merceroura

la rebelión de las palabras


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Cosas que debí decirte hace cien años


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No soy plegable, ni me escondo en el bolsillo a la espera de que me llamen.

Cuando me necesitan acudo, aunque mejor no abusar porque puedo desvanecerme si tengo la sensación de que se me utiliza. 

Por mucho que me ignoren no desaparezco. Al contrario, me impaciento, me pongo de mal humor y me siento triste porque creo injusto que los que ahora me piden, luego sean incapaces de dar.

Tengo sueños y son tan importantes como los tuyos.

No tengo sentimientos intermitentes que me permitan recibir cariño por ráfagas. Me gusta recibir una cantidad de amor constante. Sin exigencias, con respeto. Y esta parte no es negociable. La dignidad no se regatea.

Me gusta que me escuchen y me miren cuando hablo. Y espero ser capaz de hacer lo propio.

Me equivoco, lo sé. Si algún día dejo de admitirlo, espero que me lo digas y que seas capaz de escucharlo mismo de mis labios sin echar a correr o poner esa cara de niño triste.

Decido yo si me complico la vida. Es bueno hacerlo por lo que merece la pena. Si mereces la pena, me la complicaré por ti, mucho si hace falta… Lo sabes, lo he demostrado. Lo haré hasta saciarme de problemas… Hasta meterme en el lodo y arrastrar el carro más pesado colina arriba. No escatimo en lealtad y me gusta que la gente por la que doy la cara tampoco lo haga.

Aunque, la verdad, estoy convencida de que gran parte de lo bueno en la vida es sencillo, básico y se explica con una mirada.

Me gustan las aventuras, pero pregúntame antes de meterme en ellas y poner la otra mejilla. El trayecto es corto y quiero decidir yo si quiero pasillo o ventanilla. El tren se escapa… No discutamos por memeces.

Yo escojo mis retos. Yo decido qué me define, qué me llena, qué ocupa mis pensamientos y qué me mueve. Vivo mi vida y no espero que nadie lo haga por mí, pero si lo necesitas, sé ponerme en tu lugar para comprender tus miedos.

Creo que puedes reírte de todo en la vida, sobre todo de ti mismo, pero hay algunas cosas y personas que son sagradas. Que están por encima de cualquier moda, mal momento, crisis o vapuleo que te da la vida.

Pienso que hay momentos en los que uno tiene que estar donde tiene que estar y no hay matices en eso, los hay en todo lo demás. Creo en la libertad, pero también en el compromiso. Creo que si das palabra, tienes que cumplir. Las dudas, los peros, los porqués se plantean antes de darla… Entonces eres libre de meterte en esta historia o dar la vuelta. Si cuentan contigo, no puedes ir por la vida a medias porque eres una persona entera.

Me gustan la palabras. Son la mejor terapia que hemos inventado desde que pisamos este pedazo de tierra salvaje. Me gustan y creo en ellas. A veces pienso que nos van a salvar de nosotros mismos… He aprendido que a veces con una sola palabra se puede curar el dolor de siglos. Aunque, lo sé, también puede desatar una gran batalla si no sabes usarla. Me paso la vida buscando palabras nuevas y repitiendo las antiguas.  Las adoro. Necesito las adecuadas para saber cuando pronunciarlas y conseguir el efecto deseado. Al final, son vivificantes, sedantes al mismo tiempo… Como la risa, como el amor.

Necesito mi espacio, mi tiempo. Hay momentos en los que quiero mirarme y ver que soy la misma aunque esté mutando, aunque me de la vuelta y no me reconozca.

