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la rebelión de las palabras


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Conmigo


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Voy a tomarme vacaciones de mí. No sé hasta cuándo.

Lo más curioso es que cuando uno se toma vacaciones de algo, se va y yo tengo que quedarme. Salir para volver a entrar y llegar más dentro, más profundo, más en mí.

Quiero dejar del todo los pensamientos cíclicos, repetidos, gastados, los que nada aportan y sentir lo que pasa.

Dedicarme a notar sin preguntar. Ser sin esperar. Vivir por vivir sin que por un rato tenga que cumplir ninguna expectativa ni obtener un resultado concreto, ni siquiera un resultado… Ya somos un resultado, el de lo que sentimos y pensamos ayer… No quiero asumir cuotas de nada ni conquistar ninguna meta…

Lo sé, a algunos les parecerá que entonces nada tiene sentido… Sin embargo, para mí lo tiene todo. Porque la meta es ser, es estar conmigo un rato sin analizar, sin evaluar si cada paso es el camino correcto… De hecho, si el camino te hace sentir que estás bien contigo, te lleve donde te lleve, es el correcto.

Porque al final, la verdadera meta es la paz interior, la felicidad de saber que estás contigo sin reservas y te sientes entero, completo… Y eso no se consigue al conquistar una cima sino a cada minuto que pasas siendo tú, el de verdad, el que suelta lastres y deja de preocuparse por encajar y aparentar. Lo que nos construye y nos lleva a nuestros sueños es ese camino y la forma en que transitamos por él.

De nada sirve tocar un sueño si por el camino nos hemos vendido o hemos perdido la esencia porque cuando llegamos descubrimos que ya no somos reales y que no sentimos lo que pensábamos sentir… Es el precio altísimo que se paga por la incoherencia contigo mismo.

Llegar a la meta y descubrir que has conseguido lo que deseabas, pero que te has traicionado tanto para hacerlo que no puedes paladearlo porque el resultado de la experiencia no eres tú sino un sucedáneo triste y agotado de fingir.

Necesito vacaciones de mí. De mi yo absurdo que a veces olvida que estoy en esto de crecer por el puro cielo de crecer y no para llegar a nada. De mi yo triste que deja de confiar en sí mismo cuando no ve resultados. De mi yo guerrero que se hostiga y evalúa de forma constante y se pone nota y se suspende y se castiga cuando cree no dar la talla y cumplir los plazos. De mi yo controlador siempre pendiente de lo que pasa borrando con su obsesión toda la magia de lo inesperado y de lo que pasa sin avisar…

Vacaciones de medir y de pesar. De contar, de ponerse objetivos inflexibles y fustigarse cuando no se alcanzan… Vacaciones de demostrar, de forzar la máquina y perder la autenticidad porque lo quiere hacer todo en dos días cuando necesita dos meses para que sea real y fluya… Vacaciones de exigir sin medida y sufrir sin sentido…

De todo aquello que hace siglos que intento borrar de mi vida, pero que de vez en cuando vuelve a ella cuando me canso y no veo un horizonte asequible… Cuando me vence el miedo y apuesto por forzar una máquina que necesita su tiempo y que ya hace tiempo que va sin freno…

Y con ello no dejo nada, no tiro la toalla,  al contrario, voy a por más. Lo sueño todo… pero sin morir en el intento.

Dejo la desesperación, la obsesión por ser mejor ahora, el deseo de vencer cada día, olvidando que estar y sentir ya es una victoria… 

Dejo la necesidad, el delirio de la inmediatez, el empacho de pasado y la sobredosis de futuro…

Salgo de mí para entrar en mí del todo y notar qué debo hacer de verdad. Para escuchar qué me cuento y actuar en consecuencia. Me voy para amar y amarme sin tiempo ni medida, sin parámetros ni escalas, sin clichés ni moldes… Amar sin ver y casi sin tocar. Amar como medio y como fin.

No abandono mis metas, las honro más que nunca porque decido que lleguen a mí cuando tocan, cuando me haya convertido en la persona que las puede abrazar, cuando esté madura para apreciarlas como merecen… No me alejo de nada, me acerco a mí para besar la coherencia necesaria para poder ser, para asumir el poder que llevo dentro hasta las últimas consecuencias.

Amaré el camino porque ese amor me llevará de forma inevitable a mis sueños.

Amaré mis dudas porque sé de que ellas saldrán mis atinos y fortalezas.

Amaré tanto mis sueños que antes de tomarlos por la fuerza trabajaré para darme cuenta de que ya soy digna de ellos, de que ya son míos, pero la impaciencia me aleja de su lado.

