merceroura

la rebelión de las palabras

Déjate en paz

5 comentarios


Últimamente me doy permiso para equivocarme.

Alguien pensará ¿Qué más da eso? si te equivocas igual ¿no? si tal vez lo que tendrías que hacer es intentar dejar de equivocarte ¿no va de eso la vida?

Hace años le hubiera dicho que sí, que vivir es era intentar hacer las cosas siempre lo mejor posible. Yo lo intenté con todas mis fuerzas y nunca lo conseguí, nunca estuve satisfecha. Y me sentía siempre mal, siempre esclava de algo que no conseguía ni alcanzaba. 

Ahora creo que es mejor aceptar tu error, observarte y observarlo y quietarle fuerza e intensidad. Mirarlo sin miedo, sin culpa, sin reproche y comprenderlo. Darte cuenta de que no pudiste hacerlo de otro modo. A pesar de saber hacerlo técnicamente, de tener la experiencia y la formación, muchas veces nos falla la actitud y el ánimo. No somos máquinas, somos seres humanos y estamos totalmente condicionados por nuestras creencias y programas subconscientes. No siempre cumplimos expectativas. Nos falla el pulso, nos atenaza el miedo, nos faltan horas de sueño, necesitamos serenidad y calma e ideas claras que no siempre acariciamos. 

No es una excusa, es una explicación.

El caso es que desde hace un tiempo, me doy margen. He dejado de mirarme con ojos de acosadora a mí misma. Me observo gestionando una situación y me doy cuenta de que juzgo, que me dejo llevar por mis emociones sin explorarlas, que no respiro hondo ni calculo bien, que tal vez tendría que dar una vuelta a las cosas antes de darlas por hechas… Sin embargo, no me acecho, no me reprocho. Es como si me diera cuenta de que en ese momento, a pesar de tener el potencial para hacerlo mejor, no me echara en cara no haberlo usado. Como si aceptara que justo en ese momento no puedo ser de otra forma y lo hiciera mal pero sabiéndolo, observándolo. Es un error visto desde la consciencia, desde la responsabilidad de la persona que asume que podría actuar mejor pero acepta que no supo y no pudo, pero que elige verlo y comprenderlo para la próxima vez poder recalcular. Es ver el error y no sentir culpa sino capacidad para aprender de él y saber que no eres tú, que no tiene porque limitarte sino todo lo contrario, abrirte un mundo de posibilidades gracias a él y a tu forma de contemplarlo.

Últimamente me permito el error y me siento bien. He descubierto que algunas personas, entre las que me hallo, necesitan más perdonarse por no cumplir del todo y equivocarse, que seguir intentado mejorar. Porque en su caso la mejora es una espiral que les lleva a maltratarse y no darse nunca tregua. He descubierto que cuando te permites fallar y te perdonas, te quitas de encima tanto peso y presión que automáticamente todo sale mejor. Que cuando miras tus errores y te miras a ti mismo sin rencor ni reproche por no llegar a la meta o no conseguir el reto, el dolor se esfuma y te liberas. Y te das cuenta de que lo que importa es disfrutar de lo que haces, de lo que eres, valorarte y apreciarte llegues o no. Porque no eres tus resultados, eres las transformación que experimentas mientras caminas hacia ellos, los consigas a o no.

Últimamente, me miro con ojos de persona que amable y compasiva. Sin pena, por favor, al contrario. Hace falta ser valiente para mirarte a los ojos después de cometer un error y decirte “no pasa, nada, te quiero y te valoro igualmente”. Esa compasión, ese cariño que hay en ti a pesar del resultado y el error no te hace grande, hace que te des cuenta de la grandeza que había en ti y que no veías ni valorabas… Del poder que tienes cuando decides mirar de otro modo y cambiar tu realidad al reinterpretarla.

Cuando te das cuenta de que tu valor como ser humano tiene que estar siempre fuera de duda y que no depende de tus errores sino de tu capacidad para asumirlos y perdonarte, todo es relativo.

Últimamente, me permito fallar y eso me da una visión sobre mí y sobre la vida que me trae paz. Y desde la paz encuentro otras respuestas que no veía. Desde la calma de saber que me perdono y no me reprocho veo la forma de compensar y volver a intentar con más ganas, con sentido…

Me he dado cuenta de que cuando te permites el error y lo aceptas, abres la puerta a un conocimiento de ti mismo que lo cambia todo.

