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la rebelión de las palabras

El día que ya no tengamos miedo

27 comentarios


OLA MAR

El día que ya no tengamos miedo caminaremos por la cuerda floja y compartiremos todas las ideas brillantes que nunca nos permitimos compartir. Bailaremos sin temor al ridículo y treparemos por el muro para ver qué hay al otro lado.

Será ese día en que nos atreveremos a decir que no y nos subiremos a la silla para que todos lo oigan y sepan que no estamos en venta. Contaremos todas nuestras anécdotas absurdas que siempre hemos creído que hacían gracia a cualquiera que pase a nuestro lado más de cinco minutos. Le pediremos una cita a quién amamos en silencio y le aguantaremos la mirada esperando respuesta.

El día que ya no tengamos miedo nos podremos ese vestido guardado que muestra una parte generosa de nuestra anatomía imperfecta y el tacón más alto. Entraremos en la reunión cuando ya haya empezado y todos verán nuestra silueta pasar ante sus caras. Levantaremos la mano para preguntar todo lo que no entendemos a riesgo de que algunos nos tomen por memos. Entraremos en esa habitación cerrada con llave donde habitan nuestros fantasmas para abrir las ventanas y dejar que pase el aire y borre nuestras amarguras más rancias. Jugaremos esa partida y subiremos a la roca con la vista más hermosa y vertiginosa que encontremos.

El día que ya no tengamos miedo les diremos a todos que tenemos un secreto guardado y airearemos nuestras faltas. Les contaremos nuestras miserias y relataremos nuestros errores más rotundos. Hablaremos hasta reventar aún a riesgo de parecer pesados. Es más, lo seremos y mucho, porque ya no soportaremos estar callados para no molestar.

Nos comeremos la última aceituna y probaremos la nata del pastel con el dedo índice ante el asombro de todos. Ese día igual seremos un poco maleducados como efecto rebote después de tanto esperar y callar. Nos convendrá recordar que los demás no tienen la culpa de nuestro letargo y que fuimos nosotros quién escogió vivir acongojados por considerarnos un estorbo que en realidad nunca fuimos.

El día que ya no tengamos miedo saltaremos al vacío sin red y correremos aún sabiendo que llegaremos en último lugar en la carrera. Dejaremos que la lluvia nos cubra y el sueño nos alcance de madrugada, cuando no nos quede suelo por pisar ni regla por romper. Cuando hayamos roto todos los tabús y ya no llevemos el corsé de la angustia. Por si el día siguiente al día que ya no tengamos miedo resulta que al levantarnos estamos arrepentidos. Por si el temor vuelve y se hace hueco en la conciencia y siembra dudas en nuestra mente inmaculada por lo que a la felicidad o la valentía respecta…

Vivimos pensando que hay cosas que un día tendremos el valor de hacer. Situaciones que con el paso del tiempo sabremos afrontar. Como si en algún momento de un futuro cercano, fuéramos a hacer un “clic” en nuestra cabeza y encontrar las claves de lo que es bueno o malo. Como si ese día nos fuera a poseer un espíritu libre y capaz de afrontar la vida… Como si ese mismo día, nos fuéramos a levantar con el valor necesario para marcar una circunferencia a nuestro alrededor y decidir qué la atraviesa y qué no. Es el día en que siempre pensamos que seremos felices. No porque todo vaya a ser perfecto sino porque seremos lo suficientemente sabios como para plantarle cara a la vida. Porque nos amaremos lo suficiente como para decir no y dejar de permitir ciertas conductas sobre nosotros que nos duelen y socavan. El día que ya no tengamos miedo y dejemos a todos con la boca abierta con nuestra pericia e ironía… Y cuando nos miren aquellos que nos critican, bailaremos ante su cara con indiferencia.

Seamos sinceros, ese día es un refugio. Una excusa para no moverse ahora. Un mantra irreal que repetimos y nos permite pasar los días postergando el momento de decirnos a nosotros mismos que somos sólo lo que nos atrevemos a ser. Que estamos instalados en una mediocridad plácida y que no tenemos intención de mover un músculo para rozar la gloria. Si la quisiéramos, estaríamos batallando por ella. Ya habríamos dado la vuelta a pequeñas situaciones y habríamos dicho que no muchas veces, subidos a la silla, ante el asombro de los demás. Y tal vez, habríamos trazado un círculo enorme que nos protegiera de volver a caer en el tedio y el asco.

Al paso que vamos, el día que no tengamos miedo, nos fallarán las fuerzas y no podremos trepar al muro. No recordaremos el secreto oculto que nadie conoce sobre nosotros y ya no tendremos un amor imposible al que pedirle que pase la noche en vela en un beso eterno. El día que ya no tengamos miedo no existe, nos lo inventamos para seguir temiendo y ocultarnos de nosotros mismos y nuestra desidia.

Mejor pensar en el día en que, a pesar de tener un miedo atroz, decidiremos que no vamos a escondernos más. Que merecemos vivir a pleno rendimiento. El día que digamos “ya basta”. 

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

27 pensamientos en “El día que ya no tengamos miedo

  1. Pingback: “Al paso que vamos, el día que no tengamos miedo, nos fallarán las fuerzas y no podremos trepar al muro.” | Ultimate Wanker Press

  2. “Al paso que vamos, el día que no tengamos miedo, nos fallarán las fuerzas y no podremos trepar al muro.”

