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la rebelión de las palabras


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Una vida sin vida


Personas que viven una vida sin vida.

Una vida sin vida, pero sin sustos ni sobresaltos. Sin más miedo que a tener miedo. Sin riesgo pero sin magia. Intentando que la incertidumbre no les atrape pero sabiendo que en el fondo nadie se escapa…

Una vida de autómata, con las ganas perdidas. Con las lágrimas acumuladas y pendientes de llorar. Huyendo de un miedo desconocido sin apenas notarlo. Arrastrando un peso que no sabemos si es nuestro o de quién porque ya no recordamos el día que nos lo pusimos a la espalda ni para qué lo cargamos.

Luz sin luz. Para que no nos muestre la sombra y nos asustemos de nosotros mismos. Para no tener que hacer consciente lo que no nos gusta de nosotros mismos y centrarnos solo en lo que detestamos de los demás.

Asco sin asco por si necesitamos soltarlo y se hace inasumible sentirlo.

Un camino sin notar el camino, por si te cambia, por si te desdibuja. Por si te pide que pongas el alma y la tienes vendida o alquilada… Por si encuentras algo que te hace replantearte tus creencias.

Hambre sin hambre… Por sin nunca se sacia, por si nada la frena o la calma. Por si grita tanto dentro que se hace necesario escucharlo de verdad.

Vivir sin vivir, sin percibir, sin querer ver ni sentir. Una forma de pasar por la vida sin notarla, sin sentirla, para que duela menos, para que no arañe, para que no dé tanto miedo.

Vivir protegido para que la vida no nos pido ser vivida y recolocada, para que el dolor no nos arañe y nos exija cambiar de pensamientos y palabras. Para que la verdad no nos sacuda con su crudeza y terquedad y nos deje desnudos y vulnerables. Vivir a medias porque hacerlo por entero requiere valentía y perseverancia, compromiso, ganas y predisposición a mirar dentro de ti donde se guarda lo más oscuro y lo más triste.

Amor sin amor por si se desborda, por si se hace tan intenso que te quema, que te arrasa y te devora, por si se va y te deja… Por si se hace pequeño y no te llena ni te calma. Por si te abandona y te sientes terriblemente vacío…

Trabajo sin propósito por si uno con alma te transforma, por si te invade, por si te importa… Por si va más allá del horario y te cambia y cambia a otras personas.

Amistad sin amistad por si supone quedarse, por si te implica, por si te suelta luego cuando te has implicado…

Soledad sin soledad por si se vuelve tan real que te golpea, por si te desgarra, por si te rompe y solo queda un silencio atroz, espeso, sólido, insoportable en el que oyes tus pensamientos.

Vida sin vida por si se escapa, por si te da mucho miedo, por si te pide que estés presente, por si te engancha, por si es tan maravillosa que la idea de perderla te invita a disfrutarla y no sabes cómo… Por si el miedo a ser feliz que siempre te ronda se hace completamente insoportable.

Una vida vivida con guantes, con protección, sin ensuciarse, sin sumergirse, sin despeinarse por si nos gusta demasiado y se contagia.

Por si una vida de verdad te pide que renuncies a lo que no es coherente contigo y no te atreves. Por si amas tanto esa vida de verdad que te acostumbras a ella y ya no quieras dejarla.

¿Hasta cuándo una vida sin vida?

GRACIAS por leerme.

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¿Tú también tragas con todo porque crees que no te mereces nada mejor?


Una mañana te levantas con ganas y de repente descubres que te han vuelto a tomar el pelo. Te han engañado. Te han usado. Te han vaciado y luego te han dejado tirado… No importa si es en el trabajo o en el ámbito personal. Es duro. Otra vez. Vuelta empezar, recuperarse. Lo mismo de siempre… El bucle de siempre. Siempre a ti. Y justo en ese momento, te pasa por la mente un destello de lucidez. Y sabes que en él hay una respuesta, pero que requiere que seas honesto contigo. Que para salir del bucle hace falta un ejercicio de sinceridad salvaje contigo mismo. Que en lugar de preguntarte por qué, te preguntes para qué. ¿A qué viene esto? ¿Qué siento realmente? ¿Qué pensamientos vienen a mí cuando me pasa lo que me pasa? ¿Qué he estado creyéndome sobre mí que en parte me ha llevado a esto? ¿Cómo mi forma de ver la vida y a mí mismo me ha llevado a actuar para llegar hasta este punto? Y tiras del hilo.

Justo en ese momento, tienes que tomar una gran decisión. Sentir este dolor y hurgar en él para saber qué miedo oculta. Usar esto para comprenderte y quitarte de encima de una vez por todas este esquema de vida que te lleva a topar una y otra vez con lo mismo o fingir que no pasa nada, lamentarte y culpar al mundo y pensar que no tienes nada que cambiar y ya lo harán los demás.

