merceroura

la rebelión de las palabras


1 comentario

Sé el amigo que buscas desesperadamente ahí afuera


No seas tu peor enemigo, sé tu mejor aliado.

Si no te miran, mírate tú con cariño.

Si no te ven, no busques su mirada.

No hace falta. No la necesitas.

Si te juzgan, deja que hablen… No te juzgan a ti, se juzgan a ellos mismos y sus pequeñas miserias reflejadas en ti. Todos lo hacemos, las debilidades ajenas son un espejo perfecto para ver las propias.

No te limites pensando que no mereces nada mejor…

No te exprimas exigiéndote tocar la luna…

No te creas esos pensamientos que hablan mal de ti y que te atacan cuando se acaba el día o en cualquier momento en que dudas de ti al ver malas caras o cuando las cosas no salen como esperas.

No eres lo que piensas. Esos pensamientos dibujan una versión de ti sesgada por unas creencias absurdas y de forma inconciente se ramifican hasta el infinito contándote historias tristes y aterradoras… No son tu historia.

No dejes de caminar porque otros te digan que no vas por buen camino.

Tampoco sigas caminando para demostrar nada. Si te cansas te paras.

Si necesitas recalcular la ruta, te detienes. Puedes decidir cambiar de camino y de meta. A veces, la rendición es un acto de miedo, pero muchas otras, más de las que imaginas, es un acto de amor inmenso.

No te hagas daño intentando alcanzar nada, no compensa.

Escucha tu cuerpo. Escucha todas y cada una de tus fibras y a ese ser interior que tanto sabe, que te contará si ese es el camino.

No cambies nada en ti para parecer, ni aparentar. Nunca podrás satisfacer a nadie siendo lo que no eres. De hecho, no tienes que satisfacer a nadie y punto.

No escatimes lágrimas. La tristeza acumulada te rompe por dentro pidiendo salir a ser sentida y comprendida. Como las raices de los árboles que levantan y destrozan el pavimento de las calles.

No pasa nada si paras y la aguardas en silencio, esperando a que salga ese miedo y te diga lo mucho que a veces te ignoras y desprecias. Lo mucho que te faltas al respeto aceptando chantajes y palabras necias, asumiendo tareas que no son tus tareas, siendo responsable de lo que no eres responsable, metiéndote en trajes pequeños porque no reconoces tu valor inmenso y todavía juegas a ser menos que nadie.

Siente esa rabia descomunal alojada en el estómago y la garganta que te dice que callas demasiado, que tragas tanto que vomitarías toda tu vida ahora y empezarías a correr hasta llegar al otro lado del mundo para que aquellos que abusan y tanto exigen no te encuentren.

Siente ese dolor que punza el pecho y que te recuerda que todavía no haces lo que amas y llevas puestos unos zapatos que no son tus zapatos…

Que juegas a ser un grano de arena cuando eres el desierto.

Que te crees gota de agua cuando en realidad eres el mar inmenso.

Que piensas que buscas a alguien de quien enamorarte y en realidad necesitas desesperadamente amarte a ti mismo.

No te comprimas, no hace falta. No te obligues a parecer fuerte. No van a valorarte más tampoco por parecer inofensivo, ni te van a respetar por dar miedo… Sé justo lo que eres, es perfecto.

Si te rechazan, no te rechaces. Se rechazan ellos mismos, en realidad… No quieren ver en ti lo que tanto les asusta ver dentro de sus entrañas cansadas. Todos lo hacemos, no es personal, no hay nada malo en ti, nada defectuoso, nada que te haga indigno de nada.

A veces, es que no. Otras es que sí. Y por más vueltas que le das a la historia no descubres por qué ni le ves el sentido, aunque lo tenga y todo encaje al final.

No necesites que te acepten. Acepta que no te aceptan. Acepta que seguramente todavía no te aceptas tú y eso crea una cadena de desaires en tu vida que pide que pongas el freno. Que te pares ante ese espejo que siempre eludes y te mires hasta el fondo del alma…

Mírate. Mira tus miedos y tu equipaje. No contemples solo tus ojos sino tus miradas.

No busques simetrías, busca esos gestos que te hacen diferente y al mismo tiempo parte de algo grande.

No busques perfección, busca belleza… La de verdad, la belleza que acumula alguien que es capaz de mirar dentro y encontrar la oscuridad más rotunda y la luz más inmensa. Y descubrir que ambas forman parte del camino.

