merceroura

la rebelión de las palabras


Deja un comentario

Rompamos el molde


gat ulls

Sólo es ahora y nada más. Lo demás no está, no existe. Dejó de tener sentido o todavía no lo tiene. No podemos controlarlo, no controlamos nada… Sólo podemos sentirnos bien, a pesar de los alambres de espino que hemos dibujado en nuestros tobillos y los muros que hemos construido mientras intentábamos encajar en una sociedad hambrienta de verdades a medias que la ayuden a seguir jugando sin romper la baraja…

Sólo tenemos este momento. El anterior es historia y el siguiente es puro misterio. Podría no ser, no dibujarse, no empezar. Hacerse líquido y derramarse, ser arena y escurrirse entre nuestras manos… O ser tan sólido y duro que nos golpeemos contra él buscando un por qué que sólo se descubre cuando te separas de todo y miras dentro de ti.

Sólo nos queda hoy y nos lo perdemos buscando el vestido perfecto y la coartada perfecta para cuando nos miren otros ojos y no nos vean perfectos… Hurgando en nuestro armario repleto de máscaras grises para que las miradas grises no descubran que en realidad somos de colores… Poniéndonos el traje triste para que nuestra felicidad incipiente no ofenda a los que regalaron su voluntad a cambio de una seguridad ficticia… Para que los que han decidido permanecer dormidos no sepan que estamos despiertos y planeamos escaparnos a una realidad paralela que estamos construyendo desde la nada…

Nos queda un suspiro y no queremos gastarlo con aire viciado,  pero nos vemos tan obligados a disimular que llevamos puesta debajo la ropa de personas libres que los ojos nos brillan y cuando hablamos nos salen por la boca palabras preciosas e imposibles de ocultar…

Si tardamos mucho en salir del país de las no maravillas que nos habita por dentro a veces volveremos a usar esos pensamientos viejos y rancios que antes nos hicieron creer que todo era imposible y no había más opción que seguir en la fila… Si no nos vamos ahora por miedo que tengamos y frío que nos digan que hace fuera de este lugar hermético y calculado, los pies se nos convertirán en raíces y nos volverá a entristecer la lluvia como nos entristecía antes cuando no sabíamos de su belleza ni llevábamos todavía el sol a cuestas… Si nos demoramos, nos dejaremos convencer por un montón de almas cándidas y cobardes que nos dirán que no podemos y no merecemos más de lo que nos cabe en la cuchara o en la libreta diminuta que nos dieron para apuntar sueños sin espinas… Si esperamos una hora, un minuto, un segundo, una ola gigante en forma de rutina pegajosa nos devorará las ganas e inundará nuestros sueños con fotografías de objetos prácticos y metas asequibles y nos dejará nadando en mediocridad…

fence-2163951_640

Si no nos vamos ya, los que siempre tienen respuestas para todo, nos recordarán que nosotros sólo tenemos preguntas y nos convencerán de que es más fácil caminar en línia recta.

No nos dejarán volver a intentarlo porque les asusta que aprendamos a bailar y luego volvamos y contagiemos a todo el mundo y les invada la risa descontrolada y gratuita.

Si nos quedamos, despareceremos y nuestro ahora será nunca y nuestro vacío en el pecho será siempre.

Nunca y siempre… Las dos palabras que más agujerean el alma y desesperan al que busca alternativas y dibuja mundos. 

El pasado es una noche pensando que lo que sueñas no llega. El futuro es un gato que regresa a casa después de pisar mil tejados.. Este momento eres tú mirándote al espejo y descubriendo que lo que te asusta va a hacerte libre… Vamos a hacerlo, saltar la valla imaginaria de nuestros límites y asumir el riesgo de nuestra autenticidad, de nuestra necesidad de sentir.

Vamos a descubrir si más a allá de la monotonía hay un mundo mágico o un acantilado sin ramas a las que sujetarnos para frenar la caída…

