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la rebelión de las palabras

No te quiere

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No te quiere.

Ya no.

Lo ha dejado claro con sus silencios sordos y sus monosílabos desesperantes.

Con su forma de ignorarte y sus palabras medidas y vacías para que nada parezca lo que es.

Con el uso insultante de emoticonos absurdos para evitar mirar a los ojos y contar la verdadera historia de este amor minúsculo que busca abrazos y encuentra arañazos.

No hay amor entre líneas, cuando es amor se dice siempre alto y claro. Se nota, se respira, se oye aunque no prestes los oídos.

El amor no parece, es.

Da la cara. Invita a la risa.

Se vuelve loco por acercarse y acurrucar. Por besar, por abrazar, por acompañar. Por estar presente en tu vida.

No se pierde en adjetivos sin sentido, es un verbo, puro verbo.

Se apasiona. Se acelera. Se acerca a tu corazón y se construye una cabaña.

No hay amor que espere si no necesita esperar. Lo hace porque no tiene más remedio y cuenta las horas. No mide ni calcula, estalla. No queda bien, ni reprocha. No culpa, no manipula.

No te quiere, porque si te quisiera ahora estaría a tu lado y, si no pudiera estar, te besaría los oídos explicándote por qué, para que tuvieras claro que desea abrazarte y acurrucarse a tu lado. Y sabrías que es verdad, lo sabrías con una certeza absoluta sin saber por qué.

No te quiere y además lo sabes, pero te engañas porque te da miedo perder esa brizna de calor por si luego el frío intenso se adueña de ti.

No te quiere porque si te quisiera no daría excusas ni haría listas para saber si decide estar contigo o no.

No te quiere porque tú vas con los brazos abiertos y te cierra la puerta. El amor se abre.

El amor no se comprende ni se puede explicar, se vive, se experimenta. No tiene más sentido que el de ser. No busca más que ser expresado, que poder amar.

No te quiere.

Si te quisiera no cambiaría de idea cada cinco minutos ni te usaría como una marioneta.

Si te quisiera no te diría que no. Si no pudiera realmente, te propondría otra fecha. Buscaría otro momento. Vaciaría su agenda para encontrar un momento hasta encontrarlo. No porque fuera a tirar el resto de su vida por la ventana, sino porque te pondría entre sus prioridades. No para vivir a través de ti sino para compartir lo que es contigo.

Siento ser dura, pero la vida es preciosa y no la podemos tirar por el desagüe aferrados a lo que no es porque mientras tanto lo que sí es y podría ser nos pasa por delante y no lo vemos. Si no soltamos lo viejo, lo nuevo no llega.

Insisto… No te quiere. Si te quisiera no te retendría con vaguedades y tonterías, ni te mantendría a medias por si acaso sus primeras opciones se escapan o le dan calabazas. Te buscaría y te hablaría claro. Encontraría la fuerza y las palabras. No te tendría bailando en ese tango del «ahora sí, ahora no» eternamente por si la soledad le alcanza la nuca y se aburre. No te demostraría interés a rachas, ni te regalaría los oídos hoy y mañana te dejaría sin saludo.

No te quiere porque te ve mal y no te pregunta ni te tiende la mano.

No porque nada en el amor sea obligatorio ni preceptivo, porque sale de dentro. Porque cuando es amor rebosa, sobresale, revienta las expectativas y, de un modo u otro, sale a la calle a encontrarte y te encuentra.

No te quiere. Pone cara de querer bailar, pero no es contigo.

Quiere compartir la cena, pero no es contigo.

Quiere perderse en el tiempo mirando como se pone el sol pero, no, no es contigo.

Date cuenta porque, en realidad, ya lo sabes, pero no lo quieres ver porque temes que soltar esta historia va dejarte sin vida, sin alas, sin sueños. No es soltar este amor, en realidad, es dejar ir ese futuro que imaginaste juntos. Dejar esa sensación agradable de seguridad, de confianza, de tener un rincón donde la tormenta no te atrape y el miedo no te agarre los tobillos. No sujetas a esa persona, sujetas a la persona ideal que construiste en tu mente y que sí te quiere. La que pensabas que te pensaba y que jamás vino a buscarte. La que te mereces en realidad.

No te quiere. Acepta eso, aunque duela. Aunque escucharlo te arranque el alma y la piel del cuerpo y la boca te dibuje una mueca. Si no puedes, no pasada nada. No te fuerces, no te reproches, no te exijas, no te presiones, no te culpes… Acepta que no lo aceptas todavía y permítete no aceptarlo. Déjate en paz un rato con tu dolor y siente su pena inmensa porque esto no sea. Sumérgete en este baile de tristeza y rabia pero manté tus pies firmes en el suelo. Observa cuánto te duele. Observa dónde y con qué intensidad. Observa qué piensas cuando notas este inmenso desamor y deja que esos pensamientos horrendos en bucle vengan en ti para poder dejarlos marchar cuando decidas que no te los crees. Obsérvate sintiendo ese miedo a no poder dejar de amar a quien no te ama y no saber cómo calmar ese sufrimiento gigante. Obsérvate observándote y si no lo puedes soltar, perdónate porque todavía no pasa. Acepta que no aceptas pero sé consciente de que estás aferrándote a algo que no es, que no existe, que no camina.

Atraviesa tu miedo al descubierto. Asume lo que es. La verdad de la que te intentas escapar ha venido a liberarte y no la dejas porque crees que va a dolerte pero ignorarla te causa más dolor y perpetúa este trance en el que ya no eres quién eras pero todavía no has subido el siguiente escalón. No te dejas, no te permites, no sueltas, no te liberas de esa versión de ti que cree que sin esa persona no puede tener vida…

Cuando la vida eres tú.

Deja de buscarle. Deja de llevar el peso de la conversación y de tirar del carro de esa relación moribunda que ya expiró. Esa persona lo sabe y tú también, pero finges no haberte dado cuenta porque prefieres seguir en tu crisálida que aventurarte a volar.

No te quiere, pero no importa. Ya no. Ahora lo que realmente importante es si te quieres tú lo suficiente como para soltar esa carga pesada del amor que no es amor y estar por ti. Si vas a ser o no amable contigo dejando de mendigar y tomando migajas como si fueran flores.

Que no, que no te quiere. Hazte un favor y pasa pantalla. Este dolor insoportable de soltarle ahora es el preludio de un amor intenso por ti. Un acto de amor inmenso que te traerá maravillosas consecuencias.

No te quiere. Y tú, ¿Te quieres?

GRACIAS por leerme.

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

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