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la rebelión de las palabras


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La belleza que ves es la belleza que eres


 

 

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Estamos tan sujetos a nuestras creencias que no podemos ver lo que realmente importa. Necesitamos verdades absolutas a las que agarrarnos, plegarias que decir para suplicar que lo que tanto nos asusta no pase… Y cuando descubrimos que eso no existe, que todo se mueve y cambia, que no hay nada que no sea incertidumbre a nuestro alrededor y que aquello a lo que nos agarramos es en realidad arena fina, nos sentimos perdidos…

Buscamos donde no hay. Vivimos a través de frases escritas en las redes sociales donde alguien nos da una fórmula que se supone que es para todos la misma, que es infalible, que se aplica tanto si eres joven o anciano, si vives en Ecuador o en Islandia, que funciona tanto si tu problema es que no tienes dinero como si acabas de perder al que crees es el amor de tu vida…

Sí, es cierto, hay una fórmula, pero no está fuera, está dentro y no es fácil aplicarla. Puede serlo, no quiero ahora engendrar en ti y en mí otra creencia, pero a mí me ha costado mucho y me sigue costando… Es un gesto, una manera de vivir, una decisión… Amarse. Es tan simple y tan complicado a la vez. Simple porque se trata de que ahora decidas que todo lo que vulnere ese amor que sientes por ti y no haga que crezca salga ahora mismo de tu vida… Complicado porque no vas a hacerlo (¿o si?) porque todavía no estás al límite y no crees que el beneficio que esa decisión supone, pueda superar esta pegajosa sensación que tienes ahora (tenemos, me incluyo, no pasa nada, sin culpas ni reproches) en la que quejarnos y lamentarnos porque todavía no somos, creemos que nos compensa. Porque hemos convertido el lamento y el “casi, casi llegar” en algo cómodo y llevadero y no queremos renunciar a ello para vivir plenamente. Digamos las cosas por su nombre… No pasa nada, decirlo en voz alta calma y sosiega. Todos lo hacemos. En realidad, lo hemos hecho lo mejor que sabemos y no vamos ahora a exigirnos más sino a comprendernos hasta el fondo.

Porque mientras no te amas, nadie te ama y mientras no te aman como mereces realmente, tienes (tenemos) una gran excusa para ir por ahí a medias, sin comprometernos a nada de todo… Porque así nos podemos exigir un poco menos, que sería un alivio, y seguir buscando esa perfección que no existe y que un día nos va a romper en dos y nos va a parar en seco (sé de qué hablo). Y cuando alguien te reclama, estás de suerte, porque cuando no te amas, la vida no va bien, pero tienes la coartada perfecta cuando te comparas con otros (eres incomparable en realidad) porque tú eres ese o esa pobre persona que no recibe tanto como da, que no tiene suerte, que por más que haga no llega la recompensa… Y en ese ejercicio comparación insano y demoledor siempre tienes una excusa para medirte con otros y no ganar, para poder soportar que te miren y no te reprochen puesto que tu puesto de salida siempre está más lejos que el de los demás…

Sé qué haces, sueñas que un día saldrás desde el mismo punto que los demás. Te han dicho “Sueña… Persigue tus sueños” ya lo sé, yo también lo hago, lo hice pero es el sueño equivocado (no soy nadie para decírtelo ni sé nada, pero si sé lo que he vivido). Porque el verdadero sueño no es competir y llegar a la meta como hacen los demás, es descubrir tu propia meta y dejar de medirte y calcularte. Descubrir que ya eres, que ya vales, que no necesitas compararte ni demostrar. Sueña que llegas pero a ti. El sueño es la paz de saber que eres el ser más amado del mundo porque cuentas con la persona más increíble y extraordinaria a tu lado, tú… Lo más sólido a lo que agarrarte cuando vienen malos momentos eres tú, no hay nada más.