Muerdo. Aunque contigo he guardado mucho los caninos y he soltado demasiado la lengua. He subido el tono, me ha dado por hablar más alto en lugar de más claro. Y sí, clavo poco pero cuando me decido no suelto la presa. Soy de ideas fijas yo también ¿o creías que las poseías tú todas? Sé lo que quiero, sólo tienes que preguntármelo, si te interesa…

Supongo que ya te has dado cuenta de que guardaba mucho, de que tenía mucho pendiente por contarte…

Prometo que no volverán a pasar cien años sin recordarte que existo y que también tengo sueños y necesidades. Para que no se te olvide…


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Vivir, ese complicado y apasionante trabajo


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Vas a tener que escribir tus propias normas. Replantearte todo lo que has aprendido o leído, lo que crees que es casi sagrado… Todo lo que se ha escrito y te han dicho que digas, que sepas, que pienses… Vas a tener que hacerlo porque sólo así sabrás si lo que haces cada día es lo que quieres o lo que quieres aparentar, lo que te has permitido querer y soñar. Para descubrir si obedeces a tus creencias o a las de otros, para indagar si esas creencias podrían haber cambiado y no tener nada que ver con la persona que ahora eres. Por si has cambiado tú y ahora lo que te rodea no te llena. Para saber si eres tú quién guía tu barco y lleva el timón de tu vida, si sigues el camino trazado por otros o simplemente te dejas llevar por la marea siempre…

Respeta todas las opiniones, pero sigue buscando respuestas si no estás satisfecho. Escucha a los sabios, sin perder de vista de donde vienes, pero sin dejar que lo que tú crees se quede atrás. No escondas tus preguntas ni tus respuestas. Súbete a la silla, si hace falta, y alza la voz sin ofender para que se oiga lo que tienes que decir.

Eres tú quién debe escribir tu biografía y tu ruta, porque eres quién carga con tus decisiones… Tus enormes aciertos, tus erratas y tus faltas. Pídete cuentas a ti mismo y no olvides darte la razón, si la tienes. No olvides que debes ser tu principal aliado.

Vas a tener que decir que no, cuando todos dicen sí y aguantar sin salir corriendo… Y no suplicar nunca que la tierra te trague, porque la tierra te escucha a veces y te traga, si puede. No maldigas, no busques excusas ni te quejes porque las quejas se acumulan y un día se revuelven contra ti y estallan ante tu cara…

Tu barco va a tener que aventurarse en aguas desconocidas para saber si es verdad lo que cuentan las leyendas, a riesgo de quedar anclado en arrecifes o perecer en las rocas. Sólo cuando sepas que el camino que pisas y el mar que surcas es el que has escogido sin más condiciones que las impuestas por tu corazón y tu cabeza, sabrás que vas en sentido correcto. Sé rápido e intuye. Deja que esa voz callada que mana de ti y a veces te susurra, se oiga y escúchala… Sabe mucho de tanto observar. Sabe de todo lo que no se ve, ni se toca. Sabe de ti.

Vas a tener que crear tus propios refranes, tus propias recetas, tararear todas las canciones de nuevo hasta encontrar la que te conmueve. Vas a tener que encontrar belleza en cada brizna de vida, en cada gota de agua,en el reverso de las hojas y en las sombras. Vas a tener que encontrar belleza en ti. Y si eso no sucede, tendrás que empezar a escribir tu historia de nuevo hasta conseguirlo. Tendrás que seducirte a ti mismo y enamorarte de todo.

Y no lo harás ni una, ni dos, ni tres veces. Es un círculo que gira y se repite, no para durante toda tu vida. Es tu trabajo, vivir. Vivir y hacerlo de acuerdo con tus deseos, tus anhelos, tus necesidades. Vivir y, al final, salir de esta rueda que gira satisfecho y delirante. Éste será el trabajo más complicado y apasionante que hagas nunca.

Nada se detiene, todo está en constante movimiento. Si paras de soñar, caes. Si dejas para mañana tus pasiones, te duermes. Si te acostumbras al dolor, te consumes. Si sólo te dedicas a respirar y existir, pereces. Parar no es una opción para los que buscan y viven de su entusiasmo.

No encojas tus sueños, crece tú. No comprimas tus deseos, achica tus miedos. No te conformes con la mitad de lo que mereces. Agradece lo que tienes y sigue la búsqueda. Da mucho y merece más. Esto nunca termina, no tiene principio ni fin.