Mira a tu dolor a la cara y dile que no eres suyo, que te habita un rato hasta que lo comprendas y dejes de necesitar que esté ahí para contarte algo de ti que todavía no ves sin él.

Aquello que todavía no amas en ti y no aceptas es lo que va a sacarte del pozo oscuro en el que a veces crees estar.

Aquello de lo que huyes es la pieza que te hace falta para terminar el rompecabezas…

No seas tu enemigo, sé el amigo que buscas desesperadamente ahí afuera.

Recuerda que mereces lo mejor y ve a por ello, pero no te maltrates y culpes si no llega o no lo alcanzas, no controlamos nada. No contemplamos la vida a vista de pájaro desde el cielo y a veces el camino que nos asusta tomar porque parece complicado es el que lleva a un lugar hermoso y el que nos parece mejor conduce a un acantilado.

Tómate de la mano y confía en tu grandeza. Está ahí esperando ser rescatada entre un amasijo de pensamientos tontos escritos con caligrafía de niño pequeño una tarde de hace muchos años cuando todo parecía triste…

Y cuando te sientas perdida o perdido, cuéntate una de esas historias en las que tal vez nada sale como nadie espera sino mucho mejor. Esos cuentos en los que no sabes qué va a pasar pero cuando todo termina miras desde el cielo, a vista de pájaro, y puedes ver el camino dibujado y notas que encaja y que es como debe.

No sabemos nada. A veces, lo mejor de la vida te espera en la esquina de la impaciencia. Otras, está sucediendo y no nos damos cuenta porque llegó disfrazado de problema.

A veces, cuando desenredas el hilo, encuentras las madeja.

Y cuando sueltas, es cuando más logras abarcar.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 


3 comentarios

Sal de tu cárcel


Todos tenemos nuestra cárcel particular. La hemos construído con angustia, con exigencias, a base de sufrimiento y malas palabras hacia nosotros mismos. Somos el preso, somos el carcelero sin piedad, el juez severo que nos encerró en ella y todos y cada uno de los macizos barrotes que nos rodean.

Hay tantos modelos de cárcel como personas hay en el mundo.

Todas, absolutamente todas están forjadas con desamor, con menosprecio, con falta de respeto a uno mismo, con miedo… Con tanto miedo que puede olerse en las paredes donde están señalados los días que faltan para una especie de juicio final que solo existe en nuestra mente y no tiene ningun sentido.

Todas las cárceles que nos atan a una vida amarga y limitada son mentales. Son infiernos particulares y diminutos en los que nos hemos condenado nosotros mismos, de los que no nos dejamos salir por el qué dirán. Porque nos convencieron de que para merecer algo tenemos que sufrir, sacrificarnos y rompernos lo suficiente por dentro como para que el mundo nos valore y nos dé el visto bueno… Son pequeños infiernos de sí hago esto o aquello, del debería, del sí per no, del ¿Y si? constante, del darle vueltas sin parar a todo en la cabeza hasta que parece estallar y una ansiedad tremenda hace sonar tambores en nuestro pecho.

Todas la cárceles que he conocido en mentes ajenas y en la propia, se edifican gracias a un componente básico y necesario, si desaparece esa substancia, la cárcel se esfuma, se desvanece. Es una substancia inmaterial que todo lo impregna, es totalmente adherente y deshacerse de ella es altamente complicado, pero no imposible. Es pegajosa y corrosiva, todo lo invade y lo inunda, todo lo convierte en una carrera, en una necesidad, en un castigo… Es culpa. Una culpa gigante e inconsciente que vive en nosotros desde siempre y nos impulsa a no vivir, a no soltar, a pasarnos la vida midiéndonos y calculando resultados, escalando montañas altas para llegar a cimas que demuestren nuestro valor y calmen esa sensación de no merecer, de no ser suficiente.

Esa culpa que nos impulsa a decir sí a todo aunque nos mate por dentro.

Esa culpa que nos lleva a decir no a lo que deseamos porque creemos no merecer.

Esa culpa que mantenie en pie esa cárcel mental y la hace cada día más real y más sólida.

Esa culpa que nos cuenta historias tristes y se infiltra en nuestros sueños hasta convertirlos en pesadillas que hablan de dolor y castigo.

