merceroura

la rebelión de las palabras


1 comentario

Tienes derecho a estar mal


Tienes derecho a estar triste y quedarte un rato a vivir en esa tristeza. Habitarla, comprenderla, casi casi medirla, reconocerla y bailarle el agua mientras no puedas esbozar sonrisa o no te dé la gana.

La tristeza, la desgana, esa pereza inmensa de todo porque tu mundo se cae a pedazos están permitidas y también son necesarias. Sin reproche, sin remordimiento, sin apresurarte a querer saltar al vacío de la felicidad falsa, ni pasar de puntillas por lo que realmente sientes. Sin presionarte por hacer algo para evitar que te señalen con el dedo por flojo o floja, por vago, por frágil, por vulnerable, por no estar haciendo suficiente para salir de ese lugar llamado tristeza que tanto nos cuesta habitar y que tan necesario es conocer y comprender.

Tienes derecho a estar enfadado y rabioso. A enviarlo todo a tomar viento porque tu vida se desmorona a pesar de lo mucho que haces para arreglarlo y lo mucho que te has esforzado por hacerlo todo bien y ser ejemplar, por llenar tu agenda para que no se diga que no haces suficiente para llegar a dónde quieres llegar. Y a pesar de todo, no llegas a nada o eso parece… Tienes derecho a notar esa punzada clavada y reconocerla, a que te parezca horrible sentirla y a lamentarte por ello un rato porque no te parece justo… La única forma de superar el dolor es sentirlo y abrazarlo. Saber de qué está hecho y a qué huele. Reconocer que te invade y notarlo… Tomarte un café con ese miedo atroz a seguir viviendo eso que te gusta tan poco, que es tan incómodo, tan inoportuno, tan duro, tan áspero, tan terrible y saber que no eres tú sino una circunstancia…

Tienes derecho a creer que todo es injusto y dar un portazo. A lamerte las heridas un rato y pensar que a veces el mundo da asco y otras da miedo.

Apresurarse a cruzar el umbral de nuestros miedos y saltarse fases para que esas emociones que duelen no nos arañen no sirve de nada… Solo para cerrar el ciclo en falso, para coser la herida cuando todavía no ha supurado suficiente o poner una tirita sucia… Para quedarse a medias del proceso y enquistar miedos y angustias, para dejar pendiente lo que es inevitable y hacer que se repita… Porque todo lo pendiente vuelve siempre.

Tienes derecho a estar ansioso y desbordado. No hay que forzarse a ser feliz cuando por dentro el llanto es inmenso y la sonrisa que inventamos es demasiado amarga… Sentir tu tristeza, tu rabia, tu miedo, tu frustración también es optimismo, es aceptación, es tomarte tiempo para estar contigo y respetar tu ritmo. No forzar nada. No exigirse ni reprocharse. Sentir lo que en ese momento toca sentir es amarse, respetarse, cuidarse, reconocerse y aprender a usar tus herramientas internas para salir adelante… Y si hace falta, pedir ayuda. Es aceptar tu vulnerabilidad para convertirla en tu fortaleza. Es descubrir que en tu fragilidad hay tanta solidez que puedes permitirte caer, fallar, sentir y reconocer lo que pasa…

Porque sin sentir ese dolor, ese miedo, esa tristeza, esa rabia, jamás podremos usarlas para crecer y ser conscientes de quiénes somos y dónde estamos. Eso sí que es ser positivo. No mirar al futuro y decir desde la ignorancia que todo va a ser de un modo concreto si lo deseamos mucho, sino mirar al presente y ponerte de tu parte y parar para recalcular, para sentir, para tomarte tu tiempo y saber dónde estás y a dónde quieres ir.

Tienes derecho a descansar y no hacer nada. A no producir y que no lo parezca por si critican y hablan mal aquellos que tal vez por dentro también se rompen, pero por fuera disimulan y se hacen fotos maravillosas para mostrar al mundo una vida que no es su vida. Tienes derecho a caer, a fallar y a no ver clara todavía la moraleja del cuento. A no haber aprendido del error cuando acabas de cometerlo. A pensar que tal vez no sea un error sino un paso necesario…

Tienes derecho a no ser feliz ahora y no pasa nada… Tienes derecho a serlo cuando puedas y quieras sin imponerte nada ni machacarte para serlo y parecerlo para que tu infelicidad no moleste e inoportune a otros.