Vamos a ser auténticos y dejarnos de excusas para no ser nosotros mismos porque al final de la vida no nos lo perdonaríamos. Asumamos ya lo que somos y amemos tanto nuestras diferencias que ya no nos duela que no nos dejen entrar en el bar de los tristes, los cansados y los que no se atreven… Que no nos importe si nos juzgan y nos señalan con el dedo, que no nos moleste mirarnos al espejo de la vida y ver que no hay nadie más como nosotros… Saltemos del tren si nos está llevando a una decisión que nos aturde… Dejemos la fiesta de la indiferencia y busquemos un lugar donde se celebre con ganas la incertidumbre y se busquen cómplices en lugar de competidores y amigos en lugar de palmeros… Un lugar donde no importe la noche ni el día porque los segundos sean oportunidades por llenar de risa y emociones verdaderas. Donde no asuste lo nuevo, lo desconocido, lo raro y lo que no encaja y donde el final de los libros podamos escribirlo nosotros mismos.  Seamos capaces de ver más allá de nuestras creencias más arraigadas y cuestionarnos lo que jamás pensamos que podríamos cuestionar. Da igual si eso nos hace flojos o absurdos a ojos de los que nunca dudan ni se plantean nada que pueda romper sus dogmas y salpicar a sus dioses diminutos que conducen coches rápidos para llegar a la esquina… Quitémonos el uniforme de guerrero absurdo y dejamos de pelear por batallas que no son nuestras. Lancemos al abismo el insoportable manual sobre cómo vivir vidas anodinas y quitémonos el disfraz de personas normales. 

Nos queda sólo este momento. La vida es ahora. Mañana es nunca. Ayer es siempre. Seamos como realmente deseamos ahora, sin esperar a que la placidez de lo cómodo nos agarre por el cogote y la monotonía se nos pegue a los zapatos. Soltemos el control ficticio de lo que creemos que debemos ser para convertirnos en lo que realmente nos hace vibrar… Seamos nosotros aunque a otros al mirarnos les moleste vernos que reflejamos todas sus deliciosas imperfecciones y se asuste darse cuenta que hemos roto el molde… De que lo que pensaban que no era posible es una realidad

Anuncios


7 comentarios

Para que aprendas a volar


birds-800671_1280-1

Eres una niña aún y no lo sabes, pero lo que te hace diferente y te asusta ahora, es lo que te ayudará a volar… Lo que te empujará a crecer y te impulsará a cambiar el mundo…

Suena lejos, lo sé, pero no creas que para cambiar el mundo hay que hacer coses muy complicadas. Las cosas sencillas también son extraordinarias y están al alcance de todos y de ti también.

Lo sé, defender tu forma de ver la vida es difícil, a veces. Lo he vivido y lo veo en tu cara desconcertada por no entender cómo funciona este mundo que parece que hoy te pida que lo contrario de lo que te pedirá mañana.

Hay tantas normas impuestas y no escritas sobre cómo debe de ser todo y sin darte cuenta llevas incrustadas en la memoria mil formas de vivir que no son la tuya… Yo aún las noto,  muy a menudo, no te creas. Ser mayor no te evita las dudas. A veces, me invaden algunos pensamientos tristes que ya no forman parte de mí y que parece que quieran que me quede quieta, que me sienta cansada y me rinda… ¡Es tan difícil echarlos de tu cabeza! Aunque, si en ese momento recuerdas qué sueñas, se te pasan… Tal vez no entonces, pero al final, desisten. Tú también lo conseguirás.

A menudo, para ser tú mismo parece que tengas que librar una batalla contra el mundo, aunque en realidad, sólo debes responder ante ti.

Es contigo con quién vas convivir siempre. La piel que habitas es la tuya. Las palabras que dices son para ti… Si huyes de eso, te seguirá siempre… Ahora tal vez sientas que es necesario encajar o pertenecer a algo… Que resistirte a llevar una etiqueta en un mundo en el que todo se etiqueta es complicado, pero con el tiempo, el trabajo hecho para seguir siendo tú misma a pesar de todo, te hará sentir libre… En el fondo, todos aquellos que hoy parece que todo lo tengan muy claro, están tan perdidos como tú. Sólo disimulan, porque temen mostrar sus incoherencias, porque no soportan reconocer que nos saben aún quiénes son.

nina-patines
No te preocupes… Todos somos diferentes, pero sólo los valientes se atreven a mostrar sus diferencias… A enamorarse de ellas. A convertirlas en su impulso y, si hace falta, en parte de su identidad.

Lo fácil es ceder y avergonzarse de uno mismo por no seguir la norma, por no parecer, por no encajar en el molde. No pasa nada, no hay moldes, no hay que parecerse a nada ni a nadie.

Parece que sería mejor ponerse la etiqueta que otros quieren que te pongas y vivir dándoles la razón, sin imaginar otros mundos posibles, otras personas posibles en ti. Sólo lo parece…

Todos tenemos miedo, pero sólo los que lo abrazan y lo entienden son capaces de superarlo.