Todo lo demás son creencias y frases hechas, algunas mejores y otras peores, pero no son tú. Cree en algo que te abra la mente, el corazón… Algo que te diga que seas no que demuestres, algo que te invite a ser sin embarcarte en una carrera que no sea una aventura… Hazlo porque lo deseas y porque antes de terminar y llegar a la meta ya sabes que sea cual sea el resultado te hará feliz, porque no te estás midiendo sino disfrutando, porque estás ahí para contagiar esa belleza que acabas de descubrir que posees y quieres compartirla. Porque quieres ser maestro y alumno a la vez, porque ya sabes que aportas mucho al mundo y te abres a cambiar todo lo necesario para seguir amándote…

Esta semana me hice una pregunta ¿qué haría en caso de desesperación y no me atrevo a hacer del todo ahora? es una versión de la gran pregunta ¿que harías si no tuvieras miedo? puesto que cuando te desesperas, te descubres dispuesto a todo y borras tus límites… Justo en ese momento, descubres por qué la vida te ha puesto en esa situación, te está alentando a que hagas eso que hasta que el agua no llegue al cuello no estás dispuesto a hacer… Te arrastra a que dejes tus creencias limitantes de lado y existas sin tener que pedir permiso… Te pide que claudiques y cedas en el orgullo, no en la dignidad, ni en tu poder… Que renuncies a tus límites y miedos y a tus máscaras, no a tu ser, ni a tus sueños… Te dice “hasta aquí has llegado escondiéndote del amor que eres, ahora para seguir no basta con sucedáneos… Tienes que ir en serio contigo, comprometerte de verdad hasta las últimas consecuencias”.

La vida te pone al límite para que no tengas más remedio que confiar en ti. 

Puedes decir que no y seguir en esa espiral de angustia.

Puedes decir que sí… Y me gustaría decir que se abre el cielo y sale una mano enorme y te salva… Pero no, lo que pasa es que de repente, una capa fina de algo maravilloso te cubre y entra en ti y te empiezas a ver de otro modo… Eres la persona que ha dicho sí, que ha sido capaz de renunciar a lo que le estorba para ser ella misma y vivir en coherencia… Y eso te da mucha fuerza y poder, eso se parece tanto al amor verdadero que mueve montañas… Y descubres que la mano que sale de cielo es tu mano… Que si existe un dios o una energía creadora e inteligente (cada uno sabe si lo vive y lo siente, y lo llama como quiere) actúa solo cuando le das permiso porque lo hace a través de ti.

Y dejas de pedirle al mundo que te mire y te haga caso porque ya no es necesario… Te lo haces tú. Y todo se transforma porque tú eres tú.

Hay una fórmula infalible… Incluso yo te cuento una fórmula, fíjate, aunque no sé nada y me equivodo mucho mucho… Ámate por encima de cualquier circunstancia y situación, diga lo que diga el mundo… Ámate en el caos más absoluto y cuando te veas caer por el precipicio más profundo. Ámate cuando nadie te vea ni te diga que estás, que eres, que cuentas… Ámate cuando sólo veas belleza ahí a fuera y no en ti… Ama tu dolor, tu culpa inventada, tu vergüenza, tu miedo, tu desesperación y date cuenta de que sólo abrazándolos podrás librarte de ellos y reconocer que son la puerta de salida de tu mundo de sombras, que cuando aceptes que están y sepas que no eres lo que son descubrirás lo que eres… No eres tu sufrimiento, eres la persona que sabe usarlo y aprender de él para soltarlo de una vez…

La belleza que ves es la belleza que eres… Ya eres todo, sólo te hace falta mirarte y ejercer de ti mismo. Cuando consigues entender eso, todo da la vuelta… Y no importa que todo se tambalee, porque tú estás en ti, tú eres lo que habías buscado siempre.

 

¿Estás cansada guerrear? ¿Quieres de una vez por todas encontrar tu paz? Te acompaño y te cuento cómo yo estoy en camino de encontrar la mía… “Manual de #autoestima para #mujeres guerreras aquí. No desaproveches esta oportunidad y permítete lo que mereces. 

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Deja de ignorarte


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A veces te quedas sin voz y otras se te acaban las ganas porque topas tanto con la misma pared que te quedas roto, entumecido, agotado. Y luego cuando te paras un momento, te das cuenta de que tocaba callar y cambiar de rumbo, dejar de golpear paredes que no llevan a ningún lugar y respirar hondo para saber qué quieres realmente.

Insistimos tanto en besar al sapo obsesionados con que es un príncipe… Nos obsesionamos porque los demás cambien y sean como creemos que deben mientras pasa un tiempo precioso en el que no miramos en nuestro interior… Un tiempo en el que no somos nosotros de verdad porque nos ocupamos de cambiar el escenario, el atrezzo y decidir qué tienen que hacer y decir los demás actores. Cuando el cambio real de la obra sólo llega cuando asumimos que somos nosotros quiénes tenemos que interpretar otro personaje. Discutimos sobre las palabras que nos dicen, nos enfadamos por lo que ven o no ven en nosotros, porque no nos valoran y nos nos aman como merecemos… Y ni siquiera nos tomamos tiempo para darnos cuenta de que no prestamos atención a lo que nosotros hacemos… ¿Y nuestras palabras? ¿Y nuestra valoración de nosotros mismos? ¿Y la forma en que nos miramos y nos definimos?¿Y la forma en que nos tratamos? ¿Y todo lo que hemos hecho hoy que nos denigra en realidad porque creemos necesitar aprobación?

