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la rebelión de las palabras

Sacar a la “gorda” del armario

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Esta soy yo,  queda claro que no me sobran 500 kilos… Foto : Mercè Roura

Este es tal vez uno de los post que más me cueste escribir y sobre todo publicar. Me pasé media vida escondiéndome para que nadie me viera y la otra media en primera fila para demostrar que todos se habían equivocado al menospreciarme. Y todo eso siempre estuvo solamente en mi cabeza.

Ahora voy a desnudarme mucho y a contar algo que he estado meditado mucho si debía contar. No quería que mis palabras fueran una rabieta o una venganza y, sobre todo, no quería que fueran una vez más una excusa.

El caso es que hace unos días uno de mis amigos de Facebook me envió un mensaje diciéndome que “cómo me atrevía a dar lecciones de entrenamiento mental cuando pesaba 500 kilos”. Me quedé realmente extrañada, puesto que se trata de una persona que publica sobre espiritualidad y autoconocimiento, sobre no juzgar a los demás y respetar. Aquello me parecía una gran incoherencia, la verdad. Los primeros en discriminarnos somos nosotros mismos… Somos nuestros más crueles y despiadados jueces y verdugos. 

A estas alturas de la película de mi vida, ya no hago caso a según qué comentarios (no me acostumbran a decir cosas así) pero esta vez sentí una punzada y quise comprender qué decía esto de mí. No son sus palabras desafortundadas sino lo que yo sentía sobre ellas, si me las creía o no. Hace años, este comentario me hubiera roto la vida, ahora me permito observarlo y sentirlo, comprender por qué a pesar de ver que esa persona y yo no estamos en sintonía, hay algo en ello que me molesta. Me sentí irritada, no por el comentario en sí ( o tal vez sí, lo admito, no es agradable que te hablen así) sino por su osadía y falta de respeto. 

Empecé a caer en la tentación de explicarle (qué ilusa) que los kilos que me sobran no son fruto de atracones a la nevera sino de una enfermedad auto-inmune que ataca a mi tiroides. Entonces me di cuenta de que hacer eso sería caer en su trampa… ¿Y si así fuera qué pasa? pensé en todas las personas que hacen eso y que les cuesta mucho evitarlo y me sentí cerca de ellas. No soy una entendida en el tema y este post no va de grasa, ni de medidas, va de amor, de respeto y de dignidad. Y no quería juzgar a nadie excluyéndome de nada. No tenemos que justificarnos, sólo respetarnos. Fuera culpas ya de una vez por todas… 

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Foto : Mercè Roura

Y si comiera más de lo que quemo, ¿Qué pasa? ¿Eso hace que no merezca respeto? ¿Somos personas o somos etiquetas? ¿No hemos dejado el Instituto? Hay gente por ahí siendo adicta a mil cosas. Dependiente del móvil, de una amigo, de una pareja que les controla o a la que controlar, de los likes en las redes, de algunas substancias que les perjudican, de machacarse en un gimnasio… Todos, absolutamente todos, tapamos el vacío de nuestro desamor con algo. Buscamos un sucedáneo de nuestra autoestima para poder soportar el dolor e ir por ahí sin que se nos note tanto. Y como nuestro sufrimiento es inmenso, nos permitimos ir por la vida señalando a los demás con el dedo porque no son como unas normas estúpidas han decidido que debemos ser. Eso nos hace mitigar el dolor de forma momentánea, pero luego vuelve.

Insisto, este post no va adelgazar ni de engordar. Lo digo porque alguno me dirá que hay que comer sano y hacer ejercicio. Estoy de acuerdo, totalmente, pero todo eso que es muy necesario, no sirve de mucho si mientras lo haces te tratas como si fueras basura a ti mismo. Si cuando te subes a la báscula y no has conseguido bajar de peso te sientes fracasado, indigno en una sociedad que te exige cada día más, eso te hunde.  El que se ama se cuida, se trata bien y se valora. Adelgacemos para vivir mejor y estar sanos, no para que los demás nos quieran o acepten. 

Una de las cosas que más me impactaron del comentario de mi espiritual ex-amigo de Facebook que me considera una foca (por cierto, no me sobran tantos kilos, de verdad y no he podido resistirme a decirlo ) es que me envió fotos suyas mostrando músculo de lo mucho que se entrena cada día y vendiéndome su perfección física.  Lo vende como entrenamiento mental y dice que él si puede dar lecciones porque sabe más que yo de todo esto. Curioso, yo llevo años trabajando mi autoestima  y lo que tengo claro es que todavía no sé nada.