Los demás se aferran a salvavidas de plomo y se encierran en un búnquer para protegerse de lo que les asusta sin darse cuenta de que eso les aísla para siempre… Sin ver que la única forma de vencer es afrontar… Que lo que no queremos asumir, insistirá llamando a nuestra puerta eternamente… Estemos donde estemos, aunque huyamos lejos y cerremos los ojos y nos pongamos las palmas de las manos en los oídos para no oír sus pasos acercándose.

Lo sencillo es esconderse y creer que así todo cambia, esperar el milagro sin hacer nada para que suceda… Mirar por la ventana y saludar al mundo sin meterse en él.

No te culpes, no hay culpas… No uses ni siquiera esa palabras, es terrible, sólo trae dolor y angustia… Las personas que asumen sus actos son responsables de ellos. Las personas responsables tienen el poder de cambiar las cosas porque deciden, porque rectifican y saben perdonarse.

Todos tenemos fantasmas, pero sólo los que se atreven a mirarles a los ojos consiguen que se vayan de sus vidas. Sólo cuando te das cuenta de que los monstruos que te persiguen están dentro de ti y dejas de buscarlos debajo de la cama, dejan de molestarte.

Lo habitual es ceder al chantaje y convertirse en uno más. Ahogar a tu yo verdadero hacer que esa etiqueta que llevas colgada se meta dentro de ti. Perder el brillo en la mirada, perder el gesto que te hace auténtico y te hace sentir que puedes… Cambiar tu rostro por una máscara gris… Conformarse con soñar sin tocar, con subsistir sin vivir…

No dejes que nadie te defina ni te diga qué debes hacer, escucha siempre a las personas en las que confíes pero las riendas las deberás llevar tú.

Todos necesitamos amor, pero sólo los que se conocen se quieren a sí mismos. Se aceptan, se aman, se respetan.

Hay tantas personas que no se aman a sí mismas y buscan en otros brazos el cariño que no se dan. Tantas personas que dependen del amor ajeno y aceptan chantaje, regatean con su dignidad porque no se han dado cuenta de que merecen un amor de verdad…

Y las personas nos tratan como nos tratamos a nosotros mismos, como dejamos que no traten… Nos las encontramos por aquí porque tenemos algo que aprender de ellas… A veces es para que nos enseñen cómo hacer las cosas bien, qué camino tomar… Para que nos inspiren y motiven. Otras veces, es para que sepamos qué tipo de persona no queremos ser, qué no queremos pisotear, qué opción no deseamos elegir…

Se aprende tanto de los héroes como de los villanos. Lo sé, parece mentira ¿verdad? a veces, incluso más.

Se aprende tanto de lo que parece que nos frena como de lo que nos da impulso.

Cada obstáculo es una lección por aprender. Cada error es un ensayo general de una función a la que cada vez vas más preparado…

No lo veas como un problema, piensa en ello como un desafío, un reto, como algo nuevo que empezar. Y si no tienes ganas, las inventas, las imaginas… Sonríes y piensas que seguro que le encontrarás el lado maravilloso.

Lo único que importa es estar cómodo en tus zapatos y ser leal a lo que te conmueve, a lo que te habita, a lo que sueñas que sea tu destino.

A veces, pasamos largas temporadas ausentes de nosotros mismos. Estamos cansados y desesperanzados y dejamos que nuestro cuerpo lleve las riendas para no pensar, para no sentir más allá del frío o el calor, para no saber lo que nos duele saber. Y somos como aviones de papel que parece siempre que volarán pero solo se elevan por inercia y caen en picado porque pesan demasiado, porque no baten sus alas como los pájaros…

Vivimos ahogados en nuestras lágrimas y no queremos darnos cuenta de que si dejásemos de llorar tendríamos tiempo para construir… Si dejásemos de almacenar rabia, nos quedaría espacio para almacenar sabiduría y experiencias…

Y cuando no sientes, no duele, claro, pero tampoco vibras ni te emocionas… No dejas volar la mente y te metes en todas y cada una de las infinitas posibilidades de ser tú… Por eso, merece siempre la pena soltarte, volar, saltar… Cruzar por la cuerda floja, hacer equilibrios, patinar… Merece la pena ser tú aunque cueste, aunque algunas miradas te arañen… Aunque en algunas ocasiones todo parezca no tener sentido. Aunque no veas por qué ni para qué y te asuste quedarte sola o perdida.

Es como jugar, hay que usar esa emoción que tienes cuando juegas o cuando corres esperando llegar a la meta o la sensación maravillosa que tienes cuando te columpias y por un momento crees que vuelas y tocas el cielo… Cuando eso pasa, la felicidad inmensa se refleja en tu cara… No hay cara más hermosa que la de alguien que descubre que puede volar… Yo te he visto volar muchas veces y en esos momentos tu belleza es desbordante… Y se contagia.