Notaré cada miedo como si fuera el más grande de los regalos, el mapa que me llevará a mis grandes tesoros…

Abrazaré los obstáculos porque sabré que están ahí forjando a ese ser que llevo dentro y que merece lo mejor, pero a veces lo olvida y se esfuerza en parecer algo que ni siquiera le llega a la suela del zapato de todo su potencial…

Visualizaré mis logros con tanta confianza e ilusión que me convertiré en ellos, porque ya soy capaz de tocarlos, pero no me acuerdo a veces. Prestaré atención a lo que importa y no a las copias baratas que a veces nos ciegan. Me enfocaré en lo que me llena y no en lo que me vacía, en la belleza, en la bondad, en la alegría y la risa. Amaré mi libertad aunque asumirla me dé vértigo…

Y, sobre todo, recordaré que no hay meta que valga que me pierda, que me lastime, que me comprima o convierta en una versión inferior a lo que soy… Que sufrir no me acerca a lo que sueño sino que me acerca a lo que temo… Y que no vale la pena si el camino no te hace crecer y aprender.

Me tomo vacaciones de mi yo que espera y me sumerjo en mi yo que ya es, que ya asume su responsabilidad de vivir con paciencia.

Desconecto de la angustia… Me adentro en ese ser que está presente y se suelta lágrimas y prejuicios mirando con atención las pequeñas cosas que le rodean y descubre que son esas pequeñas cosas lo que busca en realidad y no los grandes méritos ni los grandes elogios…Si las grandes metas no conllevan disfrutar del proceso que nos lleva a ellas, en realidad son metas mediocres… Son metas irreales que no van con nuestra esencia. 

La meta siempre somos nosotros mismos, nuestra paz interior y en realidad ya está en nosotros si somos capaces de amarnos y aceptarnos. Si lo que soñamos nos altera hasta perder el sentido, en realidad, nos alejamos de ello.

Me tomo vacaciones de juzgar, de anticipar, de comprobar compulsivamente si rinde, si da, si funciona… Dejo de preocuparme y me ocupo de ser, de aportar, de dar sin esperar recibir más que lo que llega, sabiendo que siempre recogemos lo que sembramos y vivimos lo que hemos imaginado que íbamos a vivir.

Suelto mi necesidad de pelear y defender, puesto que no necesito defensa ni tengo que convencer a nadie de nada… Dejo las excusas y las explicaciones largas y tediosas, los porqués y las razones absurdas.

Me tomo vacaciones del ser que se sobresalta con los ruidos y elude los tiempos muertos y me sumerjo en el silencio delicioso y la calma a ratos para encontrar más palabras maravillosas, para escuchar el latido que me cuenta historias que debo conocer.

Me tomo vacaciones de exigirme que todo tenga una respuesta y una razón y me dedicaré a aceptar cómo es y descubrir a dónde me lleva… Me alejo de culpas, quejas y lamentos en mi yo más gastado en batallas inútiles que perpetúa sus heridas porque quiere llamar la atención y mendigar una compasión que ya no necesita…

Me tomo vacaciones de tiranías impuestas, relojes faltones e irreverentes, complicidades absurdas, rutinas amenazadoras… Y eso no significa que no vaya a hacer lo mismo de siempre, que vaya a dejar mi vida tirada, significa que a partir de ahora voy hacerlo con sentido, notándolo y sintiendo si me colma, maravillándome de cada momento y de su belleza, sea como sea… Haciendo lo que amo y amando lo que hago, para sentir la vida y homenajearla a cada instante. Para dejar de engullir tiempo y momentos y tragar la angustia de querer que todo se adelante y pase cuanto antes, sin saber que todo es perfecto como es… Aunque asuste, aunque duela, aunque tarde tanto que te deje paralizado sin saber a dónde ir, aunque la incertidumbre me bese la nuca… Me tomo un tiempo para encontrar otra actitud que me acerque a mí misma, a plena consciencia, sabiendo que eso también me acerca a lo que sueño… Que en realidad es para mí el único camino para llegar a lo que deseo, a través de mí, siendo realmente yo sin regatearme y escatimarme nada.

Porque noto que la forma de conseguir lo que deseo no es precipitarse a ello sin medida sino darme permiso para recibirlo y ser coherente conmigo.

No cambio de lugar, cambio mi forma de verlo y apreciarlo. No dejo mi vida, al contrario, voy a surcarla, a sentirla, a saborearla. No hace falta siempre ir al otro lado del mundo para encontrar el silencio porque en realidad está a tiro de emoción y pensamiento… No huyo, me quedo, pero sin máscaras ni escudos protectores que te evitan sentir y arriesgarte a notar. No cambio de objetivos ni de camino, descubro que yo soy el camino.

