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la rebelión de las palabras


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Vayas a donde vayas


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Vayas a donde vayas, hará frío, hará viento, sentirás miedo y a veces dolor… Vayas a donde vayas, pasará el tiempo y el sueño. Habrá recuerdos hermosos y recuerdos tristes. Habrá días de sol y de lluvia, habrá desconsuelo y habrá esperanza, alegría, retos, amigos, caminos que andar y puentes que cruzar de esos que al mirar abajo te harán cantar las tripas y temblar las piernas. Estarás seco y mojado, encogido y libre. Vayas a donde vayas te harás viejo o te sentirás joven. Te sentirás vivo o te sentirás roto. 

Vayas a donde vayas, habrá alguien que llora y necesita de tu abrazo y alguien que camina a tu lado para enseñarte el camino. Habrá risa y llanto. Habrá sed y habrá agua. Habrá amor y habrá guerra. Habrá noche y cuando acabe la noche, amanecerá sin que la noche puede evitarlo nunca. Habrá un ayer y un mañana, pero sobre todo, habrá un ahora, un presente, un momento que se escapa mientras te pierdes contando el dinero que te queda, culpándote por tus errores  antiguos y pensando qué le dirías a esa persona si no tuvieras miedo de hablar con ella.

Vayas a donde vayas, habrá mentiras y verdades maravillosas. Habrá miradas de amor y jueces severos. Habrá muros y montañas por los que trepar y valles tranquilos por los que mecerse un rato escuchando el silencio. Habrá amigos que te den la espalda y desconocidos que te alargarán la mano. Habrá desengaños, sorpresas, planes que saldrán bien y planes que saldrán mal y, al final, serán tus mejores planes. Habrá besos y abrazos y habrá caídas y arañazos. Habrá zarandeo y habrá quietud. Habrá niebla espesa y cielo claro, mucho cansancio y también mucho entusiasmo. Habrá orden y caos. Habrá sentido y sinsentido. Habrá palabras hermosas y palabras que te harán suplicar silencios. 

Camines por donde camines, habrá lugares oscuros y rincones llenos de luz. Habrá magia y habrá cierta desesperación. Habrá veces en que estará muy claro el camino y otras en que tendrás que dibujarlo a medida que das cada paso porque serán tus pasos el camino y tus decisiones a cada momento el destino que te espera. 

Habrá días que lo tendrás todo claro y otros en que te darás cuenta de que realmente no sabes nada. A veces, la soberbia te dirá que te pelees y otras veces la humildad te pedirá que te sientes a charlar y comprendas que otros tienen tanto miedo como tú en este viaje. Pedirás ayuda y la prestarás. Bailarás y te quedarás quieto. Dirás que sí y te dirán que no muchas veces. Hablarás mil lenguas y arrancarás mil flores. Romperás tu inocencia y muchas otras inocencias. Descubrirás que eres un ignorante y también que sabes cosas sin saber porqué las sabes. Atravesarás tu incertidumbre y también tu certeza. Beberás de tu angustia y sentirás tu paz… Vayas a donde vayas pasarán cosas que no quieres que pasen. Pasarán cosas que imaginas y cosas que no puedes ni imaginar… Esas cosas que no puedes controlar por más que lo intentes. 

No es a dónde vas, es lo que llevas contigo. Cuando vas, llevas tu mundo a cuestas. Tus miradas, tus percepciones, tus creencias, tus miedos, tus lágrimas acumuladas, tus emociones enquistadas… Vayas a donde vayas cargarás a todas las personas del pasado en nuevas versiones, con otras caras, con otros nombres, para que te des cuenta de que no están ahí sino que van contigo… Vayas a donde vayas, no será distinto si tú no eres distinto, si no transformas tu manera de vivir y aceptas tu realidad. Si no dejas tu culpa, encontrarás tu culpa en el camino. Si no abrazas tu rabia, llevarás tu rabia contigo… Si no comprendes tu tristeza, tu tristeza hará este viaje contigo…

Sea donde sea, lo que ahora arrastras, si no lo sueltas, se irá contigo. Si no te miras con los ojos del que se ama cuando se mira, si no te ves como mereces verte, si no eres consciente de tu inconsciencia… Si no eres capaz de comprender que otros también arrastran miradas y miedos y sueños y caminos sin recorrer. No es a donde vas sino las piedras que llevas en tu mochila desde hace tiempo las que pesan en el camino.