Cada vez que pensamos que los demás son el origen de nuestros problemas estamos perdiendo la oportunidad de solucionarlos, les estamos entregando el poder de seguir haciéndonos daño… Les entregamos la varita mágica... Nos hacemos daño nosotros mismos por persona interpuesta… Y no es que ellos no sean responsables de herirnos, lo son, pero destinar energía a desear que cambien, es como pasarse las noches concentrado en ver la otra cara de la luna desde el balcón de casa. Sean como sean, hagan lo que hagan, digan lo que digan no tenemos opción a cambiarlo. Tan sólo podemos hacer dos cosas… La primera, decidir si se quedan en nuestra vida o se van. La segunda dejar de mirarles a ellos y empezar a concentrarnos en nosotros, comprendernos, mimarnos, recuperarnos, cosernos, escucharnos… Dejar de prestar atención a lo que no está a nuestro alcance y mirar dentro, en nosotros, donde todo cobra sentido, donde realmente se puede hacer magia.

Cerrar puertas y heridas. Decidir que hemos comprendido la lección y que estaban ahí para mostrarnos que todavía nos amamos poco… Soltar nuestra necesidad de mirarles y juzgarles, evitar que nos sigan haciendo daño, dejar de darles un papel protagonista en nuestras vidas y ocupar nuestro verdadero lugar en el mundo.

La verdadera magia consiste en aprender a mirar sin dolor. Dejar de buscar lo que no funciona y dejarse seducir por lo que realmente nos hace sentir inmensos, radiantes, poderosos. Contemplar con ojos inocentes cada día para así poder imaginar historias hermosas y empezar a crear una realidad más acorde con lo que realmente somos. Abandonar esa idea gastada y triste que tenemos de nosotros y que nos habla de que estamos a medias en todo. Que nos dice que no llegaremos nunca, que no somos todavía perfectos y tenemos que continuar demostrando y batallando para conquistar a unas metas que ya no nos representan ni ilusionan… Porque ya eran huecas el día que alguien te dijo que eran las tuyas y dijiste que sí por temor a parecer desconsiderado, por temor a no encajar, por temor a destacar y parecer distinto, por no dejar la tradición.

El ejercicio que lo cambia todo es aceptar que nada de lo que nos rodea va a cambiar tal y como creemos que debe cambiar y hemos llegado a necesitar que cambie. El cambio real es dejar de necesitar y concentrarse en sentir, en notar, en depositar la energía en este momento y decidir que el poder es nuestro.

Ya lo sé. Ahí a fuera llueve mucho a veces y otras el sol quema, quema sin parar. Hay mil historias tristes y mil lobos feroces. Mil caminos oscuros y mil noches frías. Aunque también hay mil formas de amarse cada día y mil personas maravillosas esperándote en el camino. Algunas te llaman por teléfono o te envían un mensaje. Otras te sirven café o te venden unos zapatos. Algunas comparten tu vida y otras se cruzan contigo un solo instante y sonríen y te recuerdan que tú también puedes sonreír ahora. Algunas brillan y otras están apagadas. Unas están para recordarte que tú también brillas y otras que te has apagado  y está a un paso de volver a conectarte a la vida. Hay amigos de cien años y amigos de dos días. Y en este mar de dudas en el que todo se mezcla y te arrolla, lo que cuenta es saber guiar tu barca. Dejarte llevar a favor de viento y saber cuándo virar y mantenerse firme.  Y dejar de mirar a los lobos esperando a que sean corderos  porque mientras ves su crueldad te pierdes la belleza que te rodea, incluso la que está en ti.

Soltar el intento loco de control de todo lo que jamás podrás controlar y usar esa rabia por no conseguirlo para crear algo nuevo.  La verdadera magia es comprender que hay cosas que no podemos evitar y aprender a concentrase en lo que sí está en nuestra mano. 