¿Sabes? las personas hermosas de verdad son las que van por ahí contagiando su belleza, las que hermosean lo que tienen cerca. Tú lo haces, lo sabes, no lo pierdas…

Se trata de confiar en ti y estar de tu parte… Decirte cosas bonitas, usar palabras hermosas para hablarte, encontrar personas que te hagan sentir viva y corresponderles… Recordar qué sueñas siempre y creer que está en tu mano. No rendirte aunque sea difícil y amar tu soledad.

Recuerdas, el sombrerero loco le pide a Alicia que vuelva ser ella misma, le dice “antes eras mucho más muchísimo…” y le insiste con “creo que ahora has perdido tu muchedad” se refiere a su grandeza, su saber estar consigo misma, su capacidad de volar… Eso es lo que nos ayuda  seguir, pase lo que pase, diga lo que diga el mundo, no pierdas tu muchedad.

Eres mucho más, muchísimo…

alicia


7 comentarios

El poder está en tus manos


Eres diferente. Todos lo somos. Eso es lo mágico, que todos tenemos algo que nos hace especiales, algo que tal vez otros no entiendan y nos ha costado algunas malas caras y algunas risas a nuestras espaldas. No importa, sé tú mismo. Descúbrete, encuentra tu talento y la forma en que puedas usarlo para mejorar tu vida y la de los demás. Haz lo que amas y vive según tus normas. El poder está en tus manos. Descúbrete.

 

 


55 comentarios

38 grados


Ayer me quedé totalmente revuelta. Estaba en una fiesta infantil con niños y niñas de siete años y viví de cerca el acoso escolar. En una forma muy incipiente y rudimentaria, tal vez, pero lo suficientemente clara como para que algunas de los criaturas allí presentes, se pasaran gran parte de la tarde en un rincón intentando no molestar, creyendo que no son suficiente, pensando que no merecían estar bailando con los demás. Todo porque alguien, una niña de siete años, se ha otorgado el poder de decidir  quién puede o no bailar según su criterio. Tú sí, tú no. Tú vales y tú te sientas en el rincón y te callas. Y no se lo hicieron a una sola niña, se lo hicieron a dos o tres. Su forma de divertirse ayer por la tarde no era bailar (aunque según parece, lo deben hacer muy bien ya que imponen sus normas) sino vejar y humillar a otros. El baile es la excusa. Mañana será otra cosa.

El caso es que la situación me pareció tan triste, no sólo porque le amargó la tarde en parte a quién celebraba el cumpleaños que miraba perpleja la situación, sino porque todos se escandalizaban y nadie hacía nada. Y al final, a riesgo de buscarme problemas, no pude más y detuve la fiesta un momento para abordar la situación.  Porque tenía la sensación de que si nadie decía nada en voz alta, les estábamos dando a entender que aquello nos parecía bien, que aceptábamos que los que se creen fuertes hagan sus normas y los demás las acaten. Que nosotros acatamos que haya niñas que no bailan porque otras consideran que no son dignas.  Y no podemos ser partícipes ello, ni como madres y padres ni como sociedad.

Sería como saber que estamos enfermos y no querer curarnos. Cuando nuestros hijos tienen fiebre, les damos una medicina para bajar la temperatura… ¿Por qué cuando no se compartan bien o necesitan una charla escurrimos a veces el bulto? La indiferencia y la tolerancia ante este tipo de actos les van a perjudicar más que los 38 grados que nos afanamos a bajar y que tanto nos alertan.

Tal vez muchos pensarán que es una chiquillada. Aunque el acoso empieza así, con una chiquillada que se tolera. Uno abusa de otro y nadie se atreve a alzar la voz para decir que no está bien, ni a abordar el tema. Todos asienten y el acosador, que es alguien que lo que hace es pedir ayuda a gritos porque en realidad tiene mucho miedo, se siente legitimado para seguir. ¿Por qué pasan estas cosas?

La verdad es que me sentí desbordada. No sabía cómo actuar, no soy experta, pero sentía que debía hacer algo. Como madre, como persona, como parte de una sociedad que no puede seguir aguantando estas situaciones. Si callaba, me convertía en cómplice.

