merceroura

la rebelión de las palabras


5 comentarios

A pesar de la lluvia…


clothes-peg-4479459_640

Me siento muda. Como si las palabras se tragaran a ellas mismas y dejaran paso a un silencio demasiado rotundo para ser escuchado… Un silencio que solo puede ser sentido y abrazado. De momento, sin preguntas, sin reproches, sin porqués. 

Se hace insoportable vivirme a ratos y habitarme siempre. Como si tras el amanecer hubiera una noche pendiente de ser vivida y un llanto inmenso al que no tengo acceso para ser llorado y que amenaza tormenta en mi pecho. 

Camino destemplada y exhausta. No me da la risa para ser risa. No me dan las ganas para ser ganas… No me da, en general, nada que no sea perderme y no encontrarme durante un rato. Aunque río sin pausa y me enfado sin límite y razón.

No sé nada… 

Mi locura consiste en desear hacerlo todo y no querer hacer nada. En parar y notar que el mundo se me acaba. Y volver a empezar y descubrir que ya no hay forma de ponerlo en marcha. No hay nada que calme esta noche eterna en la que estamos secuestrados excepto la mañana. 

No hay nada, el problema es que no hay nada… O no se ve o no se nota. 

Ni siquiera han puesto el cartel de completo en el rincón que tengo para aparcar mis desengaños. Ni siquiera estoy suficientemente saturada como para decir basta… Aunque no pueda más. Será que tengo el listón tan alto siempre que ya no lo veo al alzar la vista y cuando empezó este desconcierto general no me acordé de ponerlo a ras de suelo… Me siento como si deseara alcanzar el balón y yo misma lo alejara con mis pies de una patada cada vez que lo encuentro… Como si al llegar a la cima, la montaña siempre fuera todavía más alta.

No pasa nada y pasa todo. No hay nada que hacer y parece que tengamos que reconstruir el mundo.

Tengo mil historias por contar pero ninguna es verdadera, ninguna es tan sincera como esta… No sé nada. Se me escurre el mundo entre las manos mientras les doy más jabón para que no se me rompa, mientras lo esterilizo para que no nos deje sin aliento… 

Tengo mil historias pero ninguna cuenta el dolor que siento cuando no consigo que la noche se haga de día y entre el aire fresco y se lleve la angustia. 

Cantan los pájaros como si no pasara nada… Y las amapolas llenan los márgenes de ese rojo exultante como si no hubiera un mañana. ¿Y todo lo que existe es este ahora? ¿Y si a partir de ahora todo va a ser sólo presente? ¿Y si nos quedamos prendidos en este momento para siempre como si fuéramos ropa tendida con pinzas que nadie recoge a pesar de la lluvia? ¿Y si no hay futuro a la espera de que pasemos esta prueba?

¿Y si nos creíamos que éramos un árbol y en realidad sólo éramos la semilla?

Me siento muda, pero tal vez es que la vida me dice que calle y use esas palabras para hablarme a mí misma. Que escuche y deje de hilvanar historias para ser contadas y me quede tan quieta que pueda notar como me late el corazón y como respiran las plantas… Que vaya tan lenta que sea capaz de percibir como el mundo gira y sepa lo engañada que estaba pensando que era el centro de mi universo… 

Hasta que habitarme deje de ser una molestia y empiece a ser una alegría… 

Hasta que dé rienda suelta a ese llanto sordo acumulado en la garganta que espera ser disuelto y soltado y a veces me sale en forma de grito y de rabia… 

Hasta que ame tanto esta noche que ni siquiera me dé cuenta de que ya es mañana.

Hasta que no tenga más remedio que vivir este miedo y dar gracias por estar… A pesar de la lluvia. 

Gracias por leerme… Como todos me siento ampliamente desconcertada…

 

Comos siempre, si quieres saber más de mí te invito a entrar en mi web

www.merceroura.es 

 

Y tienes mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon


16 comentarios

Lo que importa de verdad…


baby-539968_1280_Fotor

Son las 9 de la mañana. Mi madre me escribe. Está lejos. Tiene que salir de casa para ir al farmacia… Una pequeña odisea ahora para ella. Tantas cosas a tener en cuenta para no fastidiarla y llevar a casa al bicho sin querer… Va a buscar las medicinas para mi padre, ha esperado todo lo que puede para evitar salir pero ya no da para más… La siento muy lejos, muy lejos. Le pido que tenga mucho cuidado, no puede permitirse descuidos. No puede permitírselos nadie, pero ella menos. Aunque nadie sabe. Hay tanta información, tanta basura que se comparte cada día y que nos mantiene encogidos y asustados… Ella me contesta, en su tono de voz se nota que está triste por todo esto y está asustada, muy asustada… Secuestrada como todos por esos pensamientos recurrentes que huelen a dolor y a tragedia y que nunca ayudan… Demasiado para ella, demasiado para todos.  Sin embargo, me dice algo que me deja perpleja y me revuelve por dentro…

“No te preocupes por mí (dice serena), iré protegida, pero si pasa algo es que mi alma ha decidido marchar”.