Desistí de hacerle comprender que era el músculo de la empatía y la compasión  el que más tenemos que entrenar porque es importante que no nos quede flácido  y no le dije nada más. No quiero dar lecciones. Pensé que alguien que se entrena tanto para ganar músculo y demostrarle al mundo lo machote que es, en el fondo,  está igual de hundido que yo. Y al igual que yo, necesita que los demás le reconozcan y aprueben. Quién sabe si él también tiene también que tapar el enorme vacío que lleva dentro. Entonces, como hacemos todos, mira afuera y me ve a mí y le molestan mis supuestos 500 kilos de sobrepeso porque le recuerdan lo mucho que le falta para llegar esa perfección inalcanzable que cree que el mundo le reclama… Ya se lo dije, la basura que ves en mí es toda tuya, amigo, disfrútala a tope.

Nos molesta que los demás no hagan lo que nosotros (por elección propia) nos obligamos a hacer. Les criticamos y juzgamos. Por ello hay tantas personas que critican y se obcecan con que los demás sigan un modelo de vida que ellos consideran ordenado y correcto, porque se reprimen mucho y no pueden soportar que otros vivan como desean. Cuando te esclavizas, la libertad ajena te parece insoportable. Les damos tanto poder  los demás sobre nosotros al creernos sus ofensas… Las hacemos reales. 

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Reconozco que he usado algunos filtros de belleza para las fotos, ni siquiera Barbie es perfecta. Foto : Mercè Roura

Sin embargo, quiero ir a lo que sentí.  Quiero ser muy sincera… Sentí rabia, sentí pena, sentí asco… Sentí la necesidad de explicarle lo equivocado que está y lo disciplinada que soy (curioso que alguien crea que no lo soy, cuando mi principal problema en la vida siempre ha sido mi autoexigencia, mi rigidez, mi sensación de culpa por no hacer más y mejor). Le hubiera gritado un buen rato (cuando sale de mí la fiera que llevo dentro es maravillosa, inmensa, rotunda, ancestral) y le hubiera dicho que no tiene ni idea de nada y que justo hace lo contrario de lo que predica… Entonces, me di cuenta de que no hacía falta. Que haciendo eso entraba en su juego y le juzgaba (de hecho, lo acabo de hacer aquí, pero no pasa nada, no soy perfecta y me equivoco mucho). Y esto solo acaba en una espiral de rabia y asco que te lleva a más rabia y más asco y te deja vacío… Caemos tanto en la trampa de excusarnos y disculparnos por cómo somos, caemos tanto en culparnos por no ser como nos han dicho que deberíamos… Ya basta de eso, no tiene sentido.  Usemos esa fuerza que se nos va por la boca para amarnos. 

El caso es que he dado muchas vueltas sobre si escribir esto o no. No quería que fuera un consuelo y una vía de escape. Durante años me he avergonzado mucho de mi misma, de mi físico. No por “gorda” o flaca, sino por mi baja estatura. Eso no puede entrenarse, amigo… Me he pasado años intentado demostrar al mundo que era válida, como si ofreciera siempre un plus para que los demás perdonaran mi insignificancia, mi poco valor, mi imperfección… Y la verdad es que nunca sirvió de nada cada cima conquistada, ni cada medalla, ni cada mérito, ni cada título, porque siempre necesité más y más. Porque el vacío enorme de nuestro desamor no se tapa con reconocimiento ajeno sino propio. Eso sí que se entrena cada día.

No quería que esto fuera una venganza (no diré su nombre, no importa) y no quería ser una víctima y mendigar pena.

Me he dado cuenta de que explicaros esto me daba tanto miedo y tanta vergüenza que debía hacerlo… Que es todo lo contrario de lo que he hecho toda mi vida, esconderme y ponerme a demostrar, a exigirme ser todavía más perfecta. Tal vez, el comentario del hombre musculoso que tanto se entrena para ser perfecto llega ahora porque estoy preparada para culminar una etapa de mi vida, para abrazar lo que soy (con los brazos me alcanzo, de verdad) y decidir que el respeto por mí misma está por encima de todo.

Escribo esto como homenaje a la “gorda” (con perdón, uso esta palabra porque quiero que deje de ser una etiqueta vergonzosa y estigmatizada para mí) y al Ser increíble que está en mí y que soy yo… Un Ser como el vuestro, que no pesa, no se mide, ni necesita ser aceptado… Es una exposición pública de lo que soy, una forma de decirme en voz alta que me quiero tal como soy. Una forma de dejar de mostrar sólo mi lado más correcto y mostrar el lado vulnerable, porque ya no me importa si gusta o no gusta. Escribo esto porque nunca antes lo hubiera contado y ahora siento que puedo, por ella, por mí, porque quiero soltar esa vergüenza.