De modo, que les dije que pensaba no estaba bien. No sé si sirvió de nada y tal vez hoy algunos de ellos recuerdan a una madre loca que decía sandeces y no les dejaba escuchar la música. Aunque alguien les tenía que decir que tienen mucha suerte de ser diferentes unos de otros, que deben respetarse y aprender de esa diversidad. Que cada uno baila a su modo, por suerte… Que eso no significa que no puedan bailar porque lo que cuenta es divertirse y compartir. Que hay quien baila y quien acaba cuidando ancianos, operando personas y cambiándoles el corazón enfermo, quien defiende los derechos de las personas en un tribunal, quien escribe noticias, quien ayuda a personas que se quedan sin casa, quien corre maratones y quien habla cuatro o cinco idiomas.

Alguien debía decir que cuando un grupo de tres personas se ríe de otra hasta hacerla sentir ridícula porque no baila bien, tiene un problema grave. De autoestima, de valores, de no saber divertirse si no es humillando a otro, de falta de atención…

Alguien debe decirle a los que se sientan en un rincón que no tienen por qué. Que justamente cuando se sientan se convierten en víctimas, que justo lo que deben hacer es seguir en la pista y bailar más, hasta que sus acosadores se den cuenta de que no les afecta para nada su opinión  y les dejen en paz… Porque sólo les interesan las víctimas, las personas a quienes consideran débiles… Si mostramos nuestra fortaleza, nunca somos víctimas y dejamos de interesarles. Aunque eso, ¿cómo se lo cuentas a una niña de siete años que sólo desea formar parte del grupo y ser aceptada? Tal vez con cariño, poco a poco, con palabras, encontrando una forma de que se suelte y te cuente qué siente y  cómo le afecta.

Comunicarnos es tan importante, para todo. Para evitar gritos, para evitar patadas… Para tender puentes y abrir caminos de ida y vuelta para que nada sea irreversible. Debemos darles herramientas a nuestros hijos para saber cómo actuar y ayudarles a crecer en estas situaciones para que no se sientan desamparados y desesperados. Educarles para sacar de dentro sus propios recursos y valorarse como merecen.

Y a los que acosan. Alguien debe ayudarles a hurgar en sus vidas también para que sean plenas sin tener que amargar a otros. Alguien debe preguntarse por qué pasa lo que pasa y además de paliar los afectos, atajar las causas. Alguien debe ayudarles a construir su puente también, para que vuelvan a disfrutar desde el cariño y el respeto.

Ayer me sentí muy impotente y creó que a pesar de mis intentos fracasé. Lo sucedido removió mi pasado y puso en alerta a la niña triste que se sentaba en un rincón… También pensé que si yo puede superarlo y aquello me hizo fuerte, ellos también podrán… Aunque dado el nivel que está alcanzando el acoso los últimos tiempos, creo que tenemos una obligación como sociedad.

Debemos educar. Desde la escuela y desde casa. En todas partes. Dar un mensaje claro. No se pueden aceptar estos comportamientos nunca. Desde la primera alarma, por pequeña que sea, debemos ser tajantes. Enseñar a respetar y aceptar la diferencia, sea la que sea. Para que se aprenda a vivir como una riqueza y no como un inconveniente. Mostrarles que el mundo es rico cuando más diferencias existen.

Debemos tener el valor de decir que no y plantar cara, aunque cueste y algunos nos miren mal porque crean que “son cosas de niños”. Que dos criaturas se queden fuera de una fiesta, creyendo que no son nada, porque otras dos consideren que no se merecen estar en ella y les echen,  no son cosas de niños, son cosas de tiranos, de dictadores y nosotros somos los vasallos de esos dictadores si no lo atajamos y les decimos que no lo vamos a cosentir.

Si miramos a otro lado, esta espiral sigue. Hasta amargar la vida de criaturas que no se atreven a decir nada por miedo a sufrir aún más. Hasta que es tarde. Hasta que nos ponemos las manos a la cabeza y nos saltan las lágrimas.

Educar es duro y complicado. No creo que haya en la vida tarea más apasionante y difícil. Cada gesto, cada palabra, cada mirada calan en los niños y les envían un mensaje… Aunque casi nada es irreversible. Todo puede compensarse si hay ganas y amor por ofrecer. Podemos pedir ayuda a especialistas y trabajar con sus maestros, tejer complicidades y no temer admitir que muchas veces la situación nos desborda.

Nos preocupamos mucho por 38 grados y no sabemos poner el termómetro a nuestra relación con nuestros hijos. No sabemos notar cuándo decirles lo necesario y qué decirles para que se sientan bien consigo mismos y no acepten regateos ni chantajes a su autoestima. Para que no sean acosados ni acosen. Para que cuando su equilibrio se resienta sean capaces de contárnoslo y busquemos soluciones. Para que nunca se cuestionen si valen la pena, ni escuchen a aquellos que intentan vulnerar su estabilidad… Para que sean ellos mismos y se sientan bien con ellos mismos… Para que bailen sin preocuparse de si gustan o no. Para que bailen porque gozan bailando y derrochando felicidad. Para que nunca duden de que pueden ni se atrevan a cuestionar a otros por la misma razón… Para desterrar la culpa, el resentimiento y el miedo a existir tal como somos.

