merceroura

la rebelión de las palabras


7 comentarios

Acabo este año soltando


woman-586185_640

Acabo este año soltando…

Dejando en el camino lo que ya no me sirve, lo que me sobra, lo que me estorba para recordar quién soy y lo que me impide notar como la vida fluye a través de mí. Dejo lo absurdo, lo que no tiene ya sentido, lo que me ata a una forma de pensar y sentir que me limita, lo que me retiene en un lado de la vida donde nunca pasa nada y lo que pasa siempre duele, lo que me sujeta a una forma de interpretar la vida que siempre hiere y ataca. 

Quiero empezar el nuevo año sin lastre, sin carga, sin culpa, sin tener que mirar atrás por si me persigue algunos de los fantasmas a los que durante años he estado alimentando y haciendo hueco en mi vida a lo nuevo, a lo inesperado, a lo que tenga que venir. 

Quiero quedarme en mí y sentir que estoy presente en mi vida. Que el aire pasa a través de los dedos de mis manos y que cada momento cuenta. Notar que sube la marea y mis pies se mojan. Ver que el día se acaba y cerrar mis ojos. Descansar cuando me canse y bailar cuando sienta que necesito baile… Sentir la lluvia cuando llueva y el sol cuando amaine. Atreverme a mirar el reverso rugoso de las hojas y que no me asuste. Quedarme dormida sin más planes que mis sueños… Borrar todos los futuros posibles y acurrucarme en este instante que se me escapa de las manos mientras intento comprender y encontrar las palabras para expresar como me siento.

Acabo este año observando mis pensamientos más lúgubres y crueles conmigo misma, sin rechazarlos, dejándolos pasar y perdonándome por pensarlos, por sentirlos, por habérmelos creído y darles valor por encima de mi valor… Por haber puesto mis miedos por encima de mis sueños y haberme sentido pequeña y limitada… 

No quiero mirar a ningún otro lugar que no sea mi lugar. No quiero vivir en ningún otro momento que no sea este momento. Ni siquiera quiero mirar al futuro. No existe. No está. No quiero imaginar otra vida que no sea este pedazo de vida que ahora habito. No quiero pisar ningún pedazo de tierra que no sea el que ahora piso. No quiero desviar mi mente para evitar sentir lo que ahora siento ni escapar de mi vida ahora… 

Soñar es maravilloso pero a veces es la forma más hermosa que usamos para escapar del presente, para huir de una vida que nos aturde y agobia. Para poner los ojos ahí afuera y evitar mirar dentro y sentir el dolor y el llanto acumulados… 

Esta vez no voy a hacer una lista de sueños ni de objetivos… Ya no. No porque no los tenga, sino porque durante mucho tiempo he acabado años haciéndome promesas. Algunas las he cumplido y otras no. Algo que he aprendido es que hay mil cosas que no dependen de mí y no puedo ejercer ningún control sobre ellas, por tanto, es mejor soltar la necesidad de que pasen como deseo y de gastar mi energía en ellas. Prefiero centrarme en lo que sí depende de mí, de mis ganas de seguir y ser cada día más libre. 

En lugar de llenar mi futuro de sueños pendientes, voy a vaciar mi presente de pesadillas. Porque tal vez la clave sea dejar de apegarse a las cosas que nos duelen y arañan, dejar de aferrarse a esos pensamientos terribles que siempre te dicen que lo haces mal, que tienes la culpa, que no vales, que no cuentas, que no mereces… Y actuar en consecuencia. Tal vez, lo que necesito es sacar de mi vida lo que sobra antes de llenarla de lo que deseo. 

Demasiado a menudo, nos prometemos cosas que no cumplimos porque seguimos atados a esquemas de pensamiento antiguos. Lo hacemos sin darnos cuenta de que esas cosas nuevas que deseamos en nuestra vida llegarán como fruto de otra forma de pensar… 

Acabo este año soltando… Dejando hueco para que pase el aire. Liberando espacio para lo nuevo. Buscando el silencio para sentir y dejar que me invada y me calme… Para que nuevos pensamientos lleguen a mi vida y los pensamientos gastados se vayan por al desagüe. Respirando hondo para que todo el aire posible entre en mí y se lleve el dolor acumulado, para que desvanezca las cabañas que el miedo construyó en mi mente y puedo construir yo algo hermoso…

Acabo este año amando lo que soy, aunque a veces no me guste todavía demasiado, aunque no sea perfecto, aunque me tiente la idea de reprocharme y medirme otra vez.