Lo sé, no es agradable. Yo también tiro de muchos hilos y tengo que vomitar los sapos que me he tragado antes. Usar las emociones para salir del pozo mental en que nos hemos dejado meter requiere saborear todo lo tragado dándonos cuenta, hacer consciente aquello que fingimos no ver porque dolía, ver lo que no quisimos ver y sentir, sentir ese miedo insoportable que tenemos pendiente. Tirar del hilo para encontrar la madeja implica a veces encontrar una madeja que tú mismo has enredado porque no te gustaba y descubrir lo mal que te tratas, lo mal que te quieres, lo poco que te valoras, lo mucho te que relegas al último plano de tu vida, lo casi nada que te conoces…

Y hurgando ahí, descubres que en el fondo ya lo sabías, que ya notabas que esa persona o personas te la daban con queso pero no querías notar. Que olía a podrido. En el fondo ya veías que había cosas que no encajaban, que pasaban cosas «raras», que estabas dando cien y recibiendo… Qué ¿Diez? ¿Cinco? ¿Menos cincuenta? y consentías… Y lo hacías porque necesitabas tanto creer que tenías algo de verdad, algo bonito en tu vida, que mirabas al vertedero de esa relación y veías un campo de flores y no porque fueras positivo, sino porque estabas ciego o querías estarlo porque la verdad era demasiado cruda. Que tragabas cuando tenías que decir no en voz alta y decías sí porque tenías demasiado miedo a decir y perder… ¿Perder qué? nada, si no tenías nada, era una farsa edulcorada que te permitía seguir pensando que tu vida estaba llena cuando en realidad estaba vacía y rota, pero la pegabas sin ganas mientras te aguantabas las lágrimas porque sabías que si te permitías llorar ibas a caer y no sabías si podías levantarte. Y te metiste hasta el fondo, esperando el milagro que convirtiera la farsa en realidad, intentando ser tu mejor versión ante esa persona para ver si se conmovía por dentro y le tocabas el corazón… No pasó, porque no pusiste límites, y esa persona siguió usando y usando tu magia, tu risa, tu generosidad, tu valor, tu amor, tu dinero, tus ganas, tu ilusión para construirse un castillo y luego cerró la puerta para no dejarte entrar en él.

Y pasaron diez días, diez meses, diez años… Y el bucle era cada vez más rápido al girar y tú cada vez estabas más roto. Y ahora que llamas a la puerta de su castillo para que te abra, te das cuenta de que te estás rebajando cada vez más y necesitas parar… Y lo haces pero todavía no ves resultados.
A veces, cuando tomas decisiones y sales del bucle y rompes esa dinámica con valentía no todo se soluciona. Se resitúa y sientes dolor y paz al mismo tiempo pero durante un tiempo la vida trae coletazos de esa dinámica que duró tanto tiempo. Espejo de tu interior durante años que todavía se refleja en tu realidad de cada dí. Resultado de horas y horas de vuelo en piloto automático sin llevar los mandos de tu vida y sin confiar en ti lo suficiente como para dejar lo que te ata y lo que te araña.

A veces, sales de la cueva y todavía no ves claro porque tus ojos estan sensibles y acostumbrados a la oscuridad.
Y esta mañana ves que te la han colado de nuevo y después de lamentarte un rato y sentir ese dolor, agarras con fuerza el destello de luz y tiras de él. Encuentras la madeja tirando del hilo de tus miedos, tu dolor, tu frustración, tu rabia, tu tristeza y ves que has permitido que te usen porque preferías ser usado a estar solo, a no sentirte útil, a no tener a nadie…
Y entiéndeme, por favor, esas personas son responsables de su forma de actuar y podemos decidir que ya no merecen estar en nuestra vida porque nos dañan, pero es indispensable darse cuenta de que les dejamos hacernos daño porque no nos hemos valorado y amado suficiente. No somos culpables, hicimos lo que pudimos. Seamos compasivos con nosotros pero… Empecemos por decir basta. Basta a lo que no nos hace bien. Basta a los bucles y las ruedas de hámster en las que nos metemos por no sentirnos suficiente para decir no y aprender a esperar que otras personas que nos traten como merecemos entren en nuestra vida… Basta a decir sí a todo para no estar solos y de quemarnos siendo una versión perfecta de nosotros mismos que no puede sostenerse en el tiempo…

Basta de sujetar al mundo por si se cae porque otros no hacen su parte y de tirar del carro de todas la relaciones por si los demás no se atreven, no pueden, no saben, tiene miedo… Basta de ponérselo tan fácil a otros y tan difícil a ti.


Basta a esforzarse por recibir amor o reconocimiento y demostrar a cada instante que eres valioso. Basta a tener que hacer mil veces más para que te vean y acepten… A ir por la vida dando el doble porque nos sentimos casi nada y pensamos que llevando a cuestas un premio de consolación o un plus añadido nos van aceptar y tolerar… Nosotros somos el plus. No necesitamos hacer nada para ser amados, respetados, aceptados, valorados… Solo ser y existir en coherencia a nosotros mismos.
Nadie nos va a sacar del bucle, solo parar y sentir y tirar del hilo aunque duela.
La verdad nos está esperando para ser descubierta y sentida.
La verdad es que ya somos como debemos sin tener que hacer ni conseguir nada, ya merecemos lo mejor y aunque dé miedo, todo lo que nos refleje eso en nuestro mundo tiene que ser desterrado y soltado porque si no, estamos ocupando el espacio de lo bueno con algo que nos destruye y limita…