Tienes derecho a estar de mal humor y verlo todo negro y sin sentido. A no querer levantarte por un rato y no superarlo ahora, ni luego, ni mañana… Porque necesitas un tiempo contigo, conectado a ti y desconectado de todo lo que parece que te obliga a no ser tú, a lo que pone barreras entre tu verdad y tu vida. Siendo lo que eres ahora. Notando lo que notas para superarlo y vivirlo, porque sabes que hay instantes en que no hay más remedio que sentir. Abrazar el dolor y convertirlo en catapulta. Sin fingir, sin aparentar… No importa lo que parezca, no importa lo que piensen, no importa lo que opinen… Tu vida es tuya, tu dolor es tuyo, tu tristeza es tuya y los sientes el rato necesario para trascenderlos, para usarlos a tu favor, para descubrir que no eres eso que sientes, pero que puedes darle la vuelta.

Tienes derecho a estar mal, sentirte mal, de bajón y no esconderte ni avergonzarte. No tienes que disimular, ni esforzarte para que no te instiguen a mejorar, ni a salir de casa si no te apetece. Tienes derecho a decir no a los mejores planes de tu vida porque no te apetecen, a no satisfacer a nadie ni aceptar consejos ni falsa empatía basada en la necesidad ajena de no verte mal y solucionar tu vida para no tener que mirar de cerca la suya… Muchos creen que sacándote de casa y obligándote a olvidar tu dolor te curan de golpe, cuando lo que hacen es alejarte de pedir ayuda cuando realmente la busques y hacerte sentir peor contigo mismo, como un lastre, como un parásito, porque te harta y asquea ver en sus ojos el reproche, el escuchar esa cantinela de «deberías esto, necesitas aquello, no te puedes permitir caer y estar de bajón». A veces, las mejores intenciones nos llevan al abismo, como el mono que sacó al pez del agua para evitar que se ahogara… A veces, no necesitas que te salve nadie, solo salvarte tú a ti mismo y cambiar tu forma de mirarte. Y eso no pasa en cinco minutos, es un entrenamiento que requiere de una decisión y no tienes prisa por tomarla, mereces madurarla en ti.

Tu dolor no te hace peor que nadie. Puedes compartirlo ahora o mañana, puedes vivirlo a tu manera… Y recordar que no estás solo, que no eres lo que te pasa, que mereces lo mejor de la vida siempre.

No vale la pena esconderse tras una sonrisa cuando no tienes ganas de sonreír. Las lágrimas son balsámicas. Antes de meter nuevas consignas en tu mente hay que liberarla de la basura acumulada y para hacerlo hay que hacerla consciente y observarla, sentir qué te dice, de dónde viene y dejar que se vaya sin prisa pero con determinación.

No solo tienes derecho a estar triste y decir no a fingir y poner buena cara si hoy no puedes poner buena cara… Es tu trabajo, ser tú ahora. No te sientas obligado a nada.

Con esto, no quiero decir que te quedes siempre ahí y que todo valga, por supuesto, ni que tu vida tenga que ser eso. Todo tiene su duelo, sus fases y hay que darles el tiempo necesario, darte a ti ese tiempo para sentir y superar sin premura, sin urgencia, sin ponerte etiquetas, ni castigarte si crees que no avanzas, sin culparte por dónde crees que ya deberías estar. Es un camino, a veces parar no es estancarse, es tomar aliento y reconocerse, es tomar fuerzas y recuperarse, es decidir cambiar de dirección y verle sentido a lo andado, lo que queda por andar y el momento presente.

Tienes derecho a estar mal sin reproches, sin presiones, sin culpas, sin tener que aguantar encima malas caras… A veces, la única forma de salir del túnel es permitirse estar en él y encontrar la luz. Si no queremos darnos cuenta de la realidad, no podemos superarla y aceptarla.

Y si en algún momento notas que se estás acostumbrando demasiado a ese estado, recuerda que puedes pedir ayuda para salir… Que tienes derecho a estar bien desde ahora mismo.

Tienes derecho a estar mal porque si estás mal es necesario que te des cuenta, que lo notes, que lo vivas, que dejes de creerte que eres lo que te pasa… Tienes derecho a ser lo que eres ahora justo y no querer soñar con nada más ni ponerte más retos ni metas que estar un rato contigo…

Tienes derecho a sentir absolutamente todo lo que ahora estás sintiendo, sin tener que rechazarlo por si no es adecuado, por si parece poco agradable y genera malas caras y críticas, por si molesta, por si no cabe en tu agenda o en la de otros… Tal vez sea la única forma de descubrir tu gran valor y toda la felicidad que puedes darte a ti mismo.