Acabo este año dando gracias a todo eso que suelto y libero porque ha sido parte de mí. Porque durante años me ha permitido seguir adelante, aunque a tientas y sin darme cuenta de lo mucho que me obligaba a no sentir y lo mucho que me ataba a sufrir.

Bendigo el lastre que suelto porque sin él ahora no me sentiría tan ligera ni podría haber comprendido lo que busco, lo que realmente necesito, lo que no era capaz de ver porque me sujetaba a una barandilla que no existía. Porque sin esa oscuridad no habría encontrado esa luz que me guía y me dice que ahora toca estar presente en mi vida. 

Acabo este año sin buscar excusas para evitar estar en mí. Sin coartadas para huir de lo que siento aunque duela y así poder afrontar lo que me asusta y lo que me conmueve… 

Acabo este año cerrando puertas usadas, puertas de muchos cerrojos y contraseñas que sortear, puertas que dejan escapar la alegría, la calma, las ganas, la inspiración… 

Quiero quedarme vacía de lo que no soy para poder ser lo que siento. 

Acabo este año sin más expectativas que dar el siguiente paso, respirar la siguiente bocanada de aire, encontrar la siguiente mirada, doblar la siguiente esquina, decir la siguiente palabra…

Acabo este año soltando esa forma de pensar que me rompe y me lastra la vida. Así puedo empezar el siguiente sin cargas ni condenas que me impidan ser y sentir. 

 

Gracias por leerme y confiar en lo que escribo.  

Si quieres saber más sobre autoestima te recomiendo mi libro Manual de autoestima para mujeres guerreras”

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si realmente quieres un cambio en tu vida, tengo una propuesta para ti. Un programa para tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento exclusivo que en 40 días te permitirá reconocer tu potencial e ir borrando poco a poco las creencias y hábitos que frenan tu autoestima y tu evolución… ¡Echa un vistazo y toma ya esa decisión que puede cambiar tu vida! ¿Te acompaño?

Toma decisiones y cambia tu vida en 40 días 

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

Consulta mi web www.merceroura.es 

 


10 comentarios

Lo que tengo y lo que me falta


Cuando llegan estas fechas, siempre acabamos poniendo en una balanza lo que tenemos y lo que nos falta. Deseamos siempre que nuestros sueños pesen más que nuestros miedos y que en nuestra lista de logros haya más por apuntar que hace un año. Al final, no se trata de tener mucho que apuntar sino de saber si nos sentimos bien con lo que pone en nuestras listas. Si en la de logros falta algo que consideramos básico, una de esas cosas que te llenan la vida, y en la de retos te queda poco por conseguir, algo no marcha bien. Puede que incluso, haga falta cambiar muchas cosas de esa lista, cuando nosotros cambiamos, también mutan nuestros sueños y se modifica nuestra ruta.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que a menudo, cuánto mayor es tu sueño, más depende ti conseguirlo. Los sueños grandes son los que tienen que ver con las vueltas que da tu vida, con tu actitud ante ella y tus ganas. Si el sueño es enorme, necesitas más esfuerzo, más empeño, más capacidad para hurgar en tu interior y sacar de ti mismo lo que te lleva a conseguirlo. Algunos sueños que dependen de otros en gran parte. Esos retos en los que estamos pendientes de cómo nos valoran otras personas y estamos sometidos a su juicio son sueños frágiles. Diré más todavía, son superables, secundarios, intercambiables incluso. Los grandes retos se gestan en nuestras almas… Pasan en nuestra cabeza, se viven en nuestros pensamientos y dependen de nuestra forma de ver la vida… Creo que muchas veces la clave para conseguir un reto es descubrir qué pensamientos debemos tener para prepararnos para él. Qué palabras decir para transformar nuestra conciencia y subir el escalón necesario que nos lleva a dónde queremos. Y hacerlo sin perder nuestra esencia y valores, sin dejar atrás lo que somos más que para superarnos.