Todas las cárceles que nos hemos inventado parecen reales. Están fabricadas con años de quedar bien, ser ejemplares y correctos, ser sumisos, ser perfectos, ser ganadores y tener éxito, mantenernos en la cima, ser lo que los demás esperan de nosotros, perseguir sueños olvidándonos de nosotros mismos y maltratándonos para conseguirlos, mendigar amor, hacer todo lo lo posible para ser reconocidos, para sentirnos especiales y conseguir la atención de los demás, evitar que sepan lo frágiles y vulnerables que nos sentimos, soportar lo que sea para evitar la soledad , esconder las dudas e inseguridades que tenemos, huir del miedo que nos acecha cada día por no ser suficiente y no hacer suficiente…

Nos pasamos la vida buscando en ellas pasadizos secretos para huir. Intentamos sonsacarle algún secreto al carcelero para que nos deje salir o nos cuenta cómo hacerlo. Intentamos darle todo lo que tenemos o creemos tener la juez para que nos libere. Nos dejamos la vida siendo reos ejemplares y maltrándonos para asumir nuestra pena impuesta para que vean lo dóciles que somos… Nos destrozamos las manos intentando separar, limar y romper los barrotes pero nada funciona. Día tras día, abrimos los ojos esperando que algo pase, que algo cambie, que llegue un abogado que nos saque de ese infierno, esperando un salvavidas que nos rescate, una mirada de compasión al otro lado que nos tienda la mano.

Nunca llega, siempre nos queda un día más en el infierno, en esa cárcel mental de la que algunos salimos a ratos pero siempre volvemos por mala conducta, por reproches, por no haber hecho lo debido, por no haber conseguido lo que nos proponíamos… Porque siempre nos tragamos el chantaje de la culpa y nos acabamos creyendo que merecemos regresar.

No hay nada en la cárcel que nos ayude a salir de la cárcel.

No hay nadie ahí afuera que nos vaya a sacar de ella.

Los pensamientos que nos encerraron no son los que podrán liberarnos. La forma de vivir que nos mantiene amarrados nunca nos hará sentir libres. Porque de la cárcel no se sale forzando, golpeando, ni luchando contra la cárcel. De la cárcel se sale soltando el pensamiento que nos encerró en ella. Dejando caer ese mundo interior de sacrificio y castigo que nos apega a la culpa y nos exige cada día más. Renunciando a ese modelo de vida y patrón de creencias que nos ha llevado a creernos que merecemos limitarnos y encerrarnos y castigarnos…

De esta cárcel se sale con respeto por uno mismo. Con amor, con compasión, con amabilidad por lo que somos. Sin medirnos ni reprocharnos. Sin esperar nada concreto más que esa paz de saber que nosotros mismos podemos liberarnos…

Todas las cárceles mentales que que he visitado desaparecen cuando descubres que están contruidas sobre la creencia falsa de ser merecidas, de ser necesitadas para purgar errores y falsos pecados. Cuando miras dentro, en lo más profundo de ti y abrazos lo más oscuro y terrible y descubres que eso no eres tú y que no pasa nada… Y dejas de esconderlo y ocultarlo para comprender y empezar a usarlo para amarte.

Todas las cárceles mentales en las que vivimos dejan de existir cuando descubrimos que somos seres valiosos, cuando nos reconocemos, cuando nos damos cuenta de que en realidad somos inocentes…

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

Si quieres saber más de autoestima, te invito a leer mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”.

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

www.merceroura.es 


5 comentarios

Ya eres tu mejor versión, pero no te has dado cuenta


paint-2985569_640

Un día te cansas de disimular y de estar pendiente de que todo sea perfecto. De parecer mientras eres y de ser mientras pareces para que nadie se enfade, se ofenda, se perturbe o deje de verte como esa persona que llevas toda la vida arrastrando y que siempre es correcta. Te miras y dices… “Sí, tengo arrugas ¿Y qué pasa? ¿A caso no todos vamos a envejecer? Tengo muchas imperfecciones y pocas ganas de seguir fingiendo que me preocupan más que mis miedos e inseguridades… No quiero ser perfecta, quiero sentirme segura y en paz con lo que soy”.