Y cuando vayas vaciando el equipaje de percepciones incorrectas y pensamientos repetidos, de miedos, de creencias rancias, de juicios severos, de recuerdos terribles, de posibles futuros amargos, habrá lluvia, pero no te importará tanto porque serás tu sol. Habrá montañas, pero no se harán tan arduas porque amarás cada palmo del camino… Habrá momentos duros, pero sabrás que cuentas contigo y que transitas por ellos de la mano de ti mismo y siendo capaz de ver el regalo oculto tras ese dolor, la oportunidad tras el conflicto, el amor tras el miedo.

Porque vayas a donde vayas, habrá paz si eres paz. Habrá luz, si eres luz. Habrá esperanza si eres esperanza. 

Vayas a donde vayas, estarás tú. 

Seguirás estando contigo, porque tú eres el camino. 

 

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El extraordinario poder de la compasión


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Muchas personas todavía creen que la compasión les hace débiles. Es una creencia que arrastramos desde hace mucho tiempo y que nos hace sentir que si nos mostramos cercanos a los demás parecemos vulnerables. Tememos ponernos en su piel por si al hacerlo, se nos contagia ese dolor o esa desgracia que parecen arrastrar… Huimos del enfermo, del triste, del amargado incluso porque a veces parece que nos amarga. Huimos del dolor y del miedo ajenos como si en el fondo no fueran propios ni compartidos. Como si en este mundo hiperconectado, lo que le pasa a otro no fuera un poco nuestro. Señalamos con el dedo al que es distinto porque nosotros también nos sentimos distintos y pensamos que al poner la atención en él nadie se dará cuenta de nuestras diferencias y podremos vivir en paz… Aunque no hay paz hasta que no vives tus diferencias y respetas las diferencias de los demás. Hasta que no te arriesgas a vivir siendo tú y decides que los demás pueden hacer lo mismo no encuentras esa calma y ese sosiego del que vive en coherencia.

La compasión es tan poderosa que transforma tu manera de ver el mundo. Y no consiste en mirar con los ojos del que se cree por encima de nadie, sino de los ojos del que sabe que podría ser tú e ir incluso más allá, con los ojos del que te ve capaz. La compasión va más allá de la empatía, porque supera su capacidad de comprender y la trasciende, da un paso más. Consiste en mirar a la persona y no ver el problema sino al ser humano grandioso que hay detrás y que puede encontrar la solución o no, pero que es un ser valioso llenos de posibilidades.

La empatía nos pone en la piel de otra persona, la compasión nos hace mudar de piel… Nos impulsa a cambiar y nos conmueve por dentro hasta transformar nuestro mundo interior y, en consecuencia, todo lo que nos rodea. 

La compasión es esa capacidad de muchos de conocer las debilidades ajenas y aceptarlas y enfocarse en las fortalezas. Y eso no te hace pequeño sino grande, no te hace pobre sino inmensamente rico, no te hace débil sino fuerte, esa fortaleza del que puede aceptar que las personas son como son y no como él o ella necesita que sean. La fortaleza del que asume la realidad y cambia su forma de verla para poder hacer lo que está en su mano para que todo sea más apacible para todos… La fortaleza de decidir que eres vulnerable y no pasa nada, que eres humano y es maravilloso.

La compasión te da el poder de ver a la persona y no al enfermo, de ver el talento y no fracaso, de reconocer cada error y cada miedo como una material valioso para evolucionar cada día y sacarse de encima esos pensamientos y creencias que no nos ayudan a sentir lo que realmente somos, seres extraordinarios.

