merceroura

la rebelión de las palabras

La estatuas de sal no sueñan

18 comentarios


El día en que decides que vas a dar un vuelco a tu vida, que vas ponerla patas para arriba y a zarandearla hasta no reconocerla sabes que te expones a todo. Que has puesto en marcha un mecanismo que no vas a poder parar ni controlar. Que acabas de tirar la primera ficha de un dominó enorme que no sabes donde termina y hacia donde se ramifica. Y no sólo desconoces lo que te va a suceder a ti sino también a los que te rodean.

El hecho de que tú seas distinto, hará que ellos también te vean distinto y tengan que hacerse al cambio. Y esa nueva persona, de la que seguramente tú estarás orgulloso aunque esté magullada y cansada por pasar las adversidades propias del riesgo, puede que a algunos les entusiasme y a otros no. Se van a encontrar con alguien nuevo, pero que al mismo tiempo es un viejo conocido. Hay personas que te darán aliento, se reirán contigo, valorarán tu esfuerzo, se alegrarán de ese “tú” nuevo que, aunque tiene momentos de duda, está abriéndose paso. A lo mejor no lo entienden, pero lo aceptan, porque ponen tu felicidad y tu libertad por delante de sus prejuicios. Otras personas no lo verán igual. Son esas personas que viven sujetas a la rutina, no cambian nada para no perder el control y sentir que se acercan al precipicio aunque les atraiga la vista. Son esas personas que no mueven un párpado  aunque el asco les comprima el pecho, porque el miedo las paraliza. No hacen nada que no sepan como acaba…  No prueban nada que no sepan de antemano qué sabor tiene. No tocan sin conocer previamente el tacto… Y la vida, al fin y al cabo, es sorpresa, una compañera tozuda y mandona, y si tú no te mueves, hace que la tierra que te rodea se zarandee para que tengas que caer, tropezar o desplazarte. Para que te des cuenta de que vivir es mutar y mancharte.

Esas personas que nunca se arriesgan no van a querer ver tu nueva cara en su horizonte. Tus ganas de moverte les recordarán que ellos no se mueven. Tu ilusión les recordará que no sueñan. Tu cambio de rumbo les dejará ver que ellos no recuerdan el suyo y se han quedado como estatuas de sal. Ese golpe crudo y duro contra su realidad, les pedirá que te saboteen las carcajadas, los momentos de paz en plena evolución y que menosprecien tu actitud. Les cerrará la boca cuando quieran o sientan que quieren decirte que estás más atractivo, que se nota que estás mejorando en todo, que brillas, que se alegran por ti, que tu esfuerzo es de admirar.

Su corazón latirá por aferrarse a ti y decirte “dime cómo, yo también quiero, estoy en una jaula” pero no lo harán. El miedo les sujeta al metro de tierra que pisan… No hay pegamento más eficaz…

Algunas de esas personas, si te quieren, sabrán aceptar al final ese cambio. Un día, cuando tú ya no esperes su calor, se acercarán a ti y te dirán un tímido “hiciste bien”. Esa será tu recompensa, y aunque ellos no lo sepan, también la suya. Si tú cambias, haces que todo cambie, incluso aquellos a tu alrededor que no tenían en sus planes hacerlo. Tú eres el zarandeo que les envía la vida para que se acuerden de que están vivos. Eres una pieza preciosa e indispensable de un engranaje perfecto encaminado a hacer que el mundo mejore. Tu entusiasmo engendra entusiasmo. Pon un niño a reír en una sala de personas amargadas y espera… Tendrás una sala repleta de niños risueños. Tan sólo necesitan un empujón, un primer arranque para soltarse, olvidar que no pueden y creer por un momento que quieren. Darse cuenta de que su metro cuadrado actual se queda pequeño y corto ante sus fantasías, que no tienen límite, y que la vida se les desborda.

Y también habrá personas que decidirán darte esquinazo. Tienes que hacerte a la idea, eso pasa, todo cambia. No pueden asumirlo, no quieren y si somos sinceros, tampoco les podemos obligar. Es su vida. Tú eliges cambiar la tuya pero no puedes pretender que ellos respondan como tú quieres. Acepta y sonríe. 

Quédate con los que desde el primer día te jalearon para seguir. Guarda los besos, las caricias y reparte. Hoy me decía alguien que cuando encuentras una persona que comparte contigo un momento así,  que vibra con lo que tú vibras, tocas la felicidad. Un instante tan mágico que sabes que pase lo que pase lo guardarás siempre en tu cabeza y podrás recurrir a él. Un ancla para cuando el temporal arrecie. Una palabra para repetir cuando el dolor sea intenso… Una cara que pasará delante de ti al final. Y que nada de esto te frene y decidas volver a tu metro cuadrado y guardar la cola, pedir permiso para soñar y audiencia cada vez que intentas cambiar algo. No te conformes con imaginar que tienes otra vida, pero no dejes nunca de imaginarla. Todo empezó un día, con una idea, un deseo, un sueño… Y podría acabar cambiando un mundo. Lo grande empieza así, con una idea loca, absurda, imposible. Las estatuas de sal no sueñan. Tú no eres una de ellas…

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

18 pensamientos en “La estatuas de sal no sueñan

  1. Si tuviera que elegir entre uno de tus escritos,no sabría con cual quedarme 🙂

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  2. Cada vez me entusiasman mas tus escritos. Haces q me identifique….

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  3. Estas muy cerca del cielo!!!!!!

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  4. Vaya post!hoy habría para crear una mesa redonda para debatir si las influencias del ambiente que se interelacionan con nuestros sentimientos,nuestra personalidad,que sin querer nosotros nos van “modificando”,creando nuevas respuestas a antiguas situaciones,realmente nos cambian tanto para hacernos irreconocibles para nuestro entorno..y a que cercanía o lejanía de nuestro entorno….y debatir si vale la pena

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  5. Mercè,

    Descrius força bé les conseqüències d’esquinçar la zona de confort. Encara que no trobis cap persona al costa, penso que val la pena emprendre l’aventura per ser honest/a amb tu mateix/a.

    Bon dissabte!

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  6. Me encanta como escribes, Merçe. Enhorabuena.

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  7. Esta clar que per arribar a la felicitat cal ser/tenir un còmplice. Aquell instant màgic que guardes a la teva memòria com el millor dels moments. Tal dia com quan decideixes canviar de rumb. Un expert en com es fa és en Thomas Bernhard, que t’ha de sonar, quan va començar a escriure Una Insinuació i va acabar amb una pentalogia autobiogràfica. L’arrancada no és fàcil ni el seu final però el trajecte compensa.

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