Es tan agotador pasarse la vida siendo una versión de ti misma aceptable para este mundo de plástico que juega a dejar de usar plástico, pero que se queda en la superficie de todo sin profundizar en nada… Hasta que descubres que no hace falta, que en realidad. Has vivido pendiente de las miradas ajenas porque compraste su versión de lo que es la vida, porque nunca te has amado como mereces realmente, porque te han pillado siempre con la guardia baja y has asumido el lugar que te han reservado otros pero no es tu lugar. ¿Sabes? es que ni siquiera hace falta que tengas un lugar concreto ahora o que sea siempre el mismo… No te pongas más etiquetas, no las necesitas. Arráncate las que te pusieron y las que te pusiste tú misma mientras intentabas ser una versión de ti que gustara a las masas y pasa de todo… No te amoldes a lo que te rompe por dentro. Adaptarse a las circunstancias no significa perder tu esencia. Significa verlas venir y tomar decisiones. 

Pasa de todo, amiga, no eres un pongo de esos que te regala el amigo invisible por Navidad con desgana y que colocas encima de una repisa o se lo enjaretas (me encanta esta palabra, la usaba mi abuela) a otro para que no críe polvo en tu casa. Tú no vas y vienes, eres algo maravilloso que permanece. Lo que tú eres en realidad no se mide ni encasilla. Nadie se merece ser una etiqueta. No eres la talla de sujetador, ni la de pantalón. Si no entras o te viene grande, eso no te hace ni mejor ni peor, eres un ser humano que merece mirarse con todo el amor posible. No eres la crema que usas para cerrar poros porque si no se cierran caes en desgracia, ni la foto imposible que nunca puedes hacerte en Instagram porque no quedas como esas mujeres que parecen perfectas pero que seguro que también llevan pegadas etiquetas… Ellas también libran una batalla interior, créeme. 

No eres la madre, ni la hija, ni la esposa, ni la amiga, ni la gran profesional… Eres todas a ratos y al mismo tiempo tú. No puedes hacerlo todo, ni controlarlo todo y luego sonreír mientras el rizo perfecto cae sobre tu frente dibujando un gesto de armonía sutil y cándida. No eres tu pelo, ni tus curvas, no necesitas ni pelo ni curvas para ser la más hermosa. No necesitas vender una imagen concreta, sino vivir tu propia coherencia. De nada sirven los zapatos más elegantes y adecuados si te sientes incómoda con ellos y no pisas firme en tu vida… Siempre eres tú quién lleva los zapatos y no los zapatos los que te llevan a ti. Lleva tú lo que vistes, lo que haces, lo que sueñas… Lleva tu vida puesta. 

No te ciñas, no te escondas, no te disfraces de una versión escurridiza de lo que eres. Ama lo que eres por encima de todo y deja de caminar sin salirte de la zona marcada, vuela… Vuela si quieres y te apetece y si hoy no te sientes con fuerzas, no pasa nada… Tampoco tienes que ser siempre una versión de mujer ultra motivada. No caigamos en la trampa de dejar de ser superwoman y acabar siendo superantitodo para demostrar algo que no necesitamos demostrar a nadie. 

Un día te levantas y te miras y has pasado la noche preocupada por cómo vas a pagar esa factura, por cómo vas a presentar ese proyecto, cómo vas a llegar a las cinco a buscar a tu hijo si media hora ante estás en la otra punta de la ciudad… Te miras al espejo y no, no estás perfecta, pero esa sensación no es real. Eres perfecta ya, eres lo mejor que tienes y lo que ves depende de cómo decides mirarte. No eres una mercancía, amiga. No eres un trasto viejo ni una alfombra con la que tropezar siempre cuando pasas al comedor. No has venido a estar disponible para todo y puedes caer cuando quieras y volver a empezar. Puedes permitirte fallar y recalcular la ruta. Puedes decir no y basta y cerrar la puerta y encontrar tu silencio. Puedes empezar a pensar en ti y decidir lo que realmente te llena a ti la vida y dejar de poner siempre por delante a los demás… Si tú no te escuchas, nadie lo hace. Si no te consideras, nadie lo hace. Si no te amas, no podrás amar a los que te rodean sin desfallecer y perderte. Si no te cuidas, nadie te cuida.

