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la rebelión de las palabras

Lo que tengo y lo que me falta

10 comentarios


Cuando llegan estas fechas, siempre acabamos poniendo en una balanza lo que tenemos y lo que nos falta. Deseamos siempre que nuestros sueños pesen más que nuestros miedos y que en nuestra lista de logros haya más por apuntar que hace un año. Al final, no se trata de tener mucho que apuntar sino de saber si nos sentimos bien con lo que pone en nuestras listas. Si en la de logros falta algo que consideramos básico, una de esas cosas que te llenan la vida, y en la de retos te queda poco por conseguir, algo no marcha bien. Puede que incluso, haga falta cambiar muchas cosas de esa lista, cuando nosotros cambiamos, también mutan nuestros sueños y se modifica nuestra ruta.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que a menudo, cuánto mayor es tu sueño, más depende ti conseguirlo. Los sueños grandes son los que tienen que ver con las vueltas que da tu vida, con tu actitud ante ella y tus ganas. Si el sueño es enorme, necesitas más esfuerzo, más empeño, más capacidad para hurgar en tu interior y sacar de ti mismo lo que te lleva a conseguirlo. Algunos sueños que dependen de otros en gran parte. Esos retos en los que estamos pendientes de cómo nos valoran otras personas y estamos sometidos a su juicio son sueños frágiles. Diré más todavía, son superables, secundarios, intercambiables incluso. Los grandes retos se gestan en nuestras almas… Pasan en nuestra cabeza, se viven en nuestros pensamientos y dependen de nuestra forma de ver la vida… Creo que muchas veces la clave para conseguir un reto es descubrir qué pensamientos debemos tener para prepararnos para él. Qué palabras decir para transformar nuestra conciencia y subir el escalón necesario que nos lleva a dónde queremos. Y hacerlo sin perder nuestra esencia y valores, sin dejar atrás lo que somos más que para superarnos.

Ahora es cuando llega ese momento en el que nos preguntamos si somos felices. Y para responder, siempre miramos todo lo que nos falta. Viene alguien y nos recuerda que no debemos preocuparnos porque el dinero no da la felicidad. Yo siempre respondo que depende, que a veces sí, a veces no. Si no tienes nada que dar de comer a tu hijo y consigues dinero para comprar con qué alimentarle, eso te hace feliz. Si puedes comprar un billete de avión para viajar y ver a los tuyos después de meses y meses de ausencia, eso te hace feliz. Si puedes dejar un empleo que te supone suportar situaciones que te menoscaban como ser humano o hacerlo para poder dedicar más tiempo a los tuyos, eso te hace feliz. Aunque nos pese, el dinero compra muchas cosas que necesitamos en nuestro día a día. Cosas básicas que todos deberíamos tener cubiertas por el hecho de existir…

Aunque hay otro tipo de felicidad. Esa que te hace sentir bien aunque las cosas se pongan difíciles. Ese aplomo en la vida, esa paz que se consigue después de haber mirado a tus miedos a la cara y haber decidido que puedes, que quieres y que saltarás cualquier obstáculo que se ponga en tu camino. La felicidad de saber que amas y que te aman, que tienes la conciencia tranquila y la ilusión intacta… Eso no te lo quita nadie.

Y de eso te das cuenta cuando estás en un hospital observando como una máquina ayuda a respirar a un ser querido. En ese momento, lo mínimo es lo máximo. Lo básico que te ayuda a seguir. En ese momento, el rasero con el que medimos cambia y la balanza de sueños se vacía, se queda con lo necesario y aun así, pesa más. En ese instante te das cuenta de que a menudo nos fabricamos una vida hueca y llena de estupideces. Que perdemos mucho tiempo dando categoría a lo absurdo y ocultando lo que importa, que dejamos que el miedo se nos coma el camino. Que dejamos pasar la risa mientras nos preocupamos por lo que otros piensan de nosotros mientras ellos te miran con cara de asco y desaprobación porque les parece que eso llena su vacío y contiene su tristeza insoportable y rotunda.

Justo cuando tienes los ojos llenos de lágrimas contemplando un monitor que marca los latidos de un corazón cansado, te das cuenta de que eres un zombi. De que te has perdido en un laberinto de quejas y críticas. Que lapidas tu alegría renegando de lo que eres. Que te escondes tras una maraña de muecas y excusas. Que dices mucho que no a lo que te asusta. Que dices mucho que sí a personas que no te merecen ni te conocen.

Te das cuenta de que en algún lugar del camino, en un mal momento, te dejaste la coherencia y pusiste el piloto automático. Que te desahuciaste a ti mismo de esperanza y te echaste de tus planes para el futuro. Que perdiste el norte y has estado vagando sin saber a dónde ni por qué. Que estás medio vacío… Ahora, te das cuenta de que necesitas poco, menos de lo que creías, pero que eso que buscas tiene que ser autentico y real. Que quieres lo básico pero que necesitas que sea verdadero, sincero, puro.

