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la rebelión de las palabras

El centinela cobarde

18 comentarios


Cuando nos encontramos a nosotros mismos. Cuando estamos a punto de sacar de dentro esa persona que somos al sentirnos acordes con lo que tenemos y buscamos. Cuando tenemos la sensación de que vamos por el camino correcto para conseguir lo que deseamos… El centinela absurdo y cobarde que habita en nosotros se despierta. Es un guardián celoso de todo lo oscuro, lo triste, lo retorcido. Todo lo que nos asusta y nos reprime. Lo cómodo, lo que te permite lamentarte y despreocuparte de seguir, de luchar, de coger el timón de tu vida. Lo que no requiere esfuerzo y te permite observar sin mojarte, sin caer, sin saltar, sin decidir. Todo lo que te hace sentir pequeño y torpe, lo que te hace callar y tragar, lo que te obliga a permanecer quieto y soñar pequeño.

Llevas largo tiempo intentando llegar a tu primera meta. Ya la acaricias. Es un primer lugar donde ser más tú, donde te has permitido soñar y pedir, un espacio donde esa persona que lucha por salir y no tener miedo puede pensar y crecer, donde arriesga y gana… Donde arriesga y pierde pero asume la pérdida como una parte importante de una inmensa ganancia llamada aprendizaje. Un lugar interior al que llegas después de topar contra muros mentales y conseguir descubrir qué quieres y adónde vas, qué buscas y qué clase de persona quieres ser el resto de tu vida. En esa primera meta del camino eres un poco más parecido a esa persona ilimitada, aún no eres ella del todo pero empiezas a notar que puedes, que te transformas, que llegado el momento sabrás cómo. Es un lugar donde el acierto es sólo un paso más y el error es un material extremadamente valioso.

Y cuando más satisfecho te sientes por el esfuerzo, por el cambio y el camino recorrido, más inquieto tienes al centinela. Está enfadado. Se agita, se pone nervioso y te contagia su ansiedad. Te recuerda lo fácil que era ser tú cuando no soñabas con librarte de él. Te pasa la película de tus tardes de lamento y tus excusas sin freno. Te pide pista para quedarte dormido, te pide sueños asequibles y noches plácidas. Te cubre la mirada de lágrimas y te eriza la piel para que tengas presente que fuera de sus fronteras hace frío. Que sin él, tal vez estés solo… Te invade de dudas, te arrolla con pensamientos oscuros y te reclama pánico. A veces, incluso te baja las defensas y te mete en la cama.

El centinela cobarde que controla que vivas a medias te busca sueños alternativos, diminutos, facilones. Te trae a la cabeza, agotada de ideas funestas, los nombres de otros cuyos centinelas cobardes han ganado la batalla. Te muestra lo felices que son con sus vidas asequibles y limitadas, con sus parodias de ilusión programada, sus miradas congeladas, sus risas de lata… Con sus existencias de plástico y sus pasiones colocadas en el horario a modo de receta. Los martes toca caricia, los jueves beso… El fin de semana tal vez incluso conversación. Sin desbordarse demasiado, sin pensar en exceso, sin plantearse nada incómodo.

El centinela está asustado. Sabe que en este momento, aún puede tenerte en sus manos, pero también sabe que si no lo consigue, corre un gran riesgo de perderte. Sabe que cada vez te domina menos, que ese tú asustadizo que piensa que no lo conseguirá está quedando en evidencia cada vez que el tú que se dibuja de nuevo sale cada día a la calle y logra vencer miedos. Cada vez que descubre que hay otra forma de ver las cosas, que lo que creía que era un obstáculo es una plataforma para lanzarse, que si miras con atención hay más barandillas a las que agarrarse… Que más veces de las que crees, cuando saltas caes de pie, porque hay riesgos necesarios, errores necesarios, dolores ineludibles y tramos estrechos del camino por los que debes pasar aunque los arbustos te arañen las piernas.

El centinela sufre. Se le acaba el tiempo y decide embestirte. Te tiene calado. Sabe qué hacer para frenar tu ansia de ser libre, de sentirte pleno, de escoger el camino. Hace salir a la fiera de dentro, al esclavo de sí mismo, al amargado, al envidioso, al perfeccionista enfermizo, al que siempre dice sí aunque no quiera, al que siempre dice no aunque se muera de ganas… Al que pone en cuarentena los deseos, al que siempre está cansado y dolorido. Al receloso, al susceptible que cree que el mundo urde tramas en su contra, al inseguro que no se atreve a existir, al de la autoestima baja que se pisa antes de que le pisen por no osar a vivir… Al que araña antes de ser arañado por si acaso, al que llora por adelantado…

Todos esos personajes que habitan en ti y en todos, en mayor o menor medida, y que se van apagando cuando les muestras que su forma de ver la vida ya no te sirve. Que su desdicha no te alimenta.

