merceroura

la rebelión de las palabras


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Esbozo de pequeñas esperanzas


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Que sirva este modesto esbozo de pequeñas pretensiones y esperanzas para que el tiempo que empieza renueve mi empeño…

Para que no se me disuelvan las ganas con la lluvia, ni se me esfumen los sueños por la chimenea. Para que siempre arrastre el deseo cuando las puertas se cierren y los caminos se estrechen. Que no me falten retos con que construir castillos de arena y la curiosidad me mate, si no me libera.

Para que me pise la sombra si creo que se me extinguen las pasiones y no me harte de luchar contra dragones con cara de caballero andante ficticio… Para que siempre pueda tomar impulso y no me quede dormida sin deseo de despertar. Y que eternamente me queden un par de migajas para marcar el paso andado, por si encuentro a alguien que quiera seguirme y compartir anhelos y despistes…

Para que no se me escapen las ilusiones por debajo de la puerta y no se me esfume el aliento a cada suspiro que pierda evocando un amor falso y diminuto. Que no se me acerquen personas que vacían de esperanzas. Que sea capaz de contagiar ánimo y ganas feroces de tragarse la vida.

Para que yo sepa hasta dónde quiero llegar y no me nublen la razón los encantadores de serpientes. Para que sepa lo que siento y no me vendan amores a medias y caricias impermeables. Y que no me arrepienta de lo que hago, sino de lo que todavía no beso. Que no tema lo que viene, sino lo que no me atrevo a dejar atrás.

Para que no me regalen abrazos que sean cárceles de cariño necio y no me deje yo encerrar en palacios de aire helado. Para que la noche me pille con ganas de risa y hambre de fiesta…

Que de mi mano no salgan más que caricias tibias y de mi boca palabras adecuadas y besos dulces. Que pueda dejar a la bruja que me habita cada martes encerrada y dormida y desde todas mis mañanas se divise un horizonte cercano y asequible.

Para que nunca deje de arrastrar un sueño imposible que parezca accesible a la palma de mi mano sin doy un paso más… Para que nunca diga “nunca” y siempre diga “siempre” cuando me pregunten si quiero, si puedo, si lo voy a intentar…

Para que sepa serenarme y no cansarme ni invadirme de quejas absurdas. Para que recuerde que no soy el centro del mundo, pero que sepa que en mi mundo me debo importar… Que corra todos los riesgos necesarios y camine por todas las cuerdas flojas.

Que ame más aún, sin perder el norte ni el amor propio. Que sea más amada aún y merezca cada roce y atención.

Que todos los poemas sean mis poemas, que todos los versos me arañen el alma…

Que no me falten razones para que mis pensamientos sean honestos y mis alegrías titánicas. Que mis creencias no sean dogmas. Que todo lo que me achique el ánimo se pueda cambiar…

Para que recuerde que tengo mucho y sueño aún más. Para que dé gracias por todo y disculpe todas las faltas.

Que sea incorrecta, si es necesario. Que sea intrépida y meta todos mis miedos en una caja que vaya a parar al mar…

Que mis días sean largos y mis logros gigantes.

Que me rodeen los locos y las personas extraordinarias.

Para que yo sepa ver la excelencia en cada uno y la belleza en todo lo que se posen mis pupilas ávidas y ansiosas. Que sea un poco ridícula, si hace falta. Que sea imprudente, irreverente y descarada.

Para que lo bueno ya no sea breve jamás. Para que mi mundo sea maravilloso y yo esté a la altura de las circunstancias. Que cumpla promesas. Que prometa milagros… Que toque el cielo con las manos sin abandonar mis raíces. Que sienta el suelo bajo mis pies mientras espero para volar…

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Alma gigante


Navego en la arena caliente y me encojo en un caparazón demasiado blando para cobijarme. Escojo mal mis lealtades… Oigo que me silban un par de cuerdos para llamarme loca, mientras yo me busco en los espejos y me encuentro en las lagunas que tengo en la memoria. Ahora me veo distinta, más remota. Como una araña que trepa por la pared y mira al mundo desde lo más alto. Descubriendo que todo es minúsculo y relativo. Como una diosa diminuta en un mundo de hombres gigantes. Sin ganas de aparentar y dibujarme una sonrisa forzada en la boca. Si no me deseáis, no me toquéis. No pido limosna de cariño con objeción de conciencia. No busco caricias faltas de deseo, ni besos a oscuras. Merezco la luna. No voy a tolerar menos. Incluso voy a pedir más…

caparazon

Soy una niña que mete los dedos en los agujeros de las sillas viejas y que se calma la sed de historias observando a la gente en los ascensores. Todos tienen sabor amargo en la boca y disimulan el pánico encogiéndose de hombros.

Me miran algunos que no se encuentran a ellos mismos con cara de congoja y se creen que no tengo consciencia de mi forma y mi esencia. Me sonríen sin ganas, lo noto, y me dan pena. Y yo lamento volver a excusarme por habitar mi substancia, por ser tan mental como corpórea, por pertenecer sólo a unos pocos y seguir protegiendo a la niña que reside en mis lagunas. No volveré a detestar mi naturaleza efímera. Se dónde empiezo y dónde acabo, pero aún no he descubierto hasta dónde puedo llegar. El dolor y el tiempo me han hecho infinita, cíclica, rotunda. Soy más que este cuerpo que habito. Mi yo enorme ya no se detiene en las costuras, se expande, se derrite y circula calle abajo en busca de más fantasía.