La compasión te da el poder de mirar más allá y reconocer tu propio valor. Hay personas que creen que si vas por la vida sin defenderte, te atacan. Que tienes que pasarte las noches y los días haciendo guardia para que no te sorprendan, para controlar tu vida y que ningún aspecto importante te pase por alto… Hay personas que creen que si reconoces tus errores quedas expuesto ante tus enemigos, ante otros en general que aprovecharán tus flaquezas para dinamitar tu vida y hacer leña de tu árbol caído… Yo he pensado eso durante mucho tiempo, pero me he dado cuenta de que no hay más indefenso que el que espera el ataque, ni más fuerte que el que reconoce su debilidad, la acepta, y hace gala de su talento compartiéndolo con los demás. La vida no puede controlarse. De hecho, cuánto más lo intentas, más se escapa de tus redes y más inabarcable se vuelve. 

No hay persona más invencible como el que decide que no puede ser atacado porque abraza su vulnerabilidad y la convierte en su anclaje a una vida sin engaños ni creencias que le limiten… No hay mejor defensa que abrir tus ventanas y mostrar tu luz, guste o no guste, es la tuya, eres tú. 

Cuando decides que no eres atacable y que puedes mostrar compasión al mundo, que puedes bajar tus defensas y soltar las armas… Llega una paz inmensa. Cuando decides que puedes dejar de esperar el puñal y ver el rostro amable de quien se acerca para compartir… Cuando aceptas tus debilidades, descubres que en realidad son fortalezas porque las has usado para aprender a amarte y confiar en ti. 

No se trata de dejarse pisar ni humillar, se trata de encontrar en ti ese amor que te lleva a sentir que ser pisado no tiene sentido ni va contigo .Y claro, habrá personas que tal vez lo intentarán y puede que algunas lo consigan, pero el desgaste diario de defenderte del mundo y el sufrimiento de haberse decidido digno de ataque ya no estarán… Porque habrás empezado a amarte como mereces y habrás decretado que por tanto eres digno de amor.

La lucha cansa, cansa mucho y no te permite ver a dónde vas porque estás pendiente de mirar a tu espalda buscando enemigos que no existen. No permite actuar con las ganas y la coherencia que necesitas porque estás pendiente de lo que otros piensan de ti y no de lo que tú deseas y puedes aportar. Luchar por demostrar al mundo tu fortaleza, te hace perder energía para conquistar tu mundo interior y hacer tu camino cada día… Decidir que tienes que defenderte es en el fondo un declaración de debilidad y no de fortaleza. 

Si aprendes a mirarte de otro modo, verás al mundo de otro modo. Eso te lleva a ver a los demás de otra forma distinta, a mirar en sus ojos y traspasar hasta su alma, a comprender que ellos también siguen luchando por dejar de ser perseguidos por ellos mismos y bajar la guardia para poder brillar y compartir tu valor y talento. 

Y dejas de juzgar al mirar, para poder amar lo que es y aceptar. Y decides con quién estás y con quién no libremente, sin ataduras ni dependencias. 

A menudo, miramos a los demás con el mismo reproche y la misma culpa con que nos miramos a nosotros mismos, con ojos de decepción y desamparo, proyectando nuestro dolor y nuestra angustia, esperando que así se disipen y desvanezcan pero sólo conseguimos que crezcan y se hagan más fuertes. Miramos con los ojos de alguien que no acepta lo que ve y quiere cambiarlo, cuando muchas veces no está en nuestra mano… Y eso nos etiqueta a nosotros y etiqueta a los demás en una espiral sin fin de reproches y sufrimiento.

Cuando miras a otra persona y la ves capaz, le das un poco de fuerza para que sea capaz, para que se acuerde de que es capaz. Cuando ves al ser maravilloso que lleva dentro y no a su circunstancia, estás ayudando a borrar su circunstancia. Lo que pasa es que para ver luz hay que ser luz… Y ya eres luz, pero puede que no te hayas dado cuenta. Para ver amor, tienes que amarte primero como mereces y luego ver ese amor en lo demás. La compasión nos hace poderosos porque nos permite ver el mundo como un lugar más apacible, porque lo transforma y nos transforma. Porque demuestra que el más poderoso es el más humilde, el que ve más allá de los miedos y las máscaras que nos hemos puesto para soportar lo vulnerables que somos y decide ser como es a pesar de lo que digan o piensen. El mundo está lleno de personas maravillosas a las que a menudo no somos capaces de ver como realmente son, porque vemos sus etiquetas, sus problemas, su dolor, sus circunstancias y hemos confundido todo eso con el ser extraordinario que hay detrás oculto y que tampoco se ve a sí mismo porque no deja de sentirse vulnerable y desagraciado. 

