariño, de risa, de sorpresa. Nuestro mundo toma forma con las palabras que elegimos para describirlo. Nuestro rostro es como decidimos llamarlo. Nuestra vida es todos y cada uno de los adjetivos que escogemos para hablar de ella… Somos nuestras palabras.

Y yo las busco incansable porque creo que si encuentro las correctas serán el detonante para ponerme en marcha. Para activar un mecanismo que no tenga marcha atrás. Para no olvidar nunca todo lo bello, todo lo importante, todo lo esencial. Palabras que me recuerden quién soy y lo que no estoy dispuesta a sacrificar. Palabras capaces de amar al ser oídas, de sofocar llantos, de hacer crecer raíces y brotar tallos con su sola mención. Sin duda, busco palabras ambiciosas. Palabras que creen, que construyan.

Nada cura tanto como decir en voz alta lo que te duele, que algo te abrasa. Que llevas una verdad dentro que quema y que cada noche cuando duermes sueñas que sale y descansas… Es sólo sueño… Amanece y esa palabra está por pronunciar. Cada palabra pendiente es una bala en el pecho.

Nada alivia tanto al alma como un verso, un pequeño párrafo, incluso una sola palabra. La justa, la medida, la necesaria. Una palabra, a veces común, a veces extraña, que explique cómo estás de revuelto por dentro, cómo buscas la salida y la puerta se cierra si no logras pronunciarla.

Vamos justos de tiempo en la vida, el mundo gira, el momento pasa. Y si no encuentras la forma, el pez se queda en la arena intentando volver al mar y perece.

Nada calma tanto como sentarse, sumirse ante sus ojos y ser capaz de encontrar la manera de explicar lo que sientes. Aunque sea un susurro, un gemido endeble, aunque nadie en este mundo perfecto y satisfecho de todo oiga nada. El mundo está sordo, a veces. No escucha si lloras, sólo te busca cuando cantas… El mundo gira, el tiempo se escapa. Nos rodean personas que también buscan palabras.

Cien mil palabras. Parecen muchas pero se me olvidan antes de empezar. Las veo perecer esperando salir de mi boca, llegar al papel, buscando turno para causar su efecto y quedar retenidas en la memoria. Palabras que se disiparán por el aire sin parar, hasta el fin de los días, hasta que no exista una molécula en la que rebotar.

Nada tan agradable como oír la palabra que deseas de quién deseas que te hable. Y notar como esa sola palabra te llena, te recorre el cuerpo con un calambre dulce y te saca las espinas clavadas y las lágrimas contenidas esperando rodar.

Cien mil palabras acumuladas buscando labios, buscando oídos, buscando páginas. Vagando por mi cabeza, esperando flotar y que sucumba, que las deje salir y morar en otras conciencias, otras cabezas, otros sueños.

Muchas palabras. Algunas casi rotas de golpearse en el muro de mis entrañas y la censura de mis miedos y complejos ancestrales.

Palabras imprudentes, algunas. Lo reconozco. Siempre preferí pasarme que quedarme corta… Palabras mordaces. Palabras cargadas de ironía, de cansancio acumulado, de polvo o de escarcha en esta noche fría que parece que no acaba.

Palabras ridículas y altamente necesarias. Palabras básicas y sencillas. Palabras calmantes, impertinentes, sarcásticas. Dulces, cariñosas, seductoras, divinas y humanas.

Palabras cargadas de sueños inconfesables y de tempestades y vientos helados. Palabras de lluvia, de sol, de niñez y de fantasía absurda. Palabras duras con sal, a veces, para heridas recientes. Palabras picantes. Palabras amables. Palabras locas…

Cien mil palabras. Se me van a quedar cortas. Lo sé…