Me quedo rota. Llevo días gestionando emociones y mirando dentro… Llevo años mirando dentro de mí para aprender a ver este mundo con compasión y dejar de sentir esos arañazos intensos que antes sentía en mi alma. Digo alma, espero que no te moleste, pero yo creo que tenemos una… Diré más, siento que está conectada con la tuya, seas quien seas, estés donde estés. Estoy gestionando esto como puedo, se supone que sé cómo y que incluso acompaño a otras personas a hacerlo, y tengo grandes momentos de encuentro conmigo misma, pero tengo miedo, como todos, lo reconozco…

Estamos tan lejos de lo que amamos… Ahora nos damos cuenta… No controlamos nada, sólo podemos escoger cómo respondemos a la vida y si al responder, sin querer, nos hacemos daño intentando golpear una pared o usándola para reconocer nuestro valor.

Las palabras de mi madre me hacen… Iba a decir pensar pero diré sentir. Vivimos sin vivir. Vivimos mirando al retrovisor y con la cabeza pensando en aparcar el coche, en quedar bien para que nos miren bien, en conseguir más dinero, en tener un día libre para desalojar de nuestro cuerpo este cansancio eterno que nos acompaña porque no somos lo que somos realmente… Y apuramos esas horas libres en la esclavitud mental de contarlas, de necesitar que sean más porque vivimos una vida de la que siempre estamos esperando hacer vacaciones porque es insoportable.

Vivimos sin vivir mientras esperamos que llegue el día que podamos vivir mejor, a base de dejarnos el hígado en la carretera, en la oficina, ante el ordenador y de tener el corazón en un puño porque a veces parece que se nos para… Vivimos a base de sacar la lengua por agotamiento y perder el norte, un norte que ni siquiera sabemos qué es.

¿Cuál es tu norte? ¿Qué necesitas realmente en tu vida? ¿Qué deseas sentir? ¿Qué sientes de verdad? ¿Estás consciente en tu vida o vas en piloto automático?

Las palabras de mi madre me hacen pensar en lo que realmente importa. Y no es lo que pensamos que importa. No es lo que pensábamos que importaba hace un mes, hace unos días, es otra cosa…

Nos hemos atiborrado de chorradas mentales prefabricadas y nos hemos creído que importaban, pero no era cierto…Lo ves claro cuando lo que realmente importa está al filo del abismo, en plena noche oscura. Cuando el canto de río de la suerte que llevas en el bolsillo desde hace años se precipita por el acantilado te das cuenta de que la suerte no estaba en él sino en ti… Cuando alguien te dice que asume su vulnerabilidad de forma completa y rotunda, te das cuenta de lo vulnerable e indefenso que estás y de que justo en aceptar esa indefensión está tu fuerza.

Cuando todo se desvanece, te das cuenta de que has hecho el tonto intentando parecer lo que no eras… O como ya dije hace unos días, cuando lanzas la moneda al aire, es cuando sabes si quieres que salga cara o cruz… Hasta entonces, vives en tu noche mental. Atrapado en una vida que se parece a la vida pero es un sucedáneo estéril que sólo te lleva a tragar momentos sin notarlos y engullir noticias para sentirte más triste, más asustado, más presa de todo y de todos…

Lo que importa está contenido en este momento. Es esta sensación de caer sin saber a dónde te llevará esta caída sin red y notar que estás contigo. Que por fin has visto que te estabas perdiendo el primer plato mientras soñabas con el postre, que no hay nada que llene ese enorme vacío en tus entrañas salvo tú mismo… Que la noche que ahora ves en tu ventana no es más que el reflejo fiel de la noche que llevas dentro y que hace tiempo que finges que no ves.

Nos hemos tragado una versión de la vida fast food, adornada con falsos halagos, sujeta a unos resultados que ahora ya no importan y se quedarán borrados de nuestro disco duro mental… Hemos estado haciendo méritos para ganar una carrera que ya no se va celebrar y mientras hemos dejado lo que realmente nos hacía sentir vivos de lado…

Hemos dejado de sentir y de caminar por caminar. De hacer el ridículo por si alguien nos veía y se hacía una imagen de nosotros que parecía más real que nosotros mismos… Hemos dejado de escuchar la música… Hemos dejado de contar pecas y dar besos por el puro placer de dar besos y no como algo pendiente antes de contestar un whattsapp… Hemos dejado de mirarnos a los ojos unos a otros porque sabemos que no nos miran por lo que somos sino por lo que nos falta.

Y ahora, añoramos abrazos y nos sentimos lejos de todo y de todos… Tal vez para poder así mirar dentro de verdad… Encontrar el norte, el de verdad… Dejar la carrera y dar pasos hacia lo que nos importa de verdad… Para no tener más remedio que descubrirnos y saber quienes somos y amar lo que encontramos ahí dentro.. Nuestras miserias y miedos, nuestras sombras, nuestros estupideces y nuestros complejos absurdos… Para sentirnos libres de no volver a competir por parecer, por ganar nada que en realidad no queremos ganar pero pensamos que sí porque en el fondo es una imitación barata de esa autoestima que realmente necesitamos…

Ahora podemos ver lo que importa de verdad y dejar de mirar al dedo para poder ver la luna… Caminar sin buscar a dónde nos lleva este camino, sólo caminar a ver qué pasa. La vida es a ver qué pasa… Y ya vemos qué pasa ahora.

Lanzad vuestra moneda al aire y antes de que caiga sabréis si queréis cara o si todavía seguís peleando por la cruz y creyendo que vuestra dignidad y felicidad depende de un resultado. Todo eso ya no tiene sentido ahora.

Gracias por leerme.

Normalmente aquí te cuento lo que hago y me promociono.

Hoy sólo quiero decirte que estoy aquí… www.merceroura.es  y enviarte un abrazo, uno del tipo que todavía nos podemos permitir, virtual.