Y cada vez que notes que es sólo el viento quien lleva tus velas y tú estás quieto, muévete. Coge el timón y vira el rumbo, hacia ti. Tienes mucho por hacer, empieza ya…


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Memoria de pez


La crisis nos ha puesto a prueba. Nos ha hecho tambalear esa hoja de ruta que llevábamos escrita y en la que decía cómo queríamos que fueran nuestras vidas los próximos años. Nos ha arrebatado el espejo complaciente en el que nos mirábamos y lo ha substituido por uno de esos espejos que te deforman la cara y te achican las gracias. Todo se ha convertido en extremo, en frágil o extremadamente duro, de un duro que se rompe… en cóncavo o convexo… en maravilloso o repugnante.

La crisis nos ha dicho que nada es seguro, que nada es eterno, que nada es cómo era antes ni mucho menos cómo habías pensado que sería. Los cómplices son ahora traidores y algunos amores que iban camino de eternos son casi ráfagas, momentos de calor súbito combinados con ansia, miedo, premura y pura necesidad de cariño. Y los amigos se han convertido en enigmas, en mapas. Y son mapas complicados que llevan a lugares inhóspitos. Algunos de ellos han alterado sus facciones y los gestos y ahora no parecen lo que fueron… o tal seamos nosotros los mutantes y son ellos los que permanecen sin cambiar. Amistades selladas a fuego perecen, otras, sin embargo, a pesar de estar inmersas en este laberinto de vanidades y aspavientos, resisten y se hacen más y más fuertes. Algunos conocidos nos han mostrado sus entrañas y nos traen buenos augurios… algunos hermanos nos han mostrado los dientes. Algunas verdades inquebrantables son ahora ilusiones ópticas, algunos juicios dudosos son ahora dogmas.

Muchas lealtades se rompen.. El mundo se centrifuga. La crisis da pasos de gigante y nos obliga a modificar constantemente la hoja de ruta, la biblia, ese pacto con nosotros mismos… mientras miramos alrededor y no reconocemos nada… y esa nada tampoco nos reconoce a nosotros. Todo es efímero, todo se construye cada día y se desmorona cada noche. Generamos dioses a tiro de soplo y les hacemos caer del pedestal a golpe de tuit. Cada día nos tragamos un pedazo inmenso de lo que fuimos y tenemos que escribir un pedazo nuevo de lo podemos llegar a ser. Nos hemos convertido en peces, con memoria efímera, gastando cada día un nuevo cartucho de vida… apurando oxígeno, quemando vida… con cuerpos hábiles para bucear en este mar agitado y cambiante. Adaptarse es bueno, necesario… pero con tanta prisa estamos olvidando lo que fuimos, lo que aprendimos y la cara que teníamos antes de empezar a transformarnos. Tenemos raíces y tenemos esencia… No somos peces, somos personas.


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Escribamos nuestro futuro


Las horas de este 2012 se agotan. Cierro los ojos y casi no quiero sumergirme en él. Hago balance y me asusto, medio triste y medio cansada. Me vienen a la cabeza momentos difíciles. Se me agolpan en la memoria los rostros, las personas, las voces… Me observo harta, quejosa, caminando en una cuerda floja, haciendo equilibrios… mirando a un lado y a otro y suplicando no caer. Sin recordar cómo me subí ahí, cuándo me convertí en equilibrista… por qué todos me observan y gritan “uy” cuando las fuerzas me fallan… Este 2012 ha sido asco sobre asco, hambre sobre hambre, cansancio sobre cansancio. Nos ha dejado las baterías del “nosotros podemos” agotadas y nos ha saturado de risas forzadas, lágrimas contenidas, gemidos de pánico ahogados… miserias compartidas…mensajes vacíos. Es un dolor colectivo. Nos hemos quedado casi tan yermos de esperanzas que aterra pensar en el año que empieza por si nos da una patada en la cara y se nos pasan las ganas de esperar algo bueno… Nos hemos quedado secos, rancios… a veces hemos sido mojamas humanas esperando que alguien nos devolviera el alma. Que nos considerara dignos, que nos dedicara un gesto. Buscábamos un soplo, un atisbo de cambio. No ha pasado. Hemos sobrevivido solos. Lo hemos soportado gracias a las palabras de los amigos, los manos pequeñas de los nuestros buscando nuestras manos, las tardes soleadas, nuestras propias ganas y nuestros propios rincones para la risa… Nos hemos reído a carcajada de los gurús, de los falsos héroes, de las princesas sin cabeza y de los líderes de paja… si algo de bueno ha tenido este 2012 es que nos ha dejado un catálogo de vendedores de humo… y ahora ya les tenemos identificados… no volveremos a caer… ¿verdad?