Que cuando te dejas margen para equivocarte y te perdonas por ello puedes aprender de tus errores sin que el dolor los esconda. Que, a veces, hacerlo mal y poner luz y consciencia te libera más que hacerlo bien porque sueltas carga y presión…

Últimamente, me dejo en paz y me permito hacer las cosas mal cuando no sé hacerlas mejor y jamás había cosechado tantos aciertos. Aunque tal vez sigo sin acertar pero me siento bien conmigo misma porque no soy tan dura, tan cruel y exigente, porque llevo menos carga y eso me deja pensar, sentir, notar. Quizás ha bajado ese listón que nunca debió estar tan alto y me siento mejor. Será que para acertar es imprescindible antes aprender a perdonarse los errores.

Lo sé, si haces esto, habrá quién dirá que eres débil, que eres floja, que esto va de hacerlo siempre todo lo mejor posible y no fallar, que es una competición sin tregua por la supervivencia y que con lo que hay ahí a fuera tienes que ser el mejor… Pero yo siento que lo que cuenta es estar bien contigo, valorarte y no menospreciarte, que esto va de amarte no de tasarte ni venderte, de dedicarte una mirada amable cuando no puedes más y darte tregua para seguir adelante. Yo fui tan cruel conmigo mientras peleaba por mis sueños que recuerdo ese tiempo como algo sumamente amargo que no pudo endulzarse ni siquiera cuando los tocaba y conseguía. La vida no es una lucha, es un camino. No vamos a conseguir todo lo que deseamos a veces, por más que nos empleemos en ello, por eso vale la pena que el trayecto sea amable y nos permita ver la belleza que nos rodea.

Cuando aceptas tu verdad y decides parar para sentir no estás dejando nada sino asumiéndolo todo, no procrastinas nada sino que lo aceptas todo y tomas las riendas de tu vida… Cuando te amas y y valoras, ese amor te da la fuerza para seguir adelante y superarte. 

Perdonarse los errores no es de personas débiles, sino de valientes. No es buscar excusas, es comprender por qué sucedieron para poder empezar de nuevo. Dejarse en paz no es dejar de buscar la excelencia, es darte un respiro para que surja sin forzar ni maltratarse. Para poder amar lo que haces sin el yugo de la autoexigencia y el insoportable dolor que supone culparse siempre a uno mismo.

A veces, para que todo esté bien, solo necesitas apoyarte a ti mismo y estar de tu parte. 

Además ¿Qué está bien y qué está mal? ¿Quién lo sabe? ¿Acaso no hay cosas que parecen horribles y luego resulta que son experiencias maravillosas?

 

Gracias por leerme… Escribo sobre lo que siento o he sentido y el camino que he hecho hasta llegar aquí (aunque todavía estoy a medio camino de algún lugar). En este camino he aprendido poco a poco a aceptarme y amarme (aún me falta mucho, soy consciente).

 

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

5 pensamientos en “Déjate en paz

  1. Y me puse a pensar en cuantas veces no me perdoné por fallar o por dar lugar a tomar espacio en pensar en haber fallado, en cuantas veces seguí adelante necesitando aún mas fuerza para sostener decisiones y acciones en vez de haberme tratado dulcemente y amorosamente; pensé en cuantos de mis errores y mis procastinaciones tal vez se hayan transformado en cayos, en durezas que dan vueltas en las ruedas y que desconozco mias, en cuanto espacio aún hay para abrazarlo todo, mirar caminos hacia atrás y aceptarlos e integrarlos y dar lugar a todo lo bueno que hay en ellos sin tener que seguir mirando solo la linea finita, afilada y dura hacia el frente. Gracias Merce !!!!! ❤

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  2. Pingback: Déjate en paz - INICIO

  3. Gracias, me viene bien leer esto en este momento. Yo no llevo bien el fallar y dejarme en paz, así que lo releere
    Gracias

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    • Te entiendo, yo tampoco lo llevaba bien. Era de esfuerzo constante para no fallar y llevaba muy mal las críticas. Últimamente, he fallado mucho porque he vivido momentos complicados y no sabía cómo responder ante los retos de la vida. Y no lo hice bien, la verdad, No sé si fue el cansancio pero me permití hacerlo mal y me perdoné y créeme si te digo que ahora incluso creo que en mi caso saco más de hacerlo mal y perdonarme que de hacerlo bien. Porque mi aprendizaje es el perdón, creo. Gracias por tus palabras 🙂

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