Un día alguien me preguntó qué hago el la vida y al pensar en ello, me alegró decir que me dedico a guiar a las personas para que se den cuenta de que son maravillosas, porque muchas no se acuerdan o todavía no lo han descubierto. Porque cuando te amas y descubres que podrías en este momento ser otro y vivir sus circunstancias es inevitable querer compartir ese amor.

¿Has visto alguna vez como se transforma el rostro de alguien a quién miras  y lo ves capaz? ¿Has visto los ojos del que no tiene esperanza cuando le miras con tus ojos de esperanza? ¿Has visto como cambia una persona cuando al mirarla ves su luz? Es algo extraordinario… No hay palabras.

 

Gracias por leerme. 

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Ahora


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No somos conscientes de hasta qué punto nuestras palabras y nuestros actos pueden ayudar a cambiar otras vidas… Aquello que para ti en este momento no es importante, un pequeño gesto, una palabra, puede suponer para otra persona un empujón necesario para tomar esa decisión pendiente.

La vida se expresa a través de nosotros mientras vamos por la calle pensando que este día tan gris nos molesta o nos estorba, nos cubrimos con nuestro paraguas y maldecimos la lluvia… Y no sabemos que hace un rato, al salir a la calle le hemos sonreído a alguien o hemos dicho algo que ha puesto en marcha un engranaje de piezas diminutas que algún día tendrá sentido pleno. Hay quién llama casualidad al hecho de encontrar una señal o de repente sentir algo que te ayuda a comprender que opción tomar o que te permite reafirmarte en una decisión. Tal vez sea nuestra forma de refutar nuestras propias creencias pero, a menudo, las señales nos llegan y nos invitan a cometer pequeñas locuras, a salir del camino trazado y hacer esas cosas que no hacemos nunca…

He intentado recordar de dónde vienen los grandes cambios en mi vida… Y me doy cuenta de que a pesar de haber dado mil vueltas y llevar tiempo trabajando en mí, el detonante siempre es algo imprevisto, algo inesperado, algo que aparece de repente y cambia el curso de la historia… Algo sobre lo que yo no he tenido nunca el control ni he podido planear. Eso no significa que nada de lo que hagamos sea necesario, al contrario, pero nos recuerda que la vida cambia en un momento y que ahora puede que se esté amasando un gran cambio del que no sabemos nada…

Somos puertas, somos caminos, somos piedras con qué construir fortalezas, somos rayos de luz en una noche oscura, somos palabras escritas en los libros que cuentan historias extrañas que explican que todo es posible, somos cartas que llegan, cartas que se envían… Somos a veces decepciones que invitan a cambiar de rumbo… Nos hacen y hacemos daño, tal vez como parte necesaria de una cadena de sucesos que nos lleva a lugares nuevos e insólitos a los que nunca llegaríamos sin ese dolor y, sobre todo, sin saberlo usar para evolucionar.

Somos recuerdos, somos viento que trae respuestas y olas de mar que llegan ala orilla cargadas de preguntas.

Si estoy aquí, escribiendo esto es porque un día alguien me dijo que ya tenía dentro de mí todo lo necesario para cambiar mi vida y sólo tenía que usarlo… Y si lo llevaba dentro es porque unos años antes, una mañana de domingo en la que estaba rota y agotada de pensar y sentirme culpable me decidí a ir a un lugar donde nunca hubiera ido… Y allí encontré a una persona a la que le conté cómo me sentía y me recomendó un libro. Cuando empecé a leerlo supe que aquello era el principio de mi nueva vida. Escribo porque una tarde cuando tenía apenas cinco años, regresé a casa y me sentí destrozada, sola, perdida, y empecé a juntar palabras una tras otra. Buscaba respuestas pero sólo tenía preguntas… En aquel momento terrible, necesité un salvavidas y me dije a mí misma que algún día escribiría libros para que mi soledad fuera compartida. Siempre hay un día en tu vida al que llegas dando mil vueltas y encuentras algo que te indica el camino… Al mirar atrás te das cuenta de que no era la primera vez que te llegaba ese mensaje, pero sí la primera vez que tu ánimo te hacía capaz de afrontarlo… Las respuestas en el fondo no llegan, están. Vienen y aparecen, pero ya existían… Para verlas hay que estar en ti y sentirte entero… Las llevamos dentro y a veces, una chispa ahí afuera hace que nos pongamos a hurgar en la dirección correcta, a ser capaces de ver dónde creíamos que no había y nos hagamos las preguntas que son realmente necesarias.