Por ello es importante dejar de pensar si estamos a la altura siempre y empezarnos a preguntar cómo toleramos que nos traten y etiqueten cómo nos vemos a nosotros mismos para ser capaces de tragar tanto veneno. Pasemos revista a lo que hay en nuestra vida y todo lo que nos haga daño que se marche porque sobra y necesitamos hacer hueco para lo que nos hace bien y nos recuerda nuestra belleza y grandeza. Hagamos el ejercicio, miremos de frente toda esa basura acumulada en nuestra vida y esas relaciones que nos desgastan y perjudican. Seamos capaces de observar el dolor y el miedo a soltarlo, lo mucho que nos asusta dejarlo ir y el daño que nos hace. Lo vemos… Lo reconocemos, lo sentimos, nos preguntamos para qué y qué aprendizaje oculta y luego lo soltamos y dejamos ir.

Que no pasen diez años más dejándonos tomar el pelo porque no creemos merecer nada mejor.

GRACIAS por leerme.

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¿Todavía no te has dado cuenta?


Eres un ser valioso pero todavía no te has dado cuenta.

Y hasta que tú no lo veas, muchos lo verán, pero sus palabras no calarán en ti. A veces, incluso escuchar cómo te definen con palabras hermosas y te miran con admiración y cariño te dolerá mucho. Te salpicará de angustia y te parecerá una broma pesada. Puede que te enfades porque digan cosas amables de ti cuando tú no las ves, y que te escondas y te avergüences.

A menudo, se siente una gran desolación y soledad cuando te dicen lo maravilloso que eres y tú solo ves tu presencia insuficiente, insignificante.

De nada sirven otras palabras si no las hacemos propias, si no las habitamos, si las convertimos en carne. De nada sirve que te pongan mil nombres hermosos ni que te califiquen con adjetivos maravillosos si no los conviertes en verbo, si no te los crees y los traspasas… Si no llegas hasta el fondo de ti mismo y te miras con otros ojos y te ves de verdad.

Nadie, nadie nos cura si no queremos curarnos. Nadie nos saca de ese miedo que tenemos a veces a vivir lo que nos ha tocado vivir

Nadie nos puede decir nada si no queremos escuchar. Si no estamos dispuestos a escucharnos y sentir qué nos falta de verdad, qué buscamos entre el marasmo de pensamientos que cada día nos acuchillan el pecho y nos taladran la mente.

Nadie nos ayuda si no nos queremos dejar ayudar, si nos ayudamos a nosotros mismos.

Nadie decide por nosotros si no decidimos.

Nadie lleva nuestro peso si nosotros nos resistimos a soltarlo, a dejar ir lo que nos sobra y nos somete, a decir basta a los sucedáneos y quedarnos con lo que nos llena de verdad.

Nadie nos repara si no nos reparamos.

Nadie nos da lo que no queremos recibir, lo que no nos damos…

Los demás pueden estar y acompañar. Pueden compartir. Pueden mirarnos y recordarnos que nos aman, que les importamos, que formamos parte de su mundo y que quieren que nos quedemos en él un rato o una vida.

Nadie nos puede amar si no dejamos que nos ame, sin nos obsesionamos con no sentir, no merecer, no querer ser queridos ni deseados…

A veces, lo que nos asusta no es llegar, es quedarnos. Estar. Seguir adelante y estar a la altura.

A veces, huimos de lo bueno y lo hermoso porque nos da mucho miedo que en realidad no nos pertenezca, que se nos escape o sea efímero.

Hay muchas, muchas, muchas personas que tienen miedo a ser felices por si dura poco, por si se les escapa esa felicidad y se acostumbran a ella y luego, cuando el momento pasa, se vuelven locas de dolor.

Porque pensamos que la felicidad es ese momento en la montaña rusa de alegría cuando consigues lo que deseas, cuando en realidad son todos esos instantes en que estás contigo y estás bien sin tener que conseguir nada concreto.

No es un objetivo, no es un resultado, es una forma de vivir y de pensar de otro modo.

Una manera de verse a uno mismo sin tener que buscar más, ni esperar nada, pero sintiendo que somos capaces de lo más hermoso.

Nadie nos hace felices si no lo hacemos nosotros, si no nos dejamos… Los demás solo nos acompañan en esa felicidad descubierta muy dentro y pueden compartirla.

A veces, nos pasamos la vida intentando salvarnos del mundo cuando en realidad solo nos tenemos que salvar de nosotros mismos… De ese «nosotros mismos» que se piensa mal, se trata mal, se regatea y valora a la baja…

No importa cuánto te digan lo maravilloso que eres, cuánto te quieran y te valoren, necesitas darte cuenta tú. Eso lo cambia todo.

¿Todavía no te has dado cuenta?

GRACIAS por leerme.

¿Estás cansada de tu vida en bucle? ¿Estás harto de estar siempre igual y no puedes más cargando ese peso enorme que llevas encima?

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