Nos hemos reído de nuestras desgracias, de nuestros números rojos… nos hemos reído de cosas que hace un año nos habrían hecho llorar a reventar … Hemos llorado por los que no lo han sobrellevado, por los que se han apeado en el camino, demasiado hartos, los que se han quedado atrás y ya no siguen.

Ha sido duro, pero ahora somos más sabios. Nos hemos adaptado. Hemos sobrevivido y ahora no nos asustamos por la sombra, solo nos aterra ya, llegar a tocar al monstruo… aunque si viene le plantaremos cara… y quizá salga corriendo… porque somos más libres, al menos por dentro. Somos más dueños de nuestras lágrimas y de nuestras risas… Le hemos dado la vuelta a la historia y hemos encontrado la moraleja. Sabemos que hay momentos complicados pero también momentos hermosos. Hemos encontrado la belleza de las pequeñas cosas y la hemos incorporado a nuestras vidas. 

Ha sido duro, pero mantenemos el equilibrio. Ha sido un esfuerzo diario y constante por no venirse abajo, por no ceder al desánimo. Eso nos ha hecho resistentes. Tenemos los zapatos gastados pero pisamos más firme. No conocemos el futuro pero sabemos que, en gran parte, lo construiremos nosotros. Estamos agotados… pero con una brizna de aliento y una mirada cómplice nos levantamos y nos reímos de lo que nos espera tras la puerta.

Estamos aquí y eso es mucho. Somos más fuertes. Y lo somos sin ponernos la coraza que nos aleje de sentir y vivir, para no aislarnos del mundo, ni de otros que como nosotros están agotados y necesitan nuestras palabras. Estamos preparados para seguir, estamos blindados de ganas. Nos hemos convertido en una plaga… de vida. Si queremos, nada nos detiene. Escribamos nuestro futuro…


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Política con mayúsculas


No todo vale. Ya no. Ese momento pasó.

No todo sirve. Ya no compramos a peso, ni al mayor, buscamos calidad. No nos conformamos con las sobras. Los pequeños gestos ahora importan. Los detalles lo son todo.

Exigimos que nos escuchen, que se tatúen en la piel lo que pedimos, que lo tengan presente siempre… Que sea su mantra desde que se levantan hasta que se acuestan. Que carguen con ello hasta que lo consigan… Que noten en el pecho la presión que nosotros sentimos… Que empaticen con nosotros y lleven parte de nuestra carga, que se mezclen. Somos arrieros. Somos lo mismo, estamos hechos de su misma materia… Aunque a veces lo olviden…

Sabemos que no todos ustedes son iguales, pero si no se nos acercan, cuesta distinguirlos… los tópicos son terroríficos, no caigamos en poner etiquetas… Veámonos las caras, de cerca.

Queremos que cuando acabe el día nos hagan sentir más cerca de nuestros anhelos y que se sientan orgullosos de sus logros. Estamos cansados de las lecciones de ética improvisada. De la dialéctica vacía y los reproches. De los trucos de escapismo, de las frases repetidas de las pancartas.

Queremos que pisen mucha calle y se mezclen con nosotros, que nos respiren y enjuguen nuestras lágrimas y oigan nuestras penas y pequeñas glorias y que lo hagan sin cámaras, ni micrófonos… Que se acerquen a nuestro mundo sin buscar contrapartida, que nos toquen sin guantes porque no somos carne, somos sueños y responsabilidades. Somos nuestros miedos y nuestras risas. Tenemos rostro y nos agarramos a ustedes para no caer al vacío, para seguir en pie para sujetar a nuestros hijos y darles pan.

Queremos que se ensucien en nuestras aceras y compartan nuestros autobuses. Que noten el frío de las pocas certezas que ustedes nos deparan y que hagan nuestras colas. Que se pellizquen para saber que también son humanos… Que les duela. Queremos que cuando no encuentren remedio, empiecen de nuevo para buscar otro camino. Queremos que sientan como sentimos nosotros esa punzada de incertidumbre al pensar en mañana… y verles la piel de gallina, los ojos cansados, los pies hinchados y ver como se aflojan el nudo de la corbata. Saber que les duele y que les aprieta. Que les preocupa.