Ahora es cuando llega ese momento en el que nos preguntamos si somos felices. Y para responder, siempre miramos todo lo que nos falta. Viene alguien y nos recuerda que no debemos preocuparnos porque el dinero no da la felicidad. Yo siempre respondo que depende, que a veces sí, a veces no. Si no tienes nada que dar de comer a tu hijo y consigues dinero para comprar con qué alimentarle, eso te hace feliz. Si puedes comprar un billete de avión para viajar y ver a los tuyos después de meses y meses de ausencia, eso te hace feliz. Si puedes dejar un empleo que te supone suportar situaciones que te menoscaban como ser humano o hacerlo para poder dedicar más tiempo a los tuyos, eso te hace feliz. Aunque nos pese, el dinero compra muchas cosas que necesitamos en nuestro día a día. Cosas básicas que todos deberíamos tener cubiertas por el hecho de existir…

Aunque hay otro tipo de felicidad. Esa que te hace sentir bien aunque las cosas se pongan difíciles. Ese aplomo en la vida, esa paz que se consigue después de haber mirado a tus miedos a la cara y haber decidido que puedes, que quieres y que saltarás cualquier obstáculo que se ponga en tu camino. La felicidad de saber que amas y que te aman, que tienes la conciencia tranquila y la ilusión intacta… Eso no te lo quita nadie.

Y de eso te das cuenta cuando estás en un hospital observando como una máquina ayuda a respirar a un ser querido. En ese momento, lo mínimo es lo máximo. Lo básico que te ayuda a seguir. En ese momento, el rasero con el que medimos cambia y la balanza de sueños se vacía, se queda con lo necesario y aun así, pesa más. En ese instante te das cuenta de que a menudo nos fabricamos una vida hueca y llena de estupideces. Que perdemos mucho tiempo dando categoría a lo absurdo y ocultando lo que importa, que dejamos que el miedo se nos coma el camino. Que dejamos pasar la risa mientras nos preocupamos por lo que otros piensan de nosotros mientras ellos te miran con cara de asco y desaprobación porque les parece que eso llena su vacío y contiene su tristeza insoportable y rotunda.

Justo cuando tienes los ojos llenos de lágrimas contemplando un monitor que marca los latidos de un corazón cansado, te das cuenta de que eres un zombi. De que te has perdido en un laberinto de quejas y críticas. Que lapidas tu alegría renegando de lo que eres. Que te escondes tras una maraña de muecas y excusas. Que dices mucho que no a lo que te asusta. Que dices mucho que sí a personas que no te merecen ni te conocen.

Te das cuenta de que en algún lugar del camino, en un mal momento, te dejaste la coherencia y pusiste el piloto automático. Que te desahuciaste a ti mismo de esperanza y te echaste de tus planes para el futuro. Que perdiste el norte y has estado vagando sin saber a dónde ni por qué. Que estás medio vacío… Ahora, te das cuenta de que necesitas poco, menos de lo que creías, pero que eso que buscas tiene que ser autentico y real. Que quieres lo básico pero que necesitas que sea verdadero, sincero, puro.

Ahora lo ves tan claro… Al final, no importa si en tus listas de logros y retos hay muchas cosas apuntadas. Lo que importa es que sean las correctas y que las vivas intensamente. Que no malgastes tu tiempo en sueños de plástico y de humo porque parezcan más accesibles y deslumbren tus ojos… Que no te dejes vender una vida que no quieres y un destino que ni buscas ni sueñas.

