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la rebelión de las palabras


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Nada


En muchas ocasiones, no da miedo seguir sino quedarse quieto y paralizado.

Otras veces, no saber parar y no poder recalcular a dónde vas ni dejar de hacer para acumular.

A veces da miedo atreverse, arriesgarse, cruzar ese puente que no sabes a dónde te lleva. Otras veces lo que asusta es ir por la vida desbocado sin poder dejar de saltar al vacío sin red. No saber cuándo respirar y repostar energía, cuando encontrarse un rato a solas para dejar de nadar y ver que flotas.

Da miedo decir que no y decir que sí.

Bailar cualquier melodía y quedarse sin baile.

No tener y quedarse sin nada y acumular tanto que el peso de la carga nos dificulte seguir el camino.

Quedarse corto y pasarse de largo.

Callar y hablar demasiado.

Estar completamente solo y estar siempre tan acompañado que no puedes ni conectar contigo mismo.

Saber que si caes la ley de la gravedad actuará de forma implacable y te darás un golpe seco y terrible asusta… Tanto o casi como saber que a veces eres ingrávido y estás suspendido en esa cuerda floja y nunca caes pero siempre parece que estás apunto y no pasa. Esa angustia de no caer todavía y no saber cuándo pasar´. Ese miedo constante a que nada sea totalmente cierto ni seguro.

Nos da tanto miedo no encontrar ese punto en el que todo pasa, todo fluye. Ese momento en el que todo es más fácil y tienes la gratificamente sensación de estar en el camino correcto, en tu sitio, haciendo lo que deseas, siendo quién realmente eres.

A veces, la incomodidad es necesaria. Ese momento en el que estás tan harto de todo que te sientes capaz de aquello que antes no podias ni plantearte, ese momento en el que dices que sí a lo impensable hace pocos días… Cuando sueltas esa necesidad de sujetar porque ni tu esencia ni tu mente aguantan ese peso que lacera y deforma tu cuerpo y rompe tu alma. Cuando dejas ir esa carga insoportable y decides romper con todo, dejar de empujar lo que no te pertenece y soltar lo que no depende de ti. Lo que no controlas ni has controlado nunca pero te obsesionabas en monitorizar, en vigilar, haciendo guardia solo en tu vida y en otras vidas intentando controlar un mundo entero que siempre se desborda por algún lugar al que no puedes acudir a tiempo a pesar de pasar noches sin dormir por tenerlo todo dominado..

Porque en realidad no controlas nada, pero te da mucho miedo admitir eso porque crees que te resta poder y fuerza. Porque tienes que dejar morir lo que crees que eres para que emerja tu verdera forma. Te da miedo porque te has acostumbrado al personaje que lucha y se pelea con la vida, que asume sus limitaciones sin intentar ir más allá, que acata y otorga ante las decisiones ajenas sin dejar oír su voz. Admitir que no controlas te asusta porque te deja vulnerable y desnudo en un mundo en el que todos van desnudos y son vulnerables y para disimular siempre señalan con el dedo a los demás. Así distraen la atención y creen que nadie se da cuenta de cuánto se avergüenzan de ellos mismos por no ser como creen que deben.

Cuántos deberías tiras por la borda cuando el barco va la deriva y el agua te llega al cuello ¿verdad?

A veces, cuando ya es tarde o eso parece. Porque no lo es, nunca es tarde.

Naufragar es también necesario porque cuando caes al agua, después de moverte durante largo rato compulsivamente presa del pánico, te dejas llevar, sueltas y descubres que flotas… Y una de las grandes verdades ocultas llega ti de forma inesperada… En ocasiones, es mejor no hacer nada. Un hacer nada consciente, elegido, buscado.

Un hacer nada abrupto cuando es fruto del cansacio, de la rotura interna, del haberlo intentado todo desesperado. Un hacer nada lleno de sentido, meditado cuando llegas a él después de darte cuenta de que puedes remar mucho y mal y que a veces hay que dejar que el viento te muestre el camino.

Encontrar ese punto en el que eres tú siendo otra persona. Esa persona oculta en ti que se ha arrancado las etiquetas y ha soltado la carga que no necesita y ya no debería nada. Solo se debe a ella misma y al respeto que tiene por los que comparten con ella este viaje.

Y en este momento, no haces nada y sientes que lo haces todo, lo notas todo, lo sientes todo y te permites ser. Todo está hecho y tal vez no absolutamente todo es posible, pero no importa, porque estás de tu parte de verdad y confías en ti.

Porque te has vaciado de lo que no es y ahora solo puedes llenarte de lo que sí.