Tienes derecho a sentir lo que sientes y además es necesario.

Porque a veces esa tristeza inmensa es el preludio de una gran paz.

GRACIAS por leerme.

¿Quieres aprender a amarte?

¿Quieres dar un giro a tu vida?

Primero te invito a leer mi libro  “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Y a entrar en mi web y ponerte en contacto conmigo para hacer un plan y transformar tu vida en todos los aspectos. ¿Te apuntas?

www.merceroura.es 


6 comentarios

Para que tu vida sea realmente tuya…


No pienses tanto, siente. Pensamos mucho y lo hacemos mal porque siempre pensamos lo mismo. Damos muchas vueltas pero es dentro de la jaula, nunca fuera. Observa tus pensamientos y decide que tal vez no sean verdad y no pasa nada.

No hagas tanto, escoge qué haces y hazlo con amor, con respeto por ti y por los demás. Haz con inspiración y con ganas. Disciplínate para hacer, pero sin atosigarte y exigirte demasiado, así podrás hacer disfrutando y sin sufrir. Ponte pautas pero no te encarceles. Que tus hábitos sean los hitos que te marcan el camino y no los barrotes de la celda. Encuentra el equilibrio.

No temas parar y recalcalcular tu ruta. Tomarse tiempo no es perder tiempo, es aprovecharlo, es decidir desde la sabiduría interna y no desde el piloto automático que solo busca hacer sin parar para sentirse útil y ocupado. No necesitas acumular méritos ni resultados, tu valor está por encima de lo que produces. A veces paras y te das cuenta de tantas cosas que cuando vuelves a dar un paso has dado en realidad un gran salto…

No corras, a donde vas no se llega con prisa sino con presencia.

No te midas por las palabras de otros, no dejes que te pongan etiquetas y si lo hacen, no las asumas, no te las creas. No eres etiquetable, ni siquiera definible con palabras. Cuida a la vez tus palabras porque con ellas creas tu mundo…

No asumas responsabilidades ajenas. Si puedes ayudar, hazlo, pero no puedes vivir por otros, ni llorar por otros, ni superar sus miedos, ni llevar a cabo sus retos, ni sudar sus camisetas.

Agradece cada día todo lo que llega a ti, pero no esperes nada. Nadie va a salvarte la vida, solo tú. Esa parte de ti que sabe que no sabe nada pero aprende de todo y ama cada minuto.

Deja de buscar, encuentra. Está bien poner foco en lo que anhelas, pero no te pierdas el camino. No dejes de ver lo que está en tu vida solo mirando lo que te falta, porque eso te hace perder mucha belleza y no valorar lo mucho que llega a ti. Que mirar a la luna no te impida vivir este momento, este ahora, este trayecto. Lo sueños no nos pueden recortar sino motivar. No pueden dejarnos en visión túnel sin ver las oportunidades que se pasan por nuestro lado mientras vamos hacia una meta. La meta a conquistar es y siempre serás tú. Un versión de ti más libre que se siente capaz y muestra todo su valor.

Sueña, pero no te pierdas en tus sueños, no te reduzcas a tus sueños. La verdadera motivación es estar vivo ahora y estar contigo en paz.

No te reproches nada. Si algo hiciste mal, acéptalo, asume. Si lo puedes arreglar o reparar, hazlo. Pide perdón todas la veces necesarias, de corazón, y sigue adelante. Los errores reconocidos y comprendidos son tus grandes aciertos. Vívelos con tanta dignidad que les des la vuelta y sean tu honor y tu estandarte… La culpa no engendra nada más que sufrimiento y más culpa y más sufrimiento. Un bucle del que solo se sale con perdón, el de ti mismo.

Siente, no huyas de lo que sientes. La única forma de superar lo pendiente es vivirlo y reconocerlo, para darte cuenta de que no eres tus miedos, ni tu tristeza, ni tu dolor. Eres ese ser que los observa y se hace cargo de ellos desde la paz. Llora todo lo que necesites. Enfádate. Da portazos. Siente rabia, envidia… No se trata de reprimir sino de hacerlo consciente. Si te das cuenta de lo que sientes podrás usarlo para encontrar paz y coherencia. Ser optimista no es pensar que todo irá bien o saldrá como esperas, es saber que pase lo que pase confías en ti y tienes herramientas internas para superarlo y , si no, pedir ayuda.