Lo importante es que tus listas sean tuyas y no copiadas. Que te ayuden a levantarte cada día y te hagan mejor… Y a veces, hay que revisarlas y rehacerlas. Decirse la verdad a la cara y remendarse las heridas que llevamos en la espalda. Ser muy honesto contigo mismo, rozar la insolencia cuando no te quieras enterar de la verdad porque sea muy cruda. Ser muy irreverente con algunos de los dogmas más afincados en nuestra mente… Por si están equivocados o no nos sirven ya… Y  atreverte a pedirte lo que realmente sueñas. Y llegado el momento, cuando todo dependa de una máquina o penda de un hilo, te sentirás satisfecho.


9 comentarios

De vuelta al punto de partida


Había un faro y un enorme pedazo de mar que se metía en sus oídos y le acariciaba las orejas. Podía respirarlo y guardárselo en el pecho. Era inmenso. Su humor salado se colaba por todas partes y se impregnaba en sus cabellos.

Llevaba delante de él mil tardes, pensando. Parecía una figura minúscula, esculpida en la roca, encogida. Sus pies habían quedado sellados a ella, sujetos por una emulsión invisible que la mantenía al mismo tiempo atenta y absorta de todo. Su mente estaba lejos. Viajaba en el tiempo. Era niña. Se vestía de blanco en una tarde como ésta y notaba que estaba de más en el mundo. Que era insignificante… Un sabor amargo le cruzaba la garganta al recordar el momento en que descubrió que su existencia no era el origen de todo, que aquello era el principio de un camino complicado. En sus ojos había una expresión de miedo, de falta de sueño, de incomprensión hacia un mundo que era grande pero que, a menudo, resultaba hueco. Le venían a la cabeza todos sus cambios de rumbo, todas las veces que se había negado a sí misma y todos los muros que había construido a su alrededor. Cada vez que se había descartado para un sueño, que había creído que le estaba vetado, todas la hojas en blanco que le habían quedado por escribir.

Recordaba sus derrotas. Cada una de ellas más enorme y sonora que la anterior, más contundente, más dolorosa.

En cada batalla había dejado una capa de piel. Las primeras más finas, las últimas más gruesas. Había cambiado tanto que de su esencia tan solo quedaba un aroma vago, una ligera inclinación de la boca a la izquierda al sonreír y una tendencia exagerada a la ilusión.

El balance era duro. Llevaba siglos meditando cómo vivir. Ensayando cómo iba a ser su vida cuando desplegara sus alas, cuando tuviera el valor para dejar el metro cuadrado que la rodea y dejarse quemar por el sol. Había vivido sin verbo, de cabeza, de imaginación. Había saltado mil veces en su mente, había incluso notado la adrenalina agolparse en sus sienes… Pero nunca había saltado con su cuerpo. No había quedado suspensa en el aire sabiendo que al tocar el suelo tendría que amortiguar el golpe con la conciencia.

Había escrito mil versos de amor pero jamás los había entregado. Había huido de muchas miradas bajando la cabeza. Se había excluido de la vida, ella sola, sin pedirse permiso…

Y ahora, aquí cuajada en la roca, mirando un mar eterno que la podría devorar en un movimiento inmisericorde, se daba cuenta. Se retorcía por dentro por haber permanecido impasible y haber consumido tanta vida sin vida… Hacía lista de todos sus amores frustrados y todos sus gemidos ahogados. Apuntaba los lugares que le quedaban por pisar y los huecos que debía llenar a partir de ahora.

Estaba indignada, pero no estaba triste. Se sentía afortunada. Había despertado. Estaba viva. Una apreciable cadena de errores la había llevado a sentarse en la roca. Un cúmulo de cansancio le había detenido los pies hasta llegar ante el mar y dejar que su mente se meciera en el pasado. Había pasado la vida buscando ese estímulo, ese fogonazo capaz de despertar en ella la necesidad de cumplir sus deseos… El detonante que lleva al salto. Había buscado sin cesar la fuerza para salir de la cáscara, para romper la cadena de temores sordos que la rodeaba… Siempre buscando algo a lo que agarrarse…

Había dado mil vueltas para encontrar esta tarde, este silencio, este mar sin límites, este pensamiento. Había girado sobre sí, en rotación permanente. Había surcado el mundo para llegar a un lugar que llevaba dentro. Para encontrar algo que ya tenía. De vuelta al punto de partida.