Y en tu mano estás tú. Y lo único que tienes que hacer es descubrirte realmente. Salir del decorado y escribir tu guión usando tus palabras. Y cambiar tu mirada ante lo que ves y detenerte un momento a contemplarlo con ojos inocentes y nuevos. Y dejar de juzgar lo que es para esperar a comprender lo que te cuenta de ti… Ver que cada persona que se cruza contigo lleva un mensaje para ti.

Percibimos lo que somos a través del mundo, pero si queremos cambiar no podemos actuar en el reflejo sino en el original.  Y ver lo que realmente eres. Encontrar tu valor. Potenciar todo lo maravilloso que descubres en ti… La verdadera magia es aprender a mirarte de otro modo y descubrir que esa magia está ya en ti, pero no la usas porque has olvidado que la tenías. Porque llevas una eternidad ignorando tu grandeza.

Deja de ignorar tu magia… Deja de ignorarte.

 

 

 


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Hoy te toca a ti


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Ya lo sé, estás cansado… Es complicado seguir el ritmo de una vida que a veces parece que se rompe… A veces, incluso parece que sólo se rompe para ti, pero no es cierto. Hay millones de vidas rotas y echas pedazos que se recomponen cada día… Millones de alas rotas que vuelven a volar… Millones de árboles con ramas desnudas que vuelven a brotar…

A veces la vida te deja desnudo y la soledad más rotunda te golpea el estómago. Y no entiendes por qué y no sabes cómo. Intuyes que todo tiene un sentido y una enseñanza, pero te duele demasiado para pensar en ello…

Para los que llevan la noche dentro es más complicado encontrar un atisbo de luz… Aunque al final, creo, esa noche está ahí para que busquemos la luz con más ganas… Como si nos hubieran subido el listón de repente para que no nos durmamos a la hora de saltar…

He pensado mucho y mal, a veces… He dado vueltas en mi conciencia a los obstáculos y a las noches que llevamos metidas dentro que no nos dejan brillar y ver por dónde vamos.  Me he perdido mil veces en esas noches, en mil noches distintas, pero con el mismo perfume y angustia… Las he habitado hasta sentirme tan pequeña que nunca creí tener fuerza para abrir la puerta y salir a encontrar la respuesta. Y al final, considero que la noche se mete en ti porque la necesitas, porque necesitamos oscuridad para ansiar la luz y pisar la cuerda floja para amar la tierra firme… Y al mismo tiempo, acabar amando la noche por lo mucho que nos ha sido útil para encontrar nuestra propia belleza.

Creo que el antídoto es esa belleza. Encontrarla y sentirla, vivirla,  pero no en la luz sino en la noche. En el momento de más angustia, en el instante en que más se nos retuerce el rostro y menos nos reconocemos las facciones…

Vivir es confiar en encontrar la luz en el momento de más oscuridad.

Ver tu belleza cuando más harapos te visten.

Amar cuando menos amor recibes.

Ser justo cuando más injusto es contigo el mundo.

Vivir es creer en nosotros  cuando nadie cree. Cuando más desesperados estamos y menos nos responde el cuerpo y las personas con las que contamos para seguir están más ocupadas mirando a otro lado…

Eso te hace sentir que estás solo, pero no es cierto. Lo que pasa es que hay cosas que sólo puedes hacer tú. La soledad no viene a separarte de los demás, viene a ti para que entiendas que tienes el poder. Para que sepas que debes asumir tu responsabilidad con tu vida… Para que te enteres de una vez que la solución está en tus manos.

Creo que cada uno tiene un aprendizaje distinto, pero todos pasan por amar. Por besar a tus monstruos y entender a los que te han hecho daño… Comprender su dolor, sus miedos, sus rarezas y a veces su incapacidad para hacerlo mejor, como la nuestra…

Tal vez todo esto consiste en perdonar al mundo por no ser como sueñas y entender que así es mejor. Que necesitas este mundo tal como es para llegar a ser tú tal y como eres… Que sus sombras son las que te obligarán a sacar tu luz y brillar intensamente…  Amarlo tal y como es sin esperar que cambie, mirarlo con otros ojos y ser capaz de apreciar sus pequeños avances y sus errores más espantosos… Usar otras palabras para definirlo  y vencer sus reticencias con un abrazo incondicional. Cuando amas a algo o a alguien lo conviertes en algo digno de amor. Todos lo merecemos y quiénes menos saben amar es quiénes más lo necesitan…

A veces, cuando miras al mundo de otra forma, el mundo cambia de golpe.

