merceroura

la rebelión de las palabras

A menudo me siento cobaya

5 comentarios


¡Qué tiempo tan raro vivimos! Un día nos quedamos narcotizados y dormidos mientras el lobo feroz se nos come las entrañas y al siguiente nos hemos convertido en una bestia parda y desalmada. Somos verdugo y somos reo. Hoy damos lecciones de ética y mañana nos las tenemos que tragar porque caemos presos de nuestras palabras.

Nos ha tocado esta racha maloliente y para evitar revolcarse en las heces de esta sociedad contradictoria y desencantada es bueno mantener la cabeza fría y sobre los hombros.

Me cuesta llegar a fin de mes, mucho. La presión que ejerce sobre nosotros esta crisis nos convierte en seres sujetos a espasmo. Medio dormidos, medio rabiosos, con ganas de salir del fango y respirar aire puro… con ganas eternas de partirle la cara a alguien para desahogar nuestra frustración perpetua. Cuesta sacarse esa quemazón de las entrañas y dejar de victimizarse. Cuesta no dejarse llevar por esa marea de quejas y saber qué queremos y quiénes somos, más allá de lo que otros tengan pensado que hagamos.

Lo más más difícil es centrarse y buscar un norte . Nos pasamos el día atomizados por mensajes contradictorios. Vivimos en un mundo falso, falso hasta asquear. Aún hay quien nos engatusa con vocablos pueriles y quiere hacernos creer que la sociedad está dividida entre buenos y malos, que la realidad es en blanco y negro. Estamos siendo sometidos a tanta información y a la vez, profundamente desinformados. Cuesta discernir qué creer, qué certificar… dónde está el grano y dónde la paja incendiaria. A menudo me siento cobaya, me siento experimento.

Caemos también en la trampa de pensar que este tiempo que vivimos es inédito, cuando echando vista atrás podemos darnos cuenta de que los que nos precedieron sobrevivieron a situaciones similares.

No somos los únicos, no tenemos nunca toda la razón, no somos infalibles… pero podemos ser auténticos y libres. Podemos pensar y no dejarnos llevar por falsos oradores que buscan vendernos inventos espantosos y doctrinas cortoplacistas y pestilentes, que quieren usarnos como carne de cañón y parapeto para sus fines. Podemos ser nosotros mismos y luchar por lo que queremos. Eso es mucho. 

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Autor: merce roura

Amo la imprudencia de mis palabras...

5 pensamientos en “A menudo me siento cobaya

  1. Excelente reflexión, y con un gusto exquisito para un tema tan oscuro Bravooo!!!

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  2. “Homo homini lupus est” Tito Macio Plauto: El hombre es un lobo para el hombre

    Hace tiempo, en una novela, leía algo que desde entonces ha acudido a mi memoria en numerosas ocasiones. Era una reflexión que, por su crudeza, resultaba tremendamente descripitiva. Sin asegurar que la cita sea literal intentaré recordarla:
    ” A menudo miramos a los demás a través de las miras de nuestro fusil. Sombras que se deslizan en silencio sin reparar que son nuestra presa. Pero al hacerlo no reparamos en que, también a menudo, nosotros mismos somos también una sombra en las miras del fusil de otro”.
    Un mundo sin sombras, ni miras,ni fusiles debe ser posible. Nadie asegura que sea fácil construirlo, pero tal vez el primer gesto, el obligado y necesario, sea bajar nuestra propia arma, tratar de vivir bajo la luz. La luz de ese sol que nos alumbra y que, como dice el aforismo popular, sale para todos.

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  3. Un escrit clar i entenedor. Sense dades ni estadistiques. Un escrit que dona a entendre, un escrit que no informa.
    Estem saturats d’informació, com tu dius, ara fa falta pensar , transmetre i actuar desde un altre angle. Actuar desde la pura exeriencia, desde el compartir…aillant a qualsevol q només informi d’oides i comparteixi per interés! Mercé… No paris!;)

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  4. ¡Gran reflexión! De las que se gestan despacio, como un embarazo.
    Hay una forma de escapar-trascender el cobaya; de forma resumida y como me apetece ahora decirlo, el gran Sócrates “Conócete a ti mismo y conocerás a los demás”. Esta afirmación seguida hasta conseguir el fin es suficiente.
    Saludos cordiales.

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  5. Querida Mercè, tus reflexiones en este blog tienen siempre una misma cualidad: me revuelven la conciencia, me arrojan un jarro de agua fría sobre el rostro y me recuerdan que nuestra vida es sólo una y que somos los únicos responsables de cómo vivirla. Ni los charlatanes, ni los atizadores baratos que arengan desde su sillón, tienen derecho a discutir nuestra forma de sobrellevarla día a día. Mucho menos cuando uno demuestra continuamente que sabe cómo llevar su propia lucha. Sin estridencias, sin gritos, éticamente.
    Un abrazo, amiga.

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