Me doy permiso para fluir y vaciarme de lo que sobra, de lo que acumulo sin sentido… Suelto mis apegos para dejar lugar a lo nuevo, a lo hermoso, a lo maravilloso que descubriré y que tal vez siempre ha estado ahí y no fui capaz de ver porque no noté su brillo.

Me tomo vacaciones de mi incoherencia y mi fatiga crónica, mis parches para todo y mis mentiras piadosas para no asumir lo que soy. De mi  yo que se complica la vida buscando lo fácil sin sentido y la réplica de la réplica en todo. Me abro a todas las posibilidades y me dejo flotar, volar, resurgir.

Suelto el equipaje pesado, el lastre sin sentido y el fardo de reproches siempre apunto. Suelto el dolor, la rabia, la culpa y la necesidad de comprenderlo todo y acepto lo que llega sabiendo que me conviene.

Me tomo vacaciones del ruido para vivir cada momento como merece, como el espectáculo maravilloso que es y el privilegio que supone estar aquí.

Ahora me toca estar conmigo.

No me voy, en realidad, vuelvo.

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Por si no existe un mañana


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La primera vez que me interesé por el concepto Mindfulness fue leyendo a mi admirado Mario Alonso Puig. Lo admito, a pesar de que es un gran comunicador, no lo entendí del todo, porque seguramente, el concepto Mindfulness que ahora es objeto de conversación en los lugares más insospechados, era más grande que mi capacidad de imaginar. Cuando, por suerte, pregunté a algunos expertos, me dijeron que se trataba de conseguir la atención plena.  Esta técnica está totalmente asociada a la meditación, a conectar con uno mismo, pero puede practicarse en todo momento.

Pasado el tiempo, después de leer mucho sobre el tema y hacer algún curso (no domino nada aún, lo dejo claro) me he dado cuenta de que la técnica del Mindfulness es una forma de vivir. Una manera de existir que te permite centrarte en el ahora y no ocupar tu mente en un mañana que ni tan siquiera sabemos que vaya a existir.

Dándole muchas vueltas, me he dado cuenta de que nuestros grandes momentos en la vida son Mindfulness porque si no, no tendrían sentido. Y si no lo son, es que la estamos perdiendo a pedazos. Y que la mayoría de problemas y pequeños conflictos que tenemos se deben a no tener esa actitud.

Si focalizas tu atención en dos cosas al mismo tiempo lo más probable es que ninguna de las dos salga bien. Hay tantos momentos en la vida que requieren tener todos los sentidos para vivirlos, que nos arriesgamos a perderlos…

No se puede amar sin notar que amas… Ni bailar. Ni escribir. Ni nada que queramos que se fije en nosotros y perdure. En el fondo, no se puede vivir nada intensamente sin una actitud Mindfulness.

Aunque no es raro que no prestemos la atención necesaria a cada momento que vivimos, porque estamos en una sociedad que da más importancia a hacerse un selfie en una fiesta que a disfrutar de la fiesta y la compañía.

Recuerdo hace años, en un viaje. Me gusta ir por libre cuando estoy de turista, pero contratamos una excursión  para visitar una parte del país que salía del itinerario. Nos hicieron bajar del autocar y nos dieron cinco minutos para hacer una foto a un monumento… Me quedé atónita al reflexionar sobre lo que implicaba aquel gesto y todavía más atónita cuando vi que todos los que nos acompañaban en el autocar, hicieron caso sin planteárselo ni rechistar.

Yo pensé… ¿Por qué? ¿para qué? ¿para recordar un lugar en el que casi no estuve? Donde no viví nada ni noté nada porque permanecí en él sólo cinco minutos… Un lugar en el que sólo pude hacer una foto… Eso es como apuntaren el curriculum una habilidad o formación que no tienes o que no aprendiste porque en lugar de  ir a clase te quedaste en el bar. Estamos obsesionados por atesorar momentos artificiales, nos importa más mostrarnos en la meta que correr la carrera… Si nos dieran el título sin estudiar ni pisar la universidad ¿aceptaríamos vivir en esa farsa sólo por figurar? Si encontráramos un manuscrito hermoso y dijéramos que es nuestro ¿nos creeríamos grandes escritores cuando todos nos dijeran lo bien que escribimos? ¿por parecer que somos lo que no somos? ¿dónde queda el aprendizaje? ¿y el momento vivido? ¿y la honestidad para con nosotros mismos?

