merceroura

la rebelión de las palabras


4 comentarios

Nadie consigue una vida nueva sin renunciar a su vida vieja


 

 

Nos venden cualquier cosa. Sólo hace falta que sintamos un poco de angustia en el pecho, un poco de hambre de algo que no se sacia comiendo… Y picamos. Y no me refiero solo a sacar la tarjeta de crédito que todo lo aguanta o eso parece, hablo de comprar ideas, pensamientos, cuentos tristes, historias pegadizas, historias en las que parece que no eres nada ni nadie si no tienes, si no pareces, si no te traicionas a ti mismo.
Estás tan cansado de no saber a dónde vas que compras el destino de otro, el sueño de otro, la vida de otro si parece una vida o al menos desde fuera tiene mejor pinta que la tuya. Sólo hace falta mirar en las redes sociales, te venden ser escritor sin haber escrito una palabra en tu vida (tampoco pasa nada por no haberlo hecho), solucionar tus problemas de dinero en una tarde, acabar con tus ojeras en una semana… Te venden reducir la grasa en dos semanas, sentirte un dios al volante de un coche en cero coma, noches de descanso en cápsulas, historias de amor vía app para ligar con desconocidos… 


Compramos amor fácil que no es amor sino dependencia… Amistad que no es amistad sino conveniencia. Talento que no talento sino apariencia… Nos venden cualquier cosa, haga falta o no, porque tenemos miedo a vivir desnudos y sentirnos vulnerables. Porque nos sentimos tan incapaces de encontrar lo que realmente buscamos que pensamos con el último modelo de algo pareceremos mejores. Nos venden cualquier cosa porque nos comparamos y somos tan crueles con nosotros mismos que siempre salimos perdiendo al contemplarnos… Nos venden cualquier cosa, da igual que sea humo y huela a humo, mientras venga envuelta en papel brillante y nos la recomiende una persona hermosa en un anuncio… Alguien que parece que tiene esa vida que amas, que buscas, que deseas.
Sin embargo, nadie cambia de vida sin haber asumido antes la actual. Sin sentir todos y cada uno de sus miedos y emociones enquistadas, sin ver de dónde vienen todas sus decisiones y gestos, sus creencias más arraigadas y limitantes, sin haberse perdonado por todos y cada uno de sus errores y descubrir que tal vez fueron necesarios.
Nadie cambia de vida usurpando una vida ajena ni fingiendo, ni gastándose todo el dinero que tenga para fabricar otra.
Nadie cambia de vida por escribir una frase positiva vacía en un post-it y leerlo mil veces. No es que eso sea malo o bueno, es que para llenar tu vida de algo nuevo, primero hay que vaciarla y sacar la basura, pasar revista, ver qué llevas dentro almacenado, en qué estás creyendo que te destruye y limita…
Nadie consigue una vida nueva sin comprender y soltar su vida vieja. Sin aceptarla y abrazarla. Sin surcar dentro de sí mismo y airear lo que le asusta y avergüenza… Sin notar toda la culpa acumulada que se colgó encima y soltarla…

Nadie cambia de vida sin renunciar a la forma de vida que le llevó al callejón sin salida en que se encuentra y los pensamientos que les hicieron esclavo.

La vida nueva nos cuesta la vida vieja y hay que estar dispuesto a ello para poder empezar.

Acumulamos tanto dolor y tanta angustia que compramos lo fácil. Cambios de vida de fin de semana, coches que impactan, cremas que reducen arrugas, fatigas, grasas acumuladas… Y no es que eso sea negativo, el problema es que lo usamos para tapar otras cosas. No hay nada de malo en darse un lujo ni permitirse lo mejor, porque lo merecemos, el problema es ponerse la crema pensando que cuando acabes el tarro serás mejor y te amarás más. Pensando que sin arrugas y con un mejor coche serás más digno o digna de amor. Cuando, en realidad, tu valoración sobre ti mismo tiene que estar siempre fuera de duda y nunca pendiente de lo que pareces o consumes.

Estamos tan asustados por no “ser comprables” por otros, por no ser dignos de amor, respeto, atención, por quedarnos solos e indefensos que compramos cualquier fórmula mágica para seguir pareciendo apetecibles. Y a veces, lo que compramos no está mal, pero como complemento, no como motor de nuestro cambio ni origen de nada… No sin ir acompañado de un proceso interior de valoración, amabilidad contigo mismo y respeto… No sin reconocernos y aceptarnos. Compramos para calmar el miedo, pero no nos damos cuenta de que compramos más miedo, porque lo que buscamos no está en un tiendo, ni en súper, ni en una página web, sino muy dentro de nosotros. Compramos algo que parece que mitigará el dolor de no sentirnos suficiente para este mundo que no para de moverse y girar y que cada día exige lo último de lo último sin importar quién se queda en el camino. Sin embargo, nada de eso sirve porque su efecto no dura, porque siempre hay algo mejor, más brillante, más caro, más nuevo y siempre necesitas más para calmar el dolor de no saber quién eres. 