A veces, no encontramos las respuestas porque no hacemos las preguntas adecuadas. Porque tenemos miedo de darnos cuenta de que lo que buscamos ya está ahí y no nos decidimos a cogerlo porque en realidad no queremos solucionar nuestros problemas… Nos aferramos al conflicto porque aprendimos a vivir en él y nos asusta ser libres, como si viviéramos en un acuario y siempre soñáramos con regresar al mar, pero llegado el momento nos asustara su inmensidad.

Nos pasamos los días recibiendo mensajes que ignoramos porque nos parecen locuras o barbaridades. Nosotros mismos enviamos mensajes y soluciones a otros sin apenas saberlo como un legado que vamos compartiendo que no para jamás y que no sabemos ver. Imaginamos finales felices que luego en realidad no queremos asumir, porque nos da miedo que todo salga bien, por si eso supone una responsabilidad extra o nos encontramos viviendo una vida tan plena de la que no sería comprensible escapar. A veces, ser felices nos asusta porque estropea nuestros maravillosos planes para seguir sufriendo, porque nos parece que somos tan indignos de ello que si rozamos la felicidad, tendremos a cambio un grave castigo por tanta osadía…

No somos conscientes del poder que tenemos porque nos asusta ese poder. Porque ejercerlo supone saber que nuestro destino se compone a cada instante de nuestros pensamientos y no creemos que vayamos a estar a la altura de ello con nuestra actitud. Porque dejar de preocuparse es como soltar la carga pesada y descubrir que a partir de ahora ya no tendrás excusa para no caminar ligero… Y que serás responsable de tu camino… Y que decidirás tu futuro a cada paso… Y eso para el pez acostumbrado a la pecera diminuta es demasiado grande como para poder abarcarlo con la imaginación… La libertad es un lastre enorme para quién tiene miedo a soltar el verdadero lastre de su dependencia. La felicidad es a veces una mala pasada para el que ya se acostumbró a ser infeliz y se había buscado todas las coartadas para no temer que intentar conseguirla…

No somos conscientes de nuestra innata capacidad para volar… De nuestra inmensa suerte de estar aquí y ahora pensando qué soñar y a dónde dirigirnos… De nuestra fortuna para encontrar el hilo de la cometa que nos marca el camino a lo que buscamos. De todas la veces que hemos vuelto a despertar… De ver en unos ojos una mirada que nos dé el aliento que necesitamos para seguir en este día gris cubierto de paraguas. No sabemos cuántas vidas cambiamos con un gracias, un lo siento, un risa o un rato de escucha ante un café. Nunca llegaremos a saber cuántas veces sin querer hemos roto esperanzas o abierto caminos con alguno de nuestros gestos… Y siempre es para bien, porque  a menudo cuando hemos dicho no, hemos obligado a llamar a otras puertas y explorar otras realidades y cuando hemos dicho sí, hemos dibujado un nuevo camino donde antes sólo había una hoja en blanco. A veces, el que rompe el corazón te  despierta del sueño en el que creías que necesitabas un amor a medias para que sepas que mereces uno entero… 

No lo sabemos, pero nos pasamos la vida haciendo magia y creando nuevas realidades. Por eso, cada pequeño detalle cuenta. Cada momento cuenta. Cada persona cuenta… Todo está en constante transformación. Todo está pendiente de un pensamiento, de una emoción, de una decisión…  La revolución que tienes pendiente en tu vida se está gestando ahora. El milagro que esperas está en la incubadora esperando a que lo elijas. Todo cambia en un instante. Todo es presente. Todo es ahora…

 

Gracias por leerme. Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

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GRACIAS

 


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Comunica con tus ojos


Dicen que el rostro es el espejo del alma y sobre todo esa afirmación se centra en los ojos. Las personas capaces de mantener la mirada transmiten honestidad y confianza. Es un gesto muy importante para establecer vínculos y dar una buena imagen tanto a nivel personal como profesional. Los ojos comunican en todo momento nuestra forma de ser y nuestra actitud ante la vida, nuestra capacidad de afrontar retos y nos ayudan a conectar con los demás.