Aunque, tal vez, lo que hacen nuestros pequeños no es más que emular lo que hacen sus mayores… Por eso, quizás, debemos empezar también por nosotros mismos y ver qué estamos haciendo mal para que nuestros hijos nos copien. Porque los niños nunca hacen lo que les dices que hagan, hacen lo que ven que tú haces… Hagámoslo bien, lo merecen y lo merecemos.

Estamos a 38 grados como sociedad y va en aumento.

 


21 comentarios

Ama tus rarezas


ballarina-rosa

Nos pasamos la infancia intentando ser lo más “normales” posible para no llamar la atención, ni ser objeto de las miradas crueles de algunos compañeros. Escondemos nuestras diferencias, nuestras particularidades, todo aquello que nos define y que consideramos que se aparta de la media… En algunos momentos de nuestra niñez, ser distinto es llevar una cruz gigante, caer a un vacío enorme y casi sonoro… Una carga pesada que sobrellevar prendida a una etiqueta que nos asegura que todos sepan que no somos como los demás, que nos merecemos seguir a parte y estar solos. Que osamos pensar de otro modo, que tenemos otras ideas, que vestimos de otra forma o hay algo en nosotros que no pasa su prueba. Porque somos muy bajos o muy altos, porque nos sobra perímetro o nos falta fuerza… Porque nos salimos del patrón que se supone que siguen todos. 

No encajar es doloroso… Te hace vivir dominado y cautivo. Sometido y encongido. Nos ocultamos de los demás, incluso de nosotros. Nos escondemos de los espejos y pasamos rápido ante aquellos que encolerizan cuando nos ven, porque parece que les estorbemos… Y nos acabamos creyendo que estorbamos.

La niñez es un pedazo de vida largo, intenso y bastante crudo, a veces, para aquellos que no siguen la norma. Para los que no gustan de entrada, para los que tienen que esforzarse más para llegar a la meta, para algunos que incluso tienen que luchar para poder estar en la linea de salida, cuando los obstáculos que deben vencer son muy grandes.

Aprendemos a no destacar por si molesta. Suplicamos ser invisibles, mimetizarnos con el paisaje. Soñamos con habitar otras vidas y ser personas lo más comunes posible. Buscamos rincones oscuros y miradas de aprobación. Nos prohibimos imaginar imposibles, inventar mundos paralelos y soñar con cambiar las reglas para que sean más justas y nos concedan un lugar donde permanecer tranquilos. Reprimimos todas aquellas emociones que a ojos de los demás nos convierten en extraños, en bichos raros, en saco de golpes, en blanco de todas la miradas. Si no somos quién domina la situación, es mejor no destacar en nada por si no gusta, por si es objeto de burla, por si alguno de los que tiene que aprobarte se siente ofendido. Ser diferentes nos da miedo, por si eso nos aleja de otras personas y nos quedamos solos.

Y luego, creces como puedes, empiezas a buscar tu espacio en la vida y descubres que las diferencias son necesarias. Que lo que antes era ser un bicho raro ahora a veces es ser un genio, que aquella parte de ti a la que quisiste ahogar para sobrevivir era lo que te hacía grande y extraordinario. Que tus defectos son virtudes cuando aprendes de ellas, que lo que te hace distinto te hace único… Que hay personas que pagarán porque hagas eso que antes a otros les hacía reír.

En el mundo adulto, hay quién quiere continuar escondido y escapando de los espejos. Quién calla cuando otros le hacen callar y nunca opina nada que pueda ser molesto para otros. Hay personas que siguen sin encontrar en su interior aquello que podría dejar huella en los demás… Todos lo tenemos, todos somos maravillosos en algo, aunque el mundo no lo entienda.

Y otros ya han descubierto que no se puede gustar a todos porque eso nos convierte en seres híbridos e insustanciales y que mientras respeten a quiénes comparten con ellos el camino, la opinión más importante es la suya.

