merceroura

la rebelión de las palabras

La caja de cerillas

11 comentarios


Nos quejamos mucho. Nos pasamos el día concentrándonos en lo que nos molesta, lo que nos preocupa, lo que nos falta, lo que no nos gusta. Repetimos mil, cien mil veces las mismas frases hasta que se convierten en una plegaria, en un credo… Se meten en nuestra cabeza y en la cabeza de los que nos rodean, como un mantra asqueante que nos reafirma en lo que en realidad queremos alejar de nosotros. Cada palabra que decimos nos hace sentir más dolidos y rabiosos, más resentidos con todo y con todos… Cada palabra que sale de nuestra boca en forma de exabrupto o lamento nos acerca a esa realidad que queremos superar. Y a veces, es una realidad inventada, un recorte de lo que es nuestro mundo. Una versión incómoda y desconsiderada de lo que somos. Un compendio de lo que detestamos sin tener en cuenta todo lo hermoso que nos rodea. Acotamos nuestro mundo a cinco, seis frases hasta que nuestra mente se convierte en un cuarto oscuro desde el que no se ve nada de lo que hay fuera. Los sueños llaman a la puerta, pero no la abrimos porque no vemos lo que deseamos, vemos lo que nos asusta, lo que detestamos… Eso reduce nuestras ganas, nuestras capacidades, nos hace pequeños, mínimos… Y nos convertimos en un ser diminuto intentando abrir una puerta gigante para dejar pasar la luz, para dejar salir los lamentos y dejar que entren algunas alegrías. Sin embargo, ese ser pequeño triste, metido en una caja de cerillas por conciencia, con la luz apagada y los pies fríos no consigue abrir. No puede porque él mismo decidió no poder. Se cargó de dolor y angustia y ese peso aturde cada uno de sus pequeños movimientos. Respira un aire viciado y enrarecido, escucha la misma música triste, mira las mismas caras agrias de siempre, algunas transformadas por su mirada desganada, otras salpicadas por su perorata triste y quejumbrosa. No tiene donde agarrarse para conseguir tomar impulso y salir de la habitación oscura de su cabeza. Cada uno de sus pensamientos tristes y acotados a una realidad restringida y limitada a esas cinco frases de agobio le impiden tener la fuerza suficiente para respirar aire puro… Para salir de sí mismo y su mundo reducido de penas y angustias…

El hombrecillo triste que nos habita no lo sabe pero la solución está a tiro de pensamiento, de palabra. Si por un momento consiguiera dejar de repasar la lista de lo que odia y se concentrara en recitar la lista de lo que ama, si pudiera soñar y ampliar su mundo de quejidos y superarlo, si consiguiera encontrar algo hermoso a lo que sujetarse… Tomaría impulso, daría un gran salto y lograría abrir la puerta. Entraría la luz y se daría cuenta de que la caja de cerillas ha sido siempre una gran llanura con hermosas vistas. Que las caras agrias eran de desconcierto y la música triste eran sus propias palabras…

A veces, desayunamos lamentos y cuando llega la noche nos acostamos con ellos. Nos regodeamos en nuestras miserias y faltas. Nos pasamos las horas mirando en negativo de la foto de nuestra vida. Nos convertimos en aquello que odiamos a base de repetirlo. Nos quedamos sujetos a ello, se nos pega en la espalda y nos acompaña, impregna nuestra existencia y no nos deja ver todo lo demás. Tanto quejarnos, acabamos siendo una sombra triste, un murmullo aburrido y aturdidor… Somos lo que decidimos ser. Nuestra vida son las palabras con que la definimos. A veces, es necesario callar y mirar más allá. Salir de ti mismo y contemplarte con otros ojos. Hacer una lista nueva, sin historias tristes que recordar. Con sueños, retos y risas contenidas esperando salir. Una lista de lo que amas para convetirte en lo que amas y abandonar la caja de cerillas.

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

11 pensamientos en “La caja de cerillas

  1. Tienes una visión sobre determinadas intenciones que me anima, siempre, a leerte, Mercé. Yo abandoné la caja de cerillas hace muchos años y doy fe de que funciona. Por otra parte y ante la decepción actual de nuestro modelo político y social, sufro por el futuro de mis nietos … No obstante, siempre me queda creer en aquello tan sabio y utópico, de que “No hay dolor en la tierra que el cielo no puede curar”

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  2. Pues sí, amiga Mercè. Dicen los sabios que el dolor forma parte de nuestra experiencia de la vida… pero que el sufrimiento es opcional.
    Un abrazo.

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  3. “Somos lo que decidimos ser. Nuestra vida son las palabras con que la definimos”. Gracias por este inspirador pensamiento. Una de mis tareas que intento llevar a cabo cada día es cambiar mis palabras diarias, que como bien dices crean mi vida. He decidido cambiar mi vida a traves de mis palabras y, para mi las más importantes son las interiores.
    Muchas gracias Merce.

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  4. ¡Cuántas verdades! de vez en cuando es bueno escucharlas. Como siempre expresadas con ese talento tuyo. Gracias.
    Un abrazo

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  5. Me alegra haberte hecho feliz un instante, por todos los demás que regalas tú.
    Si no lo conocías, y te apetece léelo completo: Elegí la vida de Rudyard Kipling.

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  6. Hola Merce.
    Quiero compartir pedacitos de un poema increíble que va que ni pintado a tu prosa.

    No quise dormir sin sueños,
    y elegí la ilusión que me despierta…

    No pude olvidar mis fallos,
    pero elegí perdonarme…

    No quise huir,
    y elegí mirar de frente…

    No quise vivir solo
    y elegí la alegría de descubrir a otro…

    Un beso.

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