Y también consiste en perdonarte, comprenderte y asumirte. Bailar con tus momentos más amargos, reírte de tus quejas y tus penas. Verlas como una oportunidad para crecer y saltar… Convertir tus miedos en una palanca… Catapultarte a ti mismo y descubrir que aquello que tal vez te has esforzado en esconder de los ojos ajenos durante años es justo lo que necesitabas mostrar para llegar a tus sueños… Descubrir que lo que no has querido conocer de ti hasta ahora era la clave para llegar al otro lado de tu conciencia, para tener la vida que anhelas.

Y esa vida  no es perfecta tampoco, pero es tuya. Tiene momentos complicados también. Es el resultado de elegir, de decidir sin dejar pasar un solo día más sin rumbo, sin perder más tiempo en ningún plan que no sea el tuyo.

Todos los grandes planes de futuro llevan a ti. A ser más tú y estar mejor contigo.

Cuando consigues eso, miras al mundo y lo ves hermoso. Miras al necio y entiendes su necesaria necedad… Miras al orgulloso y comprendes su orgullo, miras al cruel y sabes que es su forma de suplicar amor porque aún no ha sido capaz de amar sus sombras…Decides al lado de quién quieres caminar y de quién no, pero borras el resentimiento de tus venas… Eso te transforma, te invade, te cambia de forma inmediata.

Y te miras a ti y ves que eres un poco ellos y un poco el mundo. Y te das cuenta de que esto de vivir va en dos sentidos…

Hacia ti.

Hacia ese mundo salvaje y maravilloso…

Hacia los millones de personas que viven en él y están tan perdidos como tú y tienen mucho miedo. Millones de personas que cada día buscan su luz. Algunos ya han descubierto que pueden.  Otros ya la usan con una fuerza que ilumina el mundo… Quién sabe cuántos van a encontrar hoy la suya y vivirán ese momento mágico…

Tal vez hoy te toca a ti.

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Muchas formas de ser maravilloso…


Voy caminando con mi hija, venimos de dar un largo paseo. De repente, me mira y me pregunta “mamá voy a tener que hacer dieta, verdad?”. Y me quedo perpleja. Tiene ocho años preciosos y no le sobra ni el falta nada. Come de todo, hace ejercicio y no para nunca. Es una niña saludable, está maravillosa… ¡No puedo creer que nadie piense que tenga que bajar de peso!! ¡Menos ella!! Me quedo alucinada… Aunque hoy mientras paseábamos un par de personas le han dicho que ha crecido mucho y que se la ve fuerte, al decir esa palabra han hecho esa cara de “digo fuerte como eufemismo”. Una de ellas, se ha permitido rodear su brazo con la mano (lo rodeaba de sobras) y hacer algún comentario sobre lo apretada que está… “Claro, porque come sano y hace mucho deporte-he dicho yo con cara muy seria-eso se llama salud”. Espero que la persona que me lo dice haya notado que no me gusta ese gesto, que mi hija no es una res, ni está esperando a que nadie la tase ni la valore…

Nos han acostumbrado tanto a ver niñas cadáver en los anuncios que si no parece que el niño sea transparente nos permitimos pensar que le sobra peso. Nos han dicho que la belleza son las costillas marcadas, las caras hundidas y pegadas a la calavera y las piernas de palillo… Y nos lo hemos tragado sin rechistar.

Y ahora me doy cuenta de que esas palabras la han afectado, que se ha sentido mal por esos comentarios y cree que le sobran kilos. Se mira la barriga y me mira a mí… Y no le sobra nada. Se lo digo. Le digo que su médico es quién debería decidir si le sobra o no y qué hacer. Que no es el caso, porque ella está en su peso y altura y está maravillosa. Que si come menos, se pondrá enferma porque está creciendo y necesita alimento. Que, en todo caso, podemos hacer algo más de deporte, aunque ella ya hace el suficiente. Le digo que no se preocupe por lo que dicen, que la gente critica porque se aburre, porque no se quiere no lo suficiente y necesita criticar, porque siente que tiene que decir algo… Le digo que  ella nunca ha sido menuda, que está preciosa y se la ve radiante tal como es. Porque cada uno es como es y eso lo hace diferente y que es una suerte. Si todo el mundo fuera igual, el mundo sería terriblemente aburrido. Por eso ella tiene amigas que está más delgadas y otras no tanto y que lo que importa es que estén sanas y se quieran como son.