Y después de tanto trabajo por reconstruirte y dejarles atrás, el centinela es más duro, más agresivo. Parece a veces que arranque de cuajo todo lo que llevas tiempo cambiando, que el trecho andado hasta el nuevo tú se achique… Que haya vuelto a construir el hotel de los horrores que derribaste en el precioso campo de amapolas que quedó libre donde te tumbas a imaginar imposibles…

Sin embargo, no ha construido nada, no sabe, no es capaz porque sólo se construye con esfuerzo y con ganas y el centinela cobarde no los posee. Tan sólo dibuja formas, espejismos alimentados a ráfagas de pánico y momentos de debilidad. Le pone filtros a la realidad para deformarla y hacer que parezca terrorífica. Crea vacíos, arrastra tempestades a lugares donde reina la calma.

No sabe más, tiene miedo de desaparecer, de despertar de su sueño incapaz, de descubrir que ha vivido engañado y engañando.

Casi te vence, está apunto. Su triunfo es tu propia desesperación, tu rendición, tu mirada atrás pensando que no vale la pena, que no lo conseguirás. Sin embargo, su lucha, su asedio a tu nueva forma de vivir es a la vez la muestra más evidente de tu victoria. Porque sabe que te has dado cuenta de que ya no te intimida, ya no te importa lo que piensa, porque sabe que pierde la batalla. Su miedo es la evidencia de tu cambio. Su cobardía es la muestra de tu valentía. Cuánto más apenado y asustado está el centinela cobarde, más cerca estás de ti mismo… Si le ves atacar ahora, mira adelante, toma impulso y no aflojes, es que vas ganando. 

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

18 pensamientos en “El centinela cobarde

  1. muy buena reflexion felicidades es una manera muy eficiente de explicar la lucha que llevamos dentro y de que lo bueno o lo malo que nos suceda en nuestra vidas no es cosa del destino sino esta en nuestras deciciones y el exito es estar en paz con uno mismo suprimiendo a al centinela cobarde.

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  2. El centinela cobarde (buena forma de llamarlo) es como una sombra que siempre nos acompaña, forma parte de nosotros mismos porque lo hemos construido nosotros. Hubo un tiempo en que éramos muy frágiles y su trabajo era mportante para defendernos, pero ya hemos crecido y su labor no tiene sentido. ¿Defendernos de quién, o de qué? Si ya nadie nos ataca.

    Ahora, se ha convertido en nuestro ‘limitante’, la parte que reduce nuestra vida a la zona de confort y que, por tanto limita nuestras experiencias, nos impide compartir y muchas veces convivir. Así qué impide nuestra evolución, nuestro aprendizaje y vuestro crecimiento. Todos tenemos uno, hasta que un día, somos capaces de desenmascararlo, anulamos su actuación y nos lanzamos a la vida.

    Con el tiempo, surgirá en nosotros otro centinela cobarde diferente, porque habremos cambiado, aunque nuestro nivel de conciencia y nuestra sensibilidad serán mayores y seremos más hábiles para detectaron y seguir avanzando.

    Gracias Mercé por compartirlo

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  3. Apreciada Mercé

    Ese eterno debate entre el sí y el no, la prudencia y el riesgo, el cálculo y la espontaneidad, el yin y el yang de los conceptos, marca el rumbo de nuestras decisiones y, consecuentemente, de nuestras vidas: de la debilidad o fortaleza de ese sutil centinela, que tan bien describes, depende la gloria de nuestros proyectos o la tristeza de nuestros fracasos….

    La lucha, querida amiga, es constante y los resultados escasos, porque esas grandiosas nociones de la responsabilidad, la corrección, la racionalidad y, en suma, las normas y las costumbres sociales, tienen en él un poderoso aliado que unas veces llaman conciencia y otras, sensatez. Sin embargo, su rival – el luchador valiente – cuenta con las armas invencibles de la imaginación, el talento y la libertad de pensamiento. Y en esa batalla no hay tregua: su vigencia acaba solamente con el último aliento.

    Ambos, centinela y luchador, dependen de nosotros. Yo me quedo con el luchador. Muchas veces abatido pero siempre resurgiendo de sus cenizas…Y, de tus bellísimas palabras, entiendo que tú militas en el mismo bando: felicitaciones por ello, gracias por tus reflexiones y ánimo infinito en la batalla que, sin duda, merece la pena.

    De momento, impass brevísimo para desearte a tí y tus lectores una Feliz Navidad.

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  4. Pingback: El centinela cobarde | José Sánchez-Mota. Coach.

  5. Para mi ese centinela lo hemos colocado nosotros. Le hemos dado unas normas a veces absurdas y contradictorias y está allí para acatarlas. Hay que enviarle nuevas órdenes, cambiarle el registro, dejar de ser un impedimento para nosotros mismos. Solo así dejará de ser cobarde y por fin su puesto no será inútil.

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  6. Me has dejado,me he quedado ANONADADO..Es la única palabra que me viene a la mente…tengo ahi,al vigilante luchando por ganar,otras pierde……pero tu artículo,tu reflexión. …LA MEJOR DEFINICIÓN DE LOS ALTIBAJOS DE LA AUTOESTIMA..BON NADAL

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  7. El centinela, el ego, la mente……hay que volver a ser niños , puros, para vernos y conocernos. El autoengaño abunda. Muy buen articulo, felicidades por el y buenas fiestas de corazon. Artur

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  8. Maravilloso¡¡¡

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