No hace falta que te repitas mil veces que te quieres. No es que esté mal, es hermoso, pero primero saca la basura inconsciente que guardas y obsérvala. No se trata de forzarse para amarse sino de quitar los muros que lo impiden. Reprográmate y suelta. La autoestima no es un proceso para amar lo que no amas, exigiéndote y maltratándote si no lo consigues, es una decisión que te permite empezar un camino en el que antes de descubrir quién eres, tienes que apartar los obstáculos que no te dejan verlo. Cuando consigas quitar el velo que cubre tu mirada y no te deja verte, amarte será fácil. El amor llega solo cuando el camino está libre.

No te juzgues ni juzgues tu proceso. Te transformas al ritmo que debes, al que puedes y estás preparado. Que el cambio que experimentas no sea una excusa para maltratarte más y el camino hacia la libertad no se convierta en un camino de regreso a cárcel, a una más sofisticada, pero cárcel al fin y al cabo.

Acepta. Nada obra tantos cambios como aceptar que algunas cosas no van a cambiar. Porque cambias tú, tu forma de pensar, de ver… Y desde esa paz todo se transforma. No es magia, es un cambio de perspectiva, es una forma de mirar desde el amor que obra el milagro imposible. Aceptando muchas cosas cambian y otras no, pero ya no importa porque ya no arañan y las ves de otro modo… Acepta ahora y si no puedes, no pasa nada, acepta que no aceptas. Es un gran paso.

Recuerda que no controlas nada, tal vez solo tu forma de mirar el mundo pero nunca lo que pasa. Lo único que puedes decidir es cómo vivirlo y, con entrenamiento y consciencia, cómo pensarlo.

Dí que no. A veces nos cuesta y mucho, pero hay que decirle a la vida y a las personas lo que no queremos y no vivir vidas a medias. Si no puedes todavía decir no, no pasa nada, sé consciente de por qué no te atreves, de qué te frena, de qué te impulsa a estar donde no quieres estar y hacer lo que no va contigo. Encuentra el miedo que yace en ti y te obliga a vivir esa vida que no es tu vida y respira.

Que no te importe hacer lo algunos llaman «el ridículo». Siente esa vergüenza que nos piden que ocultemos y pasea con ella por la calle. Que te miren, si quieren. Que murmuren… No reniegues de ti, de lo que realmente eres y de lo que amas… Que se rían, no importa. No hay nada en ti que sea defectuoso o equivocado. Algunas personas miran a los demás y se mofan de ellos porque encuentran sus propios miedos proyectados en el otro y creen que así es más soportable su amargura… No caigas en ese juego. Cuando te mires con el amor que mereces, sus miradas inquisitivas se desvanecerán o no podrán hacer mella en ti. Nada es una ofensa en realidad, es un juego de espejos que termina mirando dentro de ti y dejando de mirar tu reflejo en el otro y juzgando.

Cuando recibas esos golpes de la vida, esos arañazos, esos momentos duros que siempre llegan no te culpes, trátate bien… Para y siente ese dolor y pregúntate qué te das tú a cada momento. La vida es un espejo y no se trata de reprocharse sino de usarlo para darte flores y respeto en lugar de críticas y desamor. Cuando menos te comprendas y te valores es cuando más amor necesitas por tu parte.

Mira sin juzgar y si lo haces, date cuenta y suelta esa necesidad. No pasa nada, eres un ser humano. Solo date cuenta. Cada vez que juzgas, recortas un universo y lo reduces a una dimensión, a un resultado, a un miedo. Si te abres a ver al mundo capaz, lo capacitas. No pidas nada pero ábrete a recibirlo todo, lo mejor, porque eso es lo que mereces.

Comparte lo que eres. Comparte lo que haces. Comparte tu talento. Aporta todo lo que puedas sin temor a que te copien, te imiten, te critiquen. Comparte sin miedo a quedarte vacío. Lo que realmente das desde el amor siempre se multiplica en ti…

Cuando todo se ponga oscuro, respira. Nos olvidamos de respirar, nos olvidamos de respirar en calma y profundamente. Nos conectamos a la angustia y nos dejamos llevar por ella, vivir por ella. Respira y mientras respires, solo haz eso, respirar. Toca con tus pies el suelo y nota la tierra, siente que te enraízas y nota como el aire entra en ti y sale sin esfuerzo. Invita a la vida a vivirte, a ser vivida por ti… Procura estar presente en tu vida porque es ahora, solo ahora. No tengas pasado ni futuro, tente a ti. Te bastas y te sobras si realmente conectas contigo.