Porque no importa tanto lo que consigues como lo que sueltas.

Porque no es lo que haces sino para qué.

Porque en muchas ocasiones NADA lo es todo.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

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Vamos a ser felices


 

Venga, vamos a ser felices. Es simple y a la vez muy complicado, un ejercicio para nota, para la vida. Empezar es sencillo. Vamos andando por una linea mentalmente marcada y nos asombramos de todo lo que encontramos, aunque sea viejo y conocido… Lo miramos con pupilas nuevas, como si fuera la primera vez, con un hambre y unas ganas de devorar cada segundo que sonroje, que retuerza el ánimo y te coloque en ese punto agradable que hay entre el sueño y la vigilia… Cuando todo se ve claro pero es porque le has puesto el filtro del entusiasmo.

La linea está trazada por ti y puedes salir de ella cuando quieras, ahora mismo, de hecho. Sales de ella para soñar, para volar, para tomar aire, para que el oxígeno te llegue a las amígdalas y notes que vives, para que quede almacenado en ti que eres libre y decides tu camino, que tienes suficiente para todo pero que quieres más… Y ese más de todo es imposible y asequible al mismo tiempo, como un sol que brilla y sale entre las nubes de lluvia intensa, como unas ganas imparables de seguir pero sin poder parar de mirar alrededor y maravillarse…

El ejercicio consiste básicamente en eso, andar a trote, con los pulmones llenos de aire, con los ojos abiertos, tan abiertos que no puedas perderte nada que pase, nada que vuele, nada que salte… Nada que exista y pueda degustarse, tocarse, besarse, acariciarse, olerse… Y al mismo tiempo, pensando en la siguiente meta, sudando la cuesta, poniéndote a prueba…

De vez en cuando, nos detenemos y miramos atrás. Nos saltan las lágrimas por todo lo duro que hemos caminado y la fuerza que usamos… Miramos lo que nos rodea. Vemos todo lo hermoso que se nos acerca, lo mucho que tenemos, lo que nos toca el alma y lo que nos la araña… Lo que abrazamos con fuerza, lo que nos da el sentido para habitar este cuerpo que a veces se cansa de andar pero que no se rinde… Y miramos hacia adelante. Fijamos la vista en lo que deseamos acariciar, lo que buscamos sentir, lo que nos motiva y apasiona… Lo que esperamos conocer, sea dulce o amargo, alegre o triste, grande o pequeño… Lo que nos pone a prueba y nos llama a existir.

Venga, seamos felices. Recordemos lo bueno, lo hermoso, lo que hemos aprendido. Fijémonos en lo que tenemos la suerte de vivir y compartir y pensemos en lo que nos entusiasma lo suficiente como para levantarnos cada día y luchar. Una lucha pacífica, de mano tendida y carcajada fácil. Ese camino que nos imaginamos siguiendo hasta tocar el cielo y sentarnos a la sombra. La felicidad es una idea, un estado mental, un punto en el que posar la cabeza y dejar de pensar. Un camino sencillo cubierto de señales contradictorias, un campo abierto cercado por vallas imaginarias e impuestas. 

Surquemos el miedo y venzamos la pereza. Arriesguemos la posición en el tablero sin perder el centro de gravedad. Encontremos ese difícil equilibrio entre presente y futuro, con la moraleja del pasado, pero sin sus caras amargas, sin sus dentelladas profundas. Seamos conscientes de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Perdamos la memoria para lo bárbaro y recordemos lo espléndido. Conformémonos con poco y aspiremos a mucho. Sonriamos con lo mínimo y busquemos lo máximo…

Lo máximo a veces es aprender a pedir y otras a recibir. Acumular o desprenderse. Sentir o ignorar. Saber y desconocer. Llorar o reír. Perder o ganar. Sujetarse o saltar… Amar o dejar de amar. Consumir o mantener. Seguir la linea o abandonar el camino trazado para explorar. Cada uno tiene su cielo…

No hay normas, no hay claves, no hay manuales que seguir. A veces sólo hay que cerrar los ojos e imaginar lo que queremos…Tiene mil formas y ocupa mil espacios. En algunas ocasiones, se coge con las manos y otras no puedes llegar a verlo. Puede ser enorme y sólido o etéreo y sutil para atravesar paredes y conciencias. Se mide por impulsos, por emociones, por jadeos y lágrimas. No pesa pero alimenta. No abulta pero crece. 

Es eso. Exactamente eso.

Y si no sale bien, nos reímos y volvemos a empezar. El intento es ya el triunfo.