Ahora lo ves tan claro… Al final, no importa si en tus listas de logros y retos hay muchas cosas apuntadas. Lo que importa es que sean las correctas y que las vivas intensamente. Que no malgastes tu tiempo en sueños de plástico y de humo porque parezcan más accesibles y deslumbren tus ojos… Que no te dejes vender una vida que no quieres y un destino que ni buscas ni sueñas.

Lo importante es que tus listas sean tuyas y no copiadas. Que te ayuden a levantarte cada día y te hagan mejor… Y a veces, hay que revisarlas y rehacerlas. Decirse la verdad a la cara y remendarse las heridas que llevamos en la espalda. Ser muy honesto contigo mismo, rozar la insolencia cuando no te quieras enterar de la verdad porque sea muy cruda. Ser muy irreverente con algunos de los dogmas más afincados en nuestra mente… Por si están equivocados o no nos sirven ya… Y  atreverte a pedirte lo que realmente sueñas. Y llegado el momento, cuando todo dependa de una máquina o penda de un hilo, te sentirás satisfecho.

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

10 pensamientos en “Lo que tengo y lo que me falta

  1. Querida Mercé:

    No te puedes imaginar el impacto que me ha causado tu artículo, no suelo hablar de mi vida personal en las redes pero esta vez tengo que excepcionar a la fuerza. Pasé la pasada noche en el hospital donde mi padre está ingresado, y donde su compañero de habitación, una persona de mi edad, está hoy esperando una muerte segura, ya que los médicos no le dan ninguna esperanza.

    Los dos últimos meses han sido complicados para mi por temas personales y profesionales, pero la experiencia de pasar una noche tan singular como la de ayer en las circunstancias que os comento, intentando prestar apoyo ante una situación tan tremenda, me ha hecho darme cuenta de que efectivamente lo que nos hace falta es relativizar. Había mucho dolor en ese hospital, pero también mucha solidaridad y ayuda entre personas desconocidas, creo que en eso consiste la grandeza del ser humano y que eso es algo que a menudo olvidamos. Esta ha sido para mi una nochevieja sin doce uvas pero creo que, si los cuento, me sale que desde anoche llevo acumulados por lo menos doce aprendizajes.

    Feliz 2015 a todos y cuidémonos de que lo más importante no nos falte.

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    • Querida Eva, gracias por mostrarte así. Yo escribí este post después de unos días duros en el hospital en una situación parecida. Te comprendo y mucho. Yo también participé de un dolor colectivo, una angustia compartida entre personas que casi no conoces y que se acaban convirtiendo en tu refugio porque nadie como ellas entiende tu dolor…
      En ese momento, te das cuenta de que pasas y pierdes mucha vida en tonterías y dejas lo importante por miedo o comodidad. Somos tan absurdos..
      Espero que la salud de tu padre mejore.
      Un abrazo fuerte y mil gracias 🙂

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  2. Muy cierto, Merce, muy cierto.
    Abrazo.

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  3. Pingback: Lo que tengo y lo que me falta. Mercè Roura | jav67rod

  4. Me ha gustado que señales ese otro tipo de felicidad que se abre paso cuando aceptamos que también está bien que, de vez en cuando, las cosas… o las personas, vayan mal.
    ¡Ánimo! Y que venga lo que venga encuentre a esa mujer que crece cuando da la bienvenida a lo que vaya viniendo.
    Muchas felicidades, Mercè; de esas y, porqué no, también de las fáciles 🙂

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  5. Creo que hay tres situaciones en las que ponemos en una balanza lo hecho y lo que queremos hacer..nuestros logros y los sueños no cumplidos: cuando tenemos un hij@,cuando sobrevivimos a una enfermedad que creíamos mortal,cuando es un ser querido quien debe superar esa enfermedad.. Entonces es cuando el detalle es el proceso entero…y a ello hay que enfrentarse con esperanza y actitud positiva..rodeado de seres queridos..animo optimista..y a ello se tiene que ir

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  6. Creo que hay tres situaciones en la vida en las que lo simple es lo excelente,lo único que quieres y llena tu vida:cuando tienes un hij@,cuando salvas tu vida de un peligro(accidente,enfermedad grave)
    Cuando esperas que un ser querido se recupere de una grave enfermedad y lo hace…entonces no deseas nada mas..te lo han dado todo..y hay una felicidad que te envuelve,que tu no has creado,pero que con su baño, te deja limpio de deseos…la espera que antecede a ello es la peor tortura..sólo la hace llevadera la esperanza y rodearse de seres queridos..y eso es lo que hay que hacer..tener esperanza que todo terminará bien y rodearse de seres queridos…la balanza y las dos columnas son inevitables tenerlas en el pensamiento, pero su análisis te hará mas fuerte emocionalmente y te distraerá además de ayudarte a valorar los pequeños gestos que ocurren entre el principio y el desenlace de la situación.. A ello con esperanza

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