La miro y veo sus ojos vivos que se fijan en los míos… Sé que me quedo corta, mis palabras no pueden llegar a expresar lo que me atraviesa el alma ahora, me gustaría que por un momento ella sintiera lo que yo siento, que se viera con mis ojos y quedara sorprendida de su asombrosa belleza…

Sus miradas inteligentes… Sus ideas para cambiar el mundo… Su preocupación por personas que no conoce pero que necesita que estén bien… Sus dibujos perfectos… Esa nadadora excelente que lleva dentro… Esa científica brillante que hace experimentos en su habitación…

Sus cabellos llenos de reflejos dorados, sus ojos impactantes, su cara preciosa, su cuerpo sano y perfecto…

Aunque no lo ve. Mis palabras le llegan, pero noto que tengo que borrar de su cabeza las palabras de esas dos personas que la han hecho sentir incómoda con su cuerpo.

¡Cuánto daño podemos hacer en un momento con nuestras palabras! ¡Cuánto dolor juzgando y criticando a los demás en lugar de mirarnos a nosotros mismos y ser compasivos!

Al fin y al cabo, cuando encuentras algo que te molesta en el otro es porque eso te molesta en ti o te preocupa. No nos damos cuenta a veces de la repercusión que tienen nuestros actos, sobre todo cuando afectan a criaturas que aún no son capaces del todo de distinguir entre lo que importa o lo que no, que no saben que es lo esencial y no han aprendido a quererse aún como merecen.

Vale la pena que revisemos entre todos un poco hacia dónde van nuestros valores… Si salimos a la calle y podemos hacer daño aunque sea sin querer para sacar de dentro nuestras frustraciones y aliviar nuestros traumas lanzando la basura acumulada que llevamos dentro sobre otros…Hay temas que no deberíamos tratar a la ligera, cuando afectan a personas vulnerables y no hacerlo sin criterio ni conocimiento suficiente.  Ya es complicado educar y lidiar con la intrusión masiva de imágenes y modelos de conducta que destruyen en dos segundos el trabajo hecho durante días explicando a tus hijos que deben respetar y quererse. Como sociedad tenemos muchos retos importantes, uno de ellos es contribuir a dar herramientas a nuestros hijos para que crezcan sanos y con valores sólidos. Quién no esté dispuesto a ayudar a ello, simplemente que no se meta… Si no puedes construir, mejor quedarte al margen…

Y me doy cuenta. Yo también he  fallado. Aunque he intentado cambiar de tema y he dicho que estaba preciosa ante esas personas, debería haber sido más contundente cuando han empezado a hablar de mi hija como si no estuviera…Debería haberles dicho… “Tú opinión no nos interesa. Estamos fantásticas y sanas. Nos da igual que tú creas que nos sobra por aquí o por allí, no queremos tu menosprecio ni tu risita irónica”.

“Si tienes ganas de desahogarte por tus traumas, te deseamos mucha suerte, te enviamos mucho cariño y te recomendamos que te mires al espejo y te sinceres… Deja de jugar con las emociones ajenas porque ya eres adulto. Mi hija no es tu sparring, ni el pañuelo donde sonar tus mocos”.

Hay gente alta, baja, rubia, morena, musculada, sin muscular, de piel clara, de piel oscura… La belleza no es un estándar. Tiene mil tallas y estaturas, es de mil colores y está por todas partes para quién sabe verla y apreciarla… Es una mezcla entre salud y autoestima… Entre libertad y felicidad. No está en un molde ni proviene de una fórmula matemática… Hay muchas formas de ser maravilloso. Hay muchas clases de belleza…

No tenemos que encajar, tenemos que ser felices.

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Belleza es salud


Como consumidores somos responsables de lo que compramos y de la publicidad que se hace de los productos que consumimos. Hace unos días se prohibió en Gran Bretaña un anuncio porque la modelo que aparecía en él estaba extremadamente delgada.  Era casi una niña y tenía un aspecto de estar enferma. Los ojos hundidos y la piel pegada a los huesos. ¿Es este el ideal de belleza que nos representa? ¿Estamos seguros de querer pagar este precio como sociedad? como consumidores tenemos más poder del que creemos. Podemos decidir qué comprar y qué no y nuestras conductas afectan a los que fabrican y a los que hacen publicidad.
Si decimos basta, dejarán de vendernos ese modelo de belleza irreal que no es belleza, que no tiene en cuenta lo más importante, la salud y la felicidad. Que trata a la persona como objeto y no difunde valores ni se preocupa por cómo afecta a nuestros hijos.
Somos responsables de nuestro poder a la hora de comprar y consumir. Consumamos belleza real y salud, no enfermedad. No fomentemos hábitos que pueden hacer que nuestros hijos acaben perjudicados.