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El mundo está en tus manos


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El  mundo es sobre todo de los que andan por ahí desnudos… Aunque también es de los que no se atreven a desnudarse porque aún no se conocen lo suficiente.

De esas personas que ya no se asustan por darse a conocer y admitir que la vida les duele, que se sienten decepcionados y que esperaban más… Que deciden descubrir por qué se sienten así y se responsabilizan de sus fantasmas y sus dolores…

Y también de esas que culpan a los demás de sus desgracias inventadas y construyen muros para que la vida no les afecte, no les golpee, no les contagie.

Es de todos… De los que lo recorren y de los que usan sólo un rincón porque no creen que merezcan más.

El mundo es los que admiten sus errores y se sienten vulnerables sin dejarse ahogar por la culpa… De los que aceptan que la verdadera perfección es imperfecta y asumen que los demás no están aquí para satisfacer sus necesidades y alimentar sus expectativas…

De los que se vacían las entrañas de mentiras piadosas y tragan verdades crudas y amargas porque saben que nunca podrán vivir de sucedáneos.

Hasta que no miras en el espejo y ves lo que realmente eres, no hay tregua, no hay calma… La lucha más dura siempre es contigo mismo… El enemigo más despiadado siempre eres tú.

El mundo es de los hambrientos y los alegres. De los que están metidos en su vida y se notan los dedos de los pies cuando sueñan. De los que lloran para que no se les enquisten las lágrimas y cuando se pierden se dibujan un atajo sin esperar encontrar la señal. Aunque también es de los tristes y desganados, de los que se inundan de autocompasión pero en algún momento, cuando el asco está a punto de vencerles, deciden levantarse y mirar en su interior…

El mundo es de los que se adentran en la noche porque no pueden esperar a que sea mañana y de los que se comen la impaciencia si hace falta para conseguir oler sus sueños.

Es de los callados también. Y de los que parlotean porque el silencio les duele tanto que no soportan su ruido ensordecedor… De los que cuando se quedan solos se sienten libres… De los que cuando se quedan solos, se sienten solos… El mundo es incluso de los que están solos entre la multitud.

Hasta que no te aceptas y te reconoces, hasta que no abrazas la necesaria soledad para indagar en tu belleza y en tus miserias no consigues el regalo de conocerte, de estar contigo y bucear en tu inmensidad…

El mundo es de los que aman delirando por poder seguir ese amor sin esperar nada pero sin degradarse nunca. De los que sacan ventaja del dolor y saquean su mente buscando pensamientos dulces para los momentos amargos.

Aunque es también de los que se aferraron a un amor y dependen de él para respirar…Porque no saben aún que hasta que no se amen a sí mismos, los todos los amores que encuentren  no serán más que una prueba para que descubran cómo encontrarse, cómo comprenderse, cómo sentirse cómodos en su piel…

El mundo es de los que nunca se resignan y se fabrican placebos para poder seguir andando cuando los pasos se les borran y el cansancio les rompe las ganas.

Y de los que han perdido porque no lo intentan. Porque tal vez les va bien caer para poderse levantar…

Es de los fracasados que no ceden al asco. De los desheredados que no esperan más legado que el de la pasión y la fuerza… De los que cantan sin que nadie les oiga y bailan sin necesitar encontrarse el cuerpo.

El mundo es de los que andan por ahí abiertos y no les importa que los demás conozcan sus miedos y miserias…

De los que no admiten regateos en sus valores y conquistan su paz a base de paciencia. De los impacientes que nunca llegan porque siempre necesitan…

De los que renuncian a tener la razón a cambio de conciencia.