Compramos historias tristes y finales catastróficos porque nos valoramos tan poco que no nos sentimos capaces de creer en nosotros mismos… Porque no confiamos en nosotros ni en la vida. A veces, compramos miedo envuelto, embotellado, a la carta, en directo, a todas horas… Y otras veces compramos un positivismo facilón, sin sustancia, sin un trabajo e fondo ni una aceptación de la realidad previa, que hacen que sea humo, vacío… Que lo convierten en más miedo maquillado en forma de frase bonita y pegajosa que te sigue esclavizando todavía más porque te llega a hacer creer que si dejas de sonreír y mirarlo todo de color rosa la vida te dará un hachazo descomunal por haber fallado… Eso es exactamente lo mismo que comprar miedo pero con otro perfume… 

Porque para encontrar la paz que buscas no necesitas comprar nada, sólo la maravillosa idea de lo mucho que vales y el amor que te mereces… Para estar bien no necesitas parches, necesitas encontrarte y compartir y, si hace falta, dejarte acompañar en el proceso. 

Y luego, cuando te amas y reconoces, compras lo que quieras. No desde el miedo, sino desde el amor que te tienes a ti y a otros. Compras porque mereces, porque te apetece, porque las pequeñas motivaciones externas nos ayudan a seguir cuando por dentro estamos verdaderamente motivados.

Cuando ya te sientes bien, contigo, por dentro, sin fisuras, no compras lo mismo. No necesitas parecer ni aparentar. No buscas maquillar nada porque tu desnudez no te asusta. Compras lo bueno porque lo mereces. Ni finales felices edulcorados y sin sentido ni finales catastróficos que nunca van a suceder. Vives consciente de que vives y respiras. 

A veces, si miras lo que compras cuando estás desesperado, puedes darte cuenta de lo que tú no te das, de lo que te niegas, de lo mucho que te descuidas y lo mucho que te necesitas.

Podemos comprar lo que queramos, pero es importante tener claro que nada de eso nos hace mejores. Nada llena vacíos interiores ni nos convierte en alguien que no somos. Sólo nosotros podemos darnos lo que realmente necesitamos. Mientras no hagamos eso, todo lo demás es un parche… Comprar miedo no calma el miedo. 

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

 

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

 

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

 

Disponible aquí 

 

amazon llibre merce amazon

 

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

 

www.merceroura.es 

 

Tengo un programa para ti para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento para hacer una transformación duradera en tu vida y ver resultados.

 

Consulta aquí 


3 comentarios

Ni aquí, ni ahora


shadow-986955_640

No estoy presente. No estoy aquí. No vivo este ahora.

Muchos no estamos donde estamos sino en otro lugar y en otro tiempo. Algo por dentro nos corroe y nos aparta de donde estamos y pisamos. Algo nos zarandea tanto que nos hace vacilar y tambalearnos hasta perder el sentido y no saber donde caemos. Algo nos hace viajar con la mente siempre hacia atrás y hacia delante, como si una máquina del tiempo nos ocupara la cabeza…

Hay quien sigue anclado en una esquina de hace diez años donde vio y sintió algo que tiene la sensación que le cambió la vida y le rompió en pedazos. Hay quien está en mañana, en el mes que viene, en el verano mientras todavía es invierno. 

No estamos presentes en nuestras vidas. A veces, porque soñamos esperanzados con algo mejor y nos aferramos a ello para no ver el dolor que ahora nos sujeta la garganta y nos ata las manos. Otras veces para imaginar que lo peor está por llegar y así poder imaginar tiempos todavía más duros diseñados a medida de nuestros miedos. 

Nos miramos y no nos vemos a nosotros mismos. Vemos al niño asustado que fuimos y que se escondía en la última fila para ser invisible o a la niña que se exponía cada día ante los demás suplicando ser perfecta para que le dieran el visto bueno.

Vemos al triunfador que todavía no somos o eso creemos, al que no ha llegado a la meta, al que tiene que trabajar el doble que otros para conseguir el mínimo, al que haga lo que haga nunca puede sacarse de encima esa sensación de no ser suficiente, de no pertenecer al bando de los que ganan, de no merecer lo que sueña. Vemos a esa persona que nunca encaja en ningún lugar, aunque los lugares cambien. 