Este post es una forma de dejar de censurarme… Es un homenaje a todas esas personas que se sienten criticadas por ser distintas y a veces se ven señaladas con el dedo y no respetadas por una sociedad que está tan enferma y desquiciada que culpa a otros para desviar la mirada de ella misma. Que ha creado modelos de vida imposibles y finge en lugar de vivir. A mí me ha pasado muchas veces, construirme una vida no para ser vivida sino escenificada… Para ser mostrada y aprobada, para recibir el visto bueno de otros, pero una vida falsa, vacía, llena de todo lo que no te sirve de nada.

Cuando miras el parche que tapa tu herida y ves que sigue supurando, entonces, te das cuenta de que todavía duele más que si la muestras y dejas que cicatrice… A veces ese parche es comer demasiado o no comer casi nada  y otras ir dando lecciones a los demás sobre coherencia cuando tú te machacas sin parar para satisfacer a una sociedad hipócrita.

No importa cómo eres. Eres maravilloso, todos los que intentan hacerte creer que no, sólo ven su miedo y su basura en ti, sólo intentan desviar su dolor y su culpa hacia a ti porque no soportan mirarse a ellos mismos. Ponen una diana en ti para que nadie la ponga en ellos.

Por eso he decidido mirarme y aceptarme. Con o sin 500 kilos. Vulnerable y rota o entera y firme. Soy yo. Esta que os habla soy yo, desnuda y sincera.

Escribo esto porque me da miedo y me da vergüenza, amigos y amigas. Este es mi mejor entrenamiento, acercarme a lo que molesta y a lo que me asusta. 

Esta es mi forma de salir del armario. De sacar a pasear a “mi gorda” y decirle que es maravillosa digan lo que digan, porque nadie es lo que pesa, ni lo que mide, ni lo que tiene, ni lo que ha conseguido, ni siquiera es lo que hace, es lo que es…

Escribo esto para que personas de un valor incalculable no caigan en creerse que no valen nada porque no alcanzan una cifra, un número, un peso, una talla, porque no entran en un molde o no se parecen a una fotografía. Siempre digo que el amor que sentimos por nosotros no es la consecuencia de nuestros grandes logros, es siempre la causa.

Amigos y amigas, dejemos de pedir perdón de una vez por todas por cómo somos… 

 

 

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

13 pensamientos en “Sacar a la “gorda” del armario

  1. Eres y somos suficientes! Cada q me invade el desamor o veo atacada mi autoestima me recuerdo a mi misma: soy syficiente!! No necesito ser mas.

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  2. El mejor desprecio es no hacer aprecio, o a palabras necias, oídos sordos, dice el refranero.
    Y también es muy saludable expresarse libremente, y a quien corresponda, que se aplique el cuento.
    Puedes estar muy orgullosa de quien eres, de tus virtudes y tu empatía.
    Y eres así por que haces lo indecible para mejorar cada día y, generosamente, ayudar a los demás con tus escritos y vídeos y, sobre todo, con tu ejemplo.
    Muchas gracias, Mercé, por existir.

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  3. Genial!! M’ha encantat aquesta nova postal. De les millors que he llegit. Endavant sempre, Mercè!!

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  4. “Lo que Juan dice de Pedro habla más de Pedro que de Juan” 🙂 XOXOXO

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  5. Mercè, t’entenc! Ets humana i cal acceptar la teva reacció. Ara bé, modestament i com opinió, crec que aquest pots no calia. Demostres que li dones importància i no n’hauria de tenir!
    Una abraçada

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    • Potser no calia per a tu però per a mi si. Si l’ has llegit sencer, veuràs que el post no és per queixar-me i venjar-me ni demanar excuses… És un homenatge a mi mateixa. És necessari per dir-me a mi mateixa que m’estimo i exposar-me per a mi sense vergonya. No pots valorar si és necessari perquè no ets dins meu i no coneixes les meves raons. I sóc humana, però no escric per demostrar, no ho has entès, escric perquè ja no em cal demostrar.
      La meva reacció no és cap a ell sinó cap a mi.
      T’agraeixo molt les paraules i les entenc però era un pas necessari per completar el meu treball interior… Una abraçada 🙂

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