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la rebelión de las palabras

¿Tú también tragas con todo porque crees que no te mereces nada mejor?

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Una mañana te levantas con ganas y de repente descubres que te han vuelto a tomar el pelo. Te han engañado. Te han usado. Te han vaciado y luego te han dejado tirado… No importa si es en el trabajo o en el ámbito personal. Es duro. Otra vez. Vuelta empezar, recuperarse. Lo mismo de siempre… El bucle de siempre. Siempre a ti. Y justo en ese momento, te pasa por la mente un destello de lucidez. Y sabes que en él hay una respuesta, pero que requiere que seas honesto contigo. Que para salir del bucle hace falta un ejercicio de sinceridad salvaje contigo mismo. Que en lugar de preguntarte por qué, te preguntes para qué. ¿A qué viene esto? ¿Qué siento realmente? ¿Qué pensamientos vienen a mí cuando me pasa lo que me pasa? ¿Qué he estado creyéndome sobre mí que en parte me ha llevado a esto? ¿Cómo mi forma de ver la vida y a mí mismo me ha llevado a actuar para llegar hasta este punto? Y tiras del hilo.

Justo en ese momento, tienes que tomar una gran decisión. Sentir este dolor y hurgar en él para saber qué miedo oculta. Usar esto para comprenderte y quitarte de encima de una vez por todas este esquema de vida que te lleva a topar una y otra vez con lo mismo o fingir que no pasa nada, lamentarte y culpar al mundo y pensar que no tienes nada que cambiar y ya lo harán los demás.

Lo sé, no es agradable. Yo también tiro de muchos hilos y tengo que vomitar los sapos que me he tragado antes. Usar las emociones para salir del pozo mental en que nos hemos dejado meter requiere saborear todo lo tragado dándonos cuenta, hacer consciente aquello que fingimos no ver porque dolía, ver lo que no quisimos ver y sentir, sentir ese miedo insoportable que tenemos pendiente. Tirar del hilo para encontrar la madeja implica a veces encontrar una madeja que tú mismo has enredado porque no te gustaba y descubrir lo mal que te tratas, lo mal que te quieres, lo poco que te valoras, lo mucho te que relegas al último plano de tu vida, lo casi nada que te conoces…

Y hurgando ahí, descubres que en el fondo ya lo sabías, que ya notabas que esa persona o personas te la daban con queso pero no querías notar. Que olía a podrido. En el fondo ya veías que había cosas que no encajaban, que pasaban cosas «raras», que estabas dando cien y recibiendo… Qué ¿Diez? ¿Cinco? ¿Menos cincuenta? y consentías… Y lo hacías porque necesitabas tanto creer que tenías algo de verdad, algo bonito en tu vida, que mirabas al vertedero de esa relación y veías un campo de flores y no porque fueras positivo, sino porque estabas ciego o querías estarlo porque la verdad era demasiado cruda. Que tragabas cuando tenías que decir no en voz alta y decías sí porque tenías demasiado miedo a decir y perder… ¿Perder qué? nada, si no tenías nada, era una farsa edulcorada que te permitía seguir pensando que tu vida estaba llena cuando en realidad estaba vacía y rota, pero la pegabas sin ganas mientras te aguantabas las lágrimas porque sabías que si te permitías llorar ibas a caer y no sabías si podías levantarte. Y te metiste hasta el fondo, esperando el milagro que convirtiera la farsa en realidad, intentando ser tu mejor versión ante esa persona para ver si se conmovía por dentro y le tocabas el corazón… No pasó, porque no pusiste límites, y esa persona siguió usando y usando tu magia, tu risa, tu generosidad, tu valor, tu amor, tu dinero, tus ganas, tu ilusión para construirse un castillo y luego cerró la puerta para no dejarte entrar en él.

Y pasaron diez días, diez meses, diez años… Y el bucle era cada vez más rápido al girar y tú cada vez estabas más roto. Y ahora que llamas a la puerta de su castillo para que te abra, te das cuenta de que te estás rebajando cada vez más y necesitas parar… Y lo haces pero todavía no ves resultados.
A veces, cuando tomas decisiones y sales del bucle y rompes esa dinámica con valentía no todo se soluciona. Se resitúa y sientes dolor y paz al mismo tiempo pero durante un tiempo la vida trae coletazos de esa dinámica que duró tanto tiempo. Espejo de tu interior durante años que todavía se refleja en tu realidad de cada dí. Resultado de horas y horas de vuelo en piloto automático sin llevar los mandos de tu vida y sin confiar en ti lo suficiente como para dejar lo que te ata y lo que te araña.