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  3. Excelente post. Me ha gustado mucho, en su forma y en su contenido.
    Por mi parte llevo algún tiempo pensando que una de las (pocas) cosas positivas que nos ha traído la “crisis” es precisamente esa: “darnos un emujoncito” para que seamos quienes en realidad somos y nos lancemos a volar con la certeza de que las alas que siempre han apuntado en nuestra espalda se van a desplegar por fin. En ello estamos.

    Gracias Merce!

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  4. Maravilloso, como todo lo que escribes…

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  5. El miedo existe en nuestra mente como algo a destruir o algo que noa destruye, pero el miedo no tiene existencia, tu lo creas, tu lo puedes eliminar porque no es.

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  6. Gracias Merce, es un regalo leer este artículo el día de Sant Jordi. Me has hecho ver claramente que “el día que ya no tengamos miedo no existe, nos lo inventamos para seguir temiendo…”

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    • Muchas gracias a ti. Creo que a menudo lo hacemos para postergar el día en que plantamos cara a todo. Y ese “todo” a menudo no es el mundo que nos rodea sino nosotros mismos, esa parte de nosotros que no quiere salir del caparazón porque el miedo le parece cómodo y una buena excusa o porque el miedo la paraliza… Salgamos ahora, con miedo, con pánico… Da igual!

      Un abrazo 🙂

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  7. Sigo en el intento y me dan muchas fuerzas tus palabras. Gracias.

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  8. Que gran día sera ese que no tengamos miedo!..yo creo que no es que tengamos
    Miedo..mas bien creo que somos “precavidos” por nuestra imagen ,somos
    Dialogantes con nuestro entorno para que el sea generoso para con nuestros bienes..que no es ser hipócritas con nuestro entorno,sino “dialogantes con la sociedad”…y por esa precaución y ese dialogo “creamos nuestros sueños mas personales”tenemos aspiraciones,disfrutamos y penamos cuando los sacamos a la luz…así es la vida,como bien dices..pero creo que coincidimos…SI PERDIERAMOS EL MIEDO SERIAMOS MAS FELICES,MAS SERENOS Y DECEPCIONARIAMOS MENOS A LOS NUESTROS..Y A NOSOTROS…

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  9. Gracias, Mercé. Estos artículos debieran publicarse en las escuelas de cualquier edad.
    Se que no te importa, según me dijiste, pero lo he reblogueado aquí: http://etarrago.wordpress.com/2014/04/22/el-da-que-ya-no-tengamos-miedo-de-merc-roura/ y aquí: http://etfreixes.blogspot.com.es/2014/04/el-dia-que-ya-no-tengamos-miedo-de.html
    Feliz martes

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  10. Pingback: El día que ya no tengamos miedo … (de Mercé Roura) | Las Cosas de Enrique #etarrago en Wordpress

  11. muchas gracias me encanto tu reflexión…es una ayuda más a seguir en este humilde camino que estoy recorriendo desde hace tiempo, el de encontrarme a mi misma en lo más profundo de mi ser,de aceptarme de atreverme y de no tener miedo… un abrazo!!

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    • Me alegro de que te sirva de algo, cada uno tiene su experiencia, yo no sé mucho de nada, la verdad. Siempre he pensado que las respuestas las tenemos nosotros, a veces nos cuesta verlas o no queremos porque nos supondrían renunciar a situaciones sómodas que cuesta dejar de lado. Sigue adelante. Miedo siempre tenemos un poco, hay una parte que es buena, la del toque de atención para recordarnos que no somos dioses, claro. Lo que debemos dejar de lado, creo, es ese miedo que no te deja brillar, ser tú misma, sentirte agusto. Miedo al ridículo, a equivocarte, a destacar, incluso. El juez más severo somos nosotros demasiado a menudo. No dudo que lo conseguirás. Si no, ya no estarías aquí intentándolo.

      Muchas gracias! Un abrazo!

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  12. Pues creo que sí, Mercè. Y ese enfoque nos lleva de la mano a una pregunta interesante: a día de hoy, que a fin de cuentas es el único día que existe, ¿a qué le tengo miedo?
    Un abrazo

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    • Cierto, hace años una amiga psicóloga me dijo que acostumbramos a ser conscientes de nuestros “pequeños miedos” (sobre todo aquellas personas a las que nos gusta indagar en nosotros mismos) pero que los “miedos grandes” esos que nos paralizan y hacen frenar nuestro camino nos los escondemos. Seguramente porque por más que razonemos sobre ello, no son racionales. Los “grandes miedos” esos en gran mayoría relacionados con la baja autoestima nos cuestan de admitir, de ver, de conocer en nostros mismos… Y por tanto, son más complicados de eliminar.
      Entonces pensé que lo mejor es pensar si lo que vas a hacer respeta tus valores, si no es una locura sin sentido (ya que el miedo tiene una parte positiva ,la que nos advierte y es más ancestral) y si respeta a los demás. Y aunque asuste tanto que no puedas soportarlo… Adelante! Hoy un paso, mañana dos, el tercer día a fondo.
      Muchas veces la respuesta a tu pregunta es “a mí mismo” a hacer el ridículo, no estar a la altura, quedarme solo…”

      Muchas gracias 🙂 Orro abrazo!

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  13. Genial Mercè, genial… M’ha encantat aquesta reflexió, és encertada i valenta…

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