En el mundo de los adultos, falto de inocencia  y de entusiasmo en muchas ocasiones, hay quién recupera esa parte de la niñez que le obliga a darle la vuelta a todo. Hay quién guarda  intacto aún al niño que soñaba con volar aunque todos le miraban con ojos perplejos…

En este mundo la rareza se llama talento y la locura se llama reto. El que nunca llegaba a la meta porque corría lento investiga ahora una vacuna que salvará vidas y el que tenía que esforzarse mucho para estar en la linea de salida, de tanto acostumbrarse a tener el listón alto, es un atleta de élite. El que siempre callaba y se sentaba al final con la cabeza baja inventando historias ahora se gana la vida con sus palabras… Y la gente las lee y las escucha.

Hay muchos que siguen luchando para defender sus diferencias, a pesar de la incomprensión de otros, porque ni quieren ni podrían renunciar a lo que les define. Muchos que cultivan sus rarezas y cambian el mundo con su talento sin que casi nadie lo sepa, paso a paso, de forma anónima, sin pausa, en un rincón, sin hacer estruendo… Tal vez no reciban gloria, pero está satisfechos porque aquello que antes ocultaban, hoy les permite vivir y mejorar la vida de otros. Lo que antes les hacía ser raros ahora les permite ser extraordinarios…

Si ser “normal” es someter a otros o aceptar que algunos lo hagan con aquellos que consideran débiles o inferiores, seamos raros, rarísimos…

Hay todavía quién suplica ser “normal” a pesar de que el mundo mejora cada día gracias a nuestras rarezas.

Amemos nuestras diferencias porque son las que nos permitirán crear un mundo en el que todos podamos caber.


16 comentarios

La vida no espera


fotos-viejas

Buscó entre sus viejas fotos. Entre sus antiguas libretas repletas de pensamientos. Algunos eran locos, otros casi cuerdos pasados por el tamiz del tiempo y la experiencia. No había ninguno que pudiera parecerle sensato al mundo que la miraba con ojos de búho, con la mirada atenta de un juez que todo lo sabe, que todo lo enmienda.

Siempre había sido distinta. Si no lo era su cabello de cobre, lo era su forma de peinarlo. Si no eran sus ojos casi verdes, lo eran sus miradas inquietas, su forma de mecerse en la vida ansiando devorarla… Sus palabras irónicas y la cadencia que tenía al hablar que hacía estremecer al más cauto de los cuerdos.

Siempre había buscado algo que otros siquiera intuían. Siempre con una sed inmensa que no sofocaba nada ni nadie. Con unas ganas desbordantes de ser corriente, de pasar por un lugar sin levantar sospecha de ser la que piensa demasiado, la que busca sin tregua, la que lleva la contraria, la más insaciable de las criaturas con la que toparse. Siempre pidiendo perdón por no ser como debía. Por su impertinencia casi amable y su ironía desmedida.

Había suplicado ser otra. Vestirse con otro caparazón y llevar otros ojos, de color más común, de mirada mate y dócil. Que sus manos no lo quisieran acariciar todo y sus afirmaciones sobre la vida no despertasen burla. Había soñado ser corriente, ser mansa y andar como una fiera domesticada que no trae conflicto, que dirá que sí y caminará por la senda señalada. Nunca pudo, sus ojos peregrinos saltaban las baldosas, corrían más que sus pies, que tampoco sabían andar si no era con el paso cambiado. No sabía no preguntar por qué. No sabía no decir que no. No podía mirar a otro lado y saber que su tiempo se consumía sin tocar su objeto de deseo.

Nunca supo acostumbrarse a la jaula. Su cabeza meditabunda siempre estaba lejos. Su mente viajaba más allá de los barrotes y saltaba muros, derribaba fortalezas y acababa enamorándose de ojos desconocidos y lugares que no sabía si nunca iba a pisar. Siempre amó lo que se suponía que no debía.

Gracias a sus inquietas neuronas apasionadas había sobrevivido a tanto intento de reverencia, a tanta disciplina burda y sin sentido. El poder imaginar le había ayudado a soportar estar encerrada en aquel al reiterado intento de dejar de ser medio salvaje y conseguir sólo disfrazar unas ganas que la consumían por dentro…

Echó un nuevo vistazo y supo que la batalla contra su naturaleza y su irreverencia estaba perdida, lo había estado siempre. Su necesidad de sentir era más fuerte que la vergüenza de que la observaran haciéndolo a su modo. Su sed era implacable, su sueño tan hipnótico, tan enorme, tan absorbente que no podría nunca dejar de buscarlo. Lo conseguiría, se abalanzaría sobre él como la fiera que era y no lo soltaría jamás. Poco importaba ya que otros pensaran que le estaba vetado. La decisión era suya, el poder era suyo. Su vida era suya.

