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la rebelión de las palabras

Sé el amigo que buscas desesperadamente ahí afuera

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No seas tu peor enemigo, sé tu mejor aliado.

Si no te miran, mírate tú con cariño.

Si no te ven, no busques su mirada.

No hace falta. No la necesitas.

Si te juzgan, deja que hablen… No te juzgan a ti, se juzgan a ellos mismos y sus pequeñas miserias reflejadas en ti. Todos lo hacemos, las debilidades ajenas son un espejo perfecto para ver las propias.

No te limites pensando que no mereces nada mejor…

No te exprimas exigiéndote tocar la luna…

No te creas esos pensamientos que hablan mal de ti y que te atacan cuando se acaba el día o en cualquier momento en que dudas de ti al ver malas caras o cuando las cosas no salen como esperas.

No eres lo que piensas. Esos pensamientos dibujan una versión de ti sesgada por unas creencias absurdas y de forma inconciente se ramifican hasta el infinito contándote historias tristes y aterradoras… No son tu historia.

No dejes de caminar porque otros te digan que no vas por buen camino.

Tampoco sigas caminando para demostrar nada. Si te cansas te paras.

Si necesitas recalcular la ruta, te detienes. Puedes decidir cambiar de camino y de meta. A veces, la rendición es un acto de miedo, pero muchas otras, más de las que imaginas, es un acto de amor inmenso.

No te hagas daño intentando alcanzar nada, no compensa.

Escucha tu cuerpo. Escucha todas y cada una de tus fibras y a ese ser interior que tanto sabe, que te contará si ese es el camino.

No cambies nada en ti para parecer, ni aparentar. Nunca podrás satisfacer a nadie siendo lo que no eres. De hecho, no tienes que satisfacer a nadie y punto.

No escatimes lágrimas. La tristeza acumulada te rompe por dentro pidiendo salir a ser sentida y comprendida. Como las raices de los árboles que levantan y destrozan el pavimento de las calles.

No pasa nada si paras y la aguardas en silencio, esperando a que salga ese miedo y te diga lo mucho que a veces te ignoras y desprecias. Lo mucho que te faltas al respeto aceptando chantajes y palabras necias, asumiendo tareas que no son tus tareas, siendo responsable de lo que no eres responsable, metiéndote en trajes pequeños porque no reconoces tu valor inmenso y todavía juegas a ser menos que nadie.

Siente esa rabia descomunal alojada en el estómago y la garganta que te dice que callas demasiado, que tragas tanto que vomitarías toda tu vida ahora y empezarías a correr hasta llegar al otro lado del mundo para que aquellos que abusan y tanto exigen no te encuentren.

Siente ese dolor que punza el pecho y que te recuerda que todavía no haces lo que amas y llevas puestos unos zapatos que no son tus zapatos…

Que juegas a ser un grano de arena cuando eres el desierto.

Que te crees gota de agua cuando en realidad eres el mar inmenso.

Que piensas que buscas a alguien de quien enamorarte y en realidad necesitas desesperadamente amarte a ti mismo.

No te comprimas, no hace falta. No te obligues a parecer fuerte. No van a valorarte más tampoco por parecer inofensivo, ni te van a respetar por dar miedo… Sé justo lo que eres, es perfecto.

Si te rechazan, no te rechaces. Se rechazan ellos mismos, en realidad… No quieren ver en ti lo que tanto les asusta ver dentro de sus entrañas cansadas. Todos lo hacemos, no es personal, no hay nada malo en ti, nada defectuoso, nada que te haga indigno de nada.

A veces, es que no. Otras es que sí. Y por más vueltas que le das a la historia no descubres por qué ni le ves el sentido, aunque lo tenga y todo encaje al final.

No necesites que te acepten. Acepta que no te aceptan. Acepta que seguramente todavía no te aceptas tú y eso crea una cadena de desaires en tu vida que pide que pongas el freno. Que te pares ante ese espejo que siempre eludes y te mires hasta el fondo del alma…

Mírate. Mira tus miedos y tu equipaje. No contemples solo tus ojos sino tus miradas.

No busques simetrías, busca esos gestos que te hacen diferente y al mismo tiempo parte de algo grande.

No busques perfección, busca belleza… La de verdad, la belleza que acumula alguien que es capaz de mirar dentro y encontrar la oscuridad más rotunda y la luz más inmensa. Y descubrir que ambas forman parte del camino.

Mira a tu dolor a la cara y dile que no eres suyo, que te habita un rato hasta que lo comprendas y dejes de necesitar que esté ahí para contarte algo de ti que todavía no ves sin él.

Aquello que todavía no amas en ti y no aceptas es lo que va a sacarte del pozo oscuro en el que a veces crees estar.

Aquello de lo que huyes es la pieza que te hace falta para terminar el rompecabezas…

No seas tu enemigo, sé el amigo que buscas desesperadamente ahí afuera.

Recuerda que mereces lo mejor y ve a por ello, pero no te maltrates y culpes si no llega o no lo alcanzas, no controlamos nada. No contemplamos la vida a vista de pájaro desde el cielo y a veces el camino que nos asusta tomar porque parece complicado es el que lleva a un lugar hermoso y el que nos parece mejor conduce a un acantilado.

Tómate de la mano y confía en tu grandeza. Está ahí esperando ser rescatada entre un amasijo de pensamientos tontos escritos con caligrafía de niño pequeño una tarde de hace muchos años cuando todo parecía triste…

Y cuando te sientas perdida o perdido, cuéntate una de esas historias en las que tal vez nada sale como nadie espera sino mucho mejor. Esos cuentos en los que no sabes qué va a pasar pero cuando todo termina miras desde el cielo, a vista de pájaro, y puedes ver el camino dibujado y notas que encaja y que es como debe.

No sabemos nada. A veces, lo mejor de la vida te espera en la esquina de la impaciencia. Otras, está sucediendo y no nos damos cuenta porque llegó disfrazado de problema.

A veces, cuando desenredas el hilo, encuentras las madeja.

Y cuando sueltas, es cuando más logras abarcar.

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

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