Yo también me he roto intentado ser mi mejor versión, amiga. Siempre tan rígida, tan sola, tan cansada por mendigar aprobación. Siempre subiendo un listón hasta el cielo y cuando parecía que había llegado al tope lo empujaba un poco más arriba. Siempre tan difícil, tan arduo, tan duro, tan inaccesible. Siempre sujeta a unas normas inflexibles y a unas creencias rancias y severas que era imposible saltarse y soltar para poder respirar. Siempre luchando en desventaja para no llegar nunca, siempre subiendo una montaña cuya cima parecía estar cada vez más lejos. Y todo para no conseguir nada, para apenas tocar con las puntas de los dedos un instante de lo soñado y ver cómo se apartaba de mí, como se fundía con un nuevo problema que solucionar. No caigamos en la trampa de querer demostrar que valemos a pesar de la adversidad y la desventaja porque eso nos hace esclavas e infelices… Vivamos como nos dé la gana. 

Ya sé qué sientes pero, ¿sabes una cosa? es que ya lo eres… Ya eres tu mejor versión, deja de buscar y de intentar, de esconder tus miedos y parecer siempre dispuesta. Lo que eres ahora es infinitamente mejor que la versión de plástico que te vendieron que debías ser y tú tragaste. Ya eres lo mejor que te aguarda pero no lo ves porque te miras esperando que alguien vea en ti lo que tú no percibes y que te reconozca, cuando esa persona está esperando lo mismo. Ya eres perfecta, pero no te has dado cuenta porque no valoras lo que eres, no te hablas como mereces y no pisas el suelo a fuego porque no confías en ti. No te amas porque crees que primero tienes que alcanzar tus sueños, pero puedes amarte ahora ya sin esperar a nada que te valide o reafirme. 

Cuando dejes de ocultar lo que consideras que te molesta en ti, lo que crees que no es digno, sabrás quién eres realmente y serás imparable. Nadie que se ha visto con los ojos del amor propio espera nada del mundo para tapar su dolor. Nadie que se ame completamente mendiga amor por las calles… Nadie que haya descubierto su valor, esconde lo que realmente es. Es completamente imposible no brillar cuando te aceptas incondicionalmente. Y tú ya brillas, lo que pasa es que no ves tu brillo porque te sientes perdida buscando algo que en realidad ya tienes. 

No necesitas que el mundo te vea, necesitas verte tú como realmente eres, maravillosa.

No necesitas que el mundo te acepte, necesitas aceptarte tú.

No necesitas una máscara de mujer perfecta, necesitas arrancarte las etiquetas que te lastran y definen a alguien que no eres. 

No necesitas que te vean hermosa porque ya lo eres. Sólo siéntete poderosa, disfruta de ti… Nota lo mucho que vales… 

Basta de buscar miradas mediocres que te den el visto bueno, ponte tu el me gusta a ti misma y deja de esperar y buscar. Basta de justificarte por todo y pedir perdón todo… 

Llega un día en que te levantas y te miras al espejo y te das cuenta de que eres todo lo que buscas y todo lo que necesitas. Que la historia de amor que buscabas es contigo. Que la mirada de aprobación que deseabas era la tuya… No hay una mejor versión de ti que emular o conseguir, es esta, amiga… Lo que pasa es que está oculta bajo una capa de miedo, incomprensión, baja autoestima y culpa, mucha culpa inútil y prestada por un mundo que todavía no se ha dado cuenta de lo que tú te das cuenta ahora… Llevas años intentando ponerte un vestido que te queda pequeño y pensabas que el problema eras tú y en realidad era el vestido, que no es para ti… Porque no cabes en un molde, eres grandiosa, increíble, extraordinaria. 

No necesitas suplicar, amiga, ejerce de diosa… 

 

Gracias por leerme. Si quieres saber más de mí, te invito a entrar en mi web y conocer lo que hago. Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar todo su potencial a través del coaching, el mentoring y la Inteligencia Emocional. 

Tengo un programa para ti si lo necesitas para poder tomar decisiones y salir de bucle en que te encuentras. Un entrenamiento para que tomes decisiones y cambies tu vida en 40 días!!

Haz click aquí 

Y tienes mi libro “Manual de autoestima para mujeres guerreras”

En él cuento como usar toda tu fuerza para salir adelante y amarte como mereces y dar un cambio a tu vida… Ese cambio con el que sueñas hace tiempo y no llega.

Disponible aquí 

amazon llibre merce amazon

Si quieres más información, visita mi web www.merceroura.es