Miramos y sólo vemos pasado y futuro y nunca presente. No lo vemos porque estamos preocupados por borrar lo que fuimos y evitar lo que creemos que vamos a ser. Queremos borrar el pasado sin amarlo, ni comprenderlo y escribir un futuro distinto haciendo lo mismo de siempre y sin experimentar nada nuevo, sin sentir ese miedo del que huimos. Queremos cambiar de vida sin comprender ésta, sin haberla sentido, notado, aceptado y aprendido la lección… Queremos pasar de pantalla sin haber completado en esta aventura en el juego de nuestra vida. 

No podemos vivir sin estar presentes. No podemos llegar a mañana esquivando este momento de ahora, pasando de puntillas por nuestras emociones y sin entrar en la caja negra de nuestras creencias para decidir qué nos sirve y qué no. No podemos cambiar de camino sin salir del laberinto de pensamientos que cada día nos asaltan para recordarnos que seguimos creyendo que nunca saldremos, sin hilvanar el amasijo de miedos y patrones absurdos que dirige nuestra vida desde el rincón más oscuro de nuestra mente… No podemos sentarnos a mirar como sale el nuevo día en el jardín y gozar de ello mientras nos preocupe qué tenemos que hacer luego, ni haber hecho limpieza en todas las habitaciones olvidadas de nuestra casa. 

La única forma de imaginar y crear en un futuro diferente es estar presente en nuestra vida ahora. Descubrir que no estamos de mal humor por lo que otros nos dicen que somos, sino por lo que nosotros creemos ser. Que no nos invade la rabia porque no tenemos suficiente, sino porque nosotros no nos sentimos dignos de ello ni merecedores… Que en realidad no nos importa no llegar a conseguir lo que deseamos, lo que queremos es conseguirlo para que otros nos amen y acepten, para amarnos y respetarnos nosotros como resultado del reconocimiento ajeno. Tenemos que darnos cuenta de una vez por todas de que estamos angustiados por el pasado y preocupados por el futuro porque huimos de nuestro presente, porque nos atormenta estar con nosotros ahora, callados, en silencio y sentir ese vacío enorme de desamor que nos invade el alma… 

Queremos una vida más llena de paz, mientras estamos en guerra con nosotros mismos. 

Queremos una vida más feliz, cuando nos pasamos el día pensando que no merecemos nada. Queremos que nos acepten y no nos aceptamos… 

Queremos una vida diferente, pero seguimos haciendo cada día lo mismo.

Huimos de nosotros porque a veces no nos soportamos en lugar de quedarnos quietos un rato, sintiendo ese desamparo, esa inseguridad, esa incertidumbre… Ese miedo a no llegar a la meta, ese dolor por haber perdido, esa ansiedad por lo que pasará, esa rabia porque por más que hagas no consigues, esa tristeza por no sentir el amor que soñamos… 

Necesitamos estar aquí y ahora para descubrir que en realidad sólo nosotros nos podemos dar esa seguridad, esa certeza, esa paz, ese abrazo, ese amor… Necesitamos quedarnos a solas con nosotros mismos para descubrir que somos todo lo que estábamos esperando. Sin embargo, nunca lo descubrimos porque cuando viene nuestro encuentro no nos encuentra, porque no estamos nunca ni aquí, ni ahora… 

 

Si quieres saber más sobre autoestima te recomiendo mi libro Manual de autoestima para mujeres guerreras”

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si realmente quieres un cambio en tu vida, tengo una propuesta para ti. Un programa para tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento exclusivo que en 40 días te permitirá reconocer tu potencial e ir borrando poco a poco las creencias y hábitos que frenan tu autoestima y tu evolución… ¡Echa un vistazo y toma ya esa decisión que puede cambiar tu vida! ¿Te acompaño?

Toma decisiones y cambia tu vida en 40 días 

Si quieres más información de mi trabajo, te invito a entrar en mi web.

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 

 

 


18 comentarios

Sola


mujer-otono

Estaba tan sola, que sólo la miraban los cerrojos de las puertas y la acompañaban los búhos imantados de la nevera.

Tan sola que notaba los bocados del viento frío en sus piernas cuando se quedaba dormida ante la ventana y sus ojos tristes atraían a las hojas secas del otoño que flotaban perdidas en el aire…

Tan sola que la niebla se le había metido en los pliegues y era capaz de percibir en su piel el olor fresco de la hierba mojada.

Soñaba que conversaba, que reía, que alguien curioseaba en su nuca esbozando un beso dulce, una mañana de domingo… Que alguien la miraba mientras cruzaba el parque surcado de hojas ocres un martes por la tarde cuando el sol se ponía y su mente volaba.

Soñaba que corría apartándose las ramas de los árboles y que tomaba aliento ante una fuente de piedra donde una madre le acariciaba la cara a su hija y apartaba de su frente un mechón de cabellos amarillos. Soñaba que podía retenerlas en su memoria para echar mano de ellas y de su felicidad inmensa cuando volviera a esconderse en ese zulo interior donde todo es siniestro o está marchito…

Soñaba que alguien se quedaba para poder ver su rostro cuando llegara la mañana y encontrarla despeinada.

Aunque era sueño, era bruma… Porque estaba tan sola que notaba el vaivén de las olas de un mar antiguo que hacía eternidades que no pisaba.

Era tan fuerte que sólo podía romperse desde dentro.

Era tan frágil que podría desvanecerse si una ráfaga de viento le trajera a la memoria un nombre inadecuado, proscrito, oscuro, sombrío…

Eran tan hermosa, que su belleza era un secreto y su beso un rezo que susurrar a oscuras.

Acumulaba una pena dulce en su boca amarga.

El otoño entraba en su pecho y el lecho de hojas rojas y ocres inundaba su cama solitaria…

Con ganas de salir aunque sea para entrar en otro marasmo.

Con ganas de romper aunque le suponga romperse…

Con ganas de cambiar aunque sea para mal, aunque acabe dándose un golpe de realidad y le queden los dientes en una carretera imaginaria y deba pagar un peaje inasumible.

Con ganas de rumba, aunque no suene nunca rumba. Con deseo de furia para liberar toda la rabia contenida en su garganta silenciosa y abnegada…

Con ganas de probar aunque el sabor sea acerbo y la textura áspera.

Estaba tan sola que podía oír el eco de su respiración… Tan sola que sólo la abrazan las sillas y la acarician las sábanas. Sus labios de flor común no buscan más besos que las palabras y bailan tristes suplicando plegarias repetidas y gastadas.

Tan cansada que le pesan las pupilas. Tan triste que ya no le quedan lágrimas.

Tan helada que sólo la traen a la vida las tazas de café.

Abre la ventana. Un hilo de aire helado de este otoño amarillo se cuela en su blusa y dibuja un escalofrío en su espalda… Tan suave como una mano soñada, tan lúgubre como una tarde de lluvia eterna ante una historia triste en una novela que no se acaba…

Tan sola como una playa desierta o una rosa roja entre un puñado de rosas blancas… Tan desgajada del mundo como una nube perdida en una cumbre  o una encina centenaria.

Tan mustia como el tallo desnudo de lo que fue una flor en un jarrón olvidado.

Tan rotunda como una luna eclipsada y roja… Tan desesperada, que no tendría reparos en tomar sonrisas prestadas.

Tan encogida, que nadie le habla por si no existe. Aunque suplique ser bendecida por las palabras…

Y justo cuando ya no lo soporta,  mira a lo lejos, en esta tarde que acaba… El último rayo de sol dibuja una sombra y le devuelve una brizna de esperanza… Tan amarilla como este otoño amarillo y caprichoso. Tan tenue que se abalanza para agarrarla por si desaparece.

Entonces, lo sabe… Vive porque imagina, porque sueña, porque es capaz de sentir intensamente y volar de recuerdo. Porque no deja la mente quieta ni se da por vencida nunca, aunque la arena se convierta en piedra y el agua sea plata… Porque después de llorar, se lava la cara y esboza una sonrisa falsa para tomar aliento… Por si el gesto llama a la alegría… Porque está segura de que encontrará al forma de salir de este acertijo…

Sabe que no puede controlar el otoño, ni las hojas que bailan. No puede convertir la indiferencia de otros en cariño, ni llenar su habitación vacía. Todo lo que excede de su perímetro, escapa a sus deseos… Aunque, a partir de ahí,  en su reino, en su cabeza y en su pecho, ella es la que manda… No puede cambiar sus ojos pero si decidir cómo son sus miradas y a qué las dedica.

Lo sabe. Sabe que, a veces, sobrevive porque tiene un mundo interior enorme donde todo es posible si lo sueña e imagina. Porque sabe inventarse momentos felices de la nada y tragarse realidades crudas con un pedazo de pan y una pizca de magia…

Porque un día de estos encontrará la manera de darle la vuelta a todo y conseguir que la marea que ahora la arrastra la empuje a la orilla, y tomará toda su tristeza acumulada para fabricarse un paracaídas.