Nadie podrá estar contigo si tú no estás contigo, si no estás de tu parte… Tal vez esté a tu lado, comparta el camino y te dé la mano, pero nadie llena el vacío que tú mismo no te llenas.

GRACIAS por leerme.

¿Quieres aprender a amarte?

¿Quieres dar un giro a tu vida?

Primero te invito a leer mi libro  “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Y a entrar en mi web y ponerte en contacto conmigo para hacer un plan y transformar tu vida en todos los aspectos. ¿Te apuntas?

www.merceroura.es 


2 comentarios

Ocupa tu lugar


No se trata de amarse en la victoria, en la cima, cuando tocas tu sueño y las personas te aplauden… Se trata de abrazarse en la derrota, en el fracaso, cuando las cosas salen mal y la gente te esquiva la mirada…

Se trata de amar esa oscuridad, esa sombra inmensa que todos intentamos ocultar y sentarse un rato a su lado. Tomarse un café y escuchar ese silencio tremendo en el que surgen esos pensamientos tristes y terribles… Y dejarlos pasar sin luchar contra ellos. Y ver que no son tú.

No se trata de encontrar tu belleza. Llega sola cuando ves lo más horrendo que hay en ti, escondido tras un miedo atroz. Cuando eres capaz de comprenderlo, aceptarlo y reírte de todas la veces que lo has negado… Entonces, justo en ese momento y no antes, ves que aquello terrible era hermoso en realidad pero no podías comprenderlo hasta ahora.

No se trata de estar feliz, esto va más de sentir tu tristeza y amarla. Comprenderla, aceptarla y saber de dónde viene y a quién le llora… Quedarte quieto a su lado un rato mientras te cuenta su historia, que es la tuya, y besar sus lágrimas.

La alegría llega sola cuando permites que la tristeza ocupe su lugar y se pueda marchar tranquila después de ser escuchada.

No se trata de que seas mejor para amarte, ni de que te esfuerces para cambiarlo todo en ti. Se trata de que ames lo que ya eres, barbaridades y manías incluidas, y acabes jugando a la vida contigo un buen rato. Que presentes al mundo tu yo más oculto, tu yo más avergonzante, tu yo más ridículo… Esa persona a la que siempre has tenido que señalen con el dedo porque no es suficiente, porque se queda corta y te hace pasar un mal rato… El amor llegará solo, sin tener que hacer nada justo cuando aceptes ese yo imperfecto, ese yo cansado de ocultarse… Y ya nunca más te avergonzarás de él porque ya lo amas y lo comprendes.

Entonces te das cuenta, no es que lo escondieras del mundo porque es imperfecto, es que de tanto esconderlo del mundo se ha vuelto así. Es como un flor cerrada que necesitaba de la luz del sol para abrirse. Justo cuando dejas de ocultarla, despliega sus pétalos y descubres que era hermosa pero necesitaba ser liberada para mostrar toda su belleza.

A veces basta amar lo que es para que se transforme. Descubrir lo que eres a través de lo que no eres.

A través de la pequeñez encontrar tu inmensidad.

A través de la tristeza, tu alegría.

A través de la lucha, tu paz.

A menudo, la vida te pone delante el lugar oscuro, el rincón feo, el camino difícil , el traje viejo, el amor de tercera, el sueldo bajo, pero es para que los aceptes, los notes, los comprendas y sepas que aquello no es para ti… Porque tal vez solo acercándote a lo que eres no eres puedes llegar hasta ti y reconocerte…

Lo que pasa es que cuando te pierdes, cuando te asustas y te desesperas, te buscas donde no estás. Entre lo absurdo, lo terrible, lo trágico… Te pones etiquetas horribles, te hablas mal y te maltratas. Cuando en realidad, si te llamas por tu verdadero nombre, con amor, siempre estás ahí, siempre respondes.

A veces, cuando eres capaz de amar lo que creías era una debilidad, se convierte en una fortaleza.

Justo en el momento en que dejas de esconder lo que no te gusta de ti y lo aceptas, se transforma.

Cuando de verdad ocupas tu lugar, te reconoces y te abrazas, tu mundo se endereza, porque el amor llega solo cuando dejas de poner obstáculos.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es