De los que cambian la certeza por la risa y la incertidumbre por confianza…

El mundo es de los que se desesperan sin encontrar salida y se encierran en su ego para decidir que no hay justicia.

El mundo es de los que construyen fortalezas con las piedras que les lanzan y usan su miedo de catapulta para llegar antes al final del camino y volver a empezar.

El mundo es de los que comprenden a los demás y de los que nunca lo hacen. Y de los que jamás se pondrán en piel ajena ni llorarán ese dolor extraño que te une a otros… Es suyo también porque, aunque lo desconocen, ellos son los que más compasión necesitan.

Si no comprendemos a los que no ven la vida como la vemos nosotros, también somos injustos… Si no conocemos su historia ni su dolor ni sabemos qué pensamientos pasan por su cabeza ni cómo se estremece su cuerpo ante algunas situaciones… Si no sentimos ni percibimos cuál es la medida de su alma no podemos entender sus gestos ni sus palabras…

Si les juzgamos sin saber, nos quedamos sin la oportunidad de aprender.

Porque cada persona que se acerca a nosotros viene con una enseñanza bajo el brazo. Con una prueba que tenemos que superar, con un obstáculo por saltar o rodear… Si les rechazamos porque no se parecen a nosotros o no viven la vida según nuestras normas, nos perdemos el regalo que traen para nosotros…

Al fin y al cabo, si tanto nos molestan, es porque nos vemos en ellos. Porque nos traen la respuesta a una pregunta que no nos atrevemos a formularnos, porque nos recuerdan lo que negamos que somos o nos da miedo aceptar que podemos llegar a ser… Porque no nos reafirman sino que nos cuestionan nuestras creencias.. ¿acaso no son cuestionables? ¿no nos merecemos ponerlas a prueba para saber si son firmes? ¿nos da miedo perder nuestra esencia o que en realidad se nos caiga la máscara que nos hemos puesto?

Cada persona que se acerca a nosotros y nos molesta viene a zarandear nuestros valores y poner en evidencia nuestras maravillosas debilidades para que aprendamos de ellas… Viene a remover nuestra conciencia para ampliarla, a demostrarnos que debemos desaprender mil creencias grabadas a fuego que nos limitan, a poner en jaque nuestra vida para que nos conozcamos mejor y tomemos las riendas…

Sólo aceptando a esas personas nos aceptamos a nosotros… Sólo aceptándonos a nosotros somos capaces de aceptarles a ellos. Cuando les juzgamos, nos juzgamos a nosotros mismos… Si les apartamos sin comprender ni descubrir antes por qué nos duele como son, nos apartamos a nosotros y a la posibilidad de encontrar el aprendizaje que traen para nosotros…

Son las personas que necesitamos conocer para crecer… Si decides no verlas, no mirarlas, no entenderlas… Decides no verte a ti mismo…

Y cuando lo aprendemos decidimos si les queremos cerca o no, aunque, entonces, casi ya no importa… Una vez saldas cuentas contigo y te comprendes, ellos ya no te afectan ni te molestan.

La vida, el camino, la posibilidad de ser, la oportunidad de vivir, las ganas de sentir, la ilusión de llegar a dónde sueñas… El mundo es de todos, incluso de los que no lo recorren porque su miedo a ser les aleja de él…  Incluso de los que aún ignoran que lo es…

El mundo está en tus manos siempre, aunque a veces no lo puedas ver…

 


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¿Sabes escuchar?


Si eres de esas personas que cuando alguien te cuenta su historia está pensando qué va a contestar o interrumpe no sabes escuchar. La escucha activa se practica con todo el cuerpo. Con los ojos, los pies, las manos y la actitud con la que te mueves.  Es una forma de mostrarle a los demás que te importan y te interesan. Una manera de fomentar tu empatía  y ponerte en su lugar para conectar con los demás ellos que es muy útil y necesaria en el ámbito laboral y también en el personal.


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El antídoto


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Algún día descubriremos la forma de curarlo todo… Tras mucho investigar y dar vueltas…  Después de soportar grandes conflictos y pelearnos por patentes y fórmulas…Después de perder la mayor parte del tiempo y del camino discutiendo quién se cuelga la medalla… Y ese día nos quedaremos perplejos al darnos cuenta de que el antídoto para nuestros males y dolores ha estado ahí siempre, ante nuestros ojos, y hemos sido incapaces de verlo.