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Consumiendo muerte


Me quedé ayer estupefacta… En Gran Bretaña han prohibido un anuncio porque una de las modelos que aparece en él está extremadamente delgada. Terriblemente delgada. Cadavérica. Y no hablo de la típica chica a la que todo le queda bien porque no le sobra carne en ningún sitio, hablo de una joven de bonitas facciones que sería agradable contemplar si no fuera porque se intuye demasiado su calavera.

Dicen los responsables del organismo que ha tomado la decisión que la chica tiene expresión demacrada y que su torso y sus brazos son tan delgados que pierden la proporción ante su cabeza. La verdad es que la joven no parece sana, aunque podría estarlo porque todos conocemos a personas que están siempre esqueléticas y su metabolismo les permite comer todo lo que desean.

Aunque ese no es el problema. La moda es apariencia. Las chicas que salen en los anuncios son al final el modelo a seguir para muchas personas, algunas de ellas niñas y adolescentes que identifican la belleza con esa imagen enfermiza. El tema de la extrema delgadez de las modelos hace años que se comenta, siempre sale alguien a decir que todo está cambiando pero en realidad, no cambia nada.

Se acentúa más aún. Porque ahora no hace falta que sea la modelo de turno que cuelga en Instragram sus abdominales imposibles, cualquier niña puede hacerse una foto y dar la vuelta al mundo emulando a sus musas. Y ahí empieza la competición. La semana pasada, las chicas debían tener la cintura más estrecha que un DIN A 4. Ahora una modelo que parece que vaya a caerse, a doblegarse, a salir volando  si sopla el viento… Con los ojos un tanto hundidos y el cráneo marcado, al puro estilo Monster High.

De hecho, no hace mucho, Gigi Hadid, una modelo preciosa de cuerpo maravilloso, sano y de medidas posibles, tenía que salir a defenderse porque en las redes la llamaban “gorda”. Os pido que echéis un vistazo a ese pedazo de mujer, delgada sin ofender y guapa a rabiar, con una cara de salud envidiable y os preguntéis qué estamos haciendo como sociedad si alguien cree que a ella le sobran kilos.

Cada día hay más fotos del antes y del después. Sin que eso signifique que no debamos estar en forma, lo debemos estar, haciendo ejercicio y con hábitos saludables. Aunque no ayuda nada a la hora de educar a nuestros hijos esa insana obsesión por contarlo todo y medirlo todo.

Nos pasamos la vida persiguiéndoles manzana en mano ante mil tentaciones de bollería industrial que les ofrecen en dos minutos un subidón de azúcar que les hace sentir que pueden con todo… Hasta que diez minutos después no pueden con nada y todo parece gris.

Como sociedad, primero les atiborramos de grasa saturada y luego les hacemos sentir culpables por no parecer cadáveres andantes.

Y vamos más allá. ¿Quién ha decidido que eso es belleza? Porque, la verdad, y con todo mi respeto por esa modelo a la que definiría como hermosa con un poco más de vida en sus mejillas y sus ojos, a mí me repugna.

Hemos encumbrado nuevos héroes y heroínas cuyo único superpoder es un físico, en este caso muy discutible desde el punto de vista de la salud, sobre todo, y nos hemos quedado tan tranquilos.

No todo vale. No podemos vender muerte por más glamurosa que sea. No podemos decirle a nuestros hijos que si no tienen aspecto de nuñecos vacíos a punto de desfallecer no son hermosos.

Debemos decirles que estén sanos y que la salud es belleza. Y sobre todo, que la autoestima es belleza. Que deben ser ellos mismos y tratarse bien. Que comer es básico para vivir y que hay que aprender a hacerlo bien. Que cuando se quieran a ellos mismos irradiarán esa belleza. Que todos tenemos diferencias y que son maravillosas.

Porque luego, pasan los años. Y un día eres madre o padre y te pasas el día trabajando, sales y te ocupas de tu familia, haces la compra, respondes mensajes, cuidas de tu casa, llamas a tu madre, lees un libro, sales a correr un rato… Y eso no se consigue sin comer… Eso no lo hacen las chicas de ojos hundidos y costillas marcadas. Lo hacen las mujeres de verdad y los hombres de verdad. No los de las revistas…Lo hacen las personas inteligentes en todos los sentidos.