Yo creo que Mindfulness es vivir este momento. Notar que vives y acariciar cada momento con las pupilas, con las manos, con el sabor, el olor y la temperatura del aire que te llega al rostro y todo lo que rodea ese momento. Los niños son grandes practicantes de Mindfulness. Les dices que salimos de casa antes de cinco minutos y son capaces de ponerse a jugar o mirar por la ventana sin perder detalle de nada, ignorando que deberían tal vez estar poniéndose la chaqueta, como si no hubiera un mañana… ¡Qué envidia! Intento a veces recordar esa sensación de no preocuparse de antemano por nada, de no vivir una angustia demoledora haciendo cuentas e imaginando posibles escenarios, de no sufrir por algo que apenas sé si pasará… Una angustia que lejos de ayudar a solucionar el problema latente, no hace más que hacerlo grande, enorme e inmenso al hincharlo con angustia y pensamientos negativos y cíclicos.

Mindfulness no significa no pensar en mañana ni dejar de lado los problemas. Significa desintoxicarse de pequeños dramas y tragedias inexistentes aún y tomar distancia. Significa dejar descansar la mente de lo que no está pasando en realidad y resetearla para que esté fresca y creativa, para que esté en forma y, de manera útil, te ayude a buscar soluciones que jamás verías o imaginarías desde la angustia. Mindfulness es poder escuchar los mensajes que te envía tu cuerpo, conectar con él y oír lo que te sugiere y recomienda. Conectar con tu intuición y saber qué necesitas y qué te conviene. Reconciliarte contigo hoy… Confiar. Hemos perdido tanto la confianza en nosotros y en el mundo…

Minsfulness es no perder este momento agobiados por un mañana que tal vez no llegue y que cuando llegue tal vez no sea como hemos preconcebido.

Una vez aprendido el concepto, la práctica es otra cosa, descubrí que hace tiempo, sin saberlo, alguien me ayudó para encontrar una solución aplicando la atención plena. Fue un terapeuta que me trataba algunos problemosde salud. Yo tenía un conflicto y debía decidir. Tenía dos trabajos y necesitaba escoger uno de ellos. Uno me apasionaba más que otro,  pero el segundo me ofrecía estabilidad. Cuando esa persona me dijo que usara la intuición, que hurgara en mí, pensé que si usaba la razón escogería el trabajo seguro y que si me dejaba llevar por el corazón me quedaría con el trabajo que más me apasionaba.

Por eso, cuando me dijo que cerrara los ojos y visualizara las dos opciones y escogiera la que mejor me hacía sentir y más calma me generaba, tuve claro que escogería la pasión antes que la seguridad.

Hice el ejercicio y tomé la decisión. Regresé a ver al terapeuta y antes de decirle nada me dijo que sabía que había escogido la seguridad. Me quedé perpleja. Lo más curioso e impactante, en realidad, es que al conectar conmigo y cerrar los ojos para visualizar, por las sensaciones que vinieron a mí, no había escogido el trabajo seguro porque fuera seguro, lo había escogido porque llegaba el verano y con esta opción podría tomarme vacaciones y con la otra no.

Por un momento, pensé que el terapeuta iba a decirme que había escogido muy mal al no dejarme llevar por la pasión, pero me felicitó. Me dijo que había hecho muy bien el ejercicio porque el objetivo no era la felicidad futura de un trabajo apasionante sino un presente en paz y con salud.

Me dijo que la decisión era el resultado de haber conectado tanto con mi cuerpo que éste me dijo que le daba igual la seguridad o la pasión, que necesitaba parar y vivir para garantizar la salud que ahora peligraba por trabajar siete días a la semana durante meses y meses.

Me dijo que mi cuerpo no vivía para mañana, sino para hoy, y que sabía que por más que le apasionara un trabajo o un proyecto no lo podría llevar a cabo si perecía por el camino. Mi conciencia se conectó con el ahora y respondió y yo conecté con él y le hice caso.

Sufrir hoy para tener un mañana mejor no nos sirve. Esforzarse es necesario, superarse, evolucionar y ponerse a prueba, pero siempre sin exceder nuestra esencia ni sobrepasar nuestra conciencia… Jamás si eso nos hace sentir esclavos de algo o alguien, nunca poniendo en riesgo nuestro equilibrio físico, mental y emocional.

No lo supe entonces, pero aquello fue mi primera gran experiencia Mindfulness. En el fondo, si lo pienso detenidamente, actué como una niña, escogí lo que necesitaba en ese momento sin pensar en nada más…

Tal vez, practicar Mindfulness sea recuperar la niñez. Aquí y ahora, plenamente. Por si no existe un mañana… Y porque si existe, una vez aprendamos a vivir el presente, será mejor.

Comentario final : yo no sé mucho de este tema, soy una aficionada en fase de aprendizaje, como en casi todo, y lo que aquí cuento son reflexiones sobre el concepto, que pueden ser incluso desvaríos… Si realmente queréis aprender os recomiendo leer algunos libros que hay sobre el tema, hacer algún curso y no perderos los blogs de Anaje Ferreiro  o Victoria Ambrós sin dejar nunca de leer a Mario Alonso Puig, por supuesto.