Por nuestra manía de no ver lo obvio y despreciar lo sencillo. Por el hábito de no valorar lo pequeño y dar por hecho que todo es nuestro sin agradecerlo.

Por nuestra insistencia en no comunicarnos y ahorrar palabras y eludir emociones, dejarlas encerradas en la memoria y sacarlas solo para retorcernos de dolor y angustia. En nuestro afán por no demostrar y negar, por prohibir y callar, por reprimir cualquier gesto que parece que nos haga débiles, por el terror inconfesable que tenemos a sentirnos vulnerables… Cuando en realidad nos hace humanos, elásticos, asequibles… Nos convierte en seres amables capaces de sentir y decidir desde el corazón. Porque cada vez que demostramos lo que sentimos, somos más fuertes e inquebrantables.

Cuando nos digan que la vacuna contra nuestras penalidades eran las palabras que no hemos dicho y las lágrimas que no hemos llorado… Cuando nos muestren lo mucho que calma y cura un abrazo y un decir “lo siento” y admitir errores y aprender de ellos. Lo mucho que descarga una charla entre amigos y la placidez que se siente dejando de controlar al mundo para que no te arañe. Cuando nos cuenten que la medicina que necesitábamos era perdonar y perdonarnos…

Cuando nos digan que cada vez que pisoteábamos a otros era como si nos lo hiciéramos a nosotros mismos porque estamos fabricados de la misma substancia y todo lo que afecta a unos afecta a otros…

Cuando nos cuenten que cada injusticia que hemos cometido se nos ha enquistado en una parte del cuerpo y nos quema por dentro como si fuera propia, que algunos la llevan cargada en la espalda y les pesa y otros la acumulan en el pecho y les acelera el corazón… Cuando sepamos que mirar a otro lado no borra lo que pasa, sino que lo hace más terrible…

Cuando admitamos que  sólo nos hacía falta un poco de empatía y compasión para con otros y con nosotros mismos, que sólo necesitábamos escuchar y no pasar de largo ante el dolor ajeno. Cuando seamos capaces de decirnos a nosotros mismos que tenemos tanto miedo que a veces huimos y otras atacamos para poder soportar la angustia que nos supone sentir y no controlar lo que sentimos…

Cuando advirtamos que nos cubrimos de excusas para no hacer y luego nos dedicamos a culparnos y culpar a otros de nuestras “no decisiones” y del dolor que soportamos por ser incapaces de asumir responsabilidades…

Cuando sepamos que lo único que debíamos hacer era respetarnos y amarnos. Aceptarnos  y aceptar a los demás tal y como son.

Ayudarnos a superar las cuestas más duras para ser más grandes…

Hacer el camino acompañados y contemplar cada detalle como si fuera único, como si fuera aún más efímero, como si fuera mágico.

Cuando descubramos que sólo hacía falta dar las gracias por todo lo que tenemos y soñar con cambiar lo que no era justo…

Cuando nos demos cuenta de que el remedio estaba dentro de cada uno de nosotros y sólo necesitábamos creérnoslo y compartirlo… Confiar que sabríamos cómo hacerlo si éramos sinceros y humildes, si lo deseábamos tanto que no nos conformaríamos con menos y obraríamos milagros.

Algún día descubriremos que lo grande subyace en lo pequeño.

Que lo más difícil vive en lo sencillo, en lo básico.

Que la felicidad es salud y la salud es felicidad.

Que la belleza es el amor que damos.

Que, a veces, lo que más importa desaparece cuando dejas de apreciarlo y hay que cazarlo al vuelo.

Que la respuesta está en nosotros. Ha estado siempre esperando a ser rescatada de entre la maraña de egos y miedos absurdos.

Algún día descubriremos que sólo debíamos fluir y hemos pasado siglos contenidos, estancados, asustados, avergonzados de ser nosotros mismos… Que lo sencillo era la respuesta…

Algún día sabremos que el antídoto eran las palabras y que hemos pasado mil años sin aprender a usarlas…

Algún día… Quizás no está lejano.