No nos conformamos con un “tal vez”, un “quizás” o un “a finales del segundo semestre del año que viene” porque tenemos miedo hoy y lo arrastramos desde hace eternidades. Nos gusta el “ahora” y el “ya” y el “basta”… Y tenemos prisa porque el tiempo se nos escapa. Muchos ya no estarán cuando ustedes encuentren soluciones y se lo debemos. Se acaba el plazo. Se acaba el nuestro y el suyo… porque ustedes también son ahora vulnerables, también caducan… El baile de las sillas ha empezado para ustedes igual que para nosotros.

Ha cambiado todo. El juego se renueva. Ya no hay ni reyes, ni reinas, ni caballos… Todo son peones… Hay que cambiar de mirada, de ojos, ponerse las botas de pisar fango y atravesar el lodo que todo lo inunda. Ahora ya nada es seguro ni perpetuo.

Pónganse las pilas. Trabajan para nosotros. Somos sus jefes. Seremos implacables. Les estaremos vigilando. Sin apartar la vista. Con el ojo puesto en cada gesto y palabra. Fiscalizando su tarea. No vamos a pasar ni una. Lo queremos todo de ustedes. Lo merecemos todo… Y ustedes nos lo deben. Los que no estén dispuestos a darlo todo, que se apeen en esta estación. Este tren no para. 

Se acabó la fiesta… Ahora va en serio. Hagan política, con mayúsculas.


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Política en blanco y negro


El domingo, algunos votamos. Saturados de campaña, de sonrisas tibias y enlatadas, algunas más o menos reales, otras estilo rigor mortis… uno tiene ganas de pensar que la sonrisa que escoge es la más sincera… pero en el fuero interno, ese espacio interior dónde todos nos hablamos cara a cara y no nos ocultamos nada, sabemos que no. Que el candidato/a estaba pensando que le molestaba la americana cuando le fotografiaron, que llevaba tarde o que el pueblo a donde iba a hacer el siguiente mitin es de mala muerte.

Votamos habiendo oído una larga lista de promesas y reproches. Frases repetidas hasta perder la cadencia… argumentos embutidos en preguntas improvisadas… La política es en blanco y negro. Atía la masa, el instinto primitivo… siembra radicalidades o queda en nada, no llega. Es un anuncio de perfume, no vende aroma… vende chica, vende glamour, vende humo… vende sueño. Vende imposibles. 

El contrincante siempre es malvado. No hay matices. Siempre se busca un héroe, alguien que queremos pensar que es normal… pero que, por favor, no se nos parezca. La política es el arte de llevarse la contraria, de no ponerse nunca de acuerdo aunque se proponga lo mismo… la técnica más depurada de sacarse las entrañas sin ensuciarse las manos… de vaciar palabras hasta que pierdan significado… de no cargar nunca con la responsabilidad de nada o a ser posible, cárgasela a otro.

El domingo, votamos. Compraremos la mejor oferta en un mar de rebajas, nos asiremos al salvavidas para no naufragar… pero se nos quedará la cara de idiota porque jamás estaremos satisfechos con la papeleta que pondremos en la urna… nunca estaremos seguros…

Saldremos del colegio electoral pensando que nuestra elección tal vez no cambie nada… que nuestro rey midas lo convertirá todo en deuda, que las promesas no podrán cumplirse… que la democracia que tenemos es aún chica y está en la edad del pavo…

A pesar de todo, votaremos. Porque algunos están metidos en este negocio porque creen en él, porque a veces se encuentran amapolas en un prado de cardos y porque hay que dar oportunidad a las palabras.

Votaremos para que los derechos no se conviertan en privilegios y porque podemos decidir aún quien nos conduce hasta el precipicio…

Suena a farsa, cierto, pero es lo que nos queda. Lo que nos separa de la nada… en un mundo que camina hacia atrás, las urnas nos alejan del pasado. Y porque es el único día en que nos preguntan y la respuesta no sólo cuenta, sino que es para nota…