A veces, sales de la cueva y todavía no ves claro porque tus ojos estan sensibles y acostumbrados a la oscuridad.
Y esta mañana ves que te la han colado de nuevo y después de lamentarte un rato y sentir ese dolor, agarras con fuerza el destello de luz y tiras de él. Encuentras la madeja tirando del hilo de tus miedos, tu dolor, tu frustración, tu rabia, tu tristeza y ves que has permitido que te usen porque preferías ser usado a estar solo, a no sentirte útil, a no tener a nadie…
Y entiéndeme, por favor, esas personas son responsables de su forma de actuar y podemos decidir que ya no merecen estar en nuestra vida porque nos dañan, pero es indispensable darse cuenta de que les dejamos hacernos daño porque no nos hemos valorado y amado suficiente. No somos culpables, hicimos lo que pudimos. Seamos compasivos con nosotros pero… Empecemos por decir basta. Basta a lo que no nos hace bien. Basta a los bucles y las ruedas de hámster en las que nos metemos por no sentirnos suficiente para decir no y aprender a esperar que otras personas que nos traten como merecemos entren en nuestra vida… Basta a decir sí a todo para no estar solos y de quemarnos siendo una versión perfecta de nosotros mismos que no puede sostenerse en el tiempo…

Basta de sujetar al mundo por si se cae porque otros no hacen su parte y de tirar del carro de todas la relaciones por si los demás no se atreven, no pueden, no saben, tiene miedo… Basta de ponérselo tan fácil a otros y tan difícil a ti.


Basta a esforzarse por recibir amor o reconocimiento y demostrar a cada instante que eres valioso. Basta a tener que hacer mil veces más para que te vean y acepten… A ir por la vida dando el doble porque nos sentimos casi nada y pensamos que llevando a cuestas un premio de consolación o un plus añadido nos van aceptar y tolerar… Nosotros somos el plus. No necesitamos hacer nada para ser amados, respetados, aceptados, valorados… Solo ser y existir en coherencia a nosotros mismos.
Nadie nos va a sacar del bucle, solo parar y sentir y tirar del hilo aunque duela.
La verdad nos está esperando para ser descubierta y sentida.
La verdad es que ya somos como debemos sin tener que hacer ni conseguir nada, ya merecemos lo mejor y aunque dé miedo, todo lo que nos refleje eso en nuestro mundo tiene que ser desterrado y soltado porque si no, estamos ocupando el espacio de lo bueno con algo que nos destruye y limita…

Por ello es importante dejar de pensar si estamos a la altura siempre y empezarnos a preguntar cómo toleramos que nos traten y etiqueten cómo nos vemos a nosotros mismos para ser capaces de tragar tanto veneno. Pasemos revista a lo que hay en nuestra vida y todo lo que nos haga daño que se marche porque sobra y necesitamos hacer hueco para lo que nos hace bien y nos recuerda nuestra belleza y grandeza. Hagamos el ejercicio, miremos de frente toda esa basura acumulada en nuestra vida y esas relaciones que nos desgastan y perjudican. Seamos capaces de observar el dolor y el miedo a soltarlo, lo mucho que nos asusta dejarlo ir y el daño que nos hace. Lo vemos… Lo reconocemos, lo sentimos, nos preguntamos para qué y qué aprendizaje oculta y luego lo soltamos y dejamos ir.

Que no pasen diez años más dejándonos tomar el pelo porque no creemos merecer nada mejor.

GRACIAS por leerme.

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

3 pensamientos en “¿Tú también tragas con todo porque crees que no te mereces nada mejor?

  1. hay una canción de Beret: Ojalá
    terminas pensando por qué no soy más egoista??
    saludos

    Me gusta

  2. Pingback: ¿Tú también tragas con todo porque crees que no te mereces nada mejor? - INICIO

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