No sabía vivir a sorbos, ella devoraba. Era presa de su necesidad de sentir, de sus ansias de almacenar sentimiento… No sabía vivir sin imaginar, sin buscar locuras y darles tantas vueltas que acabaran pareciendo sensateces. Era el resto del mundo el que estaba loco si no salía a la calle a buscar y se negaba a sí mismo el deseo y el sueño… ¿Morirían sin apenas nacer? ¿vivirían sin latir por dentro y gozar del intento? ¿pasarían por este camino sin sentir? … ¿Eso era cordura?… Eso era miedo, mezquindad, atrocidad, cobardía.

Ella era vida. Y la vida no se mete en una botella, ni se oculta bajo un colchón, ni se reprime, ni cesa nunca de dar vueltas. No se oculta, de nada sirve. Sale por los poros y echa a correr. Y si se queda dormida cien años, revienta.

Siempre fue así. Distinta. Rara. Movida por la angustia de no poder ser quien era por si molestaba. Asustada de sus propios deseos y sus ideas extrañas.

Y ahora, saliendo de la burbuja de mediocridad, deseando respirar aire puro… Camina esta mañana pensando que el tiempo de ocultarse ha terminado. La vida no espera. Ella tampoco.

“Desarrollad vuestra legímita rareza” René Char.


9 comentarios

Deliciosamente extraña…


Ella, fuerza indomable sin calma, sin rezo. Sin poder dejar de imaginar por un momento que vuela, que salta, que gira, que corre… Que pisa con sus pupilas el camino de sus deseos.

Ella que acaricia sin roce, sin más contacto que el aire compartido, sin más beso que el que se oculta en los pliegues de su cabeza desbocada.

Ella, a trote lento por una calle estrecha. Llamando puertas, buscando miradas cómplices, encontrando guiños falsos y risas plastificadas, regalando mejillas donde albergar bofetadas, suspirando por las esquinas y esperando que cada una sea la última y al tumbar la calle se haga la luz. Sabe que hay luz pero no la encuentra.

Ella, tomando trenes y compartiendo destinos. Dejando que su vista se despliegue ante un manto azul e intermitente, un mar arisco, una estación vacía y a la vez repleta de caras cansadas.

Esbozando la sonrisa que sabe que llegará a su rostro el día que toque su sueño, ensayando la primera mirada que se dibujará en sus ojos al tocar el cielo. Un cielo dulce pero lleno de espinas, un cielo ocre de tarde de otoño cercado por una alambrada… Un cielo de piel y terciopelo, de dunas calientes y habitaciones sin ventanas. Un sueño que desea alcanzar a pesar de saber que lleva punzada, que trae reverso con escamas y púas… Que podría consumirse al tocarlo con las puntas de los dedos, aunque sabe que su maestría tal vez lo haga durar una vida. Ella, que hace tiempo que sabe que si quiere puede hacer magia.

Acumulando eternidades y horas. Vaciando delirios y esquivando bocas agrias. Cada vez más lejos de su pasado y más cerca del precipicio, más tentada a saltar y suplicar que haya fondo, que el fondo sea blando, que esté cerca… Que al tocarlo le queden ganas y fuerzas.

Bailando a intermitencias. Sobreviviendo de amor y esperanza. Devorando cada gesto que la acerca a su destino, cambiando el destino a cada bocado.

Ella, mordiendo y arañando si hace falta. Albergando dudas y disculpas, sumiendo lágrimas en el escote y caminando en esa delgada linea donde uno siempre sabe que va a caer.

Sin más miedo que el miedo a que nunca pase nada, a que todo siga sin mutar. Miedo a que el mar se quede quieto y el cielo se detenga y ya no llueva jamás. Miedo a no seguir y desistir, a dejar de arañar y morder para poder llegar.

Ella, librando una batalla contra esa parte de si misma que dice no y que cierra la puerta a buscar. Esa parte que no se atreve, que se queda callada, que no se mueve y sólo reza sin actuar.

Ella, distinta y deliciosamente extraña. Hija de un viento tibio y una lluvia helada. Medusa transparente esperando picar. Encina centenaria, sin corteza ni corcho, de sombra fresca y pensamiento ágil. Ella, recodo soleado al punto del anochecer. Selva, camino largo, rendija en una puerta por la que colar la luz, gato perdido y herido, crisálida a punto de estallar.

Ella, apretando los dientes y arqueando las cejas, busca lecho y suplica serenidad. No se detendrá hasta tocar su cielo de estrellas de puntas afiladas y frías. No parará hasta saber que se le han acabado las excusas y se ha tragado todos los miedos que le caben en una noche de dudas y desesperación.

Ella puede y lo sabe.