Alguien debe decirles que los verdaderos héroes son ellos y no los torsos perfectos de Instagram ni los que compiten a ver a quién se le marca más la clavícula.

La belleza real es la sonrisa, el gesto de felicidad, la salud de tratar bien a tu cuerpo y tu alma, la inteligencia que brilla a través de los ojos, el destello que desprenden las personas que creen en sí mismas tengan la talla que tengan…

Y madurar como sociedad y como personas. Transmitir autoestima e inteligencia emocional. Dejar de poner en peligro esos valores y educar para amar las diferencias y darse cuenta de que para vender un bolso o una camisa no hace falta pesar 40 kilos ni parecer un zombie.

Y decidir que no nos gustan los modelos imposibles y la belleza sacada del romanticismo cuyo lema era morir joven y dejar un bonito cadáver… Si dejamos de consumir muerte, dejarán de vendernos muerte…

Depende de nosotros.


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Por qué escribo


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Escribo por necesidad. Por inquietud. Casi por delirio. Escribo para apaciguar a mi alma guerrera que siempre me pide librar batallas contra dragones imaginarios. Escribo porque a cada palabra que suelto, la ansiedad se mitiga.

Escribo para calmar el dolor de mi cuerpo menudo y atenazado por las ganas de llegar a todo y siempre sentir que se queda corto.

Escribo porque las palabras construyen realidades paralelas y sosiegan llantos. Porque necesito sacar de dentro todas las que tengo almacenadas esperando engendrar pensamientos. Escribo sin cadenas ni frenos.

Escribo para ser mejor y sentirme completa. Para no perder el don de encontrar la belleza en todo y darle la vuelta a los momentos amargos. Escribo porque las palabras acortan las noches de insomnio y eternizan las caricias.

Escribo porque creo fervorosamente en la intensidad de las formas … En la necesidad de encontrar la forma más adecuada para cada momento. Escribo porque adoro lo pequeño y quiero prolongar lo escaso.

Escribo porque escribir agita mis alas y me recuerda que la oruga es una mariposa y la bellota una encina.

Escribo más para los que buscan que para los que ya tienen, para los que quieren saber más que para los que ya todo lo saben. Escribo porque mis palabras cambian el camino. Escribo porque las palabras me cambian…

Escribo porque las palabras que uso hacen que mis temores sean absurdos y mis fantasmas queden ridículos ante el espejo del tiempo. Escribo para acortar distancias y dilantar presencias…

Escribo con palabras imprudentes, a veces, con palabras que me salen de las vísceras y los pliegues de una conciencia cansada pero agitada. Escribo para pasarme y no para quedarme corta…

Escribo para zarandear conciencias y revolver entrañas.

Escribo para los que no escriben y lo necesitan.

Escribo para dar palabras a los que las buscan y no las encuentran. Escribo para emocionar con lo que me emociona… Escribo sin buscar redención ni querer esquivar condena.

Escribo sin más norma que la de no traicionar mis principios y mis ganas. Escribo sin atar mi vergüenza y corro todos los riesgos que se deriven de mis sentencias más absurdas. Escribo sin corsé ni margen, con todas las rosas y todas las espinas… 

Escribo sin esperar que nada calme mi sed de palabras ni mi insaciable hambruna de magia…

Escribo sin estar sujeta a la severidad de otros ojos, ni a las ataduras de morales impuestas.

Escribo sin riendas…

Escribo por si el viento sopla fuerte y hace frío…

Mido versos, nunca mido respuestas. Busco saciar esperanzas, no bolsillos… 

Escribo para seducir a los cautos y que se dejen llevar. Escribo para encandilar a los sumisos y que levanten sus miradas.

Escribo irreverente y desbocada, sin buscar más dicha que la de mis historias ni más gloria que la gloria de honrar las palabras… No escribo para encontrar respuestas sino para atreverme con las preguntas.

No escribo para los pájaros que ya cantan solos sino para las ramas de los árboles y las pasiones mudas o calladas.

Escribo de oído. Escribo de recuerdo. Escribo con fuego desde mis entrañas revueltas y ansiosas…

Escribo porque invento mundos y levanto imperios imaginarios. Porque dibujo caminos y puentes y genero estados de ánimo. Escribo para que las fieras amaestren a sus domadores y los cuerdos pierdan un poco la razón…

Escribo porque cuando escribo, sueño, y soñar es lo que nos diferencia de las bestias…

Escribo para enamorar a las bestias.