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la rebelión de las palabras

Porque estás bien contigo…

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Equivocarse y que no pase nada.

Que no te pase como una losa inmensa en el pecho y la espalda todo el día.

Que no sientas que cuando te miran te señalan y murmuran que hoy has fallado otra vez.

Que al acabar el día lo recuerdes y no sea amargo sino una forma de darte cuenta de para qué ha sido útil ese error. Que incluso sea necesario y valioso para poder comprender y comprenderte.

Dejar de sentir que haces el ridículo porque te das cuenta de que es imposible ahora, porque para poder hacer el ridículo es previamente necesario sentirse avergonzado de uno mismo, etiquetarse a uno mismo como indigno, como insuficiente… Y ese tú ya no te lo haces, ya no.

Dejar de pensar lo que piensan otros sobre ti. Dejar de preocuparse por cómo te ven y verte tú de una vez por todas. Verte bien en tus días malos. Verte ahora sin esperar a ser mejor porque ya has descubierto que lo que realmente eres no puede mejorar ni empeorar.

Aceptar tu rabia. Esa forma salvaje que tienes a veces de reaccionar cuando te sientes ofendido o cuestionado.

Aceptar ese miedo a quedar expuesto, desnudo, vulnerable y que te puedan criticar y juzgar. Esa ansiedad inmensa al no saber qué pasará y notar como la incertidumbre te besa las sienes a media noche y te dice que no sabes a dónde vas, que tus recursos se acaban, que no hay salidas, que por más que haces nada funciona, que todos los demás van por buen camino y consiguen resultados menos tú.

Aceptar la impotencia que sientes por no poder cambiar tantas cosas que no se pueden cambiar y ver que hay muchas.

Aceptar esa frustración por no conseguir lo que deseas a pesar de estar a dos milímetros de ello y pelearlo al máximo, porque tal vez esto no va de pelear…

Aceptar esa tristeza por lo que no pudo ser o no podrá. Por lo que no pasa y por todos esos recuerdos que a veces a media noche te asaltan.

Aceptar que hay días que no estás al cien por cien.

Aceptar que no sabes casi nada.

Aceptar que no. Que no es. Que no pasa.

Aceptar que tal vez nada cambie ahora o no cambie como tú sueñas. Acepta que tienes que cambiar tú esa forma de pensar que te lleva a sufrir.

Aceptar que no controlas nada. Que no hace falta que sujetes y cargues el mundo para que no se caiga… Que el mundo gira y no solo no puedes cambiarlo, sino que a veces cuando lo intentas consigues el efecto contrario. Que a veces haces y entorpeces, que te pones en medio de la vida y la vida sigue y no por donde tú deseas…

Aceptar el asco hacia todo lo que no es como crees que debe… La ira que intentas controlar y no te arriesgas a sentir pero que te impulsa a romperlo todo, hacerlo añicos y lanzarlo al abismo.

Aceptar esa sensación eterna de injusticia que te pisa los talones y te susurra al oído que otra vez va a ser que no hagas lo que hagas, te pongas como te pongas, por más que te rompa por dentro y lo intentes porque eres tú y tú nunca consigues ni llegas.

Equivocarse y no sentirse como si te hubieran apuñalado la espalda.

Sin esa quemazón dentro que te da esas ganas locas de esconderte del mundo y no volver.

Equivocarse y seguir y sentirte cómodo en tu piel.

Que te digan que no y no te sientas rechazado porque no va contigo o por fin te has dado cuenta de que no hay nada en ti que haga que el mundo te evite o desprecie.

Que te pidan algo y puedas decir no si sientes que no quieres ahora, que no puedes, que decir sí te erosiona y te quita fuerza y energía de lo que importa…

Que se vayan y no te sientas abandonado porque se van pero no te dejan, porque no eres “dejable” sino maravilloso…

Que estés solo y te sientas acompañado.

Que te digan que no te quieren y sin embargo te quieras, te valores, te aprecies, te veas como realmente eres.

Que te ignoren pero no te ignores y te abras a otras personas que sepan verte y valorarte cuanto mereces.

Que no te respeten, pero te respetes, porque te des cuenta de que no importa qué digan, sino lo que tú te dices y cómo te hablas, porque en el fondo sabes que no va contigo.

Y decides si te alejas, pero en realidad sabes que no importa porque ya sabes quién eres.

Que te equivoques y mirar tu error sea un ritual amable y precioso. Que no solo no pase nada sino que se abran puertas y se cierren heridas.

Caer y levantarse, sin mirar a los lados por si te han visto, sencillamente comprender que es parte del proceso, del camino, de la vida.

Que cierres los ojos y descanses cada noche porque tu mundo está en orden y tú estás en paz contigo. Pase lo que pase.

Porque estás bien contigo.

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Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

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