Soy un pájaro incómodo que sueña, la boca de un pez pegada al cristal de un acuario, un gato que camina sobre una muralla estrecha. No caigo, no tengáis miedo, y si pasa, sobreviviré. Me escurro entre unas manos enormes y sueño que un día mi pecho estará en calma.

Hay quien se cree que por las noches aúllo, mientras yo, pliegue sobre pliegue, me convierto en una mujer de bolsillo y les miro sin piedad y sin abrir la boca les recuerdo que no existo. Para ellos no existo… Eso alivia. Sé que cada vez que me obvian pierden una de mis ironías más finas, una de mis risas salvajes.

Anhelo un alma gigante. No deseo volver a decir en voz alta que me perdono, mientras me busco, ni quedar afónica de nuevo persiguiéndome el eco.

La niña callada está delirante y juega otra vez a meter los dedos en los agujeros de las sillas viejas. Se disculpa de nuevo, revienta de excusas por existir sin darse cuenta de que debería callar. Es una niña diminuta. Tiene los ojos salpicados de verde y destellos rojos en el cabello castaño. Es casi guapa, casi feliz… Está casi rota, pero se aguanta asida a la vida porque ella misma es el pegamento. Es fuerte y elástica. No lo sabe aún pero los próximos años tendrá que cambiar mil veces de forma. Tiene miedo, pero le dará la vuelta hasta convertirlo en escudo… Y eso la ayudará a vencer, pero la aislará del mundo. Hasta que un día, estará sola. Tremendamente sola. Sola a rabiar. Y tendrá que salir y hacerse enorme. Saldrá de la crisálida y su tamaño aumentará hasta invadir su mundo. ¡Pobre niña triste e ingenua! Ignora todos los pasos que le quedan hasta que pueda vencerse a si misma. La tengo perdida en mi cabeza mientras aplasto la cara en el cristal de este acuario repleto de peces que resbalan al tocarse.


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A los caballeros y a los dragones


A los que me quieren. Los que me aguantan las ironías y las quejas, las miradas corrosivas, el humor casi negro y las risas socarronas. Los que me recuerdan el camino y me dan el empujón que me hace falta. Los que me esperan y me zarandean si me pongo irreverente y pierdo el norte. Los que me sujetan cuando caigo, me secan las lágrimas y me estimulan las sonrisas.

Los que me miran y me ayudan, pero en lugar de unirse a mis miserias y halagarme las virtudes, me cantan los defectos y me tienden la mano, sin dejar que me regodee en las penas, sin permitirme revolcarme en el lodo y congerle el gusto a volverme arisca y huraña. 

Los que me hacen pensar y los que me piden que, de vez en cuando, frene esa máquina incesante que tengo en la cabeza y que no para nunca. Los que caminan a mi lado y a veces saben ir delante y otras detrás. Los que ponen zancadillas y han hecho que sepa caer y levantarme. Los que se ríen cuando me equivoco, los que me buscan, los que me encuentran y los que siempre intuyen donde estoy, aunque esté perdida en un viaje interior. Los que me señalan con el dedo, para bien o para mal o para nada…

A algunos les han bastado dos minutos para bucear en mi mundo y a otros mil años arañarme el alma… pero todos han llegado a mis arterias. Los que me aguantan la impaciencia… 

A las pirañas.

A los que me han regalado su tiempo y el lujo de sus palabras, conscientes de que para mí son un antídoto para todo lo que corroe y desgasta. A los que me buscan las cosquillas para darme luego besos y a los que las buscan porque son como garrapatas… Algunos me buscan el cuerpo y otros el alma… pero todos han hecho de este pequeño pedazo de vida lo que es ahora, una contadora de historias, una adoradora de palabras, alguien que se levanta cada día para engendrar de sí misma una versión mejorada.

Los que me han herido buscando la llaga y los que lo han hecho sin darse cuenta. Los que me despedazan y los que me reconstruyen… todos han dibujado mi cara, me han dado la fuerza para sentirme más aguda, a veces más ridícula, a menudo más humana. Me han hecho crecer, caer, morir, nacer y volver con más ganas… siempre sin dejar de sentirme pequeña pero con el ansia de ser gigante, al menos por dentro, y guardar un alma grande en un cuerpo pequeño.

Los que me han visto de cerca y me han querido lejos. Los que me han temido y los que han sufrido mi garra experta. Los que pisan y los que arrastran… quedan chicos ante los que me sonríen con la mirada y me estimulan. Los que me soportan el mal genio y el sarcasmo y a pesar de eso me encuentran la gracia.

Los que me han dado un pedazo de cielo… y han recibido de mi parte sólo una migaja.. porque no siempre he estado serena, ni tranquila, ni en paz…y tengo la lengua larga.

A los que me ven hermosa en el peor de mis días.

A todos los que conociéndome y habiendo probado mi veneno aún vienen a por mí buscando magia.

